Lomas de Chapultepec, la colonia más exclusiva de Ciudad de México. Detrás de muros blancos impecables y vegetación recortada al milímetro, hay una mansión de más de 100 m², siete recámaras, gimnasio privado, jacuzzi, spa, un elevador que sube tres pisos, estacionamiento subterráneo con capacidad para una docena de autos de lujo, [música] diseñada a la medida por Miguel Ángel Aragonés, uno de los arquitectos más cotizados del mundo, quien la bautizó como la palma.
La prensa mexicana la bautizó de otra manera. La Casa Blanca. Valor estimado en el momento en que se destapó el escándalo. 86 millones de pesos. [música] 7 millones de dólares. Y aquí empieza lo extraño. El nombre que aparecía en las escrituras no era el del presidente de México, tampoco el de su esposa.
La dueña legal era una empresa llamada Ingeniería Inmobiliaria del Centro. Esa empresa pertenecía a Grupo Iga. Grupo IGA era propiedad de un empresario llamado Juan Armando Inojosa Cantú y ese empresario había recibido contratos por miles de millones de pesos del gobierno de Enrique Peña Nieto, primero cuando fue gobernador del Estado de México y después cuando llegó a la presidencia de la República.
Contratos de obra pública, carreteras, hospitales, infraestructura, miles de millones. Y a cambio, la empresa de ese mismo hombre le construyó una mansión a la familia presidencial en la zona más cara del país. La mujer que vivía en esa casa, la que posó sonriendo para la revista Hola en mayo de 2013, mostrando cada rincón como si fuera su hogar legítimo, era Angélica Rivera, la gaviota, la primera dama de México.
Y cuando un equipo de periodistas liderado por Carmen Aristegui destapó la verdad el 9 de noviembre de 2014, el gobierno hizo algo que nadie esperaba. En lugar de que el presidente diera la cara, mandaron a su esposa. Angélica Rivera grabó un video que se volvió viral por las razones equivocadas. Se sentó frente a la cámara con un tono que millones de mexicanos interpretaron como un regaño y dijo que ella había comprado esa casa con el sudor de su frente, con más de 25 años de trabajo como actriz.
Pero los números no cuadraban, las fechas no coincidían. Las empresas involucradas tenían vínculos directos con el poder [música] y esa mentira frente a las cámaras le costó todo. Pero esta no es solo la historia de una mansión, esta es la historia de como una adolescente de Ciudad de México que soñaba con ser actriz terminó convertida en la primera dama más cuestionada del país, de como la farándula y la política se fusionaron en un matrimonio que parecía sacado de una telenovela y terminó siendo exactamente eso, una ficción. Hoy vas a
conocer cuatro cosas. Primero, como Angélica Rivera pasó de ganar un concurso de belleza a los 17 años a convertirse en la actriz más poderosa de Televisa y lo que tuvo que sacrificar para lograrlo. Segundo, [música] la historia completa de su relación con Peña Nieto, quien nos presentó que dijo ella la primera vez que lo vio y una coincidencia de fechas que te va a erizar la piel.
Tercero, ¿qué dijo exactamente en ese video? y porque el propio Peña Nieto confesó años después que fue el peor error de su sexenio. Y cuarto, ¿qué pasó con el expediente de la investigación? Porque desapareció de los archivos del gobierno y dónde está hoy cada protagonista de esta historia. Te voy a avisar cuando llegue cada revelación, pero primero necesitas conocer a la mujer antes del escándalo, porque todo empieza en un lugar que no tiene nada que ver con mansiones ni con presidentes.
Angélica Rivera Hurtado nació el 2 de agosto de 1969 en Ciudad de México. Su padre se llamaba Manuel Rivera Ruiz. Su madre, María Eugenia Hurtado Escalante, familia de clase media trabajadora, sin lujos sostentosos, pero sin miseria, una casa modesta, comida en la mesa, escuela para los hijos. Angélica creció rodeada de hermanas, seis hijos que compartían cuartos, ropa y la televisión de [música] la sala.
Esa televisión sería clave porque mientras sus hermanas jugaban afuera, Angélica se quedaba pegada a la pantalla viendo telenovelas. No las veía como entretenimiento, las estudiaba. Observaba como las actrices movían las manos, como lloraban, como miraban al galán cuando decían “Te amo” y después se paraba frente al espejo del baño y lo repetía.
[música] Ensayaba diálogos que inventaba sola. Se imaginaba cámaras que no existían, público que todavía no la conocía. La actuación no era un pasatiempo para ella, era una obsesión. Maritza, su hermana mayor, fue la primera que le creyó. Mientras el resto de la familia veía esos ensayos frente al espejo como juegos de niña, Maritza veía algo más.
Años después se convertiría en su representante, su confidente, su sombra permanente. Pero eso viene más adelante. En 1987, cuando Angélica tenía 17 años y le faltaban meses para cumplir la mayoría de edad, vio un anuncio en el periódico que le cambió la vida. El Heraldo de México, uno de los diarios más importantes del país, organizaba un concurso llamado El rostro del Heraldo.
Buscaban caras nuevas, fotogenia, [música] presencia, ese algo indefinible que hace que no puedas dejar de mirar a alguien. Angélica se inscribió sin consultarlo con nadie. Se presentó con la seguridad de quien lleva años preparándose para un momento exacto y ganó. Su fotografía apareció publicada en el periódico Un rostro joven, ojos grandes, una sonrisa que prometía más de lo que mostraba.
Para una adolescente sin contactos en el mundo del espectáculo, ganar ese concurso era como encontrar una llave que abría una puerta que llevaba cerrada toda su vida. Lo primero que llegó habría sido impensable semanas antes. La llamaron para aparecer en el videoclip de Ahora Te puedes marchar de Luis Miguel, el cantante más famoso de México, El Sol, el ídolo absoluto de toda una generación.
Angélica apareció como una cara más entre las extras. Un destello de segundos que nadie recuerda, pero ella sí lo recuerda, porque fue la primera vez que pisó un set de grabación profesional, la primera vez que vio cómo funcionaba la maquinaria del espectáculo desde adentro y supo que ahí quería estar.
Después vinieron trabajos menores, comerciales de televisión, un programa de videos musicales llamado TNT que condujo junto a Marta Aguayo. Nada espectacular, nada que la acercara al sueño de actuar en telenovelas, pero cada trabajo era un peldaño, cada sed era una ola, cada día frente a una cámara era un ensayo para lo que vendría y en 1989 lo que vendría tocó a su puerta.
