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El CALVARIO que VIVE LUPITA DALESSIO a los 72 AÑOS

Lupita Dalecio es la voz que durante más de cinco décadas sacudió los escenarios de México con una potencia que pocas cantantes en la historia del país han igualado. Lo siento, mi amor, lo [canto] siento. Pero también fue un artista que sobrevivió a todo. Matrimonios que la destrozaron, una adicción profunda a las drogas, momentos en los que estuvo literalmente  a centímetros de la muerte e incluso hijos que se drogaron con ella y que después tuvieron que rescatarla del propio infierno en el que estaba metida.  Y hoy en

pleno 2026, Lupita Dalecio enfrenta algo distinto, ya no es la batalla contra las drogas, sino una lucha contra su propio cuerpo.  En marzo fue hospitalizada de emergencia por una infección viral que le inflamó los pulmones,  le cerró las vías respiratorias y la dejó sin aire para cantar.

El médico le dijo algo que ningún cantante quiere escuchar,  algo tan duro que hoy la tiene peleando día a día contra ello. Este es el duro presente de Lupita Dalesio, lo que estás por conocer te dejará impactado.  Comencemos. Para entender la magnitud de lo que está viviendo Lupita Dalesio, hay que entender quién fue y lo que representa para México.

Lupita Dalesio no es solo una cantante exitosa, es una de las voces femeninas más poderosas que ha dado la música popular mexicana del último medio siglo. Te acuestes sin tocarme. Una intérprete con un registro vocal que combina la fuerza dramática del bolero clásico con la actitud roquera que pocas mujeres de su generación se atrevieron a llevar al escenario.

Su música conecta con un público que no la escucha como entretenimiento, sino como espejo. Las mujeres mexicanas se vieron reflejadas en sus letras de despedidas dolorosas, de hombres que no valoran, de relaciones que se rompen, de orgullo herido que se sostiene con dignidad. Su carrera empezó cuando era apenas un adolescente y desde entonces no se detuvo.

Grabó decenas de álbumes, ganó premios internacionales, llenó el Auditorio Nacional una y otra vez, recorrió América Latina y Estados Unidos en giras interminables y construyó una imagen que para el público mexicano se volvió inseparable de la música ranchera y el bolero contemporáneo.  La forma en que enfrenta el escenario, esa manera de cantar con el cuerpo entero, con las manos abiertas, con la mirada fija, es el sello que millones de personas reconocen apenas escuchan los primeros acordes de cualquiera de sus éxitos.

Pero hay algo en su carrera que la hace única en una industria que premia la imagen perfecta. Lupita Dalesio nunca ocultó lo que vivía detrás del escenario, cuando muchas otras artistas de su generación construían perfiles públicos cuidadosamente fabricados para esconder los problemas, ella habló de sus matrimonios fallidos.

habló de los maltratos que sufrió, habló de las decisiones que tomó y de las que se arrepiente. Y cuando llegó el momento de hablar de las drogas, lo hizo con un nivel de honestidad que muy pocas figuras del espectáculo en español han alcanzado. Esa transparencia es parte de por qué su público la sigue queriendo después de todo lo que ha vivido y por qué su historia importa contarla con la verdad que merece.

La adicción es que la marcaron de por vida. La adicción de Lupita Dalecio a la cocaína no fue un accidente puntual. Fue una etapa que duró aproximadamente 20 años de su vida adulta, un periodo largo que coincidió con el momento de mayor éxito profesional de su carrera. Mientras grababa los discos que la convirtieron en leyenda, mientras llenaba auditorios, mientras ganaba premios y firmaba contratos millonarios, su vida personal estaba siendo destruida en silencio por un consumo cada vez más severo.

Llegó a admitir públicamente en entrevistas dadas años después de su recuperación que en la peor etapa consumía hasta 5 g de cocaína al día. 5 g es una cantidad que para cualquier organismo humano es una sentencia de muerte aplazada. El consumo no era aislado tampoco. La marihuana también formaba parte de la rutina diaria y el alcohol acompañaba todo.

Lupita lo confesó sin rodeos en su bioserie Hoy Voy a cambiar producida por Televisa, donde por primera vez le contó al público en detalle la magnitud del  problema. Había mucho desorden en mi vida, una vida sin sentido, una vida vacía completamente. Los hice pasar muy malos momentos, los avergoncé muchísimo. Eso fue muy triste para mí.

Una enferma no lo ve porque estaba enferma, dijo durante una transmisión en vivo con su amiga María del Sol, que se hizo viral en mayo de 2020 cuando se estrenó el último capítulo de la bioserie. Lo que hizo que su adicción fuera particularmente devastadora es que era una doble vida. Por fuera estaba la artista exitosa, la madre, la figura pública.

Por dentro estaba la mujer que rentaba departamentos para drogarse en secreto, sola, escondida del mundo y especialmente  de sus propios hijos. Esa duplicidad la fue consumiendo emocionalmente al mismo tiempo que las drogas la consumían físicamente. Porque cuando uno vive escondiendo algo durante años, lo que termina destruyéndose no es solo el cuerpo.

Es la capacidad de estar presente, de ser madre, de ser amiga, de ser cualquier cosa parecida a una persona completa. Mis hijos se fueron de mi vida. La gente que me quería, yo la alejé, confesó en una de las entrevistas que dio durante su proceso de recuperación. Es una de las frases más duras que ha dicho y es exacta. Los episodios más oscuros de su vida.

Hay momentos en la vida de Lupita Dalecio que parecen sacados de una película, pero que ocurrieron de verdad y que ella misma se ha encargado de contar con todos los detalles. Uno de los más estremecedores fue la noche del incendio. Lupita estaba pasando por una etapa especialmente oscura del consumo. Esa noche había tomado varias pastillas para dormir y antes de quedarse profundamente dormida había encendido velas alrededor de la habitación que la llenaban de un ambiente que ella, en el estado en que estaba, encontraba

reconfortante. Las velas estaban demasiado cerca de las cortinas de seda. El sueño profundo provocado por las pastillas era tan pesado que no había manera de que ella se diera cuenta de lo que estaba pasando. Las cortinas se incendiaron, el fuego se extendió por la habitación. El humo empezó a llenar el cuarto donde Lupita dormía sin enterarse de nada.

Y fue en ese momento cuando sus hijos, que estaban en otra parte de la casa, vieron el humo saliendo de debajo de la puerta y entendieron lo que estaba pasando. Ernesto, su hijo, fue el que reaccionó. Primero pateó la puerta hasta romperla. Se cubrió la cara con una toalla mojada para poder entrar al cuarto en llamas y sacó a su madre del fuego antes de que el humo o las llamas hicieran lo que las pastillas y la cocaína todavía no habían terminado de hacer. su propio hijo le salvó la vida.

Literalmente. Ese episodio del incendio quedó grabado en la familia de Alesio como un punto de inflexión, pero no fue el único momento donde la muerte estuvo a un paso de llevarse a Lupita. Hubo otro momento, quizás aún más grave en términos de proximidad al final, que ella misma narró la noche en que estuvo a punto de inyectarse heroína.

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