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Raúl Velasco: El “Padrino” que Obligó a Actrices a “Entregarse” y Pagó el Precio….

A los 30 segundos de cantar en televisión nacional, un hombre lo detuvo en vivo y le gritó insultos frente a 40 millones de mexicanos. A los 18  años le dijo corrientota en cámara y la humilló hasta hacerla llorar. A los 65 años renunció por fax después de perder todo el poder que construyó  durante 29 años.

Hoy, 18 años después de su fallecimiento, las actrices siguen confesando lo que les hizo. Su nombre era Raúl Velasco y durante tres décadas fue el hombre más poderoso de la televisión mexicana. Y lo que hizo con ese poder fue un crimen que nadie pagó. Esta es la investigación  que Televisa enterró durante 26 años. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian  todo lo que creías saber sobre el conductor que decidía quién  triunfaba o moría en la televisión mexicana.

Primera, las palabras exactas que Raúl Velasco le dijo a  Juan Gabriel cuando Emilio Azcarraga Gamilmo, el tigre, el dueño de Televisa, le ordenó vetarlo del programa más visto de México. La conversación que Velasco reveló en vivo frente a millones de personas, defendiendo al cantautor que todo el país amaba, las siete palabras que dijo en cámara y que enfurecieron al hombre más poderoso del  país.

Segunda, El testimonio de Kate del Castillo, grabado en 2019 en un documental cuando finalmente  confesó qué le ofrecieron hacer para seguir apareciendo en pantalla. El catálogo que Alejandra Ávalos describió  públicamente años después con precios específicos que llegaban hasta un millón de pesos por noche  durante los años 80 y 90.

El sistema que Mario La Fontén, productor con 28 años en Televisa, resumió en cinco palabras devastadoras. Tercera, la grabación del momento exacto en que Fernando Villares intentó cantar en Siempre en domingo y fue humillado públicamente a los 30 segundos, los insultos que recibió frente a 40 millones de mexicanos, la consecuencia que lo sacó de la música para siempre y lo obligó a disculparse una semana después en lo que la prensa llamó la revancha del zorro.

Y cuarta, el fax de una página que Raúl Velasco envió a Televisa el 18 de diciembre de 1998  renunciando después de 29 años al aire. Las diferencias irreconciliables que mencionó con Emilio Azcarragay, la demanda por 21 millones de pesos que presentó contra la empresa que lo hizo millonario  y la razón por la que perdió el juicio, te voy a avisar cuando llegue cada una.

Si te vas antes del final, te pierdes la parte que las actrices,  los cantantes y los productores guardaron durante décadas por miedo a que Raúl Velasco  las destruyera. profesionalmente con una sola palabra. Pero antes de contarte cómo terminó vetado por la misma empresa que lo hizo millonario, necesitas entender cómo empezó, porque el hambre de poder de Raúl Velasco comenzó el día exacto en que nació en uno de los estados más pobres de México.

24 de abril de 1933, Celaya, Guanajuato. México acaba de salir de la revolución. Celaya, una ciudad de 300 habitantes en el bajío mexicano. Es polvo, adobe y hambre. Las calles  son de tierra. Las casas de adobe con techos de lámina. El agua se saca de pozos comunales. En una de esas casas nace Raúl Velasco.

No se conocen los nombres de sus padres. No hay acta de nacimiento pública. No hay fotografías de su infancia. No hay testimonios, nada. Raúl Velasco jamás habló públicamente  de su familia durante 40 años de carrera televisiva. Jamás mencionó a su padre, jamás dijo el nombre de su madre, jamás regresó a Celaya públicamente.

Y cuando un hombre borra así su origen, cuando un hombre que tiene el micrófono más grande de México  durante tres décadas nunca menciona de dónde vino, es porque de  donde vino fue tan doloroso que prefiere fingir que nació del aire. Imagínate eso, crecer en una pobreza tan devastadora, que cuando te conviertes en el hombre más poderoso de la televisión mexicana,  prefieres no contarla, prefieres que nadie sepa.

Prefieres inventarte  desde cero. Celaya en los años 30 y 40 es hambre. Es trabajo infantil obligatorio. Es abandonar la escuela a los 8 o 10 años. Es ver a tu madre partir tortillas en cuatro para que alcancen. Es comer frijoles aguados. Es dormir en petates. Es no tener zapatos. Es ver partir a hermanos de enfermedades curables y es crecer viendo que los que tienen poder nunca vienen de lugares como Celaya, nunca tienen tu apellido.

Raúl Velasco aprende algo en esa casa de adobe. Si quieres poder, tienes que arrancarlo porque nadie te lo va a dar. Esa frase se convierte en su motor, en su obsesión, en la creencia que lo guiará durante las siguientes  seis décadas de su vida. No sabemos cuándo exactamente sale de Celaya. Los registros dicen que llegó a la Ciudad de México a finales de los años 50, pero no hay fecha exacta.

Lo que sí sabemos es que cuando aparece en los registros públicos de la radio mexicana ya es 1960, ya tiene 27 años. Piensa en  eso un momento. 27 años de vida, casi completamente borrados. ¿Qué le pasó en esos 27 años? ¿Qué tuvo que hacer para sobrevivir? ¿A quién tuvo que traicionar? Nunca lo sabremos. Porque Raúl Velasco se llevó esos secretos a la tumba el 26 de noviembre de 2006.

Pero lo que sí sabemos es que cuando finalmente aparece en la historia  documentada, ya no es el niño pobre de Celaya. Es un hombre de 27 años con hambre,  sin título universitario, sin familia conocida, sin conexiones, sin nada, pero con algo mucho más valioso en la industria del entretenimiento mexicano de los años 60. Desesperación.

Una desesperación tan profunda por salir de la pobreza, por nunca volver a Celaya, por nunca volver a ser nadie que está  dispuesto a hacer absolutamente cualquier cosa. Y esa desesperación  es exactamente lo que Televisa busca en sus empleados. Durante los años 60 trabaja en radio, conduce programas musicales, entrevista artistas, acepta cualquier  trabajo que le den.

cualquier horario, cualquier pago y mientras trabaja, observa, aprende, entiende cómo funciona el poder en los medios mexicanos. Entiende  que el talento no importa tanto como la obediencia, entiende que las órdenes se cumplen sin preguntar. Entiende que si quieres subir,  tienes que estar dispuesto a pisar.

Y en 1968 llega su oportunidad. Emilio  Azcárraga Milmo, el tigre, el dueño absoluto de Televisa,  el hombre que un día dirá públicamente, “México es un país de una clase modesta, muy jodida, que no va a salir de jodida. Está buscando a alguien para conducir un programa nuevo de variedades los domingos.

Necesita a alguien hambriento,  tan hambriento, que esté dispuesto a vender su alma por una oportunidad de quedarse en la televisión para siempre. Raúl Velasco tiene 35 años cuando le ofrecen conducir siempre en domingo. No es la primera opción, no es el favorito, no es el conductor más carismático que Televisa tiene, pero es el más hambriento y el hambre en Televisa siempre gana.

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