En las calles de la Ciudad de México, donde el comercio es el corazón que mantiene viva a la metrópoli, ha surgido una figura que encarna la peor de las bajezas: el abuso de autoridad fingido. No se trata de un mal elemento dentro de las corporaciones, sino de un delincuente común que ha decidido disfrazarse de ley para alimentar un estilo de vida de “muerto de hambre”, como bien lo han calificado las víctimas y los reporteros ciudadanos que le han seguido la pista. Su nombre es Zared Guillermo Guillén Moreno, un sujeto que, bajo la apariencia de un agente de la Policía de Investigación (PDI), se ha dedicado a saquear negocios, desde tiendas de ropa de marca hasta humildes puestos de quesadillas.
El disfraz de la impunidad: Chamarra oficial y transferencias fantasmales
El cinismo de Zared no conoce límites. Según los testimonios recolectados y las grabaciones de seguridad que han salido a la luz, este individuo opera con una confianza pasmosa. Su estrategia principal consiste en portar una chamarra oficial con las siglas de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México y cargar una “mariconera” donde supuestamente guarda su identificación y armamento.

Uno de los eventos más documentados ocurrió en una tienda de ropa y calzado en la colonia Barrio Cuautepec. Las cámaras captaron el momento exacto en que Zared, tras varios minutos de merodear el local, decide quitarse la chamarra para probarse playeras y tenis. Con una tranquilidad que hiela la sangre, se midió cuatro pares de calzado y una chamarra adicional. Al momento de pagar la cuenta, que ascendía a más de 5,600 pesos, utilizó su arma más recurrente: la transferencia bancaria falsa.
Mostrando una pantalla de celular con una transacción supuestamente exitosa desde una cuenta de Banorte, Zared convenció a los empleados de que el pago estaba hecho. Sin embargo, el dinero nunca llegó. Cuando la empleada, con justa razón, intentó retener la mercancía al notar la irregularidad, el sujeto mostró su verdadera naturaleza. “Yo soy la tira, soy policía de investigación, yo no te pago”, es la frase que, según los afectados, utiliza como escudo para salir impune de sus robos.
Amenazas que hielan la sangre: “Te va a salir muy caro, cabrón”
Lo que separa a Zared de un estafador común es su nivel de agresividad. No se conforma con el robo; necesita humillar y amedrentar a sus víctimas. Tras el incidente en la tienda de calzado, donde solo logró llevarse parte de la mercancía antes de ser confrontado, el sujeto tuvo el descaro de enviar notas de voz cargadas de insultos y amenazas directas.
“¿Ya puedo pasar por mis tenis o qué onda? No te ofendas de que me llevé dos pares, te transferí 5,600”, se escucha en uno de los audios donde inicialmente finge un tono negociador. Pero la máscara cae rápidamente cuando la víctima no cede: “A mí me vale verga tu patrón y quien sea. Una de dos: o paso por mis tenis o qué pedo con mi dinero, porque si no les va a salir muy pinche caro, cabrón. ¿No te diste cuenta que somos la tira o qué pedo?”. Estas palabras, grabadas y ahora en manos de las autoridades, revelan a un individuo que utiliza el miedo institucional como una herramienta de extorsión personal.
Un rastro de víctimas: Desde la colonia Roma hasta la Gustavo A. Madero
La investigación periodística liderada por espacios como C4 en Alerta ha revelado que la tienda de tenis es solo la punta del iceberg. Zared Guillermo es un depredador de negocios locales. Se han reportado incidentes en una taquería de la colonia Roma, donde llegó acompañado de una mujer y, con un descaro absoluto, incluso “invitó” comida a personas desconocidas en el local, solo para terminar huyendo sin pagar tras fingir otra transferencia fallida.
Incluso los sectores más vulnerables del comercio popular han sido blanco de sus ataques. Una señora que vende quesadillas relató cómo este sujeto le robó comida utilizando el mismo pretexto de ser agente de la fiscalía. Uber y otros servicios de transporte también han reportado estafas por parte de este individuo, quien se desplaza en un vehículo Nissan March de color rojo, con placas NTH-787-B, el cual ya ha sido boletinado en todas las redes sociales.
La identidad falsa al descubierto

Para dar mayor credibilidad a su farsa, Zared presenta una credencial que supuestamente lo acredita como agente adscrito a la Fiscalía de Homicidios. Sin embargo, tras la denuncia pública, la Fiscalía General de Justicia y la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) confirmaron lo que muchos ya sospechaban: Zared Guillermo Guillén Moreno no es policía de investigación ni forma parte de ninguna institución de seguridad.
Se ha identificado que este sujeto reside en una vivienda en la colonia Bondojito, en la alcaldía Gustavo A. Madero. Es ahí donde se refugia tras sus jornadas de robos y amenazas. La indignación ciudadana ha crecido exponencialmente al ver cómo un solo individuo ha podido burlar a tantos trabajadores honestos utilizando un uniforme que debería representar protección y no miedo.
Un llamado a la justicia y a la vigilancia ciudadana
La situación de Zared es un recordatorio urgente para todos los comerciantes de la Ciudad de México. El uso de transferencias bancarias como método de pago requiere una verificación inmediata y rigurosa. Los delincuentes han encontrado en la tecnología y en el uso de uniformes falsos un nicho para aprovecharse de la buena fe y del temor que muchas veces inspira la autoridad en México.
Las autoridades ya están tras su rastro. La acumulación de denuncias, los videos de alta definición y los audios de amenazas directas forman un expediente sólido que, se espera, termine con este “agente de cartón” tras las rejas. La consigna es clara: no se debe permitir que el nombre de las instituciones sea utilizado para pisotear el esfuerzo de quienes se levantan cada día a trabajar dignamente.
Si usted reconoce a este sujeto, si ha sido víctima de sus “transferencias fantasma” o si lo ve circulando en su vehículo rojo, no se enfrente a él; denuncie. Es responsabilidad de todos que personajes como Zared Guillermo Guillén Moreno dejen de caminar las calles con la impunidad que su uniforme falso le ha proporcionado hasta hoy. La verdadera “tira” ya lo está buscando, y esta vez, no habrá placa falsa que lo salve de pagar sus cuentas.