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LA MAS FEA DEL RANCHO RELATOS DE BRUJERIA RELATOS Y LEYENDAS DE TERROR

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A lo largo de mi vida he ido cargando con una culpa, con  una pena. Sin embargo, esa culpa y ese peso que llevo en mis espaldas tiene una completa razón de ser. Y es que desde niña yo fui buena persona. Sin embargo, al crecer y al empezar a involucrarme con la sociedad, me di cuenta de que a veces, por muy buena persona que una sea, la sociedad misma puede encargarse de corromperte hasta terminar convirtiéndote en una persona capaz de hacer lo que sea, con tal de destruir, con tal de vengarse. En mi caso, todo

ocurrió desde que era un adolescente. Yo no era bonita como las demás chicas con las que me rodeaba y esto me traía grandes tristezas.  Algunas noches de melancolía porque yo muchas ocasiones sentía la necesidad de una compañía, de un hombre, de un novio, pero a mí, de entre  mis amigas, era la que nadie quería.

Admito que no fui muy agraciada en mi físico. Eso sí creo que carisma me sobraba, pero al menos no me alcanzaba para lo que yo quería. un hombre guapo, uno que me quisiera. Lo peor es que ni siquiera los feos se me acercaban.  Pero con todo y esto fui creciendo, fui aprendiendo y sobre todo fui enfocándome más en mi trabajo, en mis cosas.

No tuve la posibilidad de estudiar. En mi casa las cosas nunca fueron fáciles y por esa razón es que desde muy adolescente me ponía yo a trabajar de sol a sol. Me gustaba el trabajo pesado, me gustaban también las cuentas, las ventas, así que puse una pequeña bodeguita de abarrotes, la cual con mucho esfuerzo fui levantando poco a poco.

Esto me llevó a que sí, en efecto, era una mujer solitaria sin un hombre a mi lado, pero también por otro lado, mi billetera siempre estaba bien llena. Me sentía contenta de que al menos la vida me bendecía en un aspecto muy elemental. Por ello es que a mi familia, hermanos y mi madre nunca les faltó nada. Los apoyé, pero también yo sentía la necesidad de poder hacer mi vida.

Ahí en el lugar donde yo trabajaba, al ser la dueña, tenía un par de empleados. En su mayoría eran chicas y con ellas había hecho una amistad no tan cercana, pero lo suficiente como para que se dieran cuenta  de que mi vida personal era un completo desastre. Una de estas chicas de nombre Samantha, recuerdo para los tiempos de Navidad me hizo una invitación a una fiesta.

De inicio le dije que no, pero ella insistió argumentando que algunas de las otras compañeras irían. Honestamente yo sentía miedo, ya saben, inseguridad, porque en esas fiestas, pues las chicas van a bailar, a disfrutar y a mí siempre me tocaba no más ir a ver. Pero entre tanto y tanto que insistieron, terminé aceptando y de verdad, en el fondo estaba contenta porque finalmente iba a ir a una fiesta, aunque no llevaba expectativas, pero quién quité y que ahí salía algo, algún galano, algún valiente que se animara a entrarle conmigo. Llegó

el día y me puse un pantalón bien apretado, una blusa ajustada y unas botas, un sombrero. Yo vivía en un pueblo y las fiestas ahí eran con bailes norteños, con bailes gruperos también. Era lo que se usaba en ese tiempo. Cuando llegué al lugar, ahí estaba mi amiga esperándome afuera de su casa y estaban sus dos compañeras a un lado.

Finalmente, mis empleadas me estaban dando la bienvenida a una amistad. Yo estaba feliz, aunque por dentro también sabía que aquello no era lo ideal, porque al final la relación entre jefe empleado se podría distorsionar al interponerse una amistad más personal.  Entramos al lugar. Aquella era una fiesta familiar, pero había luces.

Un pequeño grupo cantando canciones norteñas. La gente se ponía a bailar, había  muchas cervezas, comida y yo empecé a cenar y también me puse a tomarme unos tragos. Vi que mis amigas empezaban a bailar y en eso de estar yo ahí sentada nada más viendo, de pronto Samantha se acercó conmigo y me dijo, “Ven para acá, Julieta.

