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Era una tarde de domingo en Madrid, de esas en las que el sol entra de lado por la ventana y saca a relucir hasta la última mota de polvo sobre el aparador de cerezo.

Era una tarde de domingo en Madrid, de esas en las que el sol entra de lado por la ventana y saca a relucir hasta la última mota de polvo sobre el aparador de cerezo.

El aire en el salón de Doña Purificación olía a una mezcla letal de café recién hecho, pastas de té de las que se pegan al paladar y un rastro persistente de ambientador de pino.

Puri, como la llamaba todo el mundo excepto cuando se ponía solemne, observaba su taza con una fijeza casi mística.

Elena, sentada justo enfrente, sentía que el sofá de escay le succionaba la energía vital y, probablemente, también un poco de piel de los muslos.

Javi, el hijo de una y marido de la otra, había desaparecido estratégicamente hacia la cocina con la excusa de buscar una cucharilla limpia.

Llevaba allí dentro diez minutos.

Elena sabía perfectamente que no estaba buscando una cucharilla.

Probablemente estaba mirando fijamente la pared de los azulejos, rezando para que el tiempo se detuviera o para que un agujero negro se tragara el edificio entero.

Puri dejó la taza sobre el platito de porcelana con un tintineo que sonó como una campana de boxeador anunciando el primer asalto.

Se recolocó la rebeca de punto, aunque en el salón hacía una temperatura cercana a la de un horno de leña.

Suspiró.

No fue un suspiro cualquiera.

Fue un suspiro con denominación de origen, cargado de décadas de abnegación, de sufrimientos silenciosos y de una ligera acidez de estómago por el cocido.

—Hay que ver cómo está el pasillo, Elena —soltó Puri, lanzando la primera piedra sin mirar siquiera a su interlocutora.

Elena, que estaba intentando descifrar el dibujo de la alfombra para no entrar al trapo, levantó la vista.

—¿El pasillo, Puri? Si yo lo veo igual que siempre.

—Precisamente —replicó la suegra, entornando los ojos—. Ese es el problema.

Hizo una pausa dramática, de esas que aprendió viendo las telenovelas de la tarde después del telediario.

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