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ERIC CANTONA: el jugador que PATEABA fascistas

Ella acepta y juntos llegan a un campo de refugiados en AEL Surmer, en la frontera francesa. Desde ahí se trasladan a Marsella, donde nace Eric. El abuelo paterno, por su lado, combate en la Segunda Guerra Mundial y esa historia de desplazamiento y resistencia queda, según el propio cantoná, instalada en su carácter desde la cuna y probablemente dice algo sobre la explosividad de su carácter.

A los 6 años, Eric se suma al Club Barreal Sport Olympics Kylo Les, pero el camino no está atrasado con claridad. En esos primeros años comienza jugando como arquero, quizás por su altura, que con el tiempo llega a rozar el 190 m, pero el talento con la pelota en los pies termina por imponerse y lo desplaza hacia el ataque.

En la adolescencia, sin embargo, lo que más lo forma no es ninguna academia con metodología, sino el fútbol callejero. Eric pasa horas en picados interminables en los juegos barriales de su calle, obsesionado con un balón que para él representa algo que va mucho más allá de un simple pasatiempo. Cuando sus padres lo confrontan por las malas calificaciones en la escuela y le advierten que van a limitarle las salidas a jugar, Eric responde que el fútbol es su verdadero estudio y que a partir de ese momento, a los 15 años, va a dedicarse a él de

forma profesional. Nisa y Auxer se disputan su ficha y Eric consigue el segundo club, donde encuentran el entrenador Guy Rox,  una figura paterna que va a marcarlo para siempre. llega a decir ya consagrado que Francia no lo merece y que es Inglaterra quien sabe valorarlo de verdad. A los 17 años debuta en la League One, la primera división del fútbol francés, pero el camino no es simple.

Pasa por la tercera división, tiene un préstamo en el Martix, en la segunda y solo después de ese recorrido logra sentarse en la élite. En 1987 llega su primera convocatoria a la selección de Francia bajo la conducción del técnico Henry Michelle. No solo es el comienzo de una carrera sólida, también es el escenario de uno de los primeros escándalos que su temperamento explosivo parecía necesitar para sentirse pleno.

Todo ocurre en el invierno de 1988, antes de un amistoso contra el Bayern Munich. El entrenador de auxer ordena a un grupo de jugadores que sean ellos mismos quienes retiren la nieve acumulada sobre el campo de entrenamiento. El arquero Bruno Martini se niega con el argumento de que esa tarea no forma parte de sus obligaciones y recibe una llamada de atención de un integrante del cuerpo técnico por su negativa.

Cantoná, en cambio, no es más directo. Se dirige hacia su compañero y lo castiga con un cabezazo en el tabique que termina mandándolo al hospital. Es la primera vez que el mundo del fútbol francés toma nota de que ese delantero talentoso tiene además una mecha muy corta y un código de honor propio que no admite discusión.  En 1988, el Olimpique de Marsella obtiene el pase de cantoná por el equivalente actual de 3.

4 millones de euros, una cifra récord para el fútbol francés de aquella época. El club, una de las instituciones más poderosas del país, confía en que su estructura y su disciplina van a contener al joven delantero. Pero ocurre todo lo contrario. Desde el primer partido, Cantoná juega con una agresividad que se traduce en tarjetas y en sanciones, que llegan a sumar 3 meses de suspensión por una sola entrada.

Ese mismo año recibe el castigo después de protagonizar una entrada feroz con las dos piernas por delante contra Michel Zakacarian, defensor del Nantes. Meses después llega el episodio que termina de consolidar su fama de jugador imposible de manejar. El técnico de la selección francesa decide no convocarlo para un amistoso contra Checoslovaquia y Cantoná.

No se guarda la opinión. declara en público que el entrenador es un costal de basura y que mientras esa persona siga al mando, él no va a volver a jugar a su país. La frase circula en toda la prensa deportiva francesa y alarma a la federación que lo suspende por un año entero. Ni la propia selección de su país logra contener a este delantero explosivo.

En enero de 1989, durante un amistoso con el Olymique, Cantoná se enoja al ser reemplazado, se quita la camiseta y la roja con desprecio al césped frente a su propio entrenador y delante de todo el estadio. Es otro punto sin retorno. El club decide cederlo al Shiron Deans de Burdeos para sacarlo al menos durante un tiempo de la primera línea de exposición mediática.

La escalada de descontrolene ahí. En su paso por el Montpelier, Cantoná protagoniza un cruce con su compañero Jean Claude Leemolt. Para demostrarle su enojo, le arroja sus propios botines a la cara. Un episodio que termina de partir al plantel. Están quienes lo respaldan con Lauren Blan y el colombiano Carlos el Pibe Valderrama la cabeza y aquellos que prefieren tomar distancia de su figura.

A pesar del clima interno tenso, esa temporada deja un consuelo junto a Valderrama. Cantoná ayuda al Montpelier a ganar la Copa de Francia. Es una dupla breve pero contundente dentro de la cancha. Después de esa etapa, Cantoná regresa Marsella, ahora con Franz Beckenbauer como entrenador. La leyenda alemana logra por un tiempo sacar lo mejor de un delantero que mejora su rendimiento y ayuda al club a ganar dos ligas en tres temporadas.

Pero la calma dura poco con la llegada de un nuevo técnico, Raymond Gotals, que decide planificar el equipo sin contar con él, Cantona vuelve a perder protagonismo y a chocar con el cuerpo técnico. El quiebre definitivo llega en el Nims en un partido contra el Sanend, en desacuerdo con una sanción arbitral cantonal y arroja el balón a la cara al árbitro.

El hecho le cuesta la expulsión inmediata y una sanción de cuatro partidos que él considera injusta desde el primer momento. En lugar de aceptar el castigo, decide presentarse en persona ante el Tribunal de Disciplina de la Federación Francesa y en plena audiencia llama idiotas a sus integrantes uno por uno. El error le sale carísimo.

La sanción se duplica y pasa a ser de 2 meses de suspensión total. Agotado de sentir que cada uno de sus actos está bajo una lupa permanente, cantoná anuncia su retiro del fútbol con apenas 25 años. El comunicado sorprende a todo el ambiente futbolístico francés que no esperaba semejante decisión de un jugador problemático pero talentoso y en plena madurez deportiva.

Pero el retiro dura poco. Muchos en el ambiente del fútbol francés interpretan la decisión como una sobreactuación y aciertan. El propio Michel Platin icono histórico del fútbol francés, le recomienda probar suerte en la Premier League inglesa, un campeonato que considera más adecuado para sus condiciones físicas y alejado de las polémicas que lo perseguían en su país natal.

Els United se interesa en el delantero y le compra la ficha al Nimes, sin imaginar que con esa transferencia comienza a esculpirse el apodo que va a acompañar a Cantoná el resto de su vida. The King, el rey. En apenas una temporada con el Leads, Cantoná gana dos títulos, la liga inglesa y la Charity Shield, un trofeo que enfrenta al campeón de liga contra el ganador de la Copa Nacional.

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