HARFUCH CATEA el Estudio ABANDONADO de Paco Stanley… Y Encuentra un Sobre: EN CASO DE MI MUERTE s
millones de dólares. Sueldo de conductor [música] de televisión cuentas en las islas Caiman. Nadie explicó de dónde salió la fortuna de Paco Stanley. Eso no se explica con un sueldo, no se explica con ahorros, no se explica con nada que sea [música] legal. Y lo peor, cuando le pidieron que devolviera lo que nunca fue [música] suyo, dijo que no.
Esa palabra le costó cuatro balas en la cabeza a plena luz del día y 26 años [música] después nadie apagado. Nadie rastreó las escrituras, nadie revisó [música] las cuentas hasta que alguien decidió abrir una puerta que llevaba 26 [música] años cerrada. Son las 3:47 de la mañana, Ciudad de México, zona sur.
Una camioneta [música] negra sin placas se detiene frente a un portón de metal oxidado. El motor se apaga. Harfuch baja primero. Traje oscuro, sin chaleco. Detrás de él, ocho elementos de la fiscalía, dos peritos documentales, un cerrajero. La orden lleva tres semanas [música] firmada. El portón cede con un chirrido largo.
Adentro huele a humedad y a papel viejo. En el piso cables sueltos. En la pared [música] del fondo, un logotipo borrado que alguna vez decía S de producciones. La primera señal está en el segundo piso. Una puerta de acero reforzado que no corresponde a un estudio [música] de grabación. Detrás hay una oficina que no aparece en ningún plano arquitectónico [música] del edificio.
Una oficina que alguien construyó para que nadie la encontrara. El detonante [música] fue simple. Iban a demoler el estudio. Llevaba años abandonado y el terreno se iba a vender. Antes de tirar la [música] primera pared, alguien revisó las escrituras del terreno y encontró algo que no cuadraba. Tres propiedades vinculadas [música] al edificio habían cambiado de dueño el mismo mes, en la misma notaría o en 1997, el mismo mes que murió Amado [música] Carrillo Fuentes.
Esa coincidencia activó una alerta que nadie había revisado en más de dos décadas. ¿Cuánto crees que había detrás de esa puerta de acero? Piensa un número, te lo cuento en unos minutos. El cerrajero tarda 11 minutos. Cuando la puerta se abre, lo primero que ven es una caja fuerte empotrada en la pared.
Marca Mosler, modelo antiguo. La pintura [música] descascarada. mide casi un metro de alto. A un lado, cuatro archiveros metálicos con candado. En el piso, debajo de una lona gris, [música] tres cajas de cartón selladas con cinta canela amarillenta. El polvo indica que nadie ha [música] entrado en años, quizá en décadas.
La caja fuerte tarda [música] 40 minutos más. Cuando la puerta cede, Harf se acerca. Adentro hay tres cosas. A la primera, un fajo de recibos [música] bancarios de una cuenta en Georgetown, Islas Caimán. La cuenta [música] está a nombre de Multiservicios Pavesa SADCB. Los depósitos son regulares. $10,000 cada tercer día durante 14 meses documentados.
Esos son $,700,000 en poco más de un año. Con eso se construían cuatro escuelas primarias [música] en 1996, pero esos 14 meses son solo los que tienen recibo. La cuenta estuvo activa 7 años. Ese es el primer dato. Un conductor de televisión. $10,000 [música] cada tercer día en una cuenta en el Caribe.
La segunda cosa, una carpeta verde [música] oscuro con 18 escrituras de propiedades en cinco estados de la República. Terrenos en Cancún, una casa [música] en Cuernavaca, departamentos en la Ciudad de México, un rancho en Sinaloa, aún ninguna a nombre de Francisco Stanley Albaitero. todas a nombre de multiservicios pavesa. Pero en cada escritura alcalce hay una firma que los peritos van a identificar como la de Paco Stanley.
Firmó 18 veces en 18 notarías y dentro de la carpeta verde doblada una fotografía. Paco Stanley sentado junto a una mesa de billar con un hombre de bigote, camisa clara y reloj de oro grueso al reverso con pluma azul. Cancún con el Señor. Recuerda esas dos palabras, el Señor, porque esas dos palabras explican todo lo que estás a punto [música] de escuchar.
La tercera cosa es un sobre manila cerrado con cinta adhesiva vieja en la esquina superior [música] izquierda con letra manuscrita. En caso de mi muerte entregar a mi hijo Francisco. Ese sobre lleva ahí más de 25 años. Nadie lo abrió. Selen todo dice Harfuch. Hola que nadie toque el sobre. Un elemento abre [música] uno de los archiveros.
Adentro 243 fotografías. Blanco y negro, color, polaroids, fiestas privadas, cenas. [música] En muchas aparece Paco, en varias aparece con el mismo hombre del billar, el señor. Pero esa carpeta verde no era lo [música] más perturbador que había en esa oficina. Lo más perturbador estaba dentro del sobre Manila.
Y lo que dice ese sobre cambia todo. Cambia quién era Paco Stanley. Cambia por qué lo mataron. Cambia lo que tú creías saber sobre el hombre que te hacía reír [música] a la hora de la comida. Hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre Paco Stanley. Primero, la cifra exacta que movió para el narcotráfico y cómo la [música] escondió durante 7 años sin que nadie preguntara.
Segundo, ¿quién era realmente el Señor? ¿Y qué le pidió a cambio de hacerlo millonario? Tercero, lo que Paco escribió en ese sobre la muerte de su propio hijo, algo que nunca le dijo a nadie y que Jarfuch leyó dos veces sin poder creerlo. Y cuarto, ¿quién tiene hoy las propiedades que se compraron con dinero del narco? ¿Y por qué siguen ahí 26 años después sin que nadie las toque? Te voy a avisar cuando llegue cada una.
Lo que Harfuch encontró explica como un conductor de televisión que empezó leyendo poemas en la radio terminó [música] manejando propiedades de 7 millones de dólares en dos países. Explica por qué el hombre más buscado de México se sentó en su foro de televisión en cadena nacional y nadie movió un dedo. explica qué pasó cuando el dueño real del dinero murió en una cirugía plástica y explica algo que nadie ha dicho en voz alta, que los hombres que lo acbillaron estuvieron [música] en manos de la justicia mexicana. Se escaparon y el
caso se cerró sin un solo culpable, ni uno. Ahora tú sabes que esa oficina existe. Ahora tú sabes lo que había adentro. El 99% [música] de México no lo sabe. El Señor recuerda esas palabras, porque van a volver. Este hombre que [música] van a acribillar a plena luz del día frente a un restaurante lleno de gente.
Este hombre al que más de 20 [música] balas le van a reventar el cráneo mientras su mejor amigo está en el baño. Este hombre al que todo México adoraba, empezó sin nada. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de México. Creció entre Tacubaya y la colonia Roma. No hay [música] glamuria de dinero.
