Con el paso del tiempo, además, otros grandes artistas como Antonio Aguilar, que también ofrecieron su apoyo a Irma y así la ayudaron a reconstruir su carrera. La rivalidad que existió entre María Félix y Columba Domínguez es de las más fuertes del cine de oro mexicano y estuvo siempre marcada por sus diferencias de carácter, los celos profesionales y los enfrentamientos que tuvieron durante la filmación de la película Maclobia en 1948, dirigida por Emilio Fernández.
En pleno rodaje, María Félix, conocida por su arrolladora, enorme personalidad y su afán de protagonismo, al parecer tuvo algunas actitudes bastante despectivas con Columba Domínguez, quien casualmente era la esposa del director. Conuma relató en varias entrevistas que María la acusaba falsamente de estar ensuciando sus abrigos con su maquillaje para que quedara fatal frente a su esposo y el resto del equipo de la película.
Según lo que contó Columba, la doña María Félix no soportaba en absoluto compartir el protagonismo y mucho menos que la tensión se desviar hacia otra persona. Esta situación, tensión constante entre las dos tardó en explotar. Todo estalló durante la filmación de una escena concreta en la que debían interpretar una pelea, pero lo que estaba planeado como una mera actuación acabó transformándose en un enfrentamiento de verdad.
Las dos actrices, incapaces de ocultar lo mal que se llevaban, aprovecharon el momento para desahogarse, así que se agarraron con muchísima fuerza de los brazos, traspasando por completo lo que el dipedía. Se trató de un momento realmente cargado de una hostilidad muy real que dejó clarísimo que su rivalidad no era parte de la película, sino algo que existía de verdad y que estaba presente en cada toma.
Columa llegó a describir a María como una persona maleducada y afirmó que su relación profesional siempre fue muy tensa por las constantes faltas de respeto que sufría. A pesar de los conflictos, Mclovia fue un gran éxito de taquilla y Columba recibió el premio Ariel a mejor coactuación femenina por su gran trabajo en la película.
Y hablando de otras historias, Luis Aguilar y Pascual García, Peña, famosos por su carisma y su química en pantalla, no solo compartieron actuaciones memorables, resulta que también compartían una afición muy especial por el alcohol. Y aunque nadie dudaba de su profesionalidad, su gusto por la bebida les trajo más de un quebradero de cabeza a los directores.
Uno de esos directores, Raúl Leanda, se percató durante una de las filmaciones de que algo no cuadraba del todo. Las filmaciones sufrían retrasos y los actores aparecían con una energía un poco sospechosa. Y pronto descubrió que la razón no era otra que el consumo constante de alcohol durante las horas del rodaje.
Después de una severo rapolvo, la cosa pareció tranquilizarse. Sin embargo, los actores no se dieron por vencidos con la complicidad de parte del equipo y idearon un plan que era una genialidad. Enterraron varias botellas de licor justo al pie de un árbol que estaba en el set. Cuando querían beber, fingían descansar a su sombra, desenterraban las botellas y con unas pajitas se servían un trago discretamente.
Por un tiempo, la estrategia funcionó a las 1 maravillas. Nadie se explicaba cómo, a pesar de estar vigilados seguían manteniendo esa inusual felicidad. Todo el misterio se resolió cuando alguien, por casualidad encontró las botellas vacías enterradas. Si bien la travesura causó molestias, también provocó bastantes sonrisas.
Raúl de Anda, que estaba frustrado pero resignado, terminó por admitir que con ese par de actores era muy difícil enfadarse durante mucho tiempo. Capulina y Roberto Gómez Bolaños, más conocido como Chespirito, compartían una amistad muy cercana y una exitosa carrera como libretistas y actores en el programa Cómicos y Canciones.
Pero un inesperado encuentro con un famoso astrólogo sembraría entre ellos una semilla de cambio entre los dos. una semilla que acabaría creciendo hasta separarlos definitivamente. Tras su separación profesional de viruta, Capulina buscaba respuestas sobre su futuro. Se encontraba inquieto y en medio de una plena incertidumbre y por eso decidió consultar a Esteban Mayo, uno de los astrólogos con más fama del país.
