Televisa presenta. Televisa es mucho más que un canal de televisión. Es una megaempresa mediática, la más poderosa de América Latina en el ámbito del entretenimiento, pero es también una marca que apunta directamente a la identidad mexicana y a su corazón. Algunas de sus telenovelas, como María la del Barrio, Corazón Salvaje o Cuna de Lobos, marcaron un antes y un después en la pantalla chica y exportaron un modo de hacer ficción que pondría a las novelas de ese país en lo más alto. Otras series como El Chavo
del Ocho hicieron del humor local un fenómeno de masas que hasta hoy perdura de manera muy presente en canales de televisión de todo el mundo de habla hispana. Pero por detrás de toda esa historia de éxitos y años dorados, hay también una faceta mucho más oscura, una perturbadora y estrecha relación con la cúpula del poder político de México.
Negocios turbios y denuncias de todo tipo se han ido acentuando en los últimos años. Esta megaempresa oculta en tramados de corrupción que explican su rápido crecimiento. Es la programación una fachada para negocios que van más allá del arte televisivo? En este megaforme nos ocuparemos de cada uno de estos puntos y resolveremos todos los enigmas que rodean, lo más insólito de Televisa.
Para comprender de qué manera Televisa se paró desde sus inicios en el tablero del poder mexicano, es importante comenzar en los tiempos de su fundación y enfocar la atención en quien se convertiría en su líder máximo por muchos años, el empresario Emilio Azcárragas Vidaurreta, perteneciente a una generación que se jactaba de haberse hecho desde abajo.
Este hijo de inmigrantes vascos, comenzó a trabajar a los 17 años en una zapatería mientras iniciaba su carrera universitaria de negocios y economía. Para entonces, el joven Azcárraga se había mudado a Texas en los Estados Unidos, dejando atrás su Tamaulipas natal en busca de nuevos horizontes. Y sí que lo encontró.
Con apenas 23 años vio una oportunidad al comprar los derechos de distribución de una marca de zapatos. y fundó la compañía Azcarraga and Copland. Pero su futuro no estaba en la venta mayorista de calzado y rápidamente saltó a otros rubros para seguir probando suerte y haciendo negocios que le permitieran continuar creciendo.
Así pasó por el mundo de los automóviles y más tarde se interesó en la pujante industria de la radio. Eran los primeros años del siglo XX y las telecomunicaciones ya se perfilaban como un futuro muy cercano, algo que cambiaría por completo el modo de vivir. Azcárraga había regresado a México hacia 1923 y en este momento comenzó a trabajar para la mítica RCA, pionera compañía de radio que más tarde se diversificaría a la televisión, los electrodomésticos y la electrónica.
Azcárraga supo ver ese potencial como un diamante en bruto y para ese mismo año convenció a los accionistas de RCA en que pusieran dinero en su nuevo proyecto, la XCWAM, una estación de radio ubicada en la Ciudad de México, más específicamente con su estudio emitiendo desde la planta alta del cine olimpia. Hoy en día una radio parece cosa pequeña, pero un siglo atrás, en los años 20, era la puerta de entrada para controlar el flujo informativo y eso, con el correr del tiempo marcaría una gran ventaja frente a la competencia que
estaba por aparecer. Hacia comienzos de los años 40, Azcárraga supo que los medios de comunicación pronto se expandirían con rapidez y la clave era controlar la mayor cantidad posible al mismo tiempo. Así comenzó a comprar otras cadenas como azul y a interesarse por la industria cinematográfica, a donde también se expandiría poco después.
Para los años 50, la televisión prometía revolucionar de una vez y para siempre el entretenimiento hogareño y hacia allí también fue azcárraga. En el 51 fundó Canal 2 XCWTV, pero su alianza iría más lejos. Mediante acuerdos comerciales con otros dos empresarios de medios llamados Rómulo Farril Silva y Guillermo González Camarena, el canal 2 de Azcárragas se unió al canal 5 y el canal 4, conformando lo que se daría en llamar Telesistema Mexicano, un experimento previo a Televisa y que se podría generar su germen directo.
Y a poco tiempo de comenzar la década del 70, el crecimiento de aquel conglomerado era tal que ya sumaba 92 unidades de negocio. El gigante estaba por despertar. Todo este crecimiento no se había dado de forma totalmente orgánica. Ya a mediados de los años 40, Azcárraga presionaba directamente a los gobiernos de turno y especialmente a las comunas y gobiernos locales para obtener concesiones que le permitieran que los tentáculos de aquel pulpo mediático crecieran cada vez más.
Y este crecimiento desproporcionalmente rápido definitivamente inquietaba a los sectores del poder político que lo veían como un poderoso aliado, pero también una peligrosa amenaza si de pronto los vientos cambiaban. No era difícil ver el potencial que tendría la televisión como moldeador de la opinión pública, la influencia que podría llegar a ejercer en las masas y el poder de la propaganda que ya no se limitaría a la vía pública o mensajes en películas y diarios.
quien controlaba los nuevos medios podría controlarlo todo. Azcárraga lo sabía mejor que nadie y rápidamente ese fue su más claro objetivo. También entendía que tener llegada a las principales celebridades del cine de la época era otro puente de acceso directo al poder. Controlar el poder simbólico era también tener injerencia en los resortes de un país clave en la región.