No hay padrino [música] en Televisa. Hay un chamaco flaco que descubrió que tenía una voz que la gente quería escuchar y que podía hacer reír a cualquiera, a cualquiera. Paco Stanley supo [música] desde niño que su herramienta era la risa y que la risa podía abrir cualquier puerta. A los 27 años entró a la radio la XX, 1969. Si tú tenías [música] 6 años, Paco estaba leyendo guiones ajenos en una cabina que nadie conocía.
Hacía voces, imitaba personajes, nadie lo conocía fuera de la cabina. A los 32, Televisa lo contrató y en 10 años pasó de leer guiones ajenos a ser una de las caras más reconocidas de la televisora. Programa tras programa. Para el 88 [música] ya conducía noticias en Televisa. Y ese año hizo algo que ningún conductor de televisión había hecho.
Se lanzó como candidato a la asamblea de representantes por el PRI. La perdió, pero la campaña que perdió fue pagada con [música] dinero que no salió de ningún partido político. ¿De dónde salió la lana? Eso te lo digo en unos minutos. Poco después, en 1991, Paco desapareció [música] de la pantalla durante 4 meses sin explicación, sin aviso. Nadie supo por qué.
Cuando volvió, algo había [música] cambiado. Tenía más dinero. Tenía un coche nuevo y tenía una [música] manera distinta de hablar por teléfono cuando creía que nadie escuchaba. ¿Qué hizo en esos 4 meses? Eso también te lo digo en [música] unos minutos. En el 93 algo se rompió dentro de Paco. Ya era una de las caras más grandes de Televisa.
Tenía todo, fama, dinero, el país en su bolsillo y tenía un hijo, Francisco Stanley Solís, su primogénito. Lo que [música] pasó fue esto. Francisco murió. La versión [música] oficial dice infarto al volante. N se desvaneció conduciendo. Pero Verónica Macías, una mujer que trabajó años junto a Paco, contó otra cosa en una entrevista con [música] Gustavo Adolfo Infante.
Dijo que Francisco no murió de un infarto. dijo que murió de sobredosis en su departamento solo y que Paco nunca se recuperó porque Paco sabía algo que no le contó a nadie, algo que está escrito [música] en la cuarta hoja de ese sobremila. Si alguna vez perdiste a alguien de tu familia [música] por algo que se pudo evitar, entiendes lo que Paco cargó el resto de su vida.
El hombre que [música] hacía reír a millones llevaba eso adentro y nadie lo sabía porque Paco no mostraba dolor, mostraba chistes y detrás de cada chiste había [música] una herida que no cerraba. Pero aquí hay algo que nadie conectó en su momento. El año que murió su hijo, 1993. [música] Ah, es el mismo año de la fotografía del billar con Amado Carrillo.
La misma fecha al reverso. ¿Fue coincidencia o fue que la muerte de Francisco empujó a Paco más adentro del pacto? Un hombre [música] destruido por la culpa que se hunde más en lo que lo destruyó. Piensa en eso y recuerda [música] ese dato, porque cuando escuches lo que dice la cuarta hoja del sobre, esa coincidencia va a significar algo completamente distinto.
Hubo otra cosa que pasó [música] en esos años que nadie ha conectado. Paco tenía cuatro hijos de tres mujeres [música] distintas. Su primer matrimonio con María Solís le dio a Francisco el que murió. Su segundo matrimonio [música] con Patricia Pedroza le dio a Francisco Junior y a Leslie y su relación extramarital con Mónica Durruti le dio a Paul.
Paul nació en [música] 1985. Paco no lo reconoció públicamente [música] durante años. El niño sabía quién era su padre. Lo veía en la televisión todos los días, pero su padre prefería [música] que el mundo no supiera que existía. ¿Por qué un hombre con tanto poder público escondía a un hijo? ¿Qué protegía? ¿A Paul a sí mismo? Esa pregunta tiene una respuesta que duele y la respuesta está en el sobre.
- Nace Pácatelas, el programa que lo hizo leyenda, la mancuerna con Mario Bezares, el gallinazo, el humor ácido, rating por las nubes. México entero veía a Paco a la hora de la comida. Familias completas. Era la cara de Televisa, el intocable. Y en ese mismo foro de Televisa pasaron dos cosas que México vio, pero no entendió hasta muchos años después.
La primera. Durante una emisión en vivo de Pacatelas, la producción le pasó a Paco una tarjeta con un saludo [música] del público. Opaco la leyó al aire sin revisarla. Reciba un pequeño presente de su amigo Mayo Zambada [música] de Culiacán. Estamos aquí presentes, su familia e hijos.
y al final con letra más pequeña, [música] por favor no lo lea en público. Paco se puso blanco, intentó bromear. ¿Quién es Mayo o dónde está? La cámara paneó al público. Nadie levantó la mano. Pero Ismael [música] Zambada García, el mayo, cofundador del cártel de Sinaloa, el hombre [música] por el que Estados Unidos ofrecía 15 millones de dólares, estaba sentado ahí en el foro de Televisa en cadena nacional con su familia viendo el show de Paco [música] Stanley.
Años después, internautas encontraron su cara en la imagen del paneo y nadie hizo nada, ni la producción, ni Televisa, ni las autoridades. La segunda, el famoso gallinazo. Mientras Bezares bailaba a cuadro, algo cayó de su saco al piso. Una bolsita blanca. Bezares la recogió simulando [música] un paso de baile.
Paco se puso nervioso. Después [música] Bezares le entregó algo en la mano. Millones lo vieron. Era cocaína. Bezares dijo que era una cajetilla de cerillos. Pero Pepe Cabello, el productor que dirigía las cámaras ese día, dijo algo distinto. Sí, era Coca. Porque después Paco regañó [música] a Mario muy fuerte por el descuido.
Y en la autopsia de Paco Stanley, la Procuraduría encontró medio gramo de cocaína en su ropa. Sus análisis de sangre dieron positivo. Los de Bezares también. 1995. Tú te acuerdas de esos años apenas te [música] estabas levantando de la crisis del 94. La devaluación. Colosio. El país todavía [música] sangraba y mientras tú y tu familia intentaban que la quincena alcanzara, Paco [música] Stanley conducía un programa de televisión que veían millones de personas o se reía con el público, hacía chistes, leía poemas y
cuando terminaba la emisión hablaba por teléfono con un hombre al que le decía el señor, el mismo de la foto del billar. Recuerda ese nombre porque ahora vamos a volver a la propiedad y ahí viene lo primero que te prometí. Volvamos a la propiedad. Son las 4:30 [música] de la mañana. El equipo de Harfuch sigue trabajando en [música] silencio.
Un perito está revisando los recibos bancarios de la cuenta en las islas Caimán. los va poniendo en orden cronológico sobre una mesa [música] plegable y lo que descubre cambia la escala de todo. No son 14 meses de depósitos, son [música] 14 meses documentados, pero la cuenta estuvo activa desde 1991 [música] hasta 1998, 7 años.