Sin embargo, no quiso ir allí solo. Así que invitó a Chespirito, pero con la condición de que fuera un secreto. Lo que parecía una simple visita se tornó en algo bastante más profundo. El astrólogo se ocupó primero de capulina y después, muy intrigado por la tremenda fuerza especial que estaba percibiendo en Roberto, le ofreció prepararle su carta astral sin coste alguno.
Shespirito, que era escéptico por naturaleza, acabó accediendo a regañadientes. Aunque nunca más volvió a por los resultados. Capulina, sin embargo, sí que volvió y después de aquel encuentro, algo en su trato cambió. Shesirito notó que estaba más distante, mucho más fría, lo apartó de varios proyectos y además Capulina empezó a ningunearlo con frases tan hirientes como la siguiente: “No conviene que te expongas demasiado.
La gente podría llegar a pensar que eres como un biruta de segunda.” Esas palabras dolieron muchísimo y la distancia entre ambos creció enormemente. Capulina continuó su carrera solo mientras Chespirito forjaba el inicio de su gran legado, que acabaría marcando a generaciones enteras con personajes míticos como El Chavo del Ocho o El Chapulín Colorado.
Lo cierto es que nunca se supo qué decía aquella carta astral, pero el propio Chesperito escribió años después que algo se rompió dentro de él ese día. A Ignacio López Tarzo se le recuerda como una auténtica leyenda del teatro y del cine mexicano, pero su destino no siempre pareció estar ahí escrito en los escenarios.
De joven fue seminarista, soldado e incluso jornalero, por lo que parecía estar muy lejos del mundo artístico hasta que un accidente lo cambiaría todo para siempre. En los años 40, atraído por la promesa del programa brasero, se marchó a California a trabajar en los campos. Las condiciones allí eran durísimas y el trabajo era realmente extenuante.
Un día, mientras estaba recogiendo naranjas, se cayó de un árbol y se dio un golpe terrible en la espalda. Le fue imposible continuar trabajando, así que se vio obligado a volver a México, casi inmovilizado con un corsé de yeso que iba desde el cuello hasta la cintura. Durante su larguísima recuperación, alguien le regaló un libro de poesía del gran Xavier Villaurrutia.
Y fue entonces, Entre versos y Silencio, cuando nació su gran amor por el arte, lleno de curiosidad, fue a buscar al poeta el Palacio de Bellas Artes y lo que empezó como una simple búsqueda de autógrafo, terminó con él aceptando ir a sus clases de teatro. Ese fue el punto de partida de una carrera brillante. Empezó en grupos estudiantiles y luego saltó a los grandes teatros de México hasta llegar al cine, donde protagonizó auténticas joyas como Macario.
Por otro lado, Marta Mijares fue una de las jóvenes promesas con más futuro del cine mexicano durante la década de 1950. Se metió en la actuación empezando primero como extra para luego conseguir papeles protagónicos. Su gran oportunidad llevó con la película Ciudad, que estaba dirigida por Ismael Rodríguez, donde consiguió el papel principal por encima de Silvia Ders.
Este triunfo, sumado a la magnífica actuación de Marta y su nominación al Ariel, desató por completo los celos de Silvia, quien por entonces ya era bastante famosa en la industria. Las tensiones se dispararon durante el rodaje de con quién andan nuestras hijas. Cuando Marta comenzó a acaparar toda la atención del público y de la crítica, además del plano profesional, se rumorea que también hubo un interés amoroso en común, el publicista Eugenio González, que era la pareja de Silvia, al parecer coqueteó con Marta, agravando
todavía más el resentimiento. Cilia, según cuentan, tomó represalias usando toda su influencia en la industria para obstaculizar la carrera de Marta, llegando al extremo de buscar apoyo de figuras muy poderosas como Jorge Negrete e intentar que la expulsaran de la anda. Algunos rumores incluso apuntan a que presionó a los padres de Marta para que ella dejara el mundo artístico.
Toda esta situación contribuyó a la retirada prematura de Martha Mijares, quien al final decidió priorizar su vida privada por encima de la fama y se alejó del cine justo en el momento en que se encontraba en lo más alto de su carrera. El conflicto entre Tintán y Jorge Negrete surgió a raíz de un encuentro casual en el funeral de Blanca Estela Pavón.
