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La Tragedia de Alejandro “Cobrita” González: El Campeón Mundial que Sobrevivió al Ring pero Perdió a sus Tres Hijos ante el Crimen Organizado

De gloria eterna a sombra olvidada, campeón del Consejo Mundial de Boxeo. 49 victorias, 33 knockouts. El orgullo de Guadalajara, el hombre que noqueó al invicto Kevin Kelly frente a 8000 personas en San Antonio con México entero mirando. El chico que le prometió una casa a su mamá cuando tuviera el cinturón del mundo y cumplió.

Eso fue Alejandro Martín González, la cobrita González, en el mejor momento de su vida. Y luego llegó el resto, la cocaína durante 5 años consecutivos, las amistades que el éxito trajo y que la decadencia no se llevó, el entorno que se quedó pegado  como silicona después de que las luces del ring se apagaron y luego lo que ningún padre debería vivir una vez, lo que resulta imposible de imaginar dos veces  y lo que directamente no tiene nombre cuando ocurre por tercera vez.

Sus tres hijos, Alejandro González Junior, Yair González y Luis González, asesinados los tres en Guadalajara  por el crimen organizado en un lapso de 7 años entre 2016 y 2023. Un hombre que sobrevivió 55 peleas profesionales, que recibió golpes de los mejores peleadores de su generación, que cruzó el desierto de la adicción y salió del otro lado con la ayuda de una iglesia cristiana en Los Ángeles.

No pudo esquivar lo que le llegó después del retiro. No con los puños, no con el carismas, no con el cinturón que todavía guarda en algún cajón. Porque esta vez el enemigo no tenía guantes, ni un ring, ni un refery que pudiera parar el combate.  Lo que nadie te contó completo es qué pasó entre aquel 7 de enero de 1995 cuando un muchacho de 21 años de Guadalajara hizo temblar la la  modom de San Antonio al noquear al invicto campeón del mundo Kevin Kelly en el décimo round.

Y el 9 de diciembre de 2016, cuando su hijo mayor apareció muerto en una Nissan X-Trail abandonada en la colonia San Carlos con un narcomensaje del crimen organizado al lado de los tres cuerpos. En los próximos minutos vas a  conocer cuatro cosas que nunca te contaron juntas. Primera, ¿quién era el chico pobre de Guadalajara que llegó a ser campeón del mundo del senbe a los  21 años? ¿Cómo lo logró y qué prometió cuando lo consiguió? Segunda, ¿qué pasó exactamente el 23 de septiembre de 1995 en Sacramento, California? La noche en

que perdió el cinturón y cómo esa derrota abrió la puerta a 5 años de  cocaína diaria que él mismo confesó en entrevistas. Tercera, el 9 de diciembre de 2016, hora. Camioneta, narcomensaje. Y por qué el padre del chico asesinado admitió que su hijo tenía amigos  que no eran bienvenidos. Cuarta.

Cómo Alejandro González perdió a  sus tres hijos en 7 años y qué dijo con su propia voz sobre lo que eso le hizo. Te voy a avisar cuando llegue  cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Que declaró la cobrita sobre su hijo muerto, sobre su esposa que murió al año siguiente y sobre el silencio que se impuso en el boxeo mexicano frente a esta historia que nadie quería explicar del todo.

Pero antes de llegar al infierno tienes que entender el paraíso, porque sin saber de dónde venía Alejandro González, no puedes entender lo brutal que fue lo que perdió, ni lo mucho que costó lo que construyó.  Guadalajara, la perla de occidente. La ciudad que le ha dado al boxeo mexicano más campeones por metro cuadrado que casi cualquier otro rincón del país.

Es el lugar donde entrenaron Marco Antonio Barrera, Eric el terrible Morales, el propio Canelo Álvarez. Es el lugar donde creció José Chepo Reinoso, el entrenador que años después llevaría a Canelo a la cima del mundo y que primero antes de eso, le dio estructura a un chico de familia humilde llamado Alejandro González. Grábate esto.

La cobrita nació el 11 de agosto de 1973 en una familia donde los cinco hermanos sabían lo que era el dinero escaso. No era la pobreza extrema de quien no come, pero era la pobreza de quien cuenta cada peso, de quien ve a sus padres luchar todos los días para que alcance, de quien aprende desde chico que lo que quieres lo tienes que ir a buscar con las propias manos porque nadie te lo va a traer a la puerta.

A los 13 años entró al boxeo. No fue el fútbol su primer amor, aunque lo jugaba y era buen jugador. El problema era que cuando en la cancha le hacían faltas, él respondía con los puños y terminaba en peleas. Ese carácter broncudo, como él mismo lo describe, buscó su cauce natural en un gimnasio y en ese gimnasio encontró a Julián Magdaleno y a José Chepoor Reinoso, dos entrenadores que vieron en ese adolescente delgado de Guadalajara algo que valía la pena invertir tiempo y esfuerzo.

Escucha esto. La cobrita le prometió a su mamá algo específico. No le prometió ser famoso. No le prometió aparecer en la televisión. Le prometió una casa. que cuando fuera campeón del mundo, lo primero que haría sería comprarle una casa. Eso contó a la revista The Ring años después, con la sencillez de quien habla de algo que ya hizo y que no necesita adornarse.

Eso era lo que movía ese chico, la imagen concreta de su madre con un techo propio. No la gloria abstracta, una casa. Empezó como amatur. 30 peleas en esa categoría antes de dar el salto al profesionalismo. Debutó como profesional el 28 de abril de 1988 con 14 años. 14. Cuando la mayoría de los chicos todavía están descubriendo qué quieren hacer con sus vidas, Alejandro González ya firmaba contratos de boxeo y subía al ringarse el dinero con los puños.

Los primeros años fueron el circuito duro del boxeo mexicano. No el circuito de las grandes televisoras ni de los promotores de Las Vegas. El circuito de las peleas en gimnasios de colonia en arenas de segunda, contra rivales que no tienen el talento de llegar al mundo, pero sí tienen suficiente para hacerte daño si bajas la guardia.

Ese circuito es la escuela que nadie te da en los libros. La escuela donde aprendes lo que realmente significa pelear cuando no hay cámara ni público entusiasta. solo el ring y el tipo que viene a hacerte lo mismo que tú le quieres hacer a él. En mayo de 1992, Alejandro González ganó el título internacional Peso Pluma del CMB derrotando a Paquito  Peno.

Tenía 18 años. Era la primera confirmación de que lo que Chepo Reyoso había visto en ese adolescente broncudo de Guadalajara era real y  siguió construyendo cuatro defensas del título regional. Entre sus víctimas durante ese periodo estuvo el futuro  campeón mundial Luisito Espinoza al que detuvo y luego César Soto, otro futuro campeón del mundo en una pelea eliminatoria del CMB.

Grábate este detalle porque dice todo sobre cómo era la cobrita González antes de la  gloria. Cuando llegó a la pelea eliminatoria contra César Soto, su récord era de 33 victorias y dos derrotas. Había perdido dos peleas en su carrera. Las derrotas en el boxeo mexicano de ese nivel no son solo estadísticas, son señales de advertencia que los promotores y los rivales usan para decidir qué tan serio eres.

Pintor venció a Soto de todas formas y dejó su récord en 33 a 2, listo para lo que vendría. Y lo que vendría era Kevin Kelly. Aquí viene la primera revelación que te prometí. Kevin Kelly no era cualquier rival,  era el campeón reinante del CMB en peso pluma. tenía un récord de 41 victorias, cero derrotas y 28 knockouts. Invico.

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