Televisa, la empresa de medios más poderosa de América Latina, la fábrica de sueños y pesadillas del entretenimiento hispano, le dio su primera oportunidad. Debutó como actriz en la telenovela Dulce Desafío junto a Adela Noriega y Eduardo Yáñez. Tenía 19 años. Su papel no era el protagónico, era un personaje secundario de esos que aparecen en algunas escenas y desaparecen sin que el público los extrañe.
Pero lo importante no era el tamaño del papel, lo importante era estar dentro, haber cruzado la puerta de los estudios de San Ángel, haber pisado los foros donde se grababan las historias que veían 100 millones de personas cada noche. Ese mismo año apareció en Simplemente María. [música] Dos telenovelas en un año para una actriz debutante.
Televisa estaba apostando por ella. En 1991 llegó a alcanzar una estrella dos y con ella algo que hoy suena [música] inverosímil. De esa telenovela nació un grupo musical llamado Muñecos de papel. Los integrantes eran una colección de nombres que después serían estrellas mundiales. Sasa Socol, Vivi Gaitán, Ricky Martín, Eric Rubí, Pedro Fernández.
Y ahí en medio de todos ellos, estaba Angélica Rivera. Grabaron dos discos, hicieron una gira de un año por México y partes de América Latina. Angélica no tenía talento vocal sobresaliente. Nadie la recuerda por sus notas agudas, pero la televisión mexicana de los 90 funcionaba con una lógica implacable. Si eras joven, atractiva y estabas en una telenovela exitosa, te convertían en cantante, aunque tu voz fuera lo de menos.
Después vinieron más telenovelas. Sueño de amor en 1993. Ese mismo año, una película de comedia llamada Aquí espantan junto a Rafael Inclán y Patricia Reyes Espíndola. Cine popular, palomero, el que la gente veía los domingos. No ganaba premios, pero ganaba público. Y entonces llegó 1995 y la telenovela que la convirtió en estrella de [música] verdad.
La dueña Angélica Rivera protagonizó junto a Francisco Gatorno y Cynthia Clitbo. Fue la telenovela más vista del año en México. La historia de una mujer que peleaba por lo que quería, que no se dejaba vencer, que enfrentaba a todos con una fuerza que salía de las entrañas. Millones de personas la veían cada noche.
Su nombre dejó de ser uno más en la lista de actrices de Televisa. Ahora era Angélica Rivera, protagonista, la que podía cargar una telenovela entera sobre sus hombros. Pero mientras su carrera despegaba, algo estaba pasando entre los pasillos de esos mismos estudios, porque en Televisa todo se mezclaba, el trabajo, la vida personal, las ambiciones, los romances.
Y Angélica Rivera estaba a punto de conocer al hombre que cambiaría su vida por primera vez. Se llamaba José Alberto Castro. Todo el mundo le decía el gerero Castro. Era productor de telenovelas, uno de los más importantes de Televisa, sobrino de Verónica Castro, la actriz legendaria, primo hermano de Cristian Castro, el cantante.
El gerero venía de una familia donde la fama era parte del apellido, donde la televisión era el negocio de la casa, donde el poder dentro de Televisa se heredaba como se hereda un rancho. Los productores en Televisa no eran empleados, eran reyes. Ellos decidían quién protagonizaba y quién quedaba fuera. Una llamada del gerero Castro podía lanzar una carrera o destruirla antes de que empezara.
Angélica y el Gerüero empezaron una relación que nadie cuestionó. [música] En el mundo de las telenovelas, que una actriz se enamorara de su productor era tan común como que el villano muriera en el último capítulo. Vivieron juntos varios años en unión libre antes de casarse. Su primera hija, Sofía, nació el 30 de octubre de 1996.
Angélica tenía 27 años y estaba en la cima. Después nació Fernanda y la menor Regina. Llegó el 27 de octubre de 2005. Se casaron oficialmente en 2004, cuando ya llevaban años de convivencia y tenían dos hijas juntas. Durante esos años, Angélica no paró de trabajar. En 1997 protagonizó huracán junto a Eduardo Palomo, rodeada de actrices como Silvia Pasquel, Alejandra Barros, Ludvica Paleta y Gabriela Platas.
En 1998, el Gerero Castro la puso como protagonista de la telenovela Ángela junto al argentino Juan Soler. En 2001, sin pecado concebido con Carlos Ponce y en 2003, por primera vez aceptó un papel antagónico en Mariana de la Noche, protagonizada por Alejandra Barros y Jorge Salinas. Angélica interpretó a la villana y demostró que podía ser más que la heroína sufrida. tenía rango.
Podía ser mala frente a las cámaras con una convicción que daba escalofríos. Esa habilidad para fingir, para convencer, para hacer que el público creyera lo que ella quería que creyera, le serviría años después. Pero no frente a las cámaras de una telenovela, frente a las cámaras de todo un país que le exigía explicaciones.
Quizá tú también conoces lo que es tenerlo todo aparentemente resuelto. La carrera funcionando, los hijos creciendo, la casa en orden y al mismo tiempo sentir que por dentro algo se rompe, que la persona que duerme a tu lado ya no es la misma, que las conversaciones se volvieron silencios, que el amor se transformó en costumbre y la costumbre [música] en vacío.
Eso estaba pasando entre Angélica Rivera y el Gerero Castro hacia 2006 y 2007. El matrimonio se agrietaba sin que las cámaras lo notaran. Nadie sabe exactamente cuándo empezaron las fracturas. La versión pública siempre fue elegante. Diferencias irreconciliables, caminos que se separan.
Televisa protegía a los suyos y [música] los trapos sucios se lavaban en casa. Y justo en ese momento de quiebre personal llegó el papel que lo cambió todo. Destilando amor se estrenó en 2007. Angélica Rivera interpretó a Teresa Hernández, una mujer humilde que trabajaba en los campos de agalisco y a la que todos conocían como la gaviota.
El personaje era una especie de cenicienta mexicana, una mujer de abajo que se enamora de un hombre rico que es despreciada por su origen, que lucha contra todo y al final triunfa. Era la fantasía perfecta para un país donde millones de mujeres se veían reflejadas en esa historia. La telenovela fue un fenómeno brutal.