Al finalizar, Negrete se ofreció a llevar a casa a Rosalía, un gesto caballeroso que terminó con un beso totalmente inesperado. Aunque Rosalía jamás habló de ello, el rumor no tardó en llegar a oídos de Tintán, quien para entonces ya sentía algo por ella. Desde ese momento, Germani empezó a imitar a Negrete en un claro tono de burla en varias películas, dejando entrever que había algo más que comedia detrás de aquellas parodias.
Mientras tanto, Negret intentaba ganarse a Rosalía con toda clase de invitaciones y presentaciones. Tintán hacía lo que fuera con tal de estar cerca de ella. Incluso después de larguísimos días de rodaje, aparecía por el teatro solamente para poder verla. Sin embargo, el corazón de Rosalía ya tenía dueña. Se había enamorado perdidamente del pachuco de oro.
No obstante, la situación con Cantinflas fue bastante distinta. Aunque nunca existió una enemistad abierta, sí que hubo celos mutuos y una gran competencia profesional. De hecho, una broma pesada casi destroza la relación de Tintán con Rosalía. Sucedió que mientras él viajaba a Cuba con toda su familia, ella fue fotografiada totalmente dormida en un avión con Cantinflas sentado justo a su lado.
La imagen causó un malentendido monumental. Tintán, herido y muy celoso, se enfrentó a ella, pero pronto descubrieron que Cantinflas había planeado aquella foto como una broma, aprovechando todo el revuelo mediático para provocar y salir en los medios. El enfado se les pasó y de esa experiencia nació una canción preciosa, Oye, qué dito, que el propio Germán compuso inspirado en su amada.
Pasando a otra historia, Iracema Dyan fue una figura imborrable en la época dorada del cine. Su talento, su elegancia y su increíble presencia la convirtieron en una promesa imparable que conquistó al público y a las cámaras con la misma intensidad. De origen polaco, nacida en Brasil y formada como actriz en el cine italiano, Iracema llegó a México con una trayectoria absolutamente deslumbrante y enseguida se convirtió en una gran estrella.
Pero cuando todo parecía apuntar al estrellato total, una sola frase cambió su destino para siempre. En una entrevista, Iracema hizo un comentario que fue percibido como una crítica hacia la Virgen de Guadalupe, sugiriendo que únicamente la Virgen María era quien debía ser venerada. El escándalo claro no se hizo esperar.
La industria la castigó sin piedad. Proyectos cancelados, contratos suspendidos y rumores que solo avivaron el rechazo general. Se se negó a pedir disculpas. se mantuvo firme, pero su carrera pagó un alto precio. Y eso que todavía filmó títulos muy importantes como El cobarde o Pablo Carolina junto al gran Pedro Infante.
Pero el público ya no la miraba igual. Poco a poco su estrella fue desapareciendo del mapa. Se marchó a vivir a España y después a Cuba, donde pasó sus días alejada de los focos. En 1996 su muerte pasó prácticamente desapercibida con el mismo silencio que marcó su retiro. Joaquín Pardabé, uno de los actores más grandes del cine de oro, no solo fue un genio como actor, director, guionista y compositor, sino que además dejó una marca imborrable por su humildad y su espíritu profundamente altruista.
Una de las anécdotas que mejor lo definen ocurrió durante una visita que le hizo el mismísimo Mario Moreno Cantinflas. En ese preciso instante, una moja llegó a su casa para recoger un cheque mensual que Pardabé donaba para diversas obras benéficas. Cantinflas, al verlo, se quedó muy sorprendido y le dijo que debería haber llamado a la prensa para que se publicara su buena obra, a lo que Pardabé le respondió con una frase que se ha convertido en toda una lección de vida.
Él no ayudaba para que le aplaudieran ni para salir en los periódicos, sino por el puro placer de dar y por el amor que sentía por la gente. Para él, el único reconocimiento válido venía del público que lo admiraba por su trabajo, no de los titulares. El 20 de julio de 1955, el mundo del cine se paralizó con la repentina e inesperada muerte de este gran actor.
Sin embargo, lo más extraño no fue solo su fallecimiento, sino los escalofriantes y misteriosos acontecimientos que lo rodearon. Uno de los más impactantes lo vivió en carne propia la actriz cubana Ninon Sevilla, quien trabajaba con Pardabé en la película Club de señoritas, que se rodaba en los estudios Churibusco. Esa mañana Ninon llegó bastante temprano al plató para prepararse.
