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La Triste Historia de Estelita Nunez | Hilga Aguirre le queria robar

La Triste Historia de Estelita Nunez | Hilga Aguirre le queria robar

La triste historia de Estela Núñez. Existo, pero ya no vivo más. ¿Qué tal mi gente de Tutoriales Erverín? Hoy se va a poner bueno el mitote porque vamos a hablar de una mujer que tuvo una de las voces más finas y elegantes de la música mexicana, pero también una vida que estuvo llena de broncas, sacrificios, amores, enfermedades, chismes y hasta pleitos silenciosos con Juan Gabriel.

 Y es que mientras muchos la veían toda elegante cantando baladas, por detrás la cosa estaba más enredada que cable de cargador. Así que acomódense porque vamos a destapar varias historias de Estela Núñez que mucha gente ni conoce. Y claro, antes de arrancar no se les olvide suscribirse al canal para que no se pierdan ninguno de nuestros videos porque aquí el chisme se cuenta completito y sin darle muchas vueltas.

La niña que no quería ser famosa. Blanca Estela Núñez Rodríguez nació en Mexicali, pero la registraron en Guadalajara, Jalisco. Y donde realmente creció y pasó sus primeros años fue en León, Guanajuato, en una familia bastante conservadora y de provincia, donde eso de andar en la cantada no era precisamente motivo de orgullo.

Nací en Mexicali, me registraron en Guadalajara, viví en México, me inicié en Monterrey y sigo aquí. Su papá se llamaba Ramón Núñez y su mamá Esperanza Rodríguez, una señora muy estricta que veía el ambiente artístico como puro mitote, lleno de gente rara y malas mañas. Ponía y le decían, “¿Cómo es posible que vayas a permitir que esta niña ande ahí en el en el rollo del ambiente?” Estela fue hija única porque antes de ella sus padres habían perdido otros embarazos, así que prácticamente la cuidaban como si fuera estampita

bendita. Como yo andaba más con mi papá cantando, pues mi mamá era la que no quería que yo cantara. El problema es que mientras la mamá quería una niña tranquila y derechita, el papá ya andaba viendo en ella una voz fuera de lo normal. Desde chiquita la ponían a cantar en reuniones y ella lo sorprendía porque tenía una voz fuerte, afinada y bien llegada, de esas que hacen que hasta la tía chismosa deje de comer para escuchar.

Para ella como algo que no estaba en sus principios. Pero ojo, porque aquí viene algo que mucha gente no sabe. Estela jamás soñó con ser cantante. A ella le gustaba su vida tranquila en León, sus amigas, la escuela y andar haciendo su relajo normal de niña. Pero el papá traía la necedad de volver la artista sí o sí.

 Y en aquellos tiempos, pues voz y voto de los hijos había poco. Aquí se hacía lo que dijeran los papás y se acabó el corrido. En esa época ni ni voz ni voto tenía yo, o sea, se hacía lo que mis papás decían y ya. Mientras otras futuras artistas eran empujadas por mamás ambiciosas, Acá era al revés. La mamá era la que decía que ese ambiente no le daba buena espina.

 Pero el señor Ramón empezó a meter a Estelita en concursos infantiles, programas y festivales. Y poco a poco aquella niña que ni quería cantar terminó subiéndose a escenarios, viajando y dejando atrás la vida normal que tanto le gustaba. Ni ni pensaba por mi mente, no quería ser ser artista. La cosa se puso todavía más pesada cuando la familia decidió mudarse a Ciudad de México buscando oportunidades.

 Ahí empezó la verdadera friega. El dinero comenzó a escasear y Estela pasó de una vida cómoda en provincia a andar en camiones recorriendo estudios y programas de televisión. Como dicen las abuelas, del plato a la boca se cae la sopa porque la fama todavía ni llegaba y la familia ya andaba pagando el precio. Y aunque el talento de Estela era imposible de ignorar, también comenzó a perder cosas en el camino.

 La escuela empezó a quedarle grande entre viajes, ensayos y programas. Sus papás casi no la dejaban convivir con muchachos porque sentían que cualquier novio podía desviarla de la cantada. La muchacha prácticamente creció vigilada y trabajando desde adolescente mientras otros andaban en bailes y quermes yo creo que de ahí el papá descubrió que podía ser una buena mina de de dinero.

Sin darse cuenta, aquella niña de león que solo quería una vida tranquila ya estaba metida hasta el cuello en un mundo artístico que terminaría cambiándole la vida para siempre. ¿Ustedes creen que Estela Núñez realmente quería la fama o simplemente terminó viviendo el sueño que su papá había imaginado para ella? De cantar en concursos a colarse en la televisión.

Estela Núñez apenas era una chamaquita cuando su vida dio vuelta completa. Tendría alrededor de 10 años cuando sus papás dejaron León, Guanajuato, para irse a Ciudad de México, buscando oportunidades en la televisión y en la música. Y aunque el papá iba todo ilusionado, creyendo que su hija podía convertirse en estrella rápidamente, Estela iba toda sacada de onda porque ella no quería dejar su vida tranquila.

La muchacha extrañaba todo, sus amigas, la escuela, las calles de león y hasta el ladrido del perro aguacatero de la cuadra. Pero pues aquí se hacía lo que dijeran los papás y vámonos recio. La mudanza despegó duro porque el dinero comenzó a escasear. La mamá tuvo que vender propiedades y negocios mientras el señor Ramón se la pasaba buscando cómo meter a Estelita en concursos, estaciones de radio y programas musicales.

 Y no crean que fue de la noche a la mañana. Al principio batallaron muchísimo porque en Ciudad de México había cientos de muchachas queriendo lo mismo y las televisoras estaban llenas de palancas. recomendaciones y artistas ya acomodados. Una de las primeras veces que quisieron meterla a un concurso prácticamente les dijeron que parecía niña de primaria, así de seco.

 Pero el papá era más aferrado que vendedor de seguros, que no tardó mucho en ponerle tacones. La peinaron diferente, le hicieron un chonguito para que aparentara más edad y la volvieron a lanzar al ruedo bajo el nombre de Estela Rodríguez. Y ahora sí, órale, que ganó el concurso. Cuando me vieron, vas para atrás, ¿no? Dijeron, no, no, esta está muy niña, ¿no? Poco a poco empezó a aparecer en programas musicales que en aquellos años eran una vitrina importantísima para darse a conocer.

Participó en Muévanse Todos, conducido por Manuel el Loco Valdés, y también comenzó a integrarse a caravanas artísticas, donde compartía escenario con figuras ya pesadas como Lola Beltrán y los Diamantes. Y aunque aquello sonaba muy elegante, la realidad era otra muy distinta. Muchas veces ni les pagaban un centavo.

Las traían de arriba para abajo. Les prometían entrevistas que nunca salían al aire. Y más de una vez Estelita regresó a su casa toda ilusionada porque según ya iba a salir en televisión. Y tómala que ni la pasaban. Pasaron los programas y no la pasaron. Así se las gastaban en aquellos años, pero ahí seguían aferrados recorriendo estudios, concursos y caravanas artísticas, mientras el señor Ramón andaba feliz viendo cantar a su hija, aunque trajeran el estómago más vacío que cartera en enero.

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