Por eso, Azcárraga comenzó a llevar su estrategia de negocios también a la creación de fuertes vínculos que le dieran llegada más directa a la cúpula mexicana. En 1948 ocurrió un momento clave que definiría la relación de Azcárraga con la política. El entonces presidente Miguel Alemán tenía en sus manos una decisión que podía cambiar el rumbo de la industria del entretenimiento, ya que debía definir qué modelo empresarial de televisión seguiría el país para organizar los actores comerciales que se pararían en el tablero de estas nuevas
tecnologías. Por un lado existía el modelo europeo donde el Estado tenía un poder central y que se ve con claridad en el concepto de la televisión pública británica de la cadena BBC, financiada a partir de los impuestos de los ciudadanos y posicionándose como la cadena más importante.
Y por el otro surgía un modelo más alineado a la doctrina estadounidense en la que son las cadenas privadas quienes dominan el negocio. En el caso puntual de los Estados Unidos ocurre a partir de la creación de los dos canales principales, ABC y CBS. Las cadenas públicas existen, pero casi no figuran en la competencia de los grandes medios privados, a su vez ligados a otras industrias.
El gobierno mexicano entonces tenía que elegir básicamente entre una alternativa donde lo público tuviera poder sobre las empresas o exactamente todo lo contrario. Bajo una mirada claramente capitalista, el presidente alemán no dudó demasiado en escoger el segundo modelo, que le daría un poder muy claro al sector privado.
Esto directamente beneficiaba a incipientes empresarios como Azcárraga. Pero habría un problema. El presidente y Azcárraga no se llevaban bien. El primer mandatario estaba mucho más alineado a otros magnates que eran rivales de Azcárraga y él mismo quería empezar a tener injerencia en el mundo del entretenimiento privado.
Así, Azcárraga se vio ante un panorama que con el tiempo lo beneficiaría, pero que en esa primera instancia lo obligaba a competir y negociar. Como dijimos, para comienzos de los años 50, ya comenzó a tener un rol activo en los medios y finalmente la unificación de las tres cadenas le dio un poder mucho mayor, posici
onándolo como un auténtico magnate de los medios que hasta ese momento solo se conocían en Estados Unidos y Europa.
Su relación con el PR, el Partido Revolucionario Institucional que gobernó el país ininterrumpidamente por 71 años entre 1930 y 2000, sería clave al momento de posicionar ideológicamente a su empresa. A partir de los 50 había una bajada de línea muy clara en la mayoría de los programas de la cadena que buscaban difundir y enfatizar los valores que sostenía el gobierno para ese momento.
Además, las telenovelas comenzarían a hacer un sello distintivo de su empresa. La que se considera pionera del género fue Senda Prohibida, estrenada en 1958 con un rol protagónico de Silvia Derbes que revolucionaría por completo la ficción. Con los libretos de Fernanda Villeli y la dirección de Rafael Bankels marcaría la base de un formato eterno.
Las largas e intrincadas historias de amor, traición y drama se convertirían en un sello distintivo no solo de Televisa, sino de toda la ficción mexicana. En la década siguiente le seguirían otros grandes éxitos, como la Leona de 1961 con Amparo Ribe, Estafa de Amor con Carmen Montejo de ese mismo año, El juicio de los padres de 1960, la cobarde del 62 y La mentira de 1965 con Enrique Lizalde y Julisa, entre muchas otras más.
Pero no solo se estaba logrando imponer un tipo de narración específico, sino que se conformaba alrededor de estos programas un auténtico jetset. Las celebridades, que hasta poco tiempo antes se limitaban al mundo del cine y la música, ahora también estaban en la televisión, se movían en un mundo de lujos y marcaban tendencias que el público admiraba.
El dinero por publicidad fluía y las actrices y galanes empezaban a ser también personalidades famosas e influyentes, marcas personales. Los demás medios, como las revistas, los diarios y la radio, empezaban a correr tras ellos y la agenda mediática esperaba a estar dominada completamente por lo que pasaba en la televisión.
El éxito era masivo. Miles de personas sintonizaban a una hora determinada telesistema mexicano para ver el nuevo capítulo de la telenovela de moda. Los giros en la trama se comentaban en las calles, los negocios y los lugares de trabajo. Este efecto dominó, generaba también una nueva audiencia, la de las mujeres amas de casa, que encontraban en la televisión una compañía y una caja de resonancia para sus problemas y preocupaciones domésticas.
Hasta ese momento se las había considerado consumidoras muy marginales de una cultura popular que solía estar reservada para otros sectores. Ahora, en cambio, empezaban a ser un target codiciado y por sobre todas las cosas leal y entusiasta. Las telenovelas no eran exactamente un reflejo de la vida real, pero mostraban aspectos de la vida doméstica que hasta ese momento no habían sido tan centrales en, por ejemplo, el cine.