Al bajar del coche con su chóer, vieron perfectamente cómo llegaba Pardabé. Ninon le comentó a su chóer lo raro que era que estuviera allí tan pronto, ya que su llamado para rodar era bastante más tarde. Cuando fue a buscarlo para ensayar, no estaba por ningún lado. Fue entonces cuando le dieron la terrible noticia de que Joaquín Pardabé había muerto esa misma madrugada.
Tanto Ninón como su chóer juraron y perjuraron que lo habían visto llegar esa mañana, quedando a los dos completamente en shock. Pero la historia no termina ahí. Poco tiempo después comenzaron a extenderse rumores de que Pardabé había sido enterrado vivo por un posible ataque de catalepsia, una condición médica que puede hacer que una persona parezca muerta.
Incluso se dijo que su ataú fue exumado y que hallaron el cuerpo boca abajo con evidentes señales de que había intentado salir. Estas historias se hicieron más fuertes cuando supuestamente se tuvo que recuperar un testamento que había sido enterrado junto a él dentro del bolsillo de su saco. No obstante, sus familiares siempre negaron rotundamente estos rumores, asegurando que su cuerpo jamás fue exumado y que no padecía esa enfermedad.
Con todo, el misterio sigue formando parte de la increíble leyenda que rodea la vida y muerte de Joaquín Pardabé, una figura imborrable del cine mexicano. En 1989, Mario Moreno Cantinflas se vio metido en una inesperada polémica legal que lo dejó helado tanto a él como a sus seguidores. Una mujer estadounidense de nombre Joyce Jet lo demandó por maltrato, asegurando que había sido su esposa y que en ese momento le estaba pidiendo el divorcio.
Lo más curioso del asunto es que ni el propio actor tenía idea de quién era esa mujer, lo que dejó perplejos a todos, especialmente a los medios de comunicación. Joyce Jet, que era una total desconocida, le exigía la friolera de 26 millones dólares, además de varias propiedades y obras de arte. La mujer descía haber sido una empleada de Moreno, encargada de buscar servicios de limpieza para un lujoso ático del actor en Houston, Texas, donde él se alojaba a menudo durante sus visitas al médico tras sufrir un infarto. Arturo Mora, que
fue el último abogado de Cantinflas, reveló en 2021 que este fue el único vínculo entre los dos y aunque se pudo comprobar que no había matrimonio formal ni relación amorosa entre ellos, el proceso judicial en Estados Unidos siguió su curso. Un juez acabó fallando a favor de Jet. y le ordenó al actor pagarle casi ,000es dólares, además de todas las obras de arte que ella había incluido en la demanda.
La defensa de Cantinflas presentó un documento firmado por Jet con su apellido de soltera, en el cual solicitaba un préstamo de más de $60,000 para comprarse un piso, dinero que por cierto nunca devolvió. Este documento fue fundamental para probar que no eran pareja ni siquiera amigos. Sin embargo, el golpe más duro para Cantinflas no fue el económico.
Según su abogado, lo que más le afectó fue el daño que se le hizo a su imagen. “Lo que más me duele no es lo que tuve que pagarle, sino que haya manchado mi nombre”, llegó a decir el comediante. Aunque Mario Moreno siempre fue muy reacio a casarse de nuevo después de la muerte de su esposa Valentina Ivanova, sí que tuvo algunos romances discretos.
Uno de los más sonados fue con la actriz Iran Eori, quien años más tarde reveló que habían tenido una relación muy seria. El actor incluso llegó a proponerle matrimonio, pero la presión constante, la intromisión de su hijo fue lo que terminó por quebrar la relación. Y María Félix jamás perdonaría a Mario Moreno, o sea, a Cantinflas.
Y no se trataba de un simple enfado, sino de una enemistad muy profunda que se fue tejiendo justo alrededor de Jorge Negrete. El icónico charro mexicano no solo fue el esposo de María Félix, sino que también era un acérrimo rival de Cantinflas dentro de la Asociación Nacional de Actores, una organización de la que ambos eran miembros fundadores.