Los meses sin [música] recibo no significan que no hubo depósitos. significan que [música] alguien se llevó esos recibos. Lo que queda documentado ya suma [música] 1,7,000. Si el ritmo fue [música] constante durante 7 años, el total supera los 8 millones de dólares. Con eso se compraban 98 [música] departamentos de clase media en la ciudad de México de esa época.
- Aquí viene lo primero que te prometí, la cifra exacta que movió y cómo la escondió. El mecanismo era simple, $1,000 cada tercer día depositados en una cuenta en Georgetown, Islas Caimán, a nombre de Multiservicios Pavesa. Esa empresa tenía como socios a Paco Stanley, Benito Castro y Salvador Villalobos. La empresa estaba registrada como productora de televisión, pero la cuenta bancaria no recibía pagos de clientes de televisión.
Recibía transferencias desde cuentas en México que los peritos están rastreando y que coinciden [música] con patrones de lavado de dinero del cártel de Juárez documentados por la DEA en los años 90. $10,000 cada tercer día. Esa cifra no es casualidad. [música] Es exactamente el umbral que en esa época no activaba alertas bancarias [música] automáticas en las islas Caimán.
Más y la cuenta se flagueaba. Alguien sabía exactamente cuánto mover para no ser detectado. Y ese alguien no [música] era un conductor de televisión. Piensa en eso. Un hombre que declamaba [música] poemas y hacía reír a tus abuelos estaba moviendo dinero con la precisión de un contador del crimen [música] organizado.
$,000 cada tercer día durante [música] 7 años. Y nadie preguntó de dónde salían. Ahora tú sabes algo que ni la Procuraduría publicó en su momento, que el umbral de $,000 no era casualidad. era ingeniería financiera del cártel y que el dinero dejó de llegar exactamente [música] cuando murió amado.
Eso no lo sabe casi nadie. Pero lo que llamó la [música] atención de Harfuch no fue la cifra, dice un perito mientras organiza los recibos. Fue la fecha del último depósito. El último depósito registrado es del 14 de agosto de 1997. 10 [música] días después de que Amado Carrillo Fuentes muriera en una mesa de cirugía. 10 días.
El dinero dejó de llegar exactamente [música] cuando el Señor dejó de existir. Coincidencia. En la mafia no existen las coincidencias. Ahora que tienes la cifra, necesitas entender [música] la relación, porque sin la relación la cifra es solo un número. Y esta relación explica por qué un conductor de televisión terminó firmando escrituras en notarías para el narcotraficante más poderoso de su generación.
La relación entre Paco Stanley y [música] Amado Carrillo Fuentes no empezó con dinero, empezó con risas. Amado Carrillo controlaba al [música] menos la mitad del tráfico de cocaína que entraba a México desde Sudamérica. Lo llamaban [música] el Señor de los Cielos porque movía droga en aviones Boeing [música] 727.
Compraba aeronaves como tú, compras tortillas. Pero Amado no era solo un narcotraficante, era un hombre que gustaba [música] del espectáculo, de la música, de la comedia, de las fiestas con artistas famosos y Paco Stanley [música] era el conductor más carismático de la televisión mexicana. ¿Te acuerdas de los 4 meses que Paco desapareció [música] de la televisión en 1991? Aquí está la respuesta.
Según las [música] fechas que Pepe Cabello, su productor, reconstruyó después, fue en esos meses cuando Paco viajó varias veces a Cancún [música] y a Juárez. fue cuando conoció a Amado. Las partidas de [música] Villar empezaron ahí, las cenas privadas, las reuniones donde Paco hacía reír al hombre más [música] peligroso de México y a su círculo.
Paco volvió a la tele con más dinero, más seguridad y una deuda que nunca iba a poder pagar. Benito Castro, comediante [música] que trabajó con Paco durante décadas, lo confirmó públicamente en el documental El Show, crónica de un asesinato. Amado Carrillo le dio dinero [música] en dólares a Paco Stanley para su campaña al PRI en 1988.
Las palabras de Benito Castro. El mero picudo era su compadre y le dio una lana en dólares para su campaña. Pero la campaña política fue solo el principio. Lo que vino después fue el pacto real. Paco Stanley fundó una productora, la llamó ST Producciones. La razón social era Multiservicios Pavesa. Los socios [música] oficiales Paco Stanley, Benito Castro y Salvador Villalobos.
Pepe Cabello se encargó [música] de toda la construcción del estudio, tecnología de punta, equipo profesional de grabación [música] y maquila de discos compactos, una inversión enorme, pero muy pocos clientes, un elefante blanco con las luces prendidas y el foro vacío. ¿De dónde salió [música] el capital para construir un estudio de grabación profesional si los tres socios eran un conductor de tele, un comediante y un productor sin fortuna propia? La respuesta llegó el día [música] de la inauguración.
Pepe Cabello lo contó así. El día que prendimos el equipo y encendimos todas las luces, ese día llegó el señor [música] amado Carrillo. No llegó solo, llegó con dos suburban blindadas, un Lincoln negro y un [música] grupo de hombres armados. Cabello, recuerda, había una bola de cabrones [música] armados.
Yo dije, “Uf, uf y recontra, uf.” Salvador Villalobos le dijo, “Pásale, ahí está Paco con el señor. Cabello entró, saludó a Amado Carrillo. Mucho gusto, señor. Amado ni siquiera [música] volteó a verlo. Cabello se retiró y cuando se fueron las suburban y los escoltas le dijo a Paco, ay, [música] qué mello. Eso era ST Producciones, eso era Multiservicios Pavesa.
La procuraduría sospechó durante años que el [música] dinero provenía directamente del Señor de los cielos. Y esa propiedad, ese estudio exacto es donde Harfuch está parado [música] a las 4:30 de la mañana. Pero aquí viene algo que nadie ha contado bien. La relación entre Paco y Amado no era de socios, era de [música] patrón y empleado.
Y el contrato no era negociable. O Paco le decía el Señor. No le decía amado, no le decía compadre, le decía el Señor con mayúscula, con su misión. Porque Amado no le estaba haciendo un favor, le estaba dando [música] una orden. Tú pones la cara, tú firmas los papeles, tú recibes el dinero y lo cuidas.
Y a cambio yo te protejo, te financio y te dejo vivir como si fueras millonario. Pero el dinero nunca es tuyo, las propiedades nunca son tuyas y el día que yo [música] te las pida devuelve sin preguntar. Pero espera, hay algo que no cuadra en esa historia. Si Paco era simplemente un empleado de amado, ¿por qué lo trataban como amigo? ¿Por qué lo invitaban [música] a las fiestas familiares? ¿Por qué amado fue personalmente a la inauguración de ST [música] Producciones? Los prestanombres del narco no reciben visitas del jefe, reciben órdenes por
intermediarios y, sin embargo, amado fue en persona o con su burban blindadas con un ejército. ¿Por qué? Porque la relación era más profunda de [música] lo que parece. Benito Castro dijo que Amado era compadre de Paco. Compadre. Eso en México significa algo específico. Significa que uno [música] fue padrino del hijo del otro o que compartieron algo que los unió más allá [música] de los negocios.