Los Ratins se dispararon a niveles que Televisa no veía en años. En México, en Colombia, en Venezuela, en Centroamérica, en Estados Unidos, millones de personas seguían cada capítulo como si fuera asunto de vida o muerte. Y el personaje de la gaviota se incrustó en la cultura popular de una manera que Angélica Rivera no anticipó.
La gente dejó de llamarla por su nombre. Ahora era la gaviota. Así la saludaban en la calle. Así la gritaban desde los carros. Así la identificaban en los mercados. El apodo la perseguiría para siempre, para bien durante unos años, para mal el resto de su vida. La telenovela la reunió con Eduardo Yáñez, el mismo actor con el que había debutado 18 años antes en Dulce Desafío. El círculo se cerraba.
La jovencita que llegó como extra ahora era la protagonista absoluta de la producción más exitosa del año. Angélica grabó un disco con canciones de la telenovela, compartió créditos con Pepe Aguilar y la revista Furia Musical la premió como cantante revelación del 2007. En septiembre condujo un especial de televisión llamado para siempre, un homenaje a Vicente Fernández en su rancho de Guadalajara.
era la reina indiscutible de Televisa y entonces tomó una decisión que nadie esperaba. Cuando Destilando Amor terminó, Angélica Rivera anunció su retiro de la actuación. Así, sin previo aviso, la actriz más exitosa del momento, [música] en su punto más alto de popularidad dejaba las telenovelas. No dio explicaciones claras, no hubo despedida grandeocuente, simplemente dijo que se iba.
El divorcio con el Gerüero Castro se formalizó en 2008, se quedó con la custodia de sus tres hijas. Y aquí hay un dato que casi nadie conoce y que importa mucho para lo que viene después. Angélica solicitó la anulación de su matrimonio religioso ante el Vaticano, un trámite que normalmente tarda años de papeleo eclesiástico.
A ella se lo concedieron en 2009 con una velocidad inusual. El Vaticano declaró el matrimonio nulo e inválido por defectos de forma canónica, pero la cosa no quedó ahí. Tiempo después, el Tribunal de la Rota Romana, que es el máximo tribunal de apelaciones de la Santa Sede, revisó esa anulación y la calificó textualmente como un caso simulacro de justicia. Un simulacro.
El máximo tribunal católico del mundo diciendo que la anulación del matrimonio de Angélica Rivera fue una farsa. La pregunta es obvia, ¿por qué tanta prisa en anular un matrimonio religioso? ¿Por qué mover hilos en el Vaticano para que un trámite de años se resolviera en meses? La respuesta estaba esperando en el Estado de México, [música] en la oficina del gobernador, con un traje bien cortado y una ambición que no cabía en ningún escritorio.
Porque mientras Angélica Rivera se divorciaba del Gerüero Castro y anulaba su matrimonio ante la iglesia, un político la estaba cortejando. Un hombre que había enviudado en enero de 2007 y que necesitaba, según sus propios asesores, una mujer a su lado antes de lanzar su campaña por la presidencia de México. Enrique Peña Nieto tenía 41 años.
Era gobernador del Estado de México desde 2005. Venía de Atlacomulco, un municipio que durante décadas fue cuna de gobernadores y políticos [música] priistas. El poder en su familia era tan natural como el aire. Su tío Arturo Montiel Rojas había sido gobernadora antes que él. Su carrera política había sido un ascenso calculado, escalón por escalón, sin sorpresas y sin tropiezos.
Su primera esposa se llamaba Mónica Pretelini Sa. Se conocieron en 1993 en el restaurante El Mesón del Caballo Vallo. Se casaron el 12 de febrero de 1994. Tuvieron tres hijos juntos, Paulina, Alejandro y Nicole. Mónica fue su compañera durante casi 14 años. Lo impulsó en su carrera, lo apoyó en cada campaña, le perdonó infidelidades que en cualquier otro matrimonio habrían sido causa de divorcio inmediato, porque Peña Nieto no fue fiel.
Mientras estaba casado con Mónica, tuvo una relación con Maritza Díaz Hernández, una funcionaria de la Secretaría de Finanzas del Estado de México. De esa relación nació un hijo llamado Diego. Otro romance fue con Jessica de la Madrid Tes, una mujer originaria de Chihuahua que trabajó en la campaña de marketing de Peña Nieto para la gubernatura.
Con ella también tuvo un hijo, un niño llamado Luis Enrique que nació en diciembre de 2005. Un año después, ese bebé fue diagnosticado con cáncer. Y el 31 de enero de 2007, apenas tres semanas después de la muerte de Mónica Pretelini, el pequeño Luis Enrique también falleció. Dos muertes en menos de un mes, su esposa y el hijo que tuvo fuera del matrimonio.
Dos golpes que habrían derrumbado a cualquiera. Mónica Pretelini murió el 11 de enero de 2007. La versión oficial dice que sufrió una crisis epiléptica que le provocó una armia cardíaca y un parocardiorrespiratorio. Tenía 45 años. Su muerte generó especulaciones que nunca se resolvieron del todo, pero la versión médica fue la que quedó en los registros.
Peña Nieto quedó viudo con tres hijos, con dos hijos más fuera del matrimonio, uno de ellos recién fallecido, y con una carrera política que apuntaba directamente a la presidencia de México. Según el libro Confesiones desde el exilio de Mario Maldonado, los asesores de Peña Nieto le sugirieron que necesitaba una nueva pareja.
No por amor, por imagen. Un candidato presidencial viudo, con hijos de varias mujeres y un historial de infidelidades documentadas necesitaba una mujer a su lado que limpiara su imagen. Alguien conocida, querida por el pueblo, que transmitiera estabilidad familiar. Y aquí viene un detalle que parece ficción, pero está documentado.
Según ese mismo libro, la primera opción no fue Angélica Rivera, la primera opción fue Lucero. Lucero Ogasa, la novia de América. que en ese momento estaba casada con el cantante Mijares. Lucero ya había trabajado con el gobierno del Estado de México haciendo spots publicitarios que promocionaban los supuestos logros de Peña Nieto como gobernador entre 2008 y 2009.
[música] Los asesores del político evaluaron la posibilidad de que Peña Nieto la conquistara. No funcionó. Lucero estaba casada y no había apertura. Entonces apareció la segunda opción, la que sí funcionó. Después de Lucero, Peña Nieto tuvo una breve relación con Rebecca Solano de Hoyos, una conductora de televisión de Monterrey.