Sus diferencias ideológicas, los constantes choques de poder y sus posturas enfrentadas sobre el gremio crearon un resentimiento mutuo que no paró de crecer con los años. María Félix, siempre fiel a su esposo, nunca escondió su profundo desagrado hacia Mario Moreno. Incluso llegó a sugerir que el deterioro de la salud de Jorge, quien ya padecía cirrosis, se aceleró por todo el estrés que le causaban las disputas con Cantinflas en la anda.
Para ella, este conflicto sindical no era un asunto político más, sino un factor clave en la vida y muerte de su gran amor. Cuando Negrete murió en 1953, el país entero lloró su pérdida. A pesar del distanciamiento y la tensión, Cantinfla se presentó en el homenaje póstumo y fue justo en ese momento que ocurrió una escena tan tensa como reveladora.
Durante el traslado del cuerpo de Jorge, Mario Moreno decidió subirse al mismo vehículo que transportaba sus restos y donde también viajaba la madre de Jorge. María, visiblemente afectada y dolida, le pidió que por favor se bajara por respeto. Cantinflas no lo hizo, pero sí aceptó cambiarse a otro asiento. Una acción que, en lugar de calmar los ánimos, acabó por sellar el distanciamiento definitivo con la doña.
años más tarde, en una entrevista, María Félix no dudó en señalar a Cantinflas como uno de los peores adversarios de Jorge Negrete en su vida profesional, llegando a asegurar que fue corresponsable del desgaste emocional y físico que terminó por precipitar su muerte. Agustín Lara, el inolvidable flaco de oro, dejó una vida cargada de amores, música y polémicas, pero pocos episodios de su biografía generaron tanto revuelo como su relación con Rocío Durán.
María Félix y Lara habían adoptado a Rocío cuando ella tenía solo 5 años, aunque la adopción, hay que decirlo, nunca se formalizó de manera legal. Durante el tiempo que duró su matrimonio, la pareja cuidó de la pequeña, pero nadie pudo imaginar que años después Rocío se convertiría en la esposa del famoso compositor.
En 1964, un Agustín Lara de 60 años contrajo matrimonio con Rocío Durán, que para entonces tenía apenas 17 años. La boda se celebró el 28 de junio en la Basílica de Guadalupe en Madrid. Un evento que desató una enorme polémica entre el público y, por supuesto, la prensa de la época. Según declaraciones que hizo después, la actriz María Félix aseguró que esa unión no fue ni por amor ni por dinero, sino simplemente por venganza.
Un comentario que le echaba más leña al fuego de esta ya controvertida relación. La polémica no solo afectó a la opinión pública, sino que también golpeó a la familia de Rocío. Chabela Durán, su madre biológica, cortó toda relación tanto con su hija como con Agustín Lara después de la boda.
Por su parte, Rocío confesó que aceptó casarse con el compositor como una forma de protegerlo, del mismo modo que él la había cuidado durante su infancia. Según las palabras de la propia Rocío, Lara le propuso matrimonio diciéndole, “¿Y si nos casamos por el qué dirán?” a lo que ella respondió, “Pues sí, lo que tú quieras.” La relación entre Lara y Rocío siguió causando un gran revuelo, incluso en España.
En una fiesta se dice que el dictador Francisco Franco les echó en cara no haberse casado por la iglesia, lo que los llevó a organizar una ceremonia religiosa en Madrid poco después. A pesar de todas las críticas y las dudas sobre los motivos reales de su matrimonio, Rocío siempre defendió que su relación con Agustín Lara se basaba en el cariño y la gratitud.
En varias entrevistas posteriores aseguró que jamás buscó ni dinero ni fama, ya que Lara la había cuidado desde que era una niña y le había dado absolutamente todo lo que necesitaba. “Yo soy hija de Agustín Lara, de amor, de cariño, de todo”, expresó, reafirmando que siempre lo vio más como una figura paterna que como a un esposo.
Su matrimonio finalizó oficialmente con la muerte de Agustín Lara en 1970, lo que convirtió a Rocío en la última esposa legal del flaco de oro. Aunque es conocida por ser su viuda, ella realmente nunca se asumió como tal, prefiriendo siempre destacar ese vínculo paternal que los unió. Su historia personal sigue siendo uno de los capítulos más extraños y controvertidos en la biografía de Agustín Lara, un hombre cuyo increíble legado musical y personal todavía hoy sigue dando mucho de qué hablar.
me voy a casar contigo. Esas fueron las primerísimas palabras que Emilio el indio Fernández le dijo a Columba Domínguez nada más conocerla en una boda. Aquellas palabras fueron el inicio de una relación intensísima entre dos de las más grandes figuras del cine mexicano. Columba, uno a los rostros más reconocibles de la época de oro y Fernández, el aclamado director, vivieron un amor verdaderamente apasionado del que nació su hija Jakaranda en el año 1953.