Durante 5 minutos te conté que Paco era un empleado dócil que hacía lo que le ordenaban. Pues eso no es toda la verdad. Los testimonios de Pepe Cabello, de Benito Castro y de Mario Bezares pintan algo diferente. Paco no solo firmaba papeles, Paco disfrutaba la relación, disfrutaba [música] el poder, disfrutaba sentarse a la mesa con el hombre más poderoso de México y sentir que él también [música] era alguien.
disfrutaba el dinero, los coches, las propiedades, el estilo de vida que su sueldo de conductor jamás le habría dado. Todo lo que te conté sobre esta relación acaba de cambiar. No era solo un prestanombre sometido, era un cómplice que eligió estar ahí. Y eso lo hace más trágico, porque cuando [música] el Señor murió, Paco se quedó solo con las propiedades de un cártel, con la adicción [música] que le había matado a un hijo y con la soberbia de creer que podía decirle [música] no a los hombres que vinieron a cobrar. El Señor así le decía. Y ahora
esas dos palabras empiezan a sonar distinto. Ya no suenan a respeto, suenan a cadena. ¿Cuántas propiedades crees que firmó Paco durante esos 7 años? 10, 15. Piensa un número, porque el que te voy a dar es peor de lo que imaginas. 18 escrituras en cinco estados. 18 veces que [música] Paco fue a una notaría, firmó un papel y puso su nombre en algo que no era suyo, en 18 [música] notarios, que vieron a un conductor de televisión comprar propiedades de millones y no hicieron [música] una sola pregunta.
18 cómplices silenciosos. Y eso que te acabo de contar conecta directamente con algo que Harfuch encontró en el segundo cajón del archivero. Pero antes de que te diga que necesitas [música] saber una cosa más, hay un detalle que nadie conectó. Multiservicios Pavesa tenía tres giros registrados: producción audiovisual, maquila de discos compactos y servicios inmobiliarios.
Servicios inmobiliarios. una productora de televisión registrada [música] para manejar bienes raíces. Eso no lo inventó un conductor, eso lo diseñó alguien que sabía lavar dinero [música] a través de una empresa legal. ¿Quién registró ese tercer giro? ¿Quién armó la estructura? Ese nombre no ha salido en ninguna investigación, pero alguien [música] lo sabe y ese alguien probablemente es la tercera persona que sabía lo que había en esa oficina.
4 de julio de 1997. Amado Carrillo Fuentes entra a un quirófano [música] clandestino en la Ciudad de México. Quiere cambiarse la cara. Cirugía plástica completa. 8 horas de operación. Tres cirujanos. Cuando terminan, Amado no [música] despierta. Muere a los 41 años. Los tres cirujanos aparecieron [música] muertos semanas después dentro de concreto en una carretera.
Y con la muerte de Amado, las reglas del pacto desaparecieron. Los hombres de Amado no tardaron en tocar la puerta. Según la versión [música] del periodista Gustavo Adolfo Infante, le dijeron, “Los terrenos que te dio el jefe amado.” Le exigieron que devolviera todo. Y Paco Stanley les respondió con siete palabras: “A mí no me estén molestando.
Si alguna vez en tu vida alguien te cobró una deuda que no era tuya, sabes lo que se siente.” Pero Paco no le debía dinero [música] a un banco, le debía propiedades a un cártel. Volvamos a [música] la propiedad. Mismo lugar, misma hora. Harf sigue revisando las fotografías [música] del archivero.
Pero ahora que sabes lo que pasó entre 1991 y 1997, todo lo que Harfuch tiene enfrente significa algo completamente [música] diferente. Las 18 escrituras. Ya sabes [música] de dónde venía el dinero. Los recibos de las islas Caimán. Ya sabes que [música] el último depósito fue 10 días después de la muerte de Amado, la fotografía del billar, ya sabes quién era el hombre del bigote y la cuenta de multiservicios [música] Pavesa.
Ya sabes que no era una productora, era una lavadora. Para un momento con eso. Cada vez que [música] tú te sentabas a comer con tu familia y prendías la tele para ver a Paco, él ya había firmado otra escritura. Ya había recibido otro depósito. Ya había dicho, “Sí, Señor, una vez más.” Y tú no sabías. Nadie sabía. El hombre que te hacía reír a la hora de la comida era el prestanombres del narco más poderoso de México.
Aquí viene lo segundo [música] que te prometí. ¿Quién era realmente el Señor y qué pidió a cambio? Lo acabas de escuchar, amado Carrillo Fuentes, el Señor de los cielos. Le pidió su nombre, su firma y su cara. A cambio le dio dinero, protección y un estilo de vida que ningún conductor de televisión podía sostener. Pero todo eso tenía una condición invisible que nunca era tuyo.
Y cuando el Señor murió, la condición se cobró. Harfuch toma el sobre manila de la caja de evidencia, lo voltea, lo examina por ambos lados, no lo abre, lo describe en voz alta [música] para el acta. Sobre Manila tamaño carta, cinta adhesiva deteriorada, [música] leyenda manuscrita. En caso de mi muerte, entregar a mi hijo Francisco. Peso estimado, cuatro hojas, tinta azul visible a contraluz.
pone el sobre de regreso en la mesa. Un perito se acerca. Lo abrimos. Harf mira la leyenda [música] otra vez. Todavía no. Pero antes de que se abra ese sobre, necesitas saber algo que nadie te ha contado. Porque lo que le pasó a [música] Paco Stanley no es solo la historia de un hombre, es la historia de un sistema.
Y si no entiendes el sistema, lo que vas a escuchar del sobre no tiene el peso [música] que debería tener. ¿A ti te parece normal que un narcotraficante pueda poner 18 propiedades a nombre de un conductor de televisión y que nadie pregunte nada durante 7 [música] años? Porque no era solo Paco.
El sistema de prestanombres del narcotráfico mexicano en los 90 funcionaba con una lógica simple y brutal. Los narcos [música] necesitaban gente con cara limpia, nombre público y credibilidad social para registrar propiedades, empresas y cuentas bancarias. Actores, cantantes, deportistas, políticos, gente que el sistema financiero no flagueara.
Gente cuyo nombre en una escritura no levantara sospechas. ¿Sabes cuántos pasos tiene el proceso de lavado de dinero a través de un prestanombres? Tres. Solo tres. Primero, el dinero del narco entra a una cuenta empresarial disfrazado de inversión o servicio. Segundo, esa cuenta paga una propiedad a nombre de la empresa.