Las tramas de estas historias eran apasionantes. Cada semana ocurría algo nuevo y el sufrimiento de los personajes parecía no tener fin. Eran historias largas escritas para ser sostenidas a lo largo del tiempo. A diferencia de las películas que eran una experiencia más efímera. También permitían seguir el hilo sin necesidad de prestar atención constantemente y esto facilitaba un seguimiento masivo mientras se hacían los queaceres del hogar.
Televisa supo captar ese potencial y explotarlo al máximo. Las mujeres pasaban a ser un público que los empresarios ambicionaban y las actrices tomaban un rol activo en historias que no las tenían ya como damiselas en apuros, sino como heroínas fuertes, muchas veces sometidas a sufrimientos y malos tratos, pero que siempre lograban imponerse, superarse, escalar socialmente o conseguir el amor.
También surgían las villanas como el contrapeso necesario en las telenovelas y tanto o más populares que las protagonistas. Pero el rubro de las novelas no fue el único aspecto que Televisa supo aprovechar. Si la televisión necesitaba desarrollar algo al máximo, era el fútbol. El 4 de marzo de 1956, la selección mexicana se preparaba para disputar contra Perú la segunda jornada del segundo Campeonato Panamericano de Fútbol, pero no sería un partido más.
Se trató del primer encuentro futbolístico transmitido en México a través de la televisión. Esa mañana, cerca del mediodía, miles de mexicanos se acercaron al televisor más cercano para ver por primera vez un partido sin necesidad de estar en el estadio. Hasta ese momento, solo podía escucharse a través de la radio, pero poder ver a los jugadores era una experiencia completamente nueva y revolucionaria.
Telesistema Mexicano transmitió la fecha a través del canal 5 y fue un rotundo éxito. Para Azcárraga esto era señal suficiente de que allí había una mina de oro y el empresario no se quedó solo en la idea de comenzar a transmitir los partidos. Se metió de lleno en el negocio futbolístico y hasta se puso el objetivo de que México fuera la sede de algún próximo mundial.
Además está a aclarar que lo lograría como todo lo que se proponía. Y si dijimos que Televisa y Azcárraga fueron mucho más que una empresa y un empresario de medios, nos referimos justamente a lo que vino después. Lo que Azcárraga quería era dominar distintos aspectos del entretenimiento mexicano. Y el fútbol era muy importante para la sociedad pasada y presente.
Allí había un negocio que pocos adivinaban. Por eso su primera movida en el tablero fue comprar nada más y nada menos que uno de los equipos más grandes del país, el club América. Y lo siguiente fue un proyecto aún más faraónico, construir un enorme estadio que atrajera definitivamente la atención de los organizadores del mundial.
Así nacería el mítico estadio Azteca. En 1962, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez comenzó a diseñar el que se posicionaría como un hito del fútbol mundial, el mayor proyecto edilicio deportivo encarado hasta ese momento en América Latina. Pero hacerlo no era barato, ni siquiera para un empresario poderoso. Así fue que Azcárraga se ocuparía del financiamiento.
Estaba convencido de que todo ello le redundaría en ganancias exorbitantes y otra vez no se equivocó. El 29 de mayo de 1966 el estadio abrió sus puertas con tribunas que parecían infinitas y podían albergar hasta 110.000 1 espectadores. Y como Azcárraga era un empresario al que le gustaba dominar todos los aspectos de una negociación, no solo ofreció un estadio de esas características, sino también la promesa de que si el mundial se hacía en México, su transmisión también sería un experimento novedoso sin precedentes.
A través de Telesistema Mexicano, Azcárraga prometía que los partidos de ese eventual mundial en México tendrían una cobertura total vía satélite y a color. Vale decir que aún muchas personas tenían televisores en blanco y negro, pero la posibilidad técnica de transmitir en colores ya había desembarcado.
Azcárraga también contaba con la posibilidad de grabar partidos para una transmisión diferida y otros sistemas con tecnología de punta para la época que hicieron que Azcárraga lograra su cometido y para colmo, llegando a duplicar su éxito. México fue sede de los Juegos Olímpicos de 1968 y dos años después del anciado mundial, experiencia que repetiría apenas 8 años después.
Y a Azcarraga nada lo detenía, ni siquiera el espacio exterior. Gracias a su cercanía con el poder político, pidió al presidente Gustavo Díaz Ordaz el lanzamiento de un satélite propio al espacio que garantizara la transmisión de los eventos deportivos. pero no tuvo el éxito que esperaba y el ejecutivo priorizó otros proyectos de desarrollo tecnológico.
No obstante, Azcargas sí pudo acceder al uso de las imágenes tomadas por el satélite Early Bird y así cumplió su palabra. Tanto los Juegos Olímpicos como el Mundial se transmitieron vía satélite, revolucionando otra vez el entretenimiento mexicano, pero lo que más le redituaba era el hecho de haber podido conquistar otro objetivo que lo volvía a reafirmar como uno de los hombres más fuertes del país.
Con todo esto, el surgimiento de Televisa como tal, ya con ese nombre y con un modelo de negocios imparable, terminó de cristalizarse poco después. Pero el Azcárraga original no llegaría a contemplar el éxito en todo su esplendor. El único obstáculo que no pudo vencer fue el paso natural del tiempo. Todo reinado tiene su ocazo y el de Azcárraga Vidaurreta, fundador del imperio, llegó apenas pasados los años 70.