Hacía ya 4 meses que Jacar estaba compartiendo un departamento en la calle Papaloapán con una amiga Lidia Suárez Morales. Según los testimonios, la noche en que murió, ambas estaban allí. Unas mujeres estaban celebrando junto a dos hombres que acababan de conocer en un bar del Paseo de la Reforma.
La fiesta siguió en el apartamento hasta la madrugada y acabó cuando los hombres se fueron tras una acalorada discusión que tuvieron Yacaranda y Lidia. Un artículo de En Universal del 24 de noviembre de 1974 revela que Yakaranda se sentía humillada y completamente harta de tener que seguir manteniendo con su dinero a Lidia con trabajos que la tenían agotada.
Con tan solo 24 años, Yakaranda murió al caer desde el balcón de su departamento en la colonia Coutemo. La noticia fue un shock para el espectáculo mexicano, desatando toda clase de especulaciones, aunque sus padres jamás quisieron creerse esa versión de los hechos. Y a pesar de la versión oficial de la policía, Emilio Fernández y también Columba Domínguez se negaron a aceptar que su hija tomase esa decisión.
Aquella tragedia dejó un vacío tremendo en sus vidas, poniendo fin a esa pequeña familia que había comenzado con una increíble historia de amor. Jakaranda, que había debutado en el cine con solo 17 años, dirigida por su propio padre en la película Pueblito, acabó convirtiéndose en el epicentro de un misterio que a día de hoy todavía tiene muchas incógnitas.
El gran legado de Emilio Lindio Fernández y de Columba Domínguez se vio manchado para siempre por este trágico episodio, uno que se añade a sus ya complejas vidas y al enorme impacto que ambos dejaron en la historia del cine mexicano. En 1965, justo cuando Ana Luisa Pelufo se encontraba en la cima de su carrera profesional, admirada por su increíble belleza y su gran talento, una noticia lo cambió todo y la llevó del brillo y a glamour del espectáculo a las portadas de la crónica de sucesos.
El periodista y antiguo novillero Rafael Romero Sánchez, de 29 años, murió en la propia casa de la actriz que estaba en la avenida Palmira en Cuernavaca, donde se había reunido con Ana Luisa, sus padres, un grupo de norteamericanos y tres periodistas. Un domingo 27 de junio de 1965. Al parecer, la visita a la casa de la actriz tenía motivos puramente comerciales.
Se cuenta que casi todo el tiempo lo pasaron en el jardín conversando con Ana Luisa, los padres de ella y los demás invitados. La primera versión que dio la policía local sugería que se trataba de un simple accidente, un hecho que rápidamente llamó la atención de todos. El periodista y compañero de Rafael de nombre Ruiz Cabañas contó que en un momento determinado Romero Sánchez se separó del resto del grupo y caminó hacia la piscina.
Testigos aseguraron que el periodista estuvo nadando unos instantes, pero que de un momento a otro desapareció bajo el agua. Al darse cuenta de su ausencia, los presentes intentaron sacarlo y darle primeros auxilios, pero todos aquellos esfuerzos fueron completamente en vano vano. El informe médico posterior reveló daños que descartaban la teoría del ahogamiento.
La policía entonces manejó varias hipótesis, incluyendo una posible pelea entre Romero Sánchez y otros de los asistentes, que terminó fatalmente. Por su parte, el padre de Ana Luisa Pelufo insistía en que la muerte de Rafael Romero Sánchez fue un simple accidente, ya que el periodista, que al parecer había bebido algunas copas durante la reunión, se metió en la piscina sin estar en condiciones.
Sin embargo, la familia Pelufo rechazó por completo las acusaciones, tachándolas de infundadas e injustas. Clara, mientras algunos señalan un clar intento de encubrimiento, otros creen que fue simplemente un trágico accidente muy mal manejado. Lo cierto es que este suceso marcó un capítulo bastante oscuro en la vida de la famosa actriz Ana Luisa Pelufo, quien siempre negó rotundamente cualquier responsabilidad en el fallecimiento del joven periodista.