Tercero, el prestanombres firma [música] como representante legal. Listo. Ahora la propiedad es legal. Está a nombre de una empresa de televisión. Nadie pregunta o nadie investiga. Y si algún día la autoridad toca [música] la puerta, el que va a la cárcel no es el narco, es el que firmó, es el prestanombres, es Paco.
Los notarios lo sabían. Veían las escrituras, [música] veían las cifras, veían que un conductor de televisión no tenía cómo pagar un terreno de 2 millones de dólares en Cancún y firmaban igual, porque los notarios [música] también tenían un patrón y ese patrón no era el estado, era el [música] cártel. En los 90, la DEA documentó que el cártel de Juárez usaba una red de al menos 40 prestanombres [música] en México, 40 personas con cara limpia que firmaban papeles [música] para Amado Carrillo.
Paco Stanley era una de esas 40. Pero el sistema no solo funcionaba con el narco. Piensa en tu propia vida. ¿Cuántas veces has visto que alguien trabaja, produce, crea y otro se queda con el beneficio. Con cuántas veces has visto que [música] el que pone la cara no es el que se queda con el dinero. El sistema del prestanombres no es exclusivo del narco.
Es el mismo [música] sistema que opera en empresas, en la política, en familias. El que firma no es el dueño. El que manda no aparece en ningún papel. Y cuando algo sale [música] mal, el que paga es el que puso la cara. Paco Stanley puso la cara y la cara le costó cuatro balas. ¿De verdad crees que eso terminó en los 90? Estamos en 2026.
Han pasado casi 30 años. Las propiedades siguen registradas, los notarios siguen ahí. El sistema sigue funcionando. Cambiaron los nombres, [música] pero el mecanismo es el mismo. Y si no me crees, pregúntate esto. ¿Cuántas [música] propiedades de lujo en Cancún, en Los Cabos, en la Riviera Maya? Están a nombre de empresas fantasma cuyos socios reales nadie conoce.
La respuesta te asusta y debería. Ahora tú entiendes algo que la mayoría de México no entiende. No fue solo Paco, fue un sistema y ese sistema no murió con Amado Carrillo. Sigue vivo, sigue funcionando y sigue usando gente con cara limpia para esconder dinero sucio. Volvamos a la propiedad. Son las 5:15 de la mañana.
Harfuch toma [música] el sobre Manila otra vez. Lo tiene en las manos. Lo siente. Es ligero, cuatro hojas. Pero lo que pesa no es el papel, es lo que dice. Un perito se acerca con una lupa, examina el [música] borde inferior del sobre sin abrirlo. Ahí, casi invisible, hay algo escrito con lápiz, muy pequeño, apenas legible. Una fecha, 7 de junio [música] de 1999.
7 de junio de 1999. Esa es la fecha del asesinato de Paco [música] Stanley. A alguien escribió la fecha de su muerte en ese sobre. ¿La escribió Paco antes como una profecía? ¿O la escribió alguien [música] después? ¿Alguien que sabía que esa era la fecha y que entró a esta oficina después del asesinato para dejar [música] el sobre aquí? Todavía no lo abran, dice Harfuch.
Primero quiero [música] que el perito documental registre esa fecha. Quiero saber si la tinta del lápiz es anterior o posterior a la del interior. Antes de que escuches lo que dice el sobre, necesitas saber lo que pasó ese día, porque sin eso lo que vas a escuchar no tiene sentido. Es 7 de junio [música] de 1999, son las 10 de la mañana, Ciudad de México.
Hace calor, el cielo está despejado. Paco Stanley [música] está en el foro de TV Azteca conduciendo una tras otra. Llevaba 6 meses ahí. Televisa lo había corrido por fax después de más [música] de 20 años. OTV Azteca lo recibió. Mismo formato, Paco y Mayito. Pero Paco [música] ya no es el mismo. Lleva 2 años durmiendo mal. 2 años sabiendo que alguien quiere lo que [música] él firmó.
Dos años cargando un sobre que escribió para un hijo en caso de que lo mataran. Tiene 56 [música] años, cuatro hijos de tres mujeres, un primogénito muerto, un hijo menor [música] al que apenas empieza a reconocer, una esposa que carga con todo y un secreto que no [música] le ha contado a nadie, que los hombres de amado lo visitaron tres veces, que la tercera vez trajeron armas, que le dijeron que iban a buscar a sus hijos.
Esa mañana [música] entra al foro como si nada. saluda al público, se pone su micrófono. Pezares llega [música] con una férula en el pie. Paco le hace broma al aire. Mire lo que le pasó a Mayito, el inútil, por patear a sus hijos. El público ríe, Paco sonríe o detrás de esa sonrisa hay un hombre que sabe que alguien lo está buscando.
El programa transcurre sin problema aparente, pero hay un momento que nadie [música] entendió en su momento. Paco se ausenta del foro unos minutos. Nadie sabe a dónde fue, nadie sabe con quién habló. regresa y dice que no pasa nada, pero su cara dice otra cosa. Algo cambió en esos minutos, algo que no está grabado.
Al final del programa, Paco mira a cámara, dice algo que parece un chiste, pero no lo es. Sus últimas palabras en televisión. Qué buena suerte tengo, Dios mío. Ay, qué suerte he tenido de nacer. Un hombre amenazado de muerte por un cártel dice, “Qué suerte he tenido de nacer.” Y nadie se pregunta si [música] estaba hablando en serio o despidiéndose.
Termina el programa. Paco se quita el micrófono, le dice a [música] su equipo que van a desayunar. Eligen el charco de las ranas o un restaurante [música] sobre periférico sur. Es un lunes normal, hace calor. El restaurante [música] está lleno. Los acompañan Mario Bezares, el periodista Jorge Gil, el chóer Jorge García Escandón y un grupo de escoltas.
Se sientan en una mesa, Paco pide su comida, platican. Todo parece normal, pero hay algo que no es normal y que nadie notó en ese momento. El chóer estaciona la camioneta de Paco en una posición específica con la [música] puerta del conductor apuntando hacia el puente peatonal que cruza periférico frente al restaurante.
Desde ese puente se tiene una línea de tiro directa [música] a la camioneta. Casualidad. La Procuraduría nunca [música] investigó eso. Al terminar de comer, Paco y Jorge Gil se adelantan a la camioneta. Pezares se queda adentro del restaurante. Dice que fue al baño. Dice que recibió una llamada telefónica y se alejó para [música] contestar.
El escolta principal se dirige a su propio vehículo separándose de la camioneta de Paco. Y el chóer, que supuestamente [música] está ahí para protegerlo, no recibe ni un solo rasguño. 20 años trabajando [música] juntos, Paco y Bezares, todos los días, todos los programas, todas las comidas. Y el único día que se separan 30 [música] segundos es exactamente cuando llegan los sicarios.