Para entonces la industria de la que había sido pionero ya había comenzado a cambiar. Él había sido uno de los primeros en vislumbrar el potencial del negocio, pero ya no era el único y el ambiente se caldeaba con la competencia. El máximo rival de Azcárraga y su telesistema mexicano tenía nombre y apellido, Eugenio Garzas Sada. También tenía un conglomerado de medios bajo su órbita llamado Televisión Independiente de México, también conocido por las siglas T y M.
Y al igual que la de Azcárraga, se trataba de una familia con poder. Con el canal 8 como emblema de la avanzada de los Garzasada, los Azcárragas supieron que debían actuar rápido y de manera inteligente para no perder terreno en un contexto acelerado. Emilio Azcárraga Milmo era el hijo de Azcárraga Vidaurreta y el elegido natural para seguir al frente de la empresa.
eran los principios de los años 70 y una de sus acciones inmediatas al asumir el cargo fue establecer alianzas con señales de radio y TV de la región para comprar y vender formatos de otros países. La empresa empezó a mirar fronteras afuera y eso fue lo más parecido a la fórmula del éxito. Telesistema mexicano, poco antes de cambiar su nombre a Televisa, pasó a tener control total de las producciones y finalmente dio paso a la internacionalización de su contenido.
Con el tiempo, Azcárraga Milmo fundaría Cablevisión, una empresa que aprovecharía cada avance tecnológico para prestar servicios unas décadas más adelante de cable, internet y telefonía. En lo inmediato, los años 70, ya bajo el mando de Azcárraga Milmo, marcaron un hito de la historia mexicana con la transmisión de programas como En Familia con Chabelo, Siempre en Domingo y El Chavo del Ocho.
El nuevo Azcárraga demostraba tener también olfato para los éxitos. De esta forma, la inminente Fundación de Televisa estuvo marcada por estos caballitos de batalla que apostaban por el humor, el entretenimiento y las variedades. Además de telenovelas y fútbol, Azcárraga tuvo ojo para entender que en esa época impactarían mucho los programas que contaban con la participación del público o buscaban el simple y eficaz objetivo de entretener y causar risa.
Chabelo fue un ejemplo de ello. El comediante Xavier López Rodríguez, a través de un alterego en el que simulaba ser un niño, había debutado en Canal 2 en 1967 y terminó estando 48 años en el aire. Era un encuentro semanal de corte infantil familiar al que acudía público en vivo y se realizaban pruebas, juegos y desafíos con grandes y chicos, a veces en el mismo plató.
y otras veces por teléfono. Sus generosos premios económicos y la constante publicidad lo convirtieron en una marca registrada de Televisa desde sus inicios. Fue el programa más longevo de la TV mexicana y muy pocas veces en la historia no fue emitido. Tenía que pasar algo demasiado grande para que Canal 2 decidiera no pasar el programa, que Chabelo sufriera un accidente, que se estuvieran jugando las olimpiadas, que el Papa Juan Pablo Segund visitara México o que se muriera Chespirito y en su franja horaria se transmitiera un
homenaje. Por cualquier evento menor a esos hitos. Chavelo era inamovible, pero hubo otro artista que personificaba un niño que incluso superaría el fenómeno chabo. Y también comenzaba con ch. El fenómeno a nivel continental que significó el Chavo del Ocho y las producciones de Chespirito en general son un caso aparte y que bien justifica los muchos videos que se han hecho en este canal analizando aquel boom sin precedentes.
Vale decir que en sus inicios el programa de Roberto Gómez Bolaños había sido estrenado en Canal 8, de ahí el título del show, pero eventualmente pasó a la grilla de Televisa. Chespirito en casi 300 capítulos convirtió su comedia centrada en una humilde vecindad, en un fenómeno que aún perdura y tiene su espacio en la TV de toda Latinoamérica.
Sin ir más lejos que en 2025, HBO estrenó una biopic sobre los inicios de la carrera de Chespirito, que se llamó Sin querer queriendo y volvió a poner en tendencia los rumores y secretos que envolvían al elenco original del programa. Como todo gran éxito, tanto El Chavo como el Chapulín Colorado, los dos mayores éxitos de Bolos, estuvieron envueltos en muchas historias algo más oscuras.
Infidelidades, lujos, celos y competencia fueron creciendo a la par del éxito del programa y Televisa tuvo muchísimo que ver en el hecho de cómo se catapultó la fama de esta comedia familiar. Los míticos estudios 8 y 5 de Televisa San Ángel fueron durante años el escenario estable donde se montó la vecindad, las calles del barrio, la escuelita y la fonda.
La excepción fue sin dudas aquellos memorables capítulos filmados en Acapulco donde se usaron escenarios reales y tal producción tuvo mucho que ver con el entramado de negocios de Televisa. Ocurre que en esos capítulos en los que se dieron muchos de los momentos más explosivos en el vínculo tormentoso de los actores se rodaron en el hotel Acapulco Continental por una cuestión netamente promocional.