Se conocieron en una fiesta organizada por Bernardo Gómez, vicepresidente de Grupo Televisa. El empresario Carlos Bremer fue quien los presentó. Rebecca acompañó a Peña Nieto a algunos eventos oficiales durante casi un año, pero la relación terminó en 2008 por una infidelidad de él. Rebeca Solano fue la primera novia pública de Peña [música] Nieto después de enviudar, pero no sería la última.
Aquí viene lo segundo que te prometí. En el primer semestre de 2008, Angélica Rivera fue contratada como imagen de una campaña publicitaria del gobierno del Estado de México. Spots de televisión donde aparecía promocionando los programas y logros del gobernador Enrique Peña Nieto. Era un trabajo profesional.
Ella era la actriz más popular del momento gracias a Destilando Amor. Él era un gobernador joven, ambicioso, con aspiraciones presidenciales que ya no eran secreto para nadie. La campaña publicitaria terminó alrededor de mayo o junio de 2008 y entonces la relación laboral se convirtió en otra [música] cosa. Según las propias palabras de Angélica Rivera en una entrevista con la revista, quien la primera vez que lo vio en un contexto personal fue revelador.
Dijo que hablaron durante horas en una cena desde las 9 de la noche hasta la 1 de la mañana. Él le contó de su viudez de manera honesta y sincera. Ella lo encontró guapo, eso lo admitió sin rodeos y le impresionó algo que nunca había vivido antes. Nadie en la vida me había movido la silla para que me sentara, dijo.
Los detalles, los gestos pequeños, el hombre que le acercaba la silla, que le abría la puerta, que la trataba con una caballerosidad que ella no había experimentado en su matrimonio anterior. Se empezaron a ver en público entre julio y agosto de 2008. Cenas en el San Angelín en Philip, restaurantes de la Ciudad de México donde la gente bonita va a ser vista.
Para noviembre de 2008, después de aproximadamente 5 meses saliendo, Peña Nieto la invitó a cenar y le pidió oficialmente que fuera su novia. Y aquí viene la coincidencia que descubrieron los periodistas de Aristeg Noticias y que te va a erizar la piel. [música] El 12 de noviembre de 2008, Enrique Peña Nieto hizo pública su relación amorosa con Angélica Rivera.
Los medios publicaron la noticia. México se enteró de que el gobernador más mediático del país estaba saliendo con la gaviota. Al día siguiente, el 13 de noviembre de 2008, fue conformada legalmente la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, la empresa que construiría la Casa Blanca, la mansión de Sierra Gorda 150 en Lomas de Chapultepec, la casa que 6 años después desataría el escándalo más grande del sexenio. Un día de diferencia.
El 12 se anuncia el noviazgo. El 13 se crea la empresa que construirá la mansión. Los periodistas lo verificaron con documentos públicos. con registros mercantiles, con actas constitutivas. No es especulación, es un hecho documentado. En diciembre de 2009, durante una visita al Vaticano, Peña Nieto aprovechó para comentarle al Papa Benedicto XV que planeaba casarse con Angélica Rivera.
Ahora entiendes la prisa por anular el matrimonio religioso anterior. Ahora entiendes porque un trámite que tarda años se resolvió en meses. Necesitaban que Angélica estuviera libre ante la Iglesia Católica para poder casarse por la Iglesia con el futuro presidente de México. Y lo lograron, aunque el Tribunal de la Rota Romana después lo calificara como un simulacro de justicia.
El 27 de noviembre de 2010, Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto se casaron en la catedral de Toluca. Él seguía siendo gobernador del Estado de México. Ella anunció oficialmente su retiro definitivo de las telenovelas para dedicarse, según sus propias palabras, a esta gran responsabilidad al lado de él, a su casa y a sus hijos.
Ahora eran una familia ensamblada de seis hijos, las tres hijas de Angélica con el herero Castro, Sofía, Fernanda y Regina. Y los tres hijos de Peña Nieto con Mónica Pretelini, Paulina, Alejandro y Nicole. Más Diego, el hijo que Peña Nieto tuvo con Maritza Díaz Hernández, aunque ese nombre rara vez aparecía en las fotos familiares oficiales.
La boda fue un evento que mezcló política y farándula de una manera que México no había visto antes. Políticos priistas de primera línea sentados junto a actores de telenovela, gobernadores brindando con productores de televisión. El poder y el espectáculo fusionados en una catedral bajo los flashes de cientos de cámaras con una novia vestida de blanco que ya no era actriz, pero seguía actuando el papel más importante de su vida.
Y entonces empezó la campaña presidencial. El 30 de marzo de 2012, Enrique Peña Nieto arrancó oficialmente su campaña por la presidencia de la República. Angélica Rivera lo acompañó a cada evento, a cada miting, a cada recorrido por colonias populares y plazas de pueblo. Publicaba videos en redes sociales que llamaba lo que mis ojos ven y mi corazón siente, donde documentaba la campaña desde adentro, como si fuera el detrás de cámaras de una telenovela donde ella era la heroína y su esposo, el galán que iba a salvar al país. El
primero de diciembre de 2012, Enrique Peña Nieto asumió la presidencia de México. Angélica Rivera se convirtió en la primera dama. La niña que se paraba frente al espejo del baño ensayando diálogos ahora vivía en la residencia oficial de Los Pinos. Un complejo de 56,000 m², 14 veces más grande que la Casa Blanca de Washington, con jardines, bosques, salones de estado, personal de servicio, cocineros, escoltas del Estado Mayor Presidencial, las 24 horas del día, de ganar concursos de belleza en el periódico A dormir en la cama, donde
habían dormido todos los presidentes de México durante casi un siglo. [música] El 6 de marzo de 2013 fue nombrada presidenta del Consejo Ciudadano Consultivo del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, el DIF. Viajó por todo el país visitando centros del DIF, inaugurando comedores comunitarios, abrazando niños para las cámaras. La imagen era perfecta.
[música] La esposa del presidente que se preocupa por los más vulnerables. La gaviota, ahora primera dama, mostrándole a México que una mujer de origen humilde podía representar al país con dignidad. Pero había un problema. Un problema que se gestaba desde el 13 de noviembre de 2008, desde el día exacto en que se creó la empresa que construiría la casa donde Angélica Rivera vivía con su familia presidencial.