Esa coincidencia destruyó la vida de Bezares [música] durante 2 años y la respuesta sigue abierta. Son las [música] 12 del día, lunes soleado. Periférico Surleno de coches. Paco abre la puerta de su camioneta, se sienta. Jorge Gil se acomoda a su lado. En ese momento exacto, dos hombres bajan corriendo del puente peatonal. Armas automáticas.
Bajan las escaleras del puente a [música] toda velocidad. Se acercan por el lado del conductor. Disparan más de 20 veces. El sonido de las balas se escucha a tres cuadras. Cuatro balas le entran en la cabeza a Paco Stanley. Jorge Gill recibe un balazo en la pierna. Un transeunte inocente que camina por la [música] banqueta muere por una bala perdida.
Dos personas más resultan heridas. [música] Los sicarios desaparecen entre el tráfico de periférico como si nunca hubieran estado ahí. Bezares no estaba [música] en la camioneta. El escolta estaba a metros de distancia. El chóer no recibe un solo disparo. Paco Stanley tiene 56 años. Muere [música] en el asiento de su camioneta.
La sangre escurre por la puerta, los vidrios [música] destrozados. El olor a pólvora se mezcla con el ruido del tráfico. Una mujer grita. Jorge Gil, herido en la pierna, está en shock. Televisa y TV Azteca interrumpen su [música] programación. Millones de mexicanos lloran o Ricardo Salinas Pliego sale al aire. Hoy le tocó a Paco, mañana [música] le puede tocar a usted o a mí.
Al día siguiente, la Procuraduría informa dos cosas. medio gramo de cocaína entre la ropa de Paco y una credencial de la Secretaría [música] de Gobernación con autorización para aportar armas, un conductor de [música] televisión, credencial de gobernación, cocaína en el bolsillo. Esas tres cosas juntas no caben en la misma frase.
Esa noche, cientos de personas se congregan [música] afuera de la funeraria. Patricia Pedroza llega con Francisco Junior y Leslie. Paul, de 14 años llega por separado con su mamá. Llega como el hijo que pocos conocían. Francisco Junior habla con la prensa. Paul se queda en una esquina viendo cómo enterraban al padre que no lo nombró.
Si alguna vez fuiste a un funeral donde no te dejaron llorar como querías, ONU entiendes lo [música] que vivió Paul esa noche. Y eso es lo que vivió. Y eso es exactamente lo que explica lo que Harfuch encontró escrito en ese sobre. 1999. Tú viste esa noticia. Tú estabas en tu casa cuando interrumpieron la programación.
Tú viste las imágenes de la camioneta con los vidrios destrozados y lloraste por un hombre al que creías conocer. Todos lo hicimos, pero ninguno sabía lo que vas a escuchar ahora. Regresamos a la oficina. Son las 5:30 de la mañana. El perito documental ha terminado de examinar el sobre. confirma que la fecha [música] escrita con lápiz en el borde inferior es de trazo distinto a la leyenda manuscrita del frente.
Dos manos diferentes. Alguien que no era Paco escribió la fecha de su muerte en este sobre. A lo que significa que alguien [música] entró a esta oficina después del 7 de junio de 1999. alguien que tenía la llave de una puerta de acero reforzado que no aparece [música] en ningún plano. Alguien que sabía que el sobre estaba aquí.
Harf lo toma con [música] guantes de látex, lo abre con cuidado. La cinta adhesiva cruje, el papel está [música] amarillento. Adentro hay cuatro hojas dobladas en tres partes. Caligrafía firme pero apresurada. Pinta azul, sin fecha, sin encabezado. Empieza directo, como si cada palabra costara.
Harf lee el primer párrafo en silencio. Lo lee otra vez, mira al perito, no dice nada, regresa al sobre. La primera hoja es una lista, 18 propiedades, las mismas de la carpeta verde. Al lado de cada una, Paco escribió el valor estimado en dólares y un conjunto de [música] iniciales, no las suyas. En 14 de las 18, las iniciales son ACF, Amado Carrillo Fuentes.
Las otras cuatro tienen iniciales que los peritos todavía no han vinculado, pero lo que llama la atención no son las iniciales, son los valores. Los valores que Paco anotó suman en total 7,300,000. 7,300000. Con eso se compraban [música] en esa época 115 casas de interés social en la ciudad de México. 115 familias habrían [música] tenido techo con lo que Paco Stanley firmó para un narcotraficante.
Un perito se acerca a Harfuch. Hay algo más en la primera hoja. Dice, “En la esquina [música] inferior derecha con letra más pequeña que el resto, Paco escribió una nota al margen. Ninguna es mía, todas son [música] del Señor.” Ahí está otra vez el Señor. La segunda hoja describe el acuerdo. Opaco no usa la palabra prestanombres, usa otra, resguardo.
Yo resguardo estas propiedades a cambio de protección y financiamiento para mis proyectos. Describe el mecanismo. Amado compraba propiedades [música] con dinero del cártel. Las ponía a nombre de Multiservicios Pavesa. Paco firmaba, pagaba servicios, impuestos, mantenimiento. A cambio recibía financiamiento para ST Producciones, dinero para su campaña y un estilo de vida que su sueldo no [música] podía sostener.
¿Tú le creerías a un hombre que escribe yo resguardo en vez de [música] yo lavo dinero? Porque eso es lo que hacía. Pero ni siquiera en una [música] confesión privada, en un sobre para su hijo, se atrevió a usar la palabra real. Hasta en la muerte, Paco Stanley seguía cuidando las apariencias. [música] La tercera hoja es un testimonio de miedo. Aquí la letra cambia.
Es más irregular, más apresurada o como si la mano temblara. Describe las tres visitas después de la muerte de Amado. Me buscaron tres veces. Primera, una conversación en un restaurante. Devuelve los terrenos del jefe amado. Paco describe al hombre que se sentó frente a él. No da su nombre, lo describe físicamente. Dice que el hombre no [música] pidió nada, ordenó.
Segunda visita. Llegaron a las inmediaciones de su casa dos camionetas. La próxima no vamos a hablar. Paco escribe que esa [música] noche no durmió, que Patricia le preguntó que tenía y él le dijo, “Nada, otra mentira, otra máscara. Tercera visita, la amenaza directa. Me dijeron que si no devolvía todo, iban a buscar [música] a mis hijos, a sus hijos, al que ya estaba muerto por la cocaína que él mismo le puso enfrente, y al que acababa de volver de Inglaterra.
para trabajar con él en televisión. Si alguna vez alguien amenazó a tu [música] familia para quitarte algo, sabes lo que se siente en el estómago, sabes que [música] el mundo se detiene y sabes que a partir de ese momento ya no duermes igual. Paco no volvió [música] a dormir igual y, sin embargo, salía todos los días a [música] hacer chistes en televisión.