Ubicado frente a la bahía de Acapulco en la zona dorada, fue comprado por el mismísimo Emilio Azcárraga Milmo en 1977 entre sus múltiples negocios inmobiliarios. Promocionar el hotel fue muy sencillo, ya que contaba con uno de los programas más exitosos de la televisión y solo debía encontrar el modo de que el Chavo, Kiko, La Chilindrina, Doña Florinda, Don Ramón y el resto del elenco se mudara por algunos días a ese paradisíaco destino.
Como se vio en Sin Querer queriendo, todo acabaría acelerando muchos de los conflictos irreversibles entre las estrellas del programa, pero resulta llamativo darse cuenta que esos episodios que quedaron para siempre en la memoria colectiva fueron decididos con el objetivo de promocionar un hotel de la familia dueña de Televisa. A nivel de la competencia, Azcárraga entendió que un acuerdo con sus rivales podía ser la puerta de entrada a la dominación total del mercado.
Por eso, en septiembre de 1972 ocurrieron dos hechos que marcarían la siguiente etapa. Primero fue la muerte de Azcárra Gavidaurreta, que dejaba a su hijo como líder indiscutido de telesistema y unas pocas semanas después la firma de una fusión entre su compañía y televisión independiente de México, su máximo rival.
Pero no era un acuerdo 5050. Azcárraga se aseguraba el 75% de las acciones de la nueva compañía, mientras que su rival obtenía apenas el 25. Así nació Televisa, que en realidad recibió el nombre de televisión vía satélite SA y se hizo popular con su acrónimo. Fue un movimiento de piezas que muchos no supieron ver con antelación y la conformación de ese enorme pulpo mediático acabó convirtiendo a la compañía en la mayor cadena de medios del mundo de habla hispana.
No había competencia posible y a Azcárraga se lo comenzó a conocer con el apodo de El tigre. Si su padre había sido un pionero, él se perfilaba como el depredador en términos comerciales, que se instalaría en lo más alto de la cadena alimenticia mediática. El tigre Azcárraga supo darle forma a un imperio con el que quizás ni siquiera su padre había soñado.
La explosión demográfica primero y el avance tecnológico después hizo que Televisa quedara en el centro de una industria que explotó por completo en los años 80 y 90. Para esos años, Televisa ya transmitía todo a nivel internacional. Sus noticieros, telenovelas, programas deportivos y de entretenimiento llegaban a todo el mundo hispano y marcaban tendencia.
Cotizaba en la Bolsa de Valores, tenía acciones en canales de otros países de la región y en cierta forma marcaba el pulso de la TV a nivel mundial. El modo mexicano se imponía como la forma de hacer televisión en el mundo, pero crecer como corporación traía también algunos roces con el poder tradicional. Para Azcárraga Milmo era momento de despegarse un poco de la influencia del PR.
El empresario sospechaba que la hegemonía de ese partido hasta ese momento intocable podía estar llegando a su fin con el fin del siglo y los aires de cambio que soplaban en el mundo. Y era importante que si el PR caía no arrastrara con él a Televisa, pero querer desmarcarse no sería gratuito. En cuanto el tigre dio muestras de querer volar solo, comenzaron los cortocircuitos con los sucesivos gobiernos.
La relación comenzó a tensarse primero con Carlos Salinas de Gortari y más tarde con Ernesto Cedillo. Ya para 1994, con el país sumido en una profunda crisis, Televisa estuvo al borde de entrar también en una emergencia económica sin precedentes. Con la compañía endeudada y las audiencias que parecían caerse mes a mes, también se afianzaba la competencia.
Un año antes había surgido TV Azteca y ganaba cada vez más terreno mientras Televisa se replegaba. No obstante, las telenovelas volvieron a funcionar como un salvataje para la compañía, al menos en términos de popularidad. En los primeros años 90, programas como Alcanzar una estrella, Mi pequeña Soledad, La Pícara Soñadora y María Mercedes comenzaron a marcar el camino que cambiaría una vez más el panorama de estos culebrones.
A las antiguas heroínas de la TV mexicana le seguiría otra estrella que se posicionaría como líder máxima del género y también conquistaría el mundo de la música. Talía. Al éxito arrasador de María Mercedes le siguieron títulos aún más rompedores internacionalmente, como fueron Marimar y María la del Barrio.
Ya no se trataba solamente de un programa que tenía éxito entre el público femenino, sino en un auténtico fenómeno mundial. Ya antes de su desembarco como estrella de telenovelas, Talie tenía un contrato musical con Televisa. En 1990 sacó su primer disco que llevaba su nombre bajo la compañía disquera que también regenteaba Azcárraga.
Ella fue un ejemplo perfecto del modelo de celebridad que se popularizaría en esa década, la de personas que lo hacían todo. Para la época del segundo disco de Talia, Mundo de cristal, ella se sumó como escritora de varias de sus propias canciones y su repertorio pasó a tener una impronta más personal. En sus temas daba cuenta de sus desventuras sentimentales y la vida privada de la artista empezó a ganar terreno y a interesar a la prensa tanto como su incipiente carrera.
