Margarito se empeñó en ser artista. Su debut en los años 50 no fue sencillo; comenzó como extra sin crédito en cintas como
El mariachi desconocido y Soy un golfo, ganándose el reconocimiento de figuras como Germán Valdés “Tin Tan”, con quien colaboró en Las mil y una noches .

Sin embargo, desde el principio, el sistema le impuso etiquetas. Para los directores, Margarito era un “chiste visual”, un adorno curioso para sketches de bofetadas. A pesar de su talento para el canto y la composición, rara vez se le permitió desarrollar una carrera dramática seria. Fue confinado a la caja de cartón de los programas infantiles como Los juguetes de Gamboín, interpretando a un muñeco que cobraba vida, una metáfora dolorosa de cómo la industria lo percibía: un objeto para el entretenimiento ajeno .
El exilio salvadoreño y el derrumbe familiar
Tras la muerte de sus padres en 1960, un golpe que lo dejó sin anclajes emocionales, Margarito se trasladó a El Salvador en la década de los 70. Allí formó una familia con Rosa Urbina Miranda y tuvo tres hijos. Pero la estabilidad fue un espejismo. Los registros hablan de un matrimonio turbulento, marcado por la precariedad económica y la frustración de un artista que sentía haber perdido su estatus. En 1980, el matrimonio se rompió definitivamente y Margarito regresó a México solo, sin un peso en el bolsillo y con los lazos familiares fracturados para siempre .
La lucha en los vagones del metro
El regreso a su patria fue el inicio de un calvario financiero. Olvidado por las grandes productoras, Margarito se vio obligado a cantar en bares de mala muerte y, finalmente, en los vagones del Metro de la Ciudad de México. Con su guitarra a cuestas, iba de coche en coche pidiendo monedas a cambio de una canción o una foto. Su dignidad fue puesta a prueba diariamente frente al desdén de pasajeros que lo veían como un “friki” callejero más del montón. En 2004, intentó defender su honor demandando a una revista por difamación tras la publicación de supuestos secretos turbios, pero la justicia le dio la espalda y el caso terminó archivado .
El renacimiento televisivo y la trampa del humor absurdo
A finales de los 90, el productor Guillermo del Bosque lo rescató de las calles para el programa Al fin de semana. Fue el inicio de una segunda etapa de fama en programas como Incógnito, Vida TV y No manches. Sin embargo, esta nueva popularidad tenía un precio: la humillación. Margarito fue protagonista de bromas degradantes, como ser encerrado en una nevera o ser cargado como un bebé por los presentadores. Un antiguo compañero recordaría después: “Sabía que se burlaban de él, pero necesitaba el dinero para sobrevivir” .

El final en Puebla: Una última foto para el morbo
Sus últimos años fueron un reflejo de la ingratitud de la industria. En 2015, se hizo viral un video de Margarito sentado en una acera de la Ciudad de México, rodeado de bolsas de basura con sus pertenencias tras haber sido desahuciado por no pagar el alquiler . Se trasladó a Puebla, donde vivía de pensiones baratas y pequeñas actuaciones en ferias de pueblo.
En mayo de 2016, tras actuar bajo la lluvia en una feria popular, contrajo una neumonía aguda. Fue ingresado de urgencia en un hospital de Puebla, donde el 15 de mayo su corazón se detuvo a los 79 años . Pero la tragedia no terminó con su muerte. Antes de que se hiciera el anuncio oficial, circuló por redes sociales una fotografía de Margarito agonizando en la camilla, con la máscara de oxígeno puesta. La imagen, supuestamente tomada por un trabajador del hospital, indignó a la opinión pública al mostrar la vulnerabilidad extrema de un hombre que, ni en sus últimos momentos, fue tratado con la dignidad de un ser humano, sino como un objeto para el morbo viral .
Margarito Esparza Nevares fue enterrado en Mazatlán, en medio de un silencio sepulcral y la ausencia de casi todos sus antiguos compañeros de televisión. Su vida fue una paradoja cruel: un hombre pequeño de estatura que cargó con una de las historias más pesadas del espectáculo mexicano, recordándonos que la fama es efímera y que, a menudo, la risa de muchos se construye sobre el dolor de uno solo .