El padre de Rafael Romero expresó con mucho dolor. Yo no puedo asegurar nada. Solo la justicia divina castigará a quien me ha quitado mi hijo. En cambio, la justicia humana siempre se pone de lado del que tiene dinero y yo no lo tengo ni lo tendré jamás. Don Eduardo, que estaba visiblemente afectado, añadió que al enterarse de todo supo que sería prácticamente imposible llegar a esclarecer el caso.
Pasemos ahora a la figura de David Reyoso Flores. Nacido un 29 de enero de 1926 en Aguascalientes. Tuvo una infancia bastante dura y realizó trabajos de todo tipo, como taxista y repartidor antes de dedicarse a los toros. Una pasión que abandonó de forma abrupta tras ser corneado. En Monterrey conocería a Eulalio González, el piporro, persona con la que forjó una amistad muy especial.
Gracias a su increíble voz, trabajó como locutor y cronista taurino hasta ser descubierto por el cineasta Roberto Gabaldón. Así debutó en 1957 en Aquí está, Heraclio Bernal. También fue secretario de la Asociación Nacional de Actores entre 1977 y 1984. En 1978 también fue diputado federal por el sexto distrito de la capital de Ciudad de México.
Sin embargo, existe un capítulo bastante oscuro en la biografía del actor David Reinoso, el momento en que traicionó y estafó a uno de sus grandes amigos, Jorge Rusek, un importantísimo actor mexicano que participó en películas y telenovelas, interpretando casi siempre a personajes muy enigmáticos y de un carácter duro, pero que en el fondo era una persona muy amistosa, de esas a las que no les gusta nada meterse en problemas ni tampoco en chismes.
Fruto de su trabajo, consiguió reunir los ahorros suficientes para montar un negocio y vivir de él, asegurándose así una vejez tranquila. A mediados de los años 80, Rusek le comentó sus planes a Reyoso y este le propuso levantar juntos una cadena de restaurantes de auténtica comida mexicana que estarían repartidos en diferentes ciudades.
Un negocio en el que ambos serían socios a partes iguales. Además, Reinosoardeaba de las tremendas influencias que tenía el gobierno, ya que afirmaba haber conocido a mucha gente importante cuando ocupó su puesto de diputado. Plenamente convencido Rusek de que los ahorros de toda su vida estarían en las mejores manos, le entregó todo su capital a David Reinoso, sin ni siquiera imaginar el destino que le esperaba tantos años de trabajo y enorme esfuerzo.
Esos ahorros fueron utilizados en realidad para pagar la libertad de Jorge Reinoso, que era el hijo de David, quien se encontraba en la cárcel y enfrentaba el riesgo inminente de recibir una condena de cadena perpetua. David utilizó sin dudar los recursos económicos, tanto los suyos como los de Jorge Rousek, quien le confió ciegamente todo su dinero para que dispusiera de lo que fuera necesario. Y vaya si lo hizo.
Pagó abogados y la fianza de la libertad condicional para que finalmente su hijo pudiera salir de la prisión. Una vez que Jorge Rousek se percató de que sus cuentas bancarias estaban completamente vacías y que no existía ningún negocio en marcha, quiso presentar una demanda, pero esto resultó imposible.
ya que el actor le había entregado un poder notarial absoluto a David para que manejara sus cuentas bancarias a su antojo. Jorge Rusek, totalmente decepcionado, se apartó de David y jamás volvieron a cruzarse. Rusek siguió trabajando hasta el año 1998 cuando un infarto fulminante le arrebató la vida.
Sin embargo, en esta vida todo se acaba pagando y el caso de David Reinoso no fue una excepción. A principios de los 90, David ya no pudo seguir trabajando. Le fue diagnosticado un cáncer de garganta que le impidió por completo continuar con su carrera, sometiéndose a extenuantes sesiones de quimioterapia. El 9 de junio de 1994 falleció a los 68 años.
A pesar de que María Félix era sumamente reservada con los detalles de su vida privada, sus romances y ciertos escándalos no pasaban desapercibidos para la prensa de aquella época. De hecho, hubo un acontecimiento muy sonado, ya que se acusó a la doña de haber quitado una vida en 1949. Su secretaria personal, Rebeca Uribe, fue encontrada sin vida en un motel ubicado en el Paseo de la Reforma.