En paralelo, Talía protagonizaba la trilogía de las Marías en televisión y consolidaba su popularidad como actriz. La intención era clara. A través de los distintos arcos de personaje, ella representaba el arquetipo de una mujer de origen humilde que comienza a relacionarse con familias ricas y especialmente hombres de clases sociales acomodadas.
Atrae así el recelo de los sectores más tradicionales de los clanes al tiempo que despierta el amor verdadero en galanes de buen corazón y no tanto. Marimar significó el pico de su popularidad. fue emitida en más de 40 países y cosechó especial éxito en países distantes como Costa de Marfil en África.
En los países árabes también tuvo un gran recibimiento. El capítulo final fue visto por el 97,8% de las personas que prendieron sus televisores en ese rango horario en Medio Oriente en Filipinas, a su vez, por esos años se popularizó llamar a las niñas recién nacidas Marimar o Talia. En la segunda mitad de los 90 Talia firmó contrato con EMI e inició una nueva etapa en su carrera.
que con el tiempo también incluiría su incursión en el mundo del modelaje como presentadora televisiva e interpretando la canción oficial de la película Anastasia de Fox. Televisa también marcaría tendencia con un género que comenzó a imponerse con fuerza en los 90, que fueron las tiras juveniles, telenovelas pensadas para un público adolescente y que Azcárraga supo dar forma en programas como muchachitas y agujetas de color de rosa.
El público adolescente que a esa altura ya había nacido mirando la televisión empezaba a tener programas pensados para ellos en los que se abordaban los conflictos del crecimiento, las tensiones familiares y en ocasiones temáticas más complejas de violencia o abandono. Celebridades de primera línea salían constantemente de las filas de Televisa.
Además de Talía, Edit González, Eduardo Palomo, Fernando Colunga, Leticia Calderón, Adela Noriega, entre otros. La factoría de estrellas estaba en su apogeo y la TV en una nueva etapa de dominio absoluto. Ya se empezaba a hablar de un sugerente invento llamado internet, pero que por el momento parecía reservado a solo algunos nerds.
El 90% de la audiencia masiva en México estaba dominada por los productos de Televisa, que como ya hemos mencionado, no se centraban únicamente en la ficción y el entretenimiento, sino también en marcar la agenda pública. Por esos años, muchos productos de la cadena estaban alineados con la defensa de los valores tradicionales de la familia y el modelo de negocios que imponía la globalización.
Azcárraga sabía leer el humor social e interpretar los lineamientos políticos y sociales que llegaban no solo del poder, sino también a nivel mundial. Y era consciente, además, de que Televisa en sí misma era una usina de poder enorme que comenzaba a establecer sus condiciones y hacer exigencias incluso a primeros mandatarios.
Las tensiones políticas y económicas estaban ahí, pero también la promesa de un poder ilimitado. Sin embargo, el tigre comenzaba a sentir que los años empezaban a pasarle, al igual que a su padre llegado cierto momento, que el mercado se transformaba muy rápido y finalmente recibió la peor noticia de todas.
El diagnóstico de un fulminante cáncer de páncreas le dejaba los días contados. Para cuando falleció a los 66 años y mientras navegaba en su yate por las aguas de Miami, ya estaba definido que la empresa pasaría a manos de su propio hijo, tercera generación de los Azcárraga, al frente del Imperio Televisa. La corona iba ahora para Emilio Azcarragín, que con los años incursionaría en el rubro de los juegos de apuestas con apuestas internacionales y su socio extranjero Scientific Games, que volcó en proyectos como Play City.
Su rol en Televisa fue clave, lograr que una empresa que ya contaba con muchas décadas de rodaje sobreviviera el cambio de siglo y de milenio que se venía. Era 1997 y el tiempo parecía correr cada vez más rápido, pero los escándalos estaban a la vuelta de la esquina y estaba por verse si el tercer as escárraga tendría la espalda suficiente para hacerle frente.
La llegada del año 2000 no solo proyectó el temor momentáneo de una suerte de fin del mundo tecnológico con el renombrado Y2K, sino que cambió de lleno las reglas de la competencia mediática que todos creían conocer y dominar hasta ese momento. La verdadera revolución llegó con internet, que comenzó a masificarse a comienzos de los años 2000 y en cuanto llegó a las casas cambió para siempre el paradigma de las telecomunicaciones a nivel mundial.
La competencia se disparó y también la rentabilidad del negocio. Comenzaron a aparecer nuevas unidades de negocio y otras quedaron obsoletas. Todo parecía una febril carrera por conquistar el nuevo mundo y en gran medida ya no importaba tanto el tiempo que se llevara en el rubro, sino cuán dispuesta estaba cada empresa a transformarse y apostar por lo nuevo.
Televisa movió rápido sus piezas al intentar concentrar la mayor parte del mercado de televisión por cable. También compró los derechos de emisión para eventos de corte internacional que le aseguraban una buena cuota de pantalla y dinero en publicidad. Además, desembarcó en internet con algunos primeros sitios de noticias y televisión en línea.
Todo el mundo, incluido Azcárraga, quería dominar las tres patas de la comunicación en el nuevo milenio. La tríada de internet, teléfono y televisión, el triple play. y Televisa competía directamente con la empresa América móvil de Carlos Slim. Azcárraga ya no era el único magnate de medios y la feroz rivalidad lo empujaba a hacer acuerdos y tejer alianzas más rápido que nunca antes.
