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HARFUCH EXTRAE la CINTA MACABRA que LUCHA MORENO grabó AGONIZANDO José Juan al lado

Ella tiene 22 años, él tiene 27. Ninguno de los dos sabe todavía que dentro de 6 [música] meses van a estar grabando con Silvestre Vargas. Ninguno de los dos sabe que un papel firmado dos años antes los va a perseguir durante seis décadas. Ninguno de los dos sabe. En la cocina hay una libreta de recetas pegada con un imán al refrigerador, tortillas de mamá, mole de doña Berta, caldo tlalpeño para cuando José Juan se enferma.

La letra es de lucha. La letra de toda la libreta es de lucha. José Juan nunca cocinó. Lucha cocinó hasta el último mes. La recámara principal. Cama de matrimonio [música] sin deshacer, como si la dueña fuera a entrar al rato. La linterna de la gente [música] más joven recorre el techo, las cortinas, los rincones, el closet y ahí está pegado contra el [música] rincón del fondo.

Debajo de una pila de mantillas y rebozos doblados hay un bulto. Arfug mete la mano, saca una caja de madera de cedro 30 cm por 20 atada con cordón rojo y blanco, de los que usan los mariachis para sujetar los moños. En la tapa, una sola palabra grabada a fuego con un fierro de marca de rancho, cursiva hecha a mano, mía.

Tres letras sin acento, sin punto, como si hubiera querido decir mía en voz alta y se le hubiera quedado el acento atorado en la garganta. Harf la pone sobre la cama, mira a sus dos hombres y dice una sola [música] palabra, ábranla. Lo que se cuenta entre los músicos del catálogo Moreno Hernández, lo que se susurra desde hace [música] años en las oficinas de la sociedad de autores.

Lo que un crítico de notitas musicales [música] escribió en 1979 y se retractó tr días después por orden de [música] su director. Fue siempre lo mismo. La pareja firmó contratos en los 60 que ni un abogado de hoy aceptaría leer. Hubo un hombre sin nombre conocido en los registros públicos que se llevó las regalías de tú y yo durante 12 años.

Hubo otro que firmó por ellos el pase del catálogo a una compañía extranjera en 1971. La familia siempre lo negó. Nadie pudo probarlo en un juzgado, pero la versión se quedó en la memoria del medio y de la memoria del medio nunca se sale. Y dentro de la caja, debajo del cordón rojo y blanco, había una libreta con tapas de cuero negro y 14 páginas arrancadas.

    En los próximos 2 minutos te cuento qué decían las otras. Antonia, espérate un segundo conmigo antes de seguir. Quiero que respires hondo, porque lo que viene adentro de esa caja no es lo que tú piensas, no es chisme, no es escándalo de [música] revista, es el último acto en silencio de una mujer que se quedó sola [música] en un departamento de Polanco después de 64 años. de cantar acompañada.

Una mujer que cerró la puerta de su recámara una noche de enero del 25 y se quedó del lado de adentro sola con una caja de madera, una libreta de cuero negro, un cassete sin etiqueta y una promesa que llevaba 30 años cumpliendo en secreto. Lo que Harfus encontró esa noche en el closet es la prueba física de esa promesa y de algo más, de algo que la familia ha negado en redes, pero que el papel de un contrato y el desgaste de unas [música] cintas hoy contradicen.

Antonia, respira. Vamos a entrar. Antes de seguir te debo cuatro cosas. Cuatro cosas que vas a saber [música] hoy en este vídeo, una por una, sin que tengas que esperar al final. Primera, lo que Lola Beltrán [música] le pidió a Lucha que cantara después de su muerte y por qué Lucha lo cumplió 30 años en silencio.

Segunda, ¿cuánto les pagó [música] Orfeón a la pareja por 22 discos que vendieron millones? La cifra te va a doler. Tercera, ¿por qué lucha dejó [música] de cantar en público 13 años antes de morir? La fecha exacta y el nombre que le rompió. Y cuarta, lo que está grabado en el cassete sin etiqueta que está adentro de la caja.

