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¡EXPLOTARON LAS PRUEBAS! | HARFUCH Y EL PERITO QUE CONTRADICE A LA FISCALÍA CON UN SOLO DATO

Hay un reloj corriendo, 3 meses. Eso fue lo que un juez le dio a la Fiscalía de la Ciudad de México para terminar de armar su caso contra Juan Jesús, el vigilante de 24 años que hoy duerme en el reclusorio norte, acusado del feminicidio de Edit Guadalupe. 3 meses para completar la investigación complementaria.

3 meses para que 50 abogados, entre ellos exmagistrados y exjueces, encuentren el primer resquicio legal que les permita desmontar esa carpeta pieza por pieza. Y mientras ese reloj avanza sin pausa, en las calles de la Ciudad de México, algo cambió el sábado 25 de abril, algo que no se había visto así antes. La familia de un acusado de feminicidio marchó desde el ángel de la independencia hasta el Zócalo exigiendo su liberación.

No feministas, no activistas de agenda propia, la madre, el padre, la esposa, el hermano y con ellos más de 250 personas que aseguran que el sistema está a punto de cometer un error del que no va a poder desdecirse. Hoy les vamos a contar exactamente qué está ocurriendo dentro de este proceso, qué pruebas están sobre la mesa, qué dice cada parte y por qué los próximos meses van a definir mucho más que la suerte de un solo hombre.

El miércoles 22 de abril comenzó, como cualquier otra audiencia de alto impacto en esta ciudad. Policías formados afuera de los juzgados, camarógrafos empujándose en los accesos, familias esperando en silencio del lado equivocado de una puerta cerrada. Eran pasadas las 10 de la mañana cuando Juan Jesús ingresó a la sala de los juzgados orales en Dr.

La Vista 114, colonia doctores. Era la continuación de una audiencia que había comenzado 4 días antes, el 18 de abril, y que la defensa había logrado extender, usando su derecho a la duplicidad de término constitucional, el mecanismo legal que permite ampliar el plazo de 72 a 144 horas para preparar una estrategia más sólida antes de que el juez decida si vincula o no a proceso.

4 horas después, Juan Jesús salió de esa sala con una resolución encima. vinculado a proceso por feminicidio, prisión preventiva justificada y su próxima cita fijada para cuando concluya el plazo de investigación complementaria. Dependiendo de la fuente, ese plazo es de 3 meses con audiencia intermedia en julio o de hasta 4 meses con audiencia hacia mediados de septiembre.

La fiscalía tiene ese tiempo para fortalecer su expediente. La defensa tiene ese mismo tiempo para construir la refutación. Lo que ocurrió dentro de esa sala en esas 4 horas es lo que hace que este caso no se cierre con esa resolución, sino que apenas empieza a abrirse. Porque mientras el Ministerio Público presentaba su teoría del caso, manchas hemáticas en la caseta de vigilancia, la cartera de Edith encontrada en el baño al que solo los vigilantes tenían acceso, el celular de la joven oculto en las instalaciones del

inmueble y el sistema de videovigilancia apagado entre las 16:23 y las 17:44 horas del 15 de abril, el periodo en que la fiscalía establece que ocurrió la agresión, la defensa intentó entrar al debate con dos peritajes propios. elaborados por especialistas privados contratados por la familia y el juez no lo permitió.

No en esa etapa les explicó las pruebas periciales de la defensa corresponden a la audiencia intermedia. Esperen. La Fiscalía se opuso activamente a que los peritos privados explicaran verbalmente sus hallazgos y el juzgador lo avaló. Solo se permitió leer en voz alta las conclusiones escritas sin poder desarrollarlas, sin poder confrontarlas ante el juez con argumentos técnicos.

en tiempo real, sin el intercambio entre peritos, que es precisamente el corazón de un sistema acusatorio. El abogado Julián Octavio González salió de la sala con una frase que ya circula en los grupos jurídicos del país. El juez vinculó de una manera muy brusca. No me dejó contradebatir en lo que argumentó el MPP.

Ya no nos dejó hablar. Para la defensa fue una audiencia amputada desde adentro. Para la fiscalía fue una audiencia en la que sus evidencias resistieron exactamente lo que la ley exige en esta etapa. inicial, probabilidad razonable de participación, no certeza absoluta, probabilidad suficiente para continuar. Y ahí está la fractura que alimenta todo lo que vino después.

Para entender por qué 50 abogados decidieron unirse a defender a un guardia de seguridad de origen humilde que vivía en San Vicente, Chicoloapan, Estado de México, y hacía 2 horas y media de camino para llegar a su turno de 24 por 24 horas en la Avenida Revolución 829. Hay que entrar a los cuatro puntos técnicos que la defensa tiene preparados y que el juez por ahora decidió no debatir en profundidad.

El primero es el arma. La fiscalía capitalina encabezada por Berta Alcalde Lujá sostuvo públicamente desde el inicio que Juan Jesús atacó a Editt Guadalupe con un desarmador en múltiples ocasiones, perforándole un pulmón y causándole la muerte. Esa versión fue la que se presentó en conferencia de prensa, la que circuló en todos los noticieros, la que quedó instalada en la percepción colectiva desde el 17 de abril.

Pero el médico forense particular contratado por la defensa, el Dr. Salvador Miguel Martínez, llegó [música] a la audiencia con una conclusión diferente. Las características de la lesión mortal no corresponden a un desarmador [música] en forma de cruz. Las heridas, según su peritaje, son compatibles con un cuchillo. Dos instrumentos distintos, dos mecánicas de ataque distintas, dos posibles perfiles de autor distintos.

La fiscalía no ha respondido públicamente a esta discrepancia de manera directa. El segundo punto es la sangre. Según la versión oficial, el cuerpo de Edit fue localizado 38 horas después de haber sido agredida, embolsado y oculto bajo un montículo de arena en el estacionamiento subterráneo del edificio.

En la caseta de vigilancia donde la fiscalía sostiene que ocurrió el ataque, los peritos encontraron manchas hemáticas de color rojo. El Dr. Martínez fue preciso ante el juez sobre por qué eso es un problema técnico serio. La sangre se oxida con el tiempo, se degrada, pierde su color original. A las 38 horas, cualquier rastro hemático debería presentarse negro, quebradizo y reconocible a simple vista como sangre fresca.

Si las manchas son rojas, hay dos posibilidades que la defensa señala. O el ataque no ocurrió en la caseta el 15 de abril en el horario que dice la fiscalía, o los fenómenos cadavéricos descritos en el protocolo de necropsía no corresponden con la fecha de muerte que establecen las autoridades. Es una contradicción que todavía no ha sido explicada públicamente en el expediente.

El tercer punto es el sistema de cámaras. La Fiscalía argumentó que Juan Jesús desconectó deliberadamente el sistema de videovigilancia del edificio durante el tiempo que duró el ataque y que esa acción intencional es uno de los elementos que lo vinculan directamente al crimen. La defensa responde con dos argumentos.

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