¿Cómo se hace eso? ¿Cómo te paras frente a [música] una cámara y haces reír a millones cuando sabes que alguien quiere matarte? La respuesta es simple y es terrible, porque no tenía otra opción. Porque si dejaba de [música] salir en televisión, si desaparecía, si huía, eso confirmaba que tenía algo [música] que esconder y entonces iban a buscar a sus hijos más rápido. Harfuch se queda quieto.
Solo se escucha [música] el viento entrando por una ventana rota. Afuera, un perro ladra. Un perito tose. Nadie habla. El silencio dura varios segundos. La cuarta hoja, la que más pesa, porque ahí Paco no habla de dinero, no habla de propiedades, no habla de [música] cárteles ni de amenazas, habla de su hijo, del primero, del que murió.
Escribe que Francisco no murió de un infarto. Escribe que su hijo [música] tenía un problema de adicción que él mismo le había puesto enfrente. Escribe que la cocaína que destruyó a su primogénito era la misma que él traía a su casa desde hacía años. La misma que compraba con dinero de las mismas cuentas que manejaba [música] para el cártel.
y escribe una frase que Harfuch leyó dos veces. Solo de pie en una oficina [música] que olía a papel viejo y a culpa acumulada. Lo maté yo con lo que traje a esta casa. El silencio dura varios segundos. Solo se escucha el viento [música] en la ventana rota del segundo piso. El ancla sonora confirma que el video sigue. Nadie se mueve. en propiedades o $10,000 cada tercer día.
Y cuando murió, su hijo Pauló [música] de eso porque nunca fue de Paco, fue de el Señor. Aquí viene lo tercero que te prometí. Lo que Paco escribió sobre la [música] muerte de su hijo, lo acabas de escuchar. Un padre confesando en cuatro hojas que la cocaína que mató a su primogénito era la misma que él traía a su propia casa con dinero del narcotráfico.
Lo maté yo. Tres palabras que un padre le escribe [música] a otro hijo que ya está muerto. Porque el sobre dice entregar a mi hijo Francisco. Pero Francisco, [música] el primogénito, ya había fallecido cuando Paco escribió eso. Lo que significa [música] que Paco se refería a Francisco Junior, a Paco Junior, el hijo de su segundo matrimonio, el que estudió derecho, el que viajó [música] a Inglaterra, el que volvió a México y empezó a trabajar con su padre en TV [música] Azteca meses antes de que lo mataran.
Mi hijo terminó su carrera de abogado”, contó Paco semanas antes de morir. “Él ama su carrera, [música] pero le pedí que colaborara conmigo. Fui egoísta.” Paco Junior nunca recibió el sobre. Si alguna vez cargaste una culpa que no le pudiste contar a nadie, ni a tu esposa ni a tu mejor amigo, entiendes lo [música] que ese sobre significa.
No es una confesión legal, es una confesión de padre. Y la cuarta. Los sicarios que mataron a Paco Stanley fueron identificados [música] años después. No eran del cártel de Juárez, no eran los hombres de Amado, eran del cártel de Tijuana, de los Arellanos [música] Félix. Los mandaron para mandar un mensaje. Si fuiste de [música] amado, eres blanco.
No importa que seas famoso, no importa que todo México te conozca. La procuraduría acusó a los que no fueron, a Bezares, a Paola Durante, al chófer. Un recluso torturado lo señaló. Bezares pasó casi dos años encerrado. Después el [música] testigo se retractó. Un juez los absolvió. Y mientras encerraban a inocentes, los verdaderos asesinos andaban [música] libres hasta que cayeron presos en Tijuana por otros delitos.
Otros presos los escucharon alardear. Nosotros matamos al [música] de la tele. Nadie los investigó por eso. Se fugaron los dos, uno en 2003, otro en 2004. Los asesinos de Paco [música] Stanley estuvieron en manos de la justicia presumiendo su crimen y la justicia los dejó escapar. Aquí viene lo cuarto que te prometí.
¿Quién tiene hoy las propiedades? Tres de las 18 escrituras [música] de la carpeta verde siguen registradas a nombre de Multiservicios Pavesa en el registro público de la propiedad a 26 [música] años. Propiedades compradas con dinero del cártel de Juárez siguen a nombre de una empresa fantasma cuyos socios eran un conductor asesinado, un comediante retirado y un productor del que nadie preguntó nada.
Nadie las ha decomisado, nadie las ha tocado. Siguen ahí. Alguien las usa, alguien cobra las rentas, alguien tiene las llaves. ¿Quién? Aquí está lo que nadie te ha dicho. Los otros dos socios de Multiservicios [música] Pavesa, Benito Castro y Salvador Villalobos, siguen vivos. La empresa nunca fue disuelta, nunca fue liquidada.
legalmente sigue existiendo, lo que significa que legalmente alguien sigue [música] siendo responsable de esas propiedades, alguien sigue firmando declaraciones fiscales, alguien sigue pagando el predial y ese alguien sabe dónde están las [música] llaves, sabe quién las usa y sabe por qué ningún gobierno en cuatro sexenios ha tocado esas escrituras.
[música] Tres propiedades del cártel de Juárez a nombre de una empresa [música] fantasma con socios vivos que nunca han sido interrogados sobre esas escrituras. 26 años. ¿A ti te parece normal? Y mientras Paco firmaba escrituras y movía dinero [música] y decía, “Sí, Señor, una y otra vez, su hijo Paulcía sin padre. Paco lo negó.
[música] Paul sabía quién era su papá. Lo veía en la tele todos los días, pero su papá no quiso que el mundo supiera quién era Paul. La relación era un secreto [música] público dentro del medio y un silencio absoluto fuera de él. Cuando mataron a Paco, Paul tenía 14 años. Llegó al funeral [música] como el hijo que pocos conocían.
Francisco Junior habló con la prensa como vocero de la familia. Paul se quedó en [música] una esquina. Con 14 años viendo cómo enterraban al padre que no lo nombró. Hoy Paul Stanley conduce programas en Televisa. Heredó el apellido, heredó la voz, heredó la sonrisa. [música] Ganó la casa de los famosos México 25 años después de que mataran a su padre.
Y durante [música] la final del reality, cuando le hablaron de Paco al aire, Paul se quebró. No pudo contener las [música] lágrimas. Un hombre de 40 años llorando en televisión nacional por el padre que nunca lo reconoció del todo. Y el hijo de Paco, que habló desde la pantalla para decirle que lo perdonaba, no fue Francisco [música] Junior, que estaba ahí atrás en silencio.
Fue Paul el hijo que creció sin apellido público, el que nunca recibió el sobre, el que heredó la sonrisa, pero no la verdad. Paul no heredó las 18 propiedades, no heredó los 7 millones, no heredó las cuentas en las islas Caimán, no heredó el casete con la grabación del 14 de agosto. La verdad estuvo 26 años dentro de un sobre en una oficina [música] secreta y terminó en manos de Harfuch en lugar [música] de las de su familia.