¿Cómo que vas a estar ahí no más sentada? Aquí se viene a bailar y para eso te voy a presentar a mi primo. Anda, ya nos está esperando. Sentí que se me bajó la sangre.  Tenía miedo. No sabía interactuar con muchachos y tenía miedo de echarlo a perder. Pero no había de otra. Ya iba entonada con tres cervezas y pues hay con todo y todo.

Finalmente llegamos a donde estaba aquel muchacho y Samantha nos presentó. Mira Toño, ella es mi patrona. Es Julieta.  Julieta. Él es mi primo Toño. Y pues bueno, ya que los presenté, ya pueden empezar a bailar. A mí ya me está esperando mi galán, así que no hay que perder más tiempo. Aquel chico se mostró muy amable conmigo, muy cordial.

De inmediato soltó la cerveza, me tomó de la mano y me llevó a la pista. Me sentí muy extraño, pero también muy bien cuando  me sujetó de la cintura, entrelazó sus dedos con los míos y al sonar de aquella canción que retumbaba al ritmo de un cover de los Tigres del Norte, empezamos a bailar.

Ahí estábamos zapateando, levantando el polvo. Aquel Toño me tomaba de la cintura y me pegaba a su cuerpo. Y aunque al principio me incomodaba mucho esa cercanía física, después lo agradecía porque era lo más cercano que había tenido a un hombre. No sería novedad contarles que jamás había tenido intimidad.

Los hombres me huían. Pero también yo era una mujer con sentimientos y con un corazón noble, así que no sé por qué me hice ilusiones en aquel momento. Yo no más cerraba los ojos y me imaginaba que Toño me daba un beso. Y así, entre canción y canción, se nos fue pasando el rato. Estaba sorprendida de que Toño no me soltara.

Y mientras iba siendo más vieja la noche, la gente se iba yendo, pero también iban apagando las luces, creando un ambiente de mayor intimidad. Ya en las últimas pusieron algunas baladas. Yo estaba nerviosa porque aquello se ponía más romántico y veía como las parejas se besaban en la pista.

Bueno, si es que se le puede decir así a un terreno o terregoso, pero finalmente servía para lo mismo. Yo no sabía qué hacer, pero solamente me dejé llevar y cuando menos me lo esperé, Toño me plantó un beso. Yo no sabía qué hacer. Quería esconderme. Me preguntaba si todos habían visto y también qué estaban pensando de mí.

Pero en eso o Toño me tomó y me besó otra vez y otra vez hasta que por fin me dijo en el oído  que quería irse conmigo a otro lugar. ¿Sabes Julieta, este lugar se está poniendo medio aburrido. ¿No crees que sería mejor ir a seguir la fiesta tú y yo solos? Porque ahorita las cosas se van a poner muy aburridas aquí y eso no sería justo porque nos la estamos pasando muy bien.

¿Qué dices? ¿Me acompañas? Yo me quedé sin saber qué hacer, sin saber qué decir, pero al final solo moví un poco la cabeza dándole a entender de que sí. Un rápido nos desprendimos del lugar. Estaba un poco oscuro y casi nadie notó que nos escapamos. Me subí al carrito de Toño y entonces nos fuimos metiendo lo más profundo del cerro hasta llegar a un mirador.

Toño sacó unas cervezas que tenía ahí en su auto en una hielera, abrió un par y nos pusimos a beber. Nos recargamos en el cofre de su auto y entonces fue que él se acercó y siguió besándome. Me gustas mucho, Julieta. No sé qué me diste, pero la verdad es que no me pude aguantar las ganas de besarte  y ahorita menos.

Quisiera que mis labios nunca se desprendieran de los tuyos. Yo no tenía experiencia, pero me fui dejando llevar y entre beso y beso fue que ahí Toño empezó a desvestirme. Él también lo hizo. Después colocó su chamarra en el cofre y me recargó ahí. Siguió besándome y finalmente terminó haciéndome suya.

Yo estaba nerviosa y no más miraba las estrellas. Mientras Toño culminaba el acto, yo sentía que no estaba disfrutando porque ni siquiera sabía que debía sentir. Pero Toño ya se notaba experimentado. Y él sí estaba bien intenso,  bien entregado. Al final todo aquello. Siento que no lo disfruté por nervios, pero realmente fue muy bonito. Seguimos bebiendo y riendo.

