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Angélica Rivera: De la CAMA del PRESIDENTE a PRÓFUGA – El CONTRATO de su FALSA BODA y lo que ROBARON

Es una figura legal que existe, que tiene sus reglas y que en principio puede aplicarse a casos legítimos. El tribunal de la rota romana es el tribunal de apelación de la Santa Sede, el más alto tribunal eclesiástico del mundo. Y cuando revisó el caso de la anulación del matrimonio de Angélica Rivera y José Alberto Castro, lo que dijo fue esto.

Craso simulacro de justicia. No fue que encontraron irregularidades menores, no fue que sugirieron que el proceso podría haberse hecho mejor. Dijeron simulacro, dijeron Craso. Las dos palabras más fuertes que un tribunal de la iglesia puede usar para describir lo que ocurrió en el proceso de anulación de un matrimonio.

La investigación de Aristegiui y Proceso reconstruyó lo que había ocurrido. El padre involucrado en el proceso había presentado argumentos que los investigadores del Tribunal de la Rota encontraron fabricados. La acusación concreta fue que el padre Salinas había actuado de manera que llevó a que la boda en la iglesia de Fátima fuera presentada como no siendo la boda real, cuando sí lo era, para crear artificialmente las condiciones de la nulidad, fabricar la evidencia para conseguir la anulación del matrimonio, que permitiría la boda con el gobernador

que se iba a convertir en presidente. Eso es lo que el tribunal de la Rota Romana encontró cuando revisó el caso. Angélica Rivera nunca respondió directamente a las conclusiones del Tribunal de la Rota. El gobierno de Peña Nieto tampoco. La investigación de Aristegui sobre el expediente secreto de la boda fue publicada en febrero de 2016.

Carmen Aristegui ya no trabajaba en MBS Radio para ese momento. La habían  despedido en marzo de 2015, meses después de la investigación de la Casa Blanca. Aristegi siempre sostuvo que el gobierno presionó a la estación para que la echara. MBS y la oficina de la presidencia lo negaron. El expediente de la boda quedó en el aire.

La boda en sí había sido el espectáculo que el equipo de comunicación  política de Peña Nieto necesitaba. El 27 de noviembre de 2010, la Catedral de Toluca. Angélica Rivera con un vestido blanco y un velo de novia. Peña Nieto con el traje del hombre que en dos años iba a ser presidente de México.

Afuera,  una multitud reunida, cámaras de Televisa cubriendo cada momento. El gobernador del Estado de México y la actriz más popular de Televisa, la imagen perfecta del político joven moderno, con una vida personal que el público podía seguir como seguía las telenovelas de su futura esposa, porque eso era lo que esa boda hacía políticamente.

convertía la carrera de Peña Nieto en algo que el público podía seguir con el mismo enganche emocional con que seguía las telenovelas de Angélica Rivera. El hombre y la mujer en el altar. La promesa de amor. El futuro juntos funcionó dos años después. En julio de 2012, Enrique Peña Nieto ganó la elección presidencial con Angélica Rivera a su lado en cada aparición pública importante con la cobertura de Televisa que según las investigaciones posteriores había sido diseñada para favorecer su candidatura con el movimiento juvenil Yo soy 132

protestando contra exactamente eso. Peña Nieto ganó. El primero de diciembre de 2012. Angélica Rivera entró a Los Pinos como primera dama. Lo que siguió en los 6 años del sexenio fue la historia de un matrimonio que la mayoría de los que lo observaban de cerca decían que estaba fracturado desde mucho antes de que terminara.

Los desencuentros públicos entre los dos, las apariciones donde el lenguaje corporal decía algo diferente de las palabras. Las fuentes del entorno de Peña Nieto, que en conversaciones privadas con periodistas describían una relación que era funcional para la imagen del gobierno y poco más. El noveno de noviembre de 2014, la investigación de Aristegui publicó La Casa Blanca Lomas de Chapultepecillones de pesos,0000 comprada al grupo IGA.

El grupo IGA, que tenía contratos del gobierno del Estado de México cuando Peña Nieto era gobernador. El grupo Iga que tenía contratos del gobierno federal cuando Peña Nieto era presidente. El video de Angélica Rivera salió 3 días después. 25 años de trabajo, los ahorros de toda una carrera. Ella era la propietaria, no su esposo.

México no le creyó y tampoco le creyó que los 29 millones de pesos de su contrato con Televisa, el que había firmado antes de que comenzara el sexenio, fueran suficientes para comprar una mansión de 86 millones. Las cuentas no cuadraban en ninguna dirección que se miraran. Lo que vino después del escándalo de la Casa Blanca fue la combinación de factores que terminó con cualquier imagen de familia perfecta que el matrimonio había tenido.

Las encuestas de popularidad de Peña Nieto cayeron. La desaparición de los 43 normalistas de Ayotsinapa en septiembre de ese mismo año se convirtió en el símbolo del estado fallido que el gobierno de Peña Nieto representaba para millones de mexicanos. Y Angélica Rivera, que había sido la parte visible y amada del proyecto político del matrimonio, se convirtió en la cara de lujo y la corrupción que México odiaba.

Los viajes en aviones oficiales para compras personales en Miami, las joyas fotografiadas en las revistas, el estilo de vida de primera dama que contrastaba brutalmente con la austeridad que el gobierno decía promover. Todo fue documentado, comentado, circulado en las redes sociales con la velocidad específica del odio político que encuentra en una figura pública la encarnación de todo lo que le parece mal.

Angélica Rivera pagó ese precio con la cara que siempre había tenido para el espectáculo, sin mostrar completamente lo que sentía. Las apariciones públicas continuaron el sexenio las requería. Las sonrisas en los eventos de estado, los viajes oficiales al extranjero, la gran cruz de la orden de Isabel la Católica que le otorgó el rey de España en la visita a Madrid de 2014.

Pero los que estaban dentro del sistema decían que el matrimonio estaba terminado desde mucho antes de que se anunciara oficialmente, que se había mantenido vivo porque los asesores de comunicación política de Peña Nieto habían calculado que un divorcio durante el sexenio costaría más de lo que valdría, que el contrato, como el periodista Daniel Lisárraga lo llamó, tenía fecha de vencimiento, el fin del mandato.

El primero de diciembre de 2018, Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia. Los Peña Rivera entregaron los pinos y en el inventario del traspaso de poder surgió algo que nadie esperaba.  Faltaban cosas, cuadros, muebles, objetos, artículos que habían estado en la residencia oficial durante el sexenio de Peña Nieto y que al momento del traspaso no estaban.

Angélica Rivera fue mencionada como una de las personas que podrían tener información sobre el paradero de esos artículos. El tema circuló en los medios durante semanas.  Nunca llegó a una conclusión judicial definitiva que estableciera responsabilidades. El 31 de enero de 2019, un mes después de que Peña Nieto dejó la presidencia, se anunció el divorcio.

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