Un problema que dormía entre escrituras notariales y contratos de obra pública esperando que alguien lo descubriera. Y en mayo de 2013, Angélica Rivera, sin saberlo, encendió la mecha que haría explotar todo. Porque en mayo de 2013, la revista Hola publicó una entrevista con la primera dama. El formato era el clásico de las revistas del corazón.
[música] Fotos en gran formato, decoración impecable, la familia perfecta en su casa perfecta. Y Angélica Rivera posó orgullosa en cada rincón de la mansión de Sierra Gorda 150, mostrando las habitaciones, los jardines, la sada, como si estuviera enseñando el set de su telenovela más exitosa. Esas fotos llegaron a los ojos de un equipo de periodistas que trabajaban con Carmen Aristi.
Daniel Lisáraga, Rafael Cabrera, Irvin Huerta y Sebastián Barragán vieron las imágenes y se hicieron una pregunta sencilla pero demoledora. ¿De quién es realmente esa casa? Empezaron a investigar y lo que encontraron tardó 13 meses en armarse, pero cuando salió a la luz sacudió a México entero.
Aquí es donde la historia de Angélica Rivera deja de ser una historia de telenovelas y se convierte en la historia de uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia moderna de México. Lo que esos periodistas descubrieron, como lo publicaron y lo que Angélica Rivera hizo frente a las cámaras cuando el mundo le exigió explicaciones. Eso viene ahora.
Noviembre de 2014. El equipo de Aristegui Noticias llevaba 13 meses investigando la propiedad de Sierra Gordas 150. Habían hecho solicitudes de acceso a información pública, rastreado registros mercantiles, cruzado datos notariales con fechas clave de la vida privada y política de Peña Nieto y Rivera.
El rompecabezas iba tomando forma pieza por pieza y las piezas encajaban de una manera devastadora. La casa estaba registrada a nombre de ingeniería inmobiliaria del centro, empresa subsidiaria de Grupo IGA, propiedad de Juan Armando y Nojosa Cantú. Ese mismo grupo IGA tenía 22 contratos con el gobierno federal de Peña Nieto, contratos de obra pública multimillonarios, carreteras, autopistas, infraestructura hospitalaria, miles de millones de pesos fluyendo de las arcas del gobierno hacia las cuentas de la empresa que al mismo tiempo le construía una mansión a la
familia del presidente. Pero había más. Los periodistas descubrieron que desde 2012, antes incluso de que Peña Nieto asumiera la presidencia, la casa de Sierra Gorda 150 ya era resguardada por el Estado Mayor Presidencial. Es decir, el cuerpo de seguridad que protege exclusivamente al presidente de la República ya estaba cuidando esa casa antes de que Peña Nieto fuera presidente.
La mansión estaba siendo tratada como propiedad presidencial cuando legalmente no lo era. El 9 de noviembre de 2014, el reportaje se publicó en Aristegui Noticias de manera coordinada con la revista Proceso y el periódico La Jornada en México y simultáneamente con The Wall Street Journal de New York Times, de guardián y de economista a nivel internacional.
No fue una filtración improvisada, fue una detonación controlada, diseñada para que nadie pudiera ignorarla. El título era directo, la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto. Y el impacto fue inmediato. Peña Nieto [música] estaba en ese momento en una gira presidencial por China, acompañado precisamente por Angélica Rivera.
La noticia les estalló al otro lado del mundo. Los periodistas que cubrían la gira empezaron a hacer preguntas incómodas. Las redes sociales se incendiaron, los hashtags se multiplicaron. México entero hablaba de la Casa Blanca. Y aquí viene lo tercero que te prometí, lo que pasó cuando el gobierno tuvo que responder. La respuesta tardó 9 días, 9 días de silencio presidencial, mientras el escándalo crecía hora tras hora.
Y cuando finalmente llegó la explicación, no la dio el presidente. Peña Nieto declaró públicamente que le había pedido a su esposa que fuera ella quien aclarara el asunto porque era una propiedad de ella. Le he pedido a mi esposa que sea ella personalmente, siendo una propiedad de ella, quien aclare ante la sociedad mexicana y ante la opinión pública cómo fue que se hizo de esa propiedad.
Esas fueron sus palabras exactas. El 18 de noviembre de 2014, Angélica Rivera apareció en un video pregrabado. No fue una conferencia de prensa con periodistas que pudieran hacer preguntas. No fue una comparecencia ante alguna autoridad. Fue un video controlado, editado, producido como un monólogo de telenovela. Según investigaciones posteriores del medio Cuna de Grillos y la revista Proceso, ese video habría sido grabado en una residencia construida para ella dentro del propio complejo de Los Pinos.
Una segunda casa blanca oculta entre árboles y bardas, construida al inicio del sexenio sobre unas cabañas que había levantado el expresidente Vicente Fox. En el video, Angélica Rivera miró a la cámara y dijo las palabras que la perseguirían por el resto de su vida. Me siento con la responsabilidad de explicar paso a paso todo lo relacionado con la casa que ha sido cuestionada por algunos medios de comunicación.
Hoy estoy aquí para defender mi integridad, la integridad de mis hijos y la de mi esposo. Su explicación fue la siguiente. dijo que ella tenía una propiedad en Paseo de Las Palmas obtenida como parte de la terminación de su contrato laboral con Televisa, que al conocer al empresario Inojosa Cantú acordaron que una de sus inmobiliarias adquiriera un terreno contiguo en Sierra Gorda 150 y ampliara la propiedad a su gusto, que ella se comprometió a comprar la casa una vez terminada, que el 12 de enero de 2012 firmó un contrato de compraventa
con reserva de dominio que la casa seguía siendo propiedad de la inmobiliaria hasta que ella pagara el total del precio pactado con sus intereses. En resumen, dijo que la había comprado con el sudor de su frente con sus ingresos como actriz de Televisa durante más de 25 años. La reacción del público fue fulminante.
Las redes sociales estallaron con memes, con críticas, con indignación. Actores mexicanos reaccionaron públicamente. Ana de la Reguera escribió en Twitter algo que capturó el sentir general. para que me fui a Azteca y después a Los Ángeles, si en Televisa pagaban también. Irene Azuela fue más directa. A los malos actores ni pagándoles millones les salen ciertas escenas.
Y añadió entre líneas lo que todos pensaban. La gaviota estaba actuando su peor papel. El problema no era solo la actuación, el problema eran las matemáticas. Una actriz de telenovelas en México, incluso la más exitosa, tendría que haber trabajado varias vidas para comprar una mansión de 7 millones de dólares en la colonia más cara del país.