Queello fue una experiencia que yo no me esperaba, pero también me imaginé que solo sería cosa de una noche, pero realmente no, porque Toño los días siguientes siguió buscándome. Empezamos a salir. Toño me decía que él trabajaba cerca de la ciudad en una bodega y ahí como no queriendo entre salida y salida nos hicimos novios.

Yo de verdad no me la creía porque Toño no era feo, estaba guapo y tenía su pegue. En cambio, que no era nada atractiva, no entendía cómo se estaban dando aquellas cosas. Mientras tanto, en el trabajo, Samantha y las compañeras  constantemente me apoyaban en esa relación, me felicitaban y, yo, ¿qué les puedo contar? Me sentía asoñada.

veía a Toño unas tres o cuatro veces a la semana al principio. Ya después fueron muchas más, porque debo contarles que a Toño lo despidieron de su trabajo. Él estaba muy triste, llevaba varios años y me dijo que lo corrieron injustamente. Un recorte de personal, algo inesperado y que finalmente terminaría afectándole. Yo me apiadé de él, hablé con él directamente y le dije que no se preocupara, que buscaría una vacante en la bodega que yo tenía para darle trabajo y que así no tuviera que vérselas mal. Finalmente lo contraté

como chóer. Al que ya tenía, ya llevaba meses diciendo que quería buscar otra cosa, así que llegué a un acuerdo con él. Lo liquidé justamente, le di un buen dinero y esto hizo que su puesto estuviera libre para Toño, quien no dudó en agarrar el trabajo. Me di cuenta de que Toño era muy eficiente y era un trabajador de hueso colorado, muy leal a mí, muy atento sobre todo, pero parecía que Toño traía la mala suerte encima en una ocasión que le llenamos un camioncito de mercancías, el cual iba a distribuir la mercancía dentro del

pueblo  y también cerca de la ciudad, pues resulta que justamente saliendo de la bodega a un par de kilómetros, a Toño terminarían asaltándolo y quitando dándole el camioncito con toda la mercancía que llevaba dentro. Toño llegó bien pálido, bien asustado. Aquellos tipos le habían puesto una golpiza y lo habían dejado vivo de puro milagro.

Por mi caso, me preocupé. Tenía miedo que le pasara algo. Yo estaba completamente enamorada de él y no me importaba lo de la mercancía perdida. Fuimos a levantar la denuncia. Fueron horas y horas perdidas porque al final ni agarraron a los ladrones y la policía ni se tomó el tiempo de ir a hacer las investigaciones.

Yo no podía pasármelas suplicándoles que hicieran algo al respecto. Por ello que seguí enfocándome en trabajar. Con esfuerzos, pues conseguí una camioneta con la cual Toño iba a hacer las reparticiones. Yo me preocupaba cada vez que él salía. Tenía miedo de que aquel asalto pudiera repetirse. En este punto recordé de que mi madre, en paz descanse, siempre decía que a la gente que le iba bien en el amor no le iba bien en el dinero y a quien le iba bien en el dinero no le iba bien en el amor.

Pues con esto me di cuenta de que si ya tenía novio, tenía amor en mi vida, por eso es que me empezaba a ir mal en el trabajo, en el dinero, porque más allá de lo que pasó del robo del camión, también cuando hacía inventarios me daba cuenta que faltaba mercancía y también empezaba a faltar dinero en la caja.

Yo no me sentía con el valor de reclamarle a mis empleadas, porque más allá de ser esto también eran mis amigas y de Toño yo no desconfiaba. Él me había sido muy leal y yo creía que él no era capaz de hacer tal cosa. Pero mientras pasaba todo esto, mi madre, quien en ese tiempo todavía vivía, me veía muy preocupada, muy ansiosa y tuve que platicarle lo que estaba pasando.

Mi mamá me dijo que a lo mejor la mala suerte me estaba invadiendo o que a lo mejor había alguna persona que estaba ahí dentro que me estaba traicionando. Y es que mi mamá tenía una gran intuición. Por ello terminó convenciéndome de que visitáramos a una mujer que le sabía a las cartas, a la brujería. Era una especie de adivina y ella seguramente podría ayudarnos a desenmascarar todo ese problema.