Rebeca Uribe era una reconocida escritora y también poetisa. Había llegado a publicar tres libros y, además, había sido actriz de teatro experimental. Dado que la carga de trabajo de la doña era realmente abrumadora, le propuso a la poetisa que se convirtiera en su secretaria, sintiendo que Rebeca era la persona más indicada para el puesto, pues según su libro tenía la cultura y la inteligencia que ella necesitaba.
Sin embargo, con el tiempo se fueron haciendo mucho más íntimas y cercanas, ya que Rebeca acompañaba a la famosa actriz a absolutamente todos los eventos públicos a los que era invitada. Las especulaciones, por supuesto, no se hicieron esperar. Era bastante notorio que las preferencias sentimentales de Rebeca Uribe eran otras y la prensa no tardó en hacer correr el rumor de que ambas mantenían una relación que iba más allá del trabajo.
Se dice que Rebeca comenzó a presionar a María para que hicieran pública su relación, pero la doña bajo ninguna circunstancia iba a permitir que su reputación y su exitosa carrera se vinieran abajo por una simple aventura más. En aquel preciso momento, los trabajadores del motel declararon como testigos que Rebeca había llegado al lugar acompañada de una mujer muy alta que vestía un abrigo de pieles y era sumamente elegante.
Además, encontraron una fotografía de la doña dentro de una de las bolsas de ropa de la poetisa. La prensa empezó a señalar directamente que María Félix mantenía una relación amorosa con Rebeca y que era ella la misteriosa acompañante de esa fatídica mañana de agosto. La doña se encontraba terriblemente molesta por todas las especulaciones, los rumores y los chismes que habían surgido y se habían extendido en torno a este caso.
Además, le preocupaba enormemente que su hijo Enrique estuviera asustado y preocupado. Al final, la investigación concluyó que había sido otra mujer la persona implicada. María nunca llegó a ser interrogada. Se dice que en aquel entonces la doña ya contaba con muchísimos amigos influyentes y poderosos, quienes la ayudaron a salir del país para poder viajar a España y esperar allí a que todo el escándalo se calmara, quedando así totalmente deslindada de cualquier hecho.
Y aunque no se veía involucrada de forma directa en los hechos, su nombre quedó para siempre envuelto en la polémica de aquel escándalo. Otro de sus escándalos más sonados fue el referente al famoso collar de esmeraldas que el mismísimo Jorge Negrete le regaló a la actriz el día de su boda en 1952. Debido a su enfermedad, Jorge ya había gastado prácticamente toda su fortuna y por si fuera poco, estaba terriblemente endeudado.
Para finales de 1953, cuando Jorge murió, casi no le quedaban bienes materiales y lo poco que aún poseía se lo heredó a su única hija Diana, fruto de su primer matrimonio con la también actriz Elisa Criste. La cuantiosa deuda fue reclamada a la familia, así que el hermano de Jorge se presentó ante la doña para solicitarle que devolviera el collar, puesto que no existía dinero suficiente para poder pagarlo.
Sin embargo, María se negó en rotundo hacerlo, argumentando que aquella joya había sido un regalo muy especial de su amado esposo. La actriz fue demandada y a principios de 1954, cuando María se disponía a viajar a París, fue detenida en el aeropuerto de México por dos agentes de policía con una orden judicial que le impedía salir del país o, en su defecto, conservar el valioso collar.
Ella prefirió regresar a su casa antes que entregarlo y, de hecho, continuó luciéndolo con orgullo en todos los eventos públicos a los que se presentaba. El escándalo del collar fue tan sumamente mediático que incluso se estaba modelaneando una película entera sobre la joya. Ana Luisa Pelufo iba a ser la gran protagonista con Guillermo Calderón en la producción.
Sin embargo, por una movida de su hijo Enrique, los planes se vinieron abajo, ya que este presentó su renuncia en la Asociación Nacional de Actores, lo que frenó en seco el proyecto. Años después, ya casada con Alex Berger, María finalmente decidió saldar la deuda de aquel famoso collar, que conservó siempre como un símbolo indeleble de su historia con Jorge Negrete.
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