Los sueldos de Televisa eran buenos para el estándar mexicano, pero no eran sueldos de ,000es dólar y la coincidencia de las fechas seguía ahí, imposible de ignorar. Un día después de hacerse público el noviazgo con el gobernador, se crea la empresa que construiría la casa. Las líneas de tiempo que armaron los periodistas mostraban que la construcción de la mansión avanzó al mismo ritmo que la relación entre Rivera y Peña Nieto.
Cada hito personal tenía su espejo en un movimiento empresarial. Angélica Rivera, ante la avalancha de cuestionamientos, anunció que vendería los derechos derivados del contrato de compraventa. En diciembre de 2014 devolvió el dominio de la propiedad a Grupo IGA, es decir, regresó la casa. La mansión por la que supuestamente había trabajado 25 años, la casa que dijo haber comprado con el sudor de su frente la devolvió un mes después del escándalo como quien devuelve un vestido que no le quedó.
Tres días antes de que se publicara la investigación, el 6 de noviembre de 2014, el gobierno revocó la licitación del tren de alta velocidad México Querétaro. El consorcio ganador incluía a constructor Tya, que pertenecía a Grupo Iga, la misma empresa dueña de la Casa Blanca. El gobierno ya sabía que el reportaje venía.
cancelaron el contrato más polémico antes de que estallara el escándalo, como quien esconde la evidencia cuando escucha que la policía viene en camino. En febrero de 2015, Peña Nieto nombró a Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública y le encargó investigar si él, su esposa o su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, habían incurrido en conflicto de interés.
El propio presidente nombrando al investigador que lo investigaría a él. The Economist, el [música] prestigioso semanario británico, señaló que la designación enviaba señales encontradas en la campaña anticorrupción del gobierno. La investigación duró meses y el 21 de agosto de 2015, Virgilio Andrade anunció su conclusión.
No había conflicto de interés. Angélica Rivera había comprado la casa con su patrimonio exclusivo, obtenido por su carrera como actriz de Televisa. Peña Nieto no participó en las adjudicaciones de contratos a Grupo IGA. Caso cerrado, la exoneración fue recibida con incredulidad masiva. Encuestas de esa época mostraban que al menos el 80% de los mexicanos no creía en los resultados de la investigación.
El investigador designado por el presidente para investigar al presidente había concluido que el presidente no hizo nada malo. Para la mayoría del país, aquello era una burla. Y entonces le hicieron algo a Carmen Aristegui, que confirmó lo que todos sospechaban. En marzo de 2015, 4 meses después de publicar la investigación, la empresa MVS despidió a dos colaboradores de Aristegui por supuesta pérdida de confianza.
Días después, el 15 de marzo, Carmen Aristegui fue sacada del aire. La periodista más influyente de México fue silenciada por la empresa que transmitía su programa de radio. Edison Lanza, relator especial para libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, calificó la medida con palabras que no dejaban dudas.
Tiene un fuerte olor a censura. Los periodistas que destaparon la Casa Blanca perdieron sus empleos. La investigación que hicieron ganó el Premio Nacional de Periodismo 2014 y el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2015 en la categoría de cobertura. Los premios más importantes del periodismo en español reconocieron su trabajo como ejemplar, pero ellos estaban en la calle sin programa, sin plataforma, castigados por haber dicho la verdad.
Peña Nieto emitió una disculpa pública, aunque negó haber violado la ley. En julio de 2016 ofreció otra disculpa más. esta vez durante la promulgación de las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. “En carne propia sentí la irritación de los mexicanos”, dijo. “La entiendo perfectamente, pero la comprensión llegó demasiado tarde.
El daño estaba hecho y hay un detalle que completa el cuadro de impunidad. Años después, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador intentó reabrir el caso, la Secretaría de la Función Pública pidió el expediente original de la investigación. El expediente había desaparecido, no estaba. En su lugar encontraron una versión pública incompleta, sin los contratos que supuestamente firmó Angélica Rivera con Televisa, sin las pruebas que acreditaran sus ingresos para adquirir [música] la casa, sin el dictamen contable que supuestamente se
elaboró durante la investigación. Todo lo que pudiera probar o desmentir la historia oficial se había esfumado. Se identificó a tres exfuncionarios de la Secretaría de la Función Pública como responsables de la desaparición del expediente. José Gabriel Carreño Camacho, Jesús Antonio Suárez y Daniel Pérez Rueda fueron procesados penalmente y su castigo fue realizar trabajo social y ofrecer una disculpa pública por no haber resguardado la documentación.
Esa fue la sanción. trabajo social y una disculpa por desaparecer las pruebas del mayor escándalo de corrupción del sexenio. El caso prescribió: “Nunca hubo denuncia penal contra Peña Nieto, contra Angélica Rivera ni contra Grupo IGA. La Procuraduría Fiscal de la Federación confirmó que no existe en sus archivos [música] registro alguno de denuncia.
La Unidad de Inteligencia Financiera dijo lo mismo. Búsqueda exhaustiva en archivos físicos y electrónicos, cero resultados. La impunidad fue total y absoluta, pero la historia no terminó con la exoneración ni con la desaparición del expediente, porque mientras el escándalo de la Casa Blanca consumía la credibilidad del gobierno, el matrimonio de Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto se estaba desintegrando detrás de los muros de Los Pinos.
Según reportes de la revista Proceso y el portal Cuna de Grillos, en los últimos años del sexenio, el presidente ya no compartía la misma habitación con su esposa. Angélica Rivera vivía y despachaba sus asuntos desde la residencia que Peña Nieto mandó construir para ella dentro del Complejo de Los Pinos. La cabaña dos, como la identificaban en el inventario, una casa completa con oficinas construidas sobre las cabañas que había levantado Vicente Fox, marido y mujer, en el mismo complejo presidencial, viviendo en casas separadas. La telenovela perfecta se
había convertido en un drama doméstico que ningún guionista habría escrito porque nadie lo habría creído. Años después, en la serie documental P, Crónica del Fín, dirigida por la periodista Deniseerker, Peña Nieto finalmente admitió lo que todo México sabía. La Casa Blanca fue un manejo de crisis equivocado y dijo algo más, algo que revela exactamente quién pagó el precio de ese error.