Y  yo, como siempre, confiaba en ella, por ello es que accedí para que visitáramos a aquella mujer. La señora se llamaba Elodia. Era una mujer ya viejita, muy sencilla, muy humilde, pero muy amable. Aquella nos recibió y estábamos ahí platicando bien a gusto, tomándonos un tecito de hierbas que ella misma había recolectado. Me sentí en confianza.

Esa mujer proyectaba a tranquilidad una  paz que no podría describirles. Pero estando ahí, le platiqué lo que me pasaba y la mujer se acercó conmigo. Me pidió que extendiera mis dos manos con las palmas hacia arriba. Enseguida ella colocó sus palmas cerca de  las mías y las colocó boca abajo, casi rozando con mis palmas, y entonces cerró los ojos.

La señora respiraba profundamente. No más veía como de repente sacudía el cuello con un ligero espasmo. Inclinaba la cabeza un poquito hacia atrás y luego la giraba lentamente como si estuviera buscando obtener alguna señal, como si su cabeza fuera una antena. La señora abrió los ojos y sacó el aire. se dio la media vuelta y me pidió que me acercara con ella a su mesa.

Mi madre y yo nos sentamos y empezamos a escuchar un veredicto a la par de que la mujer empezaba a preparar unos racimos de hierba, de pirul y de otras cosas, y también empezaba a poner carbón sobre un copal y le vertía alguna especie de piedrita, la cual finalmente con el carbón prendido empezaría a soltar una esencia que era principalmente aromática y que tenía un aroma muy profundo.

La mujer me pidió que me parara junto a ella y mientras yo inhalaba aquel perfume que inundaba la habitación, ella me sacudía con el pirul. Estaba rezando en voz baja y algunas palabras eran en español, otras en dialecto o no sé qué tipo de oraciones serían, pero me fui sometiendo a una atmósfera que de verdad sentía que me estaba liberando, pero lo que no me esperaba era el veredicto o el testimonio que la señora tenía para mí.

Me dijiste que te llamas Julieta, ¿verdad, muchacha? Pues ahí te va. Yo no te puedo mentir. Evidentemente soy vidente, pero también no puedo darte datos completamente precisos. Pero lo que sí sé es que hay alguien de verdad en tu empleo, en tu negocio, que te está tratando de poner el pie. De hecho, son dos personas, pero veo más a una.

La tienes muy pero muy cerca. Y si tú no haces algo, esa persona seguramente terminará con todo y te va a dejar en la calle. Así que, mi hijita, ponte bien las pilas porque tú no te puedes dejar. Tú no naciste para entregarle todo tu esfuerzo a unos vividores y para eso yo te puedo ayudar. Mira, ven, arrímate para acá.

Fui hacia donde estaba aquella mujer. Ella empezó a trasculcar en uno de sus morralitos y entonces fue que sacó una especie de crucifijo. Era una especie de Cristo, pero parecía hecho de ramas. Unas ramas que no se veían muy bien, una forma muy  distorsionada. De hecho, hasta me daba miedo la forma.

La señora me lo entregó en las manos y después me dijo, “Lo único que tienes que hacer, Julieta, es poner esto en la puerta de tu negocio. Ahí lo puedes clavar a la vista de todos. Nadie va a notar para qué es esto ni por qué está ahí.  Así que esto te va a proteger y va a alejar a esas personas de tu negocio.

Te aseguro que muy pronto se irán de tu vida y entonces vas a entender quiénes fueron. Estoy segura de que te vas a llevar una sorpresita porque esto no va a ser nada fácil de asimilar. De verdad me daba mucha intriga lo que la señora me decía, pero todo sonaba a mucha sabiduría, ya que debía seguir sus consejos. Finalmente parecían ser muy simples.

Terminamos la sesión y le agradecimos, le  pagamos. Mi madre y yo regresamos a casa e íbamos platicando al respecto sobre quién estaría haciendo daño en mi negocio. Yo no quise señalar a nadie. Le dije a mi mamá que haría lo que la señora Elodia me pidió  y entonces ya veríamos a quién se le caía la máscara.