Pero esta expansión que supuso internet no solo se convertiría en una oportunidad para Televisa de volver a posicionarse en lo más alto, sino que tuvo un correlato peligroso. comenzaron a surgir otras voces que cuestionaban su poder, o más específicamente las raíces mismas del origen de sus riquezas. Internet lo cambió todo porque ya no alcanzaba contener dinero o enormes empresas para que el mensaje llegara a la gente.
Los medios independientes comenzaban a ganar terreno y periodistas de ámbitos ajenos a Televisa comenzaban a indagar en el vínculo de aquella empresa con el poder político. ¿Qué había detrás de todo ese poder? ¿Quiénes eran los aliados de Televisa? y cómo había conseguido obtener toda la fortuna que supo capitalizar.
Los negocios de la familia Azcárraga comenzaban a estar bajo la lupa y lo que antes había parecido una empresa imponente y espectacular comenzaba a tornarse oscura y llena de interrogantes. Televisa era un gigante todopoderoso y como tal ejercía una injerencia en México que era imposible de omitir. En 2006, cuando se modificó la Ley Federal de Telecomunicaciones LFT y la Ley Federal de Radio y Televisión LFRT, popularmente se la llamó Ley Televisa.
El nombre respondía a quien era el principal beneficiado con la nueva legislación. Aquella ley fue aprobada de forma casi automática, sin debate ni reproches, y generó una gran controversia, ya que desreguló por completo un mercado de por sí atado a dos únicos grandes actores, Televisa y TV Azteca.
Esta ley prácticamente permitía que esos gigantes hicieran lo que quisiesen sin restricciones. Era vía libre para dominarlo todo. Desaparecía la competencia, el control de calidad y casi cualquier capacidad de intervención que pudiera llegar a tener el Estado sobre las corporaciones mediáticas y de servicios de comunicación.
La ley fue señalada de ser una legislación inconstitucional, ya que lo que consagraba era el poder de lobby de una empresa que hacía tiempo ya hacía mucho más que producir telenovelas y comedias, pero aún faltaba que comenzaran a revelarse los secretos más oscuros de la compañía. Y ahí sí, la fortaleza que había levantado Televisa comenzó a parecerse cada vez más a un castillo de naipes.

Para 2017, Azcarra Gayén decidió dar un paso al costado, lo que no significaba que se hubiera bajado por completo de la conducción de la empresa, pero sí que iba en busca de la reestructuración. Para entonces ya era uno de los empresarios más ricos de América Latina con una fortuna calculada en torno a los 2000 millones de dólares según un artículo de la revista Forbe.
Además era el dueño del club América que su abuelo supo comprar como una de sus primeras acciones empresarias muchos años antes. Carragín pasó a asumir el rol de presidente ejecutivo del Consejo de Administración de Grupo Televisa, mientras que Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez se convirtieron en copresidentes ejecutivos de la compañía.
Fusión es mediante y tras el acomodamiento de distintas unidades de negocios, el primer escándalo fuerte explotó en 2024 con el mundialmente llamado FIFA Gate. No fue otra cosa que una megacausa de corrupción que tuvo en el ojo de la tormenta a la FIFA y expuso una enorme red de lavado de dinero, fraude y sobornos, especialmente ligados con los acuerdos de transmisión de eventos futbolísticos.
Y aquí es donde Televisa tuvo un rol central. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos señaló que la empresa Montrigui Management Group, subsidiaria de Televisa, fue montada como una simple fachada para pagar sobornos a altos mandos de la Federación Internacional de Fútbol. Haber quedado bajo la lupa generó una fuerte caída en las acciones de la empresa y forzó la decisión de Azcárraga de tomarse una licencia indeterminada.
Ya en 2023, Televisa debió desembolsar 95 millones de dólares para responder ante una demanda colectiva de accionistas en Miami. Si bien los abogados de la empresa sostuvieron que no había existido delito alguno, debieron pagar para evitar conflictos legales aún mayores. Mientras avanzan las investigaciones para determinar si es cierto que la compañía sobornó a funcionarios de FIFA por los derechos de transmisión de la Copa del Mundo, la sombra que parece haber caído sobre Televisa es una mancha difícil de borrar.
El golpe fue directo al corazón mismo de la empresa, su credibilidad. Sin embargo, un escándalo de proporciones aún mayores podría haber explotado en 2025, aunque nunca recibió la cobertura mediática proporcional a la gravedad. En videos anteriores de este canal nos hemos ocupado de analizar pormenorizadamente las graves acusaciones que se han hecho en el marco de una enorme filtración de datos de la compañía conocida como Televisa Lex.
Este escándalo, cuyo nombre hace referencia al de Wikileaks en 2006, tuvo especial impacto en internet y medios de comunicación alternativos, pero poca y nada repercusión en medios tradicionales del país, medios a su vez controlados o aliados a Televisa. Haciendo un breve resumen, se podría decir que esta denuncia apunta a un punto específico de la geografía mexicana.