Nunca debí permitir que mi esposa diera esa explicación y que se expusiera de tal forma. Creo que nunca debió ella haber dado la cara de un tema que correspondía al presidente de la República. Escucha esas palabras otra vez. Nunca debió ella haber dado la cara. Él la mandó al frente. Él le pidió que se sentara frente a las cámaras a defender una versión que no se sostenía.
[música] Él la usó como escudo humano contra un escándalo que era suyo. Y cuando todo se derrumbó, cuando la credibilidad se fue al suelo, cuando los memes la destruyeron, cuando su nombre se convirtió en sinónimo de corrupción, él reconoció que fue un error. Pero no lo dijo en 2014 cuando pudo haberla protegido.
Lo dijo años después, cuando ya no importaba, cuando el daño ya estaba hecho, cuando Angélica Rivera ya había perdido todo lo que tenía. En una entrevista posterior recogida en el libro Confesiones desde el exilio de Mario Maldonado, Peña Nieto fue más lejos. Dijo que esta casa la compramos los dos. Era un asunto que estábamos comprando como matrimonio.
Esa frase destruye por completo la versión que Angélica dio en su video. Ella dijo que la compró sola, con su dinero, con el sudor de su frente. Él dice que la compraron juntos como matrimonio. Alguien mintió y las dos versiones vinieron de la misma pareja. El primero de diciembre de 2018, [música] el sexenio de Peña Nieto terminó.
Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia y una de sus primeras decisiones fue abrir los pinos al público. La residencia donde habían vivido los presidentes de México durante casi un siglo se convirtió en museo. Y las hijas de Angélica Rivera tuvieron que ver como la casa donde crecieron, donde jugaron, donde rasparon rodillas y treparon árboles se abría para que millones de personas caminaran por sus pasillos.
Regina Castro, la hija menor de Angélica, publicó fotos de su infancia en Los Pinos con un mensaje que revelaba más de lo que parecía. “Ustedes han de pensar, niña rica que vivió en esa casa”, dijo en sus historias de Instagram. “Pero yo no lo veía de esa forma. Yo lo veía normal porque era mi vida. La casa que yo crecí se convierte en un museo y me llegan fotos de mi cuarto.
Hay cosas enterradas que yo dejé ahí. Hay árboles marcados que yo marqué. Las rodillas yo me las raspé ahí. Ustedes [música] pueden regresar a su casa de la niñez. Yo no. Piensa en eso un momento. Para el país, Los Pinos era un símbolo de poder y privilegio. Para una niña que llegó ahí a los 7 años y se fue a los 13, era simplemente su casa, el lugar donde creció.
Y ahora era un museo donde la gente entraba por curiosidad o por morbo a ver cómo vivían los poderosos. El 8 de febrero de 2019, 3 meses después de dejar Los Pinos, Angélica Rivera publicó un comunicado en Instagram y Facebook que tampoco sorprendió a nadie. Lamento profundamente esta situación tan dolorosa para mí y para nuestros hijos.
He tomado la decisión de divorciarme. A mi esposo siempre le entregué mi amor, mi tiempo y esfuerzo para cumplir como esposa, compañera y madre. Hoy toda mi energía, fuerza y amor está enfocada en seguir siendo una buena madre, en recuperar mi vida y mi carrera profesional. Lo que no dijo en ese comunicado fue que la decisión no la tomó ella primero.
Una semana antes, la revista quien había publicado fotos de Peña Nieto en Madrid con Tania Ruis Helman, una modelo potosina 20 años menor que él. Las fotos los mostraban juntos, cercanos, en una ciudad que no era México, lejos de las cámaras que él siempre supo manejar, pero que esta vez lo delataron. El divorcio se formalizó el 2 de mayo de 2019.
El hombre por el que dejó su carrera, por el que anuló su matrimonio religioso en tiempo récord, por el que se sentó frente a las cámaras a defender una mansión que no podía explicar, ya estaba con otra mujer antes de que la tinta del divorcio se secara. Angélica Rivera desapareció. No hay otra palabra para describirlo.
En junio de 2019, dos meses después del divorcio, borró su cuenta de Instagram. La mujer, que durante años fue la cara más visible de México, simplemente dejó de existir en internet. Se mudó a Estados Unidos, primero a Los Ángeles, California, donde según fuentes cercanas tenía una casa. Después pasó temporadas en Miami, Florida, donde recibió el año nuevo de 2019 sola, sin Peña Nieto, en una ciudad que no era la suya, en un país que no era el suyo.
Y ahí en Miami le pasó algo que resume todo lo que le costó el sexenio. Una tarde caminaba por la calle tratando de pasar desapercibida, algo que había aprendido a hacer durante los años en Los Pinos, donde salir sin escolta significaba ir prácticamente de incógnito. Pero alguien la reconoció. Una mujer se le acercó y empezó a reclamarle.
Le gritó sobre la situación de México, sobre la corrupción, sobre todo lo que su esposo había hecho y dejado de hacer. Angélica Rivera, la actriz que había enfrentado villanas en las telenovelas durante 20 años, no supo que responder. Se quedó parada en la calle de una ciudad que no era la suya, recibiendo los reclamos de una desconocida por decisiones que ella no tomó, pero que firmó con su silencio.
Durante esos años de exilio voluntario, no daba entrevistas, [música] no aparecía en eventos públicos, no publicaba en redes sociales. Las únicas señales de vida llegaban a través de sus hijas. Sofía, la mayor, compartía fotos con su madre en Instagram de vez en cuando. Fernanda publicó imágenes del cumpleaños que celebraron juntas en noviembre de 2020.
Regina subía historias donde se alcanzaba a ver a Angélica sonriendo en segundo plano, siempre en segundo plano, como si hubiera aprendido que los primeros planos cuestan demasiado caro. Pero hubo algo inesperado en medio de ese exilio. Angélica Rivera y el Gerüero Castro, el hombre al que dejó en 2008, el productor con el que estuvo 15 años, el padre de sus tres hijas reconstruyeron su relación no como pareja romántica, al menos no oficialmente, pero sí como familia.
Cada Navidad, desde 2019, los exesposos se reunían con sus tres hijas para la cena. Sofía Castro publicó [música] las postales familiares. En 2021, los cinco aparecieron usando la misma pijama navideña, sonriendo para una foto que parecía sacada de otra vida, de la vida que tuvieron antes de que la política lo arruinara todo. Hubo rumores de que habían retomado el romance.