Aquella noche, al llegar a la casa, yo estaba muy preocupada. Tenía miedo de que a mi negocio le pasara algo y entonces decidí en ese mismo instante ir a colocar el Cristo. Pero también me llevé a un perro que teníamos en la casa, a aquel lo nombrábamos el chato. Era un perro pitbull muy noble, muy amistoso, pero de alguna forma su apariencia podría ayudar para que el negocio estuviera bien protegido.

Y pues ahí voy. El negocio no estaba nada lejos de mi casa, así que al entrar liberé al perro, le dejé algo de comida y agua y entonces, con la ayuda de un martillo y un clavo, fue que coloqué aquel crucifijo en la parte alta de la puerta.  Ya con todo eso decidí salirme. Me fui caminando a la casa.

Estaba muy tensa, hacía frío y la verdad estaba con la cabeza hecha vueltas, muy confundida. Llegué a casa y me puse a cenar algo con mi madre. Todo aquel ritual de brujería me había despertado el apetito y aunque seguía sintiendo una profunda paz, al momento en que me fui a acostar, créanme que una angustia me invadió. Me quedé dormida como unas dos horas, luego me desperté.

Sentí algo en el pecho como que se me encajaba, como un nerviosismo muy muy agudo. Traté de relajarme y cerrar los ojos, pero de pronto empecé a escuchar los ladridos de muchos perros.  Los perros de ahí del pueblo ladraban y ladraban y no me dejaban dormir, al grado de que empecé a escuchar gritos como si alguien estuviera asustado, como si personas estuvieran armando un argüente.

Me salí a ver qué estaba pasando. Me di cuenta que la gente apuntaba hacia mi negocio y una mujer corrió hacia donde yo estaba. De inmediato me hizo una advertencia. Ay, Julieta, córrele. Dicen que algo pasó en tu bodega. Por favor, no te tardes. Por ahí dicen que se te quisieron meter a robar. Corrí de inmediato.

Quería ver qué estaba pasando. Ya llevaba yo las llaves de mi bodega. Y justo cuando llegué 2 minutos después fue que abrí la puerta y en eso yo no más escuchaba como alguien gritaba ahí entre la oscuridad. Encendí las luces y fui a donde estaba todo aquello. Y entonces descubrí que ahí se encontraba Toño tirado en el piso, mientras que el chato mi perro lo tenía bien pescado de los genitales.

Mi perro le había pescado una mordida básicamente imposible de liberar. Ya ven que esos perros se quedan trabados. Y pues no más Toño se revolcaba. Ahí estaba chillando como un maldito infeliz. Y entonces fue que recordando que hay técnicas para destrabar a esos perros,  le metí un palo en el hocico a mi perro y lo destrabé.

El perro de inmediato me reconoció y se fue corriendo muy amigable hacia mi lado. Incluso hasta tranquilamente se dejó amarrar y tranquilamente lo até de un tubo. Ahí se quedó encadenado mientras que Toño seguía revolcándose en el piso al momento que se desangraba. Algunas personas entraron, traían vendas y demás cosas y ya unos hombres se encargaron de auxiliarlo.

Le quitaron el pantalón, le pusieron vendajes ahí en sus partes. Aquello se veía asqueroso. Era una imagen que no quisiera tener en mi mente, pero es imposible  porque esas cosas no se borran así no más. Ahí entre cuatro lo alzaron y lo treparon a una camioneta. se lo llevaron de urgencia a la ciudad y pues ahí de puritito milagro le salvaron la vida.

Yo no me iba a quedar de brazos cruzados, sobre todo al saber que el hombre que yo amaba y que me había jurado amor se había metido a robar a mi negocio. Tuve que ir a poner una denuncia. Las cosas no se iban a quedar así. Mi madre me acompañó y les dije todo lo que había pasado.

Y con esto se giró una orden de arresto para Toño. Aquello yo sé que no le gustó nada y no la estaba pasando bien él. Pero, ¿saben qué fue lo peor de todo? Que Toño no actuó solo, sino que lo hizo junto con Samantha y otros amigos de esta. Esto se los digo porque Toño no quiso hundirse solo. Él declaró lo que estaba pasando.