La canción [música] que José Juan le compuso a Lucha en su lecho de enfermedad, que ella iba a grabar el día que él murió y que alguien decidió que nunca debía oírse. Cuatro cosas en orden, sin pausas. Empezamos. Harf abre la libreta. La primera hoja completa después de las 14 arrancadas tiene la letra de lucha, letra grande redonda, de mujer que aprendió a escribir con cuidado en la primaria de Guadalupe, Nuevo León, y dice arriba con tinta azul, fechado 15 de diciembre 1995, una sola línea, carta de Lola y debajo pegada con cinta adhesiva amarillente.

por los años. Una hoja doblada en cuatro. Harf la despega con cuidado, la abre. Es una carta manuscrita. Letra de Lola Beltrán, reconocible, redonda, con las rres alargadas y los puntos sobre las como [música] pequeñas estrellas. Fechada 8 de diciembre 1995, 3 meses y 14 días [música] antes de que Lola muriera en Cuernavaca.

La carta dice cinco párrafos, pero un solo párrafo importa esa noche. El cuarto, Lola le escribe a Lucha palabra por palabra, “Mija, cuando ya no esté yo, hazme un favor que no le pido a nadie más.” En el aniversario [música] de mi muerte, en marzo, cualquier marzo, ve a bellas [música] artes que no te vean entrar, que no te vean salir.

Sube por la puerta [música] lateral y cántale tres compases al cucurrucuku cuupaloma. Tres compases nada más. para que se acuerde, para que sepa que sigo allá arriba, para que entienda que la voz no se acaba nada más porque uno se vaya y firma. Lola, Antonia, escúchame. Ese papel estuvo 30 años pegado con cinta adhesiva en una libreta [música] que Lucha guardó en un closet sin que nadie supiera, sin que nadie preguntara.

Y todos los marzos, desde 1997 hasta el 2012, Lucha tomó un taxi en Polanco a las 5:15 de la tarde. Llegó a Bellas Artes, entró por la puerta lateral y cantó tres compases [música] del cucurucú paloma frente a la sala vacía dos horas antes de que abrieran al público para la función. Los porteros de [música] Bellas Artes la conocían.

Le decían, “Señora, lucha, le abrían la puerta sin preguntar, le dejaban pasar al pasillo trasero del proscenio, la acompañaban hasta el lateral del telón y se hacían a un lado. Lucha entraba sola, caminaba 20 pasos hasta el centro [música] del escenario vacío. Se quedaba parada frente al hueco de las butacas, ese hueco oscuro donde por la noche iban a estar 300 personas.

Y abría la boca tres compases. Cucuru, cucu paloma. No llores, las piedras jamás, paloma, ¿qué van a saber de amores? tres compases. Cerraba la boca, dejaba caer la cabeza 2 segundos, se daba la vuelta, caminaba 20 pasos de regreso y salía sin despedirse. El portero más viejo, un hombre que llevaba 40 [música] años trabajando en bellas artes y que se jubiló en el 2015, le pidió permiso [música] a Lucha en el 2008 para grabarla con un celular.

Lucha le [música] dijo que no. El portero respetó, pero un año después, [música] en marzo del 2009, sin decirle dejó una grabadora oculta [música] en el lateral del telón y grabó los tres compases y los guardó 30 segundos en su celular durante 17 años. Cuando supo que Lucha había muerto, los borró. No quería que nadie [música] los encontrara.

Lo contó el mismo en febrero pasado a un periodista que está preparando un libro sobre los porteros de bellas artes. Pidió que su nombre no apareciera, solo dijo una cosa más. Yo escuché esos tres compases 17 años seguidos y solo una vez la oí cantarlos sin llorar. la de marzo del 2003, cuando todavía pensaba que la vida le iba a regresar [música] a Lola con el tiempo.

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