Fuentes del medio del espectáculo afirmaban haberla visto en los pasillos de Televisa, en las oficinas donde el gerero seguía produciendo telenovelas. Nunca se confirmó nada, pero la imagen era clara. Angélica Rivera había vuelto al único lugar donde alguna vez se sintió segura. La familia que construyó antes de Peña Nieto en 2020 reapareció brevemente en los premios Latin Billboard en Miami.
[música] Sorprendió a todos dejando atrás el estilo sobre que la caracterizó como primera dama. vestía diferente, se movía diferente, sonreía diferente, como si se hubiera quitado un disfraz que usó durante una década. Pero esa reaparición fue fugaz. Volvió a desaparecer. En 2024, captada por las cámaras en el aeropuerto de Los Ángeles junto a Sofía, un periodista le preguntó cómo estaba su corazón, [música] si tenía nueva pareja después de Peña Nieto.
Angélica contestó con una frase que decía todo. Estoy enamorada. Yo todos los días, no siempre debe de haber una persona, yo misma. Y cuando insistieron sobre si consideraría darse una nueva oportunidad en el amor, cortó la entrevista. Que estén muy bien. Gracias. [música] Aquí estamos. Ya nos vamos.
Así como cerrando una puerta que no quería volver a abrir. Peña Nieto, por su parte, se instaló en España. Madrid primero, después se le vinculó con otras ciudades europeas. Su relación con Tania Ruiz Helman duró varios años. Fueron captados en Roma saliendo de un hotel de lujo, en [música] Madrid paseando como cualquier pareja, en eventos sociales donde nadie les reclamaba nada porque nadie los conocía.
En algún momento circuló el rumor de una nueva pareja, una mujer posiblemente lituana llamada Simona, con quien podría estar viviendo en Punta Cana, República Dominicana. El expresidente más repudiado en la historia moderna de México, según múltiples encuestas, viviendo en el extranjero, lejos de la justicia que nunca lo tocó, lejos del país que gobernó durante 6 años de escándalos, corrupción y desapariciones forzadas como la de los 43 estudiantes de Ayotsinapa.
Y entonces, después de más de una década de silencio profesional, Angélica Rivera hizo algo que nadie anticipaba. En 2025 anunció su regreso a la televisión, una serie llamada Con esa misma mirada donde actuaría junto a su propia hija Sofía Castro. La gaviota volvía. La mujer que dejó las telenovelas por un político, que perdió su carrera por una mansión que no era suya, que fue humillada frente a todo un país por un video que su propio esposo reconoció como un error, regresaba a hacer lo único que había sabido hacer toda su vida. Actuar
no fue un camino fácil hasta ese regreso. Antes hubo proyectos que no se concretaron. Su hija Sofía lo confirmó en una entrevista con el periodista Edén Dorantes. Mi mamá está muy contenta. Si va a regresar a trabajar, va a regresar mejor que nunca. En agosto de 2025, Angélica celebró su cumpleaños 56 [música] en Disneyland con sus tres hijas.
Las fotos mostraban a una mujer sonriente, relajada, diferente a la angélica tensa y defensiva de aquella noche de noviembre. 11 años después del escándalo que destruyó su imagen, parecía haber encontrado algo parecido a La paz. Y en febrero de 2025, medios mexicanos reportaron que Angélica tenía una nueva relación sentimental con Diego Klein, un actor 20 años menor que ella que debutó en telenovelas en 2022.
La historia se repetía de una manera curiosa. Otra vez un hombre del medio artístico, otra vez alguien vinculado a Televisa, como si el destino de Angélica Rivera fuera un círculo del que no puede salir. Pero hay cosas que no se pueden borrar. Hay preguntas que siguen sin respuesta. ¿De quién era realmente la Casa Blanca? Si Angélica Rivera la compró con su dinero, como dijo en el video, ¿por qué Peña Nieto dijo años después que la compraron juntos como matrimonio? Si la compraron juntos, ¿por qué estaba a nombre de la empresa de un
contratista del gobierno? ¿Por qué se creó esa empresa un día después de que se hiciera público el noviazgo? ¿Quién autorizó que el Estado Mayor presidencial resguardara la casa desde 2012, antes de que Peña Nieto fuera presidente? ¿Quién ordenó desaparecer el expediente original de la investigación? ¿Por qué nadie fue sancionado penalmente? ¿Por qué el caso prescribió sin que se presentara una sola denuncia penal? Las respuestas están enterradas entre expedientes desaparecidos, empresas fantasma, contratos clasificados y la memoria selectiva de
los protagonistas. Lo que sí sabemos es lo que costó. Le costó a Carmen Aristegui su programa de radio. Le costó a México la confianza en su presidente. Le costó a Angélica Rivera su carrera, su matrimonio y su imagen pública. Y le costó al país la certeza de que la corrupción en los niveles más altos del poder puede quedar completamente impune.

Angélica Rivera nació en una familia de clase media. Soñó con ser actriz desde niña. Ganó un concurso de belleza a los 17 años. conquistó Televisa con talento y persistencia. Se casó con el productor más poderoso. Tuvo tres hijas. Protagonizó telenovelas que vieron millones. Se convirtió en la gaviota, dejó todo por un político que la sentó frente a las cámaras a mentir por él y ahora intenta reconstruir lo que queda de una vida, que un escándalo de 7 millones de dólares hizo pedazos.
La casa de Sierra Gorda 150 sigue ahí en Lomas de Chapultepec. [música] La propiedad fue devuelta a Grupo IGA en diciembre de 2014. Nadie vive en ella, nadie la reclama públicamente. Es una mansión vacía que vale una fortuna, diseñada al gusto de una familia que ya no existe, construida por un contratista que ya no tiene contratos, pagada con dinero que nadie puede rastrear.
Una casa que le costó a una mujer todo lo que tenía y a un país lo poco que le quedaba de fe en sus gobernantes. [música] Y Angélica Rivera, la niña que ensayaba frente al espejo del baño, regresó a lo único que sabe hacer, ponerse frente a una cámara y hacer que el público crea lo que ella quiere que crea.
La diferencia es que ahora el público ya no le cree tan fácil, porque la última vez que se paró frente a una cámara a explicar algo, mintió [música] y todo México lo vio. Si esta historia te ayudó a entender que pasó realmente con la Casa Blanca, compártela. Si llegaste hasta aquí, suscríbete. [música] La próxima semana, otra historia que el poder quiso enterrar y que la verdad se negó a dejar morir.
Nos vemos. M.