¿Qué hereda un hijo cuando lo único que le dejaron fue un apellido manchado, una pregunta sin respuesta y el recuerdo de un padre que prefirió guardar [música] un secreto antes que abrir los brazos? Esa pregunta no tiene respuesta [música] y eso es lo que te llevas a la cama esta noche. Harfuch ordenó sellar la oficina.
Los recibos fueron catalogados uno por uno. La carpeta verde fue enviada a análisis pericial. Las 243 [música] fotografías fueron numeradas y embolsadas. El sobre Manila quedó en una caja de evidencia con triple sello. El cassete TDK [música] fue embolsado por separado con orden de no reproducción hasta que se complete la cadena de custodia o la fecha escrita con lápiz.
fue fotografiada y enviada a [música] análisis grafológico. La información llegó a una mesa de análisis de la fiscalía. Lo que pasó [música] después no se ha hecho público. Lo que sí se sabe es que las tres propiedades que siguen a nombre de Multiservicios Pavesa nunca han sido objeto de un proceso de decomiso. 26 años [música] sin ningún gobierno, ni el de Cedillo, ni el de Fox, ni el de Calderón, ni el de Peña, ni el de López Obrador. Tocó esas escrituras.
[música] Cuatro sexenios, ocho procuradores y ninguno abrió el expediente de multiservicios pavesa. ¿Por qué? ¿Quién entró a esa oficina después [música] del asesinato? ¿Quién tenía la llave de una puerta de acero reforzado que no aparece en ningún plano? ¿Quién escribió la fecha [música] de la muerte de Paco en un sobre que Paco dejó para su hijo? ¿Y por qué no se llevó el sobre? ¿Por qué dejó el dinero, las escrituras, las fotografías y la confesión de [música] un padre muerto ahí adentro durante 26 años? ¿Qué hay en ese casete que alguien
guardó con la fecha del último depósito? Alguien sabía, alguien tenía acceso, alguien decidió no tocar nada y alguien decidió que ese sobre no iba a llegar a manos de Francisco [música] Junior. Ahora tú sabes lo que había en esa oficina. Ahora tú sabes lo que decía el sobre. Ahora tú [música] sabes quién era el señor.
Y ahora sabes que los asesinos estuvieron presos y los dejaron ir. Eso te pone en un grupo [música] muy pequeño de personas que conocen esta historia completa y eso significa que lo que hagas con esta información importa. Paco Stanley hizo reír a México durante 30 años. Millones [música] lloraron cuando lo mataron, pero lloraron por un hombre [música] que no conocían.
Nadie lo conocía. ni Bezares con ni Benito Castro, ni Pepe Cabello, ni Patricia, ni Paul. El único que conocía al verdadero Paco Stanley era Amado Carrillo y Amado murió dos [música] años antes intentando que nadie lo reconociera. 7 millones de dólares. Sueldo de conductor de televisión. Eso fue lo primero que escuchaste y ahora esas dos frases significan algo completamente diferente [música] a lo que significaban hace una hora.
Ahora sabes de dónde salieron [música] los 7 millones. Ahora sabes quién los puso. Ahora sabes que el [música] hombre que te hacía reír a la hora de la comida firmaba escrituras para el cártel de Juárez y le decía el Señor al narcotraficante más poderoso de su generación. Y ahora sabes que mató a su propio hijo con lo que trajo a su propia casa.
Y hay un dato que no te conté antes, que guardé para el final. En el archivero del tercer cajón, debajo de las fotografías, URFuch encontró algo más, una grabación, un casete, marca TDK, etiqueta blanca con letra que no es de Paco, dice, llamada 14 de agosto de 1997. 14 de agosto de 1997. La fecha del último depósito bancario.
10 días después de la muerte de Amado. El casete no ha sido reproducido. Está en la cadena de custodia. Nadie sabe que tiene grabado, pero la fecha coincide con el día que el dinero [música] dejó de llegar y la letra no es de Paco. ¿Quién grabó esa llamada? ¿Qué se dijo? ¿Y por qué alguien la guardó en la misma oficina [música] que los recibos, las escrituras y la confesión de un padre? La carpeta tiene 18 escrituras, el sobre tiene cuatro hojas, el casete [música] tiene una grabación.
En la última hoja del sobre, después de todo, Paco escribió ocho palabras que Harfuch leyó solo, de pie o en una oficina [música] que olía a polvo y a abandono. Si estás leyendo esto, ya llegaron. El Señor, así le decía Paco a Amado Carrillo, el Señor. La primera vez que escuchaste esas palabras sonaban a un dato más.
La segunda vez sonaban a cadena, ahora la tercera vez suenan a epitafio. El epitafio de un hombre que vendió su nombre y nunca pudo recuperarlo. Que perdió a un hijo por lo que trajo a su casa, que perdió la [música] vida por lo que se negó a devolver y que dejó un sobre para otro hijo que nunca lo recibió. Harfuch cerró el sobre, salió de la oficina, bajó las escaleras.
En la pared del [música] primer piso todavía se leía borroso el logotipo de ese de producciones. El mismo estudio donde Amado Carrillo llegó con su burban blindadas y un ejército privado. El mismo lugar [música] donde Pepe Cabello dijo, “Ay, a quemello el mismo estudio que alguien decidió no demoler durante 26 años, como si supiera que adentro había algo que no debía [música] salir a la luz.
Afuera está amaneciendo. Harfuch sube a la camioneta. El estudio queda atrás con cintas de la fiscalía cruzando el portón. Alguien en el vehículo pone la radio. Suena una canción [música] vieja, una de esas que ponían en los programas de Televisa en los 90, cuando Paco hacía reír a México y nadie sabía lo que había detrás de esa risa.
Harf no cambia la estación. Tres personas sabían todo lo que había en esa oficina. Una fue acribillada en un restaurante, otra murió en una mesa de cirugía. La tercera nunca ha hablado y mientras esa tercera persona siga callada, hay un casete en una caja de evidencia que podría hablar por ella. Guarda [música] este video mañana mándaselo a alguien que necesite saberlo, porque si [música] esto se queda entre tú y yo, no sirve de nada.
Pero si lo escuchan las personas [música] suficientes, alguien va a tener que responder lo que lleva 26 años sin respuesta. El próximo video cuenta la historia [música] del hombre que pagó esas propiedades, el Señor de los cielos. Amado Carrillo Fuentes. Y lo que Harfuch encontró no fue en una oficina, fue debajo de una pista de aterrizaje.
Este contenido es una obra de ficción narrativa con fines de entretenimiento. Las escenas del cateo, los documentos encontrados, los diálogos atribuidos a García Harfuch y las consecuencias [música] descritas son completamente ficticios e inventados. Los datos biográficos e históricos [música] mencionados están basados en fuentes públicas y verificables.