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Lo que nadie sabía: La cronología completa de la muerte de Yeison Jiménez y sus últimas palabras

Lo que nadie sabía, la cronología completa de la muerte de Jason Jiménez y sus últimas palabras, que me amó, me respetó, me hizo feliz. Yo solamente sé que pegué un grito. El pueblo dice me ayudó a volar, me dio tres maravillosos hijos. donde cayó el avión, me dejaron ingresar hasta cierta distancia.

Yo no puedo aceptar que él que él está muerto. 9 meses antes de morir, Jason Jiménez confesó algo en un podcast que muy poca gente recuerda hoy. Dijo que había soñado tres veces con su propia muerte en un avión. En los dos primeros sueños lograba evitarla, pero en el tercero no había salida. Solo veía a los titulares de los noticieros anunciando su muerte.

lo dijo con una calma que incomoda más que cualquier llanto y después siguió con su vida, con sus conciertos, con sus planes. Meses más tarde, su hermana Lina reveló que desde muy joven Jason decía sentir que un espíritu de la muerte lo perseguía, que en los días previos al accidente pidió que estuvieran pendientes de sus hijos, que quería visitar a su abuelo antes de que de pronto pase algo.

que soñó con llamas en su propio cuerpo que no podía apagar. Su esposa Sonia, meses después de la tragedia dijo con la voz rota algo que nadie olvida. Si las hubiéramos tomado seriamente. Jason Jiménez murió el 10 de enero de 2026 en un accidente de avioneta en PaiPa, Boyacá. Eso Colombia ya lo sabe. Lo que Colombia no sabe es todo lo que ocurrió antes, todo lo que se dijo, todo lo que se prometió y todo lo que quedó sin cumplirse.

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Para entender lo que Colombia perdió ese día, primero hay que entender lo que él dejó incompleto. Este año nos íbamos a casar. Me quedé con mi anillo. Sonia Restrepo dijo eso con la voz partida en el programa Expediente final, meses después del accidente. Sin preámbulo, sin rodeos, solo esa frase y el peso de todo lo que representa.

El anillo de matrimonio que Jason había planeado ponerle en 2026 sigue con ella. Lo guarda como quien guarda un latido que no termina de apagarse, pero las promesas no cumplidas son muchas más. Sonia Restrepo y Jason Jiménez llevaban más de una década construyendo una vida juntos.

No era una relación de farándula ni de portadas de revista. Era una relación de todos los días, de llamadas entre conciertos, de criar hijos juntos, de pelear y reconciliarse, de soñar y planear. Jason le había hecho a Sonia dos compromisos que para él eran sagrados, porque él era así, un hombre de palabra, de honor, de los que no prometen lo que no pueden cumplir.

Le prometió que la llevaría a conocer el mundo y le prometió que la ayudaría a ser profesional, a estudiar, a tener una carrera propia más allá de ser la esposa del cantante. Esas dos promesas sí las cumplió. La ayudó a ingresar a la universidad, la apoyó mientras estudiaba contaduría pública, la vio graduarse y después vinieron los nuevos sueños, los que quedaron abiertos.

Quería ver a Camila, su hija mayor, cumplir 15 años. quería que entrara a la fiesta a caballo vestida de princesa mientras él la miraba desde el primer asiento. Camila es hija biológica de Sonia, pero Jason la crió como propia desde pequeña, desde que era una niña que apenas empezaba a entender el mundo. Para él era simplemente su hija, sin apellidos, sin condiciones.

Luego estaba Taliana, de 7 años y el pequeño Santiago que nació en junio de 2024 y que apenas tenía 6 meses cuando su padre murió. El hijo varón que Jason tanto había querido tener, el bebé al que apenas estaba conociendo. Jason también quería volver al estadio El Campín. había llenado ese escenario histórico y lo había convertido en el hito más grande de la música popular colombiana, pero quería hacerlo de nuevo, quería reafirmarse, quería demostrar que no había sido un momento único, sino el comienzo de algo más

grande. “Voy a reafirmar que sí puedo. Voy a reafirmar el amor de mi gente”, había dicho. Y tenía otro sueño que pocos conocían, internacionalizar su carrera. Estaba estudiando inglés. Quería llegar a México, a Estados Unidos. Quería que su música cruzara fronteras de verdad. Según su esposa, ese sueño estaba muy cerca de hacerse realidad.

Entre los que murieron con él ese 10 de enero estaba Juan Manuel Rodríguez. Muchos lo conocían como parte del equipo de producción visual, pero lo que pocos saben es que Juan Manuel era primo de Jason, que Jason lo había sacado de una etapa difícil de su vida y le había dado un propósito, un trabajo, una dirección. Juan Manuel lo consideraba una figura paterna.

No eran colegas, eran familia. Y esa es quizás la dimensión más dolorosa de todo esto. No murió solo un artista, murió un hijo, un padre, un esposo, un primo, un amigo. Murieron seis personas que tenían vidas, proyectos y personas que los esperaban en casa. Sonia lo resume con una frase que detiene el tiempo.

Me aferro a Dios y a la esperanza de otra vida prometida porque sueño con volverlo a ver. Pero hay algo que hace todo esto aún más difícil de procesar, algo que su familia guardó durante meses, porque Jason quizás lo sabía. Soñé tres veces con mi muerte en un avión. En el tercero no pude evitarlo. Eso lo dijo Jason Jiménez en abril de 2025, 9 meses antes de morir, sentado frente a Juan Pablo Raba en el podcast Los hombres también lloran y lo dijo con una calma que hiela más que cualquier llanto.

En el primero de esos sueños lograba advertir al piloto sobre una falla técnica antes del despegue. El piloto lo escuchaba. El accidente no ocurría. En el segundo sueño, la situación era similar. Otra vez la advertencia, otra vez el piloto atendiendo, otra vez la tragedia evitada. Pero el tercero fue diferente. Ocurrió en Medellín el 24 de mayo de 2024.

Se despertó a las 3 de la mañana con mareo, con una sensación de peso en el pecho que no podía explicar. En ese tercer sueño no había advertencia posible, no había piloto que escuchar, no había salida, solo veía los titulares de los noticieros anunciando su propia muerte. Y cuando abrió los ojos en esa madrugada de mayo, supo que ese sueño era diferente a los otros, que algo en él pesaba distinto.

Pero el tiempo siguió pasando, los conciertos siguieron, la música siguió y Jason terminó por guardar ese sueño en algún lugar de la memoria donde uno pone las cosas que no sabe cómo procesar. Lo que no guardó tan fácilmente fue lo que vivió meses después en un vuelo hacia Pasto. El motor de la avioneta presentó una falla en pleno aire.

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