Lo que más me dolió fue saber de que el amor que él sentía por mí era falso. Ya declarando en el juicio, él dijo que esa manta le propuso el plan de que me enamorara porque yo tenía dinero, porque solamente conquistando mi corazón podrían debilitarme y entonces podrían robarme hasta dejarme en la calle. Las otras dos empleadas no tenían nada que ver, pero aún así yo estaba muy enojada.

Me sentía una tonta, una estúpida. ¿Cómo pude haber caído en una trampa de ese tipo? De verdad que lloré, pero me dio gusto ver cómo es que Infeliz le dieron 7 años de prisión, a Samantha le dieron cinco, pero ya con eso me sentía yo completamente satisfecha. La señora Elodia tenía razón, pues personas cercanas a mí me estaban traicionando, querían verme hundida.

Lo que más me daba coraje es que lo estuvieron planeando. Ellos incluso habían hecho algunas modificaciones en la ventana. Habían preparado el entorno para que fuera fácil entrar y entonces robarse mercancía, dinero y demás cosas. Aquel seguramente iba a ser su golpe final, pero la brujería y la mala suerte les cayó encima.

Porque yo ya iba bien protegida con los trabajos de la señora Elodia. Me sorprende que todo haya sido tan rápido, tan eficaz. Ahí entendí que el poder de la brujería era algo fascinante, de lo cual no me he podido desprender a la fecha. Hoy ya ha pasado tiempo. Ya incluso Toño hasta salió de la cárcel y Samantha también.

Pero yo ya no vivo en el pueblo.  Lo vendí todo y me fui para la ciudad. Pero hasta donde sé, Toño es un maldito infeliz. Vive solitario, amargado y enviciado porque no puede soportar la idea de que perdió sus genitales, de que vive como un maldito parásito que nunca va a ser capaz de satisfacer a una mujer, que le arrancaron la hombría y que no le queda más que ser un pedazo de con patas que anda por ahí no más estorbando y apestando todo lo que le rodea.

Y para ponerle una cereza a este pastel años más tarde me enteré de que aquella ocasión que le robaron la camioneta a Toño no fue como tal un asalto, sino una cuestión planeada también entre él y Samantha.  Fingieron aquel robo, pero en realidad se quedaron con el camioncito y también con toda la mercancía que este contenía.

Esos miserables realmente tenía ganas de matarlos, pero creo que ya estaban sufriendo demasiado como para seguir ensuciándome las manos. Hasta donde sea y anda metiéndose en problemas nada más. Ya nadie la quiere ni confía en ella. Poco a poco lo han ido segregando  y dicen que también anda por ahí en la calle del vicio, pero de ella no sé tanto.

Al final ahora lo que me importa es mi persona. Y aunque aún sigo sola y no he tenido suerte en el amor, en el dinero me ha ido bastante bien. Lo que me pesa es que en el camino, pues mi madrecita ya se  me fue, ya está con Dios, pero en su momento fue muy importante para que yo pudiera rescatar mi futuro, mi negocio y mis esfuerzos.

Al final la brujería es real. Siempre y cuando la gente quiera confiar en ese poder, les aseguro que se les va a cumplir lo que pidan. Pero también entiendan que a veces hay cosas que pueden salir muy mal. En este caso, creo que todo me favoreció. No he pagado un karma o un precio, pero hay ocasiones donde sí y he sabido de gente que de verdad lo lamenta.

No me gustaría que fueran ustedes. Por ello, manténganse alejados. No sigan mi ejemplo. Realmente no lo he contado esto para que ustedes hagan las mismas cosas,  sino para que entiendan que hay un poder fuerte detrás que puede cumplir o también puede destruir. Con esto cierro mi relato. Hasta la fecha me siento una persona satisfecha, quizá no feliz del todo.

Aún me hace falta un hombre a mi lado, pero sé que ese no es mi destino. Yo vine por otras cosas a esta vida y creo que estoy cumpliendo bien, pero al menos me alegra saber que ya les he contado mi historia y que ahora ustedes podrán juzgarla y podrán juzgarme también a mí, quizá de tonta si quieren, por haberme enamorado de un patán que solamente quería desfalcar mi dinero.

Ho.

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