En un sitio bautizado El Palomar, donde existirían oficinas que debajo de la antena de transmisión principal de la compañía se encargaban de digitar campañas masivas de noticias falsas para beneficiar los intereses de la empresa y sus socios políticos. Una de las denunciantes más destacadas respecto a este tema fue la periodista Carmen Aristegi, quien dio una amplia cobertura a las denuncias de un exempleado de la compañía llamado Germán Gómez.
Tras haber trabajado 7 años en ese sector, este joven dio a conocer documentos y detalles que apuntaban a probar la existencia de enormes campañas mediáticas basadas en mentiras, con el objetivo de desprestigiar, desacreditar y hasta acusar de delitos graves a opositores políticos, empresarios competidores y periodistas críticos. Dichas campañas escalaban hasta cuestiones verdaderamente muy serias.
Por ejemplo, el exempleado Gómez denunció que al hijo de un magistrado general que molestaba al gobierno le inventaron denuncias de abuso sexual. Inclusive la propia Aristegui había sido blanco de campañas de difamación cuando se la acusó de tener vínculos políticos y cobrar coimas, justo en el momento en que ella estaba investigando denuncias por lavado de dinero contra ejecutivos de Televisa.
También se realizó una campaña masiva de falsas denuncias contra la empresa aérea Interjet sobre supuestas fallas de seguridad que terminaron empujándola a la quiebra en 2020. Dentro de un disco duro de 5 TB de información, todo este entramado salió a la luz y prometió desenmascarar a la llamada élite mexicana.
Sin embargo, las consecuencias de todo esto fueron diluyendo con el tiempo, en parte tras la poca difusión que tuvo esta información en los medios masivos de comunicación y por otro frente al interés claro de la compañía de desacreditar al denunciante. En febrero de 2026 la investigación de Aristegui de los Televisa Leaks fue premiada como una de las mejores del año por la Red Global de Periodismo de Investigación.
Pero para ese momento ya poco y nada se hablaba del tema y sigue siendo un misterio. ¿Qué pasó con el denunciante original Germán Gómez, cuyas noticias cesaron en junio de 2025 cuando decía estar preocupado por su integridad tras las denuncias? Al momento de la grabación de este video, no ha habido consecuencias legales directas y concretas tras la publicación de estas denuncias.
En internet, muchos usuarios coinciden en que nunca la sabrá y todo será tapado. Aunque los cimientos del imperio parecieron temblar en los últimos meses, el poder de Televisa aparenta seguir intacto e incluso más fuerte. Las últimas noticias referidas a la empresa hablan de crecimiento y nuevos proyectos.
Para el Mundial de fútbol previsto para 2026, la compañía promete transmisiones que cambiarán la experiencia del aficionado y la renovación viene por un lugar impensado. Televisa anunció que eliminará por completo los anuncios publicitarios durante el desarrollo de los partidos del mundial. Una decisión que rompe con el modelo tradicional de transmisión.
Esta propuesta está directamente relacionada con los cambios en los hábitos de consumo. La llamada guerra de los streamings pareció torcer todo lo que se creía hasta ahora acerca de la televisión, con audiencias que buscan tener experiencias más interactivas y ajustadas a sus gustos. Sin embargo, son muchas las empresas de streaming que han incluido tantas publicitarias entre sus películas y series en los últimos años, limitando solo a sus membresías más premium la posibilidad de ver sin interrupciones. En ese sentido, Televisa
busca llenar un hueco que muchos usuarios reclaman, la saturación de publicidad que impide disfrutar de contenidos de manera ininterrumpida. En otro orden de cosas, seguidores de las telenovelas de Televisa se vieron envueltos en un fuerte debate en marzo de 2026 ante la teoría de que la compañía está usando inteligencia artificial para hacer algunas de las icónicas presentaciones de sus ficciones.
El caso puntual que generó la controversia fue la cortinilla inicial del programa Corazón de Oro, que estaría diseñado íntegramente por y tuvo algunos detalles visuales que resultaban extraños o antinaturales para los televidentes. El análisis pormenorizado de esos frames se viralizó y también la molestia ante los resultados de la intro de cada episodio.
En este sentido, muchos criticaron que la empresa haya querido abaratar costos utilizando este tipo de tecnología que resienten el realismo de las secuencias. Para muchos fanáticos, esta clase de cambios atentan contra la esencia tradicional de este tipo de formatos y programas que desde sus inicios buscan contar historias con cierta cuota de realismo, además de limitar las contrataciones de los equipos técnicos en favor de una herramienta automática.
Cierta cuestión artesanal, afirman algunos, se está perdiendo en el proceso. Sin embargo, aspectos más oscuros de la compañía parecen haber quedado bastante atrás en este nuevo año. México se encuentra sacudido por cuestiones políticas que tienen que ver con la violencia de los grupos del crimen organizado y se espera que vengan meses muy intensos para el país.
¿Podrá Televisa seguir desarrollándose como gigante mediático y adecuarse a las nuevas tendencias sin perder la identidad que forjó? ¿O los escándalos que desde hace años amenazan con echar todo por tierra finalmente cobrarán fuerza? Quizás, como en el futuro de todos, solo el tiempo tenga la última palabra.
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