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Lo que parecía una historia de amor terminó en una tragedia inimaginable…

El 27 de febrero de 2018, la tranquila comunidad de Deltona, al este de Florida, despertó con una noticia que el haría la sangre a cualquiera. El hallazgo del cadáver de Patrick Delera, un joven de 25 años en el interior de su propia vivienda, no solo conmocionó a sus vecinos, sino que planteó un enigma que parecía sacado de una película.

La brutalidad de las heridas ejecutadas con una frialdad escalofriante apuntaba directamente a un móvil personal y a un profundo rencor. Para el investigador Chad Weaver, el caso de Patrick dela fue desde el principio un desafío mayúsculo, una investigación que bordeaba lo obvio, pero carecía de pruebas contundentes, un rompecabezas digno de un guion cinematográfico y así resultó ser.

La historia de Patrick comienza en el Miami de junio de 1992. Hijo de Max de era, un español de pura cepa y Patricia Ronsa, una francesa que había cruzado el charco en los años 80. Patrick creció en un hogar donde el amor y el respeto eran los pilares fundamentales. Era un chico brillante, sociable y de buen corazón, capaz de iluminar cualquier reunión y de forjar amistades duraderas.

Sus padres, aunque no nadaban en la abundancia, se esforzaron por darle una educación ejemplar. Siguiendo los pasos de su padre, Patrick se inclinó por el mundo de la construcción, una carrera que compartiría con Max. El destino, sin embargo, quiso que durante sus años universitarios sus padres, tras casi un cuarto de siglo de matrimonio, tomaran caminos separados.

La separación fue un remanso de paz, sin estridencias ni disputas. Patricia se estableció en Deltona, donde encontraría un nuevo amor y contraería nuevo matrimonio. Patrick, por su parte, optó por quedarse con su padre en Miami, consolidando una sociedad laboral y un vínculo personal que los convertiría en un tandem respetado en el sector de la construcción.

A pesar de la distancia, la familia permaneció unida. Patrick visitaba a su madre con frecuencia y con ella compartía sus inquietudes, sus alegrías y sus sueños. Y uno de esos sueños, el más importante, estaba a punto de hacerse realidad. Heredero de una atractiva mezcla hispano-francesa, Patrick nunca había tenido problemas para conquistar corazones, pero su ideal de vida siempre fue el de sus padres, un amor sólido y una familia propia.

Ese sueño tomó forma en el verano de 2017 en el escenario virtual de un sitio de citas. Siguiendo un consejo de un amigo, Patrick creó un perfil sin demasiada fe en el resultado. Una noche de junio, mientras navegaba sin mucho entusiasmo, la fotografía de una mujer de mirada profunda y sonrisa cautivadora lo detuvo en seco.

Esa mujer era Jessica de Banny, nacida en Orlando en 1988. Jessica era una joven inteligente y decidida que trabajaba en el sector bancario. La comunicación fue inmediata y fluida. Pasaron de los mensajes en la web a las largas conversaciones telefónicas que se alargaban hasta altas horas de la madrugada. La conexión era tan intensa que acordaron encontrarse en un punto intermedio entre sus respectivas ciudades.

Fue en esa primera cita cuando Patrick supo que había encontrado a la mujer de su vida. Jessica, aunque cautivada, sintió un leve temor por la diferencia de edad. Ella le llevaba 4 años. Pero para Patrick eso no era más que un detalle. llamó a su madre para contarle eufórico que había hallado a su alma gemela, a la mujer con la que quería casarse y formar una familia.

Patricia presció la emoción genuina en la voz de su hijo y compartió su felicidad. Sin embargo, la felicidad tenía un obstáculo, la distancia. Durante meses, su relación fue unir y venir los fines de semana, encontrándose en hoteles de pueblos apartados, solo para separarse el domingo por la noche cuando la rutina laboral los reclamaba.

Fue en diciembre de 2017 cuando Patrick dio el gran paso. Se mudó a Deltona para estar cerca de Jessica y compró una casa en un tranquilo vecindario. Con entusiasmo comenzó las reformas imaginando el hogar que compartirían. La mudanza de Jessica estaba prevista para la primavera siguiente. En la víspera de Año Nuevo, Patrick preparó una velada mágica con un espectáculo de fuegos artificiales en el jardín trasero.

Y mientras Jessica contemplaba el cielo iluminado, Patrick se arrodilló y le ofreció un anillo de compromiso. Jessica, sin dudarlo, dijo que sí. Patrick confesó que había buscado el anillo perfecto por todas las joyerías sin éxito y que aquel era un compromiso mientras esperaba la entrega de una pieza exclusiva que él mismo había diseñado para ella.

Los dos meses siguientes fueron una voráine de planes de boda y proyectos de futuro. La aprobación de los padres y la complicidad de la pareja eran absolutas. Soñaban con una gran celebración en Miami o quizás en la campiña francesa, pero la felicidad se truncó de la forma más trágica el 27 de febrero de 2018. Esa mañana, Max de Era recibió una llamada de un mensajero.

Le informaban que no podían entregar un pedido en la casa de su hijo porque nadie abría la puerta. Preocupado, Max intentó comunicarse con Patrick, pero fue en vano. Ago no encajaba y su instinto le dijo que llamara a Jessica. Ella, angustiada, le confirmó que llevaba todo el día intentando contactar con su prometido.

Sin éxito, una inquietante certeza invadió a Max. Algo le ha pasado a Patrick. Jessica no dudó un instante y se dirigió a casa de su prometido. Al llegar, reconoció el coche de Patrick en el camino de Entra. Con sus propias llaves abrió la puerta principal. El cuadro que vio la asumió en el horror más absoluto.

Patrick yacía en el suelo, en un charco de su propia sangre. Entre la entrada y la escalera que llevaba al segundo piso, no mostraba signos de vida. Desesperada, llamó a los servicios de emergencia, pero los paramédicos solo pudieron confirmar el fatídico desenlace. Cuando la policía llegó, una Jessica destrozada soyaba en el jardín trasero, el mismo lugar donde dos meses antes Patrick le había pedido que fuera su esposa.

Entre lágrimas le dijo al oficial, “Sé que no mató. Fue mi exnovio, un hombre rico y obsesivo. Para entender la magnitud de aquella afirmación, hay que retroceder en el tiempo antes de la llegada de Patrick a la vida de Jessica. En esa época, Jessica mantenía una relación con Gregory Bender, un acaudalado empresario que gestionaba su propio fondo de inversión.

Lo había conocido en la universidad. Él era 20 años mayor que ella y la cautivó con su dinero, sus regalos y sus viajes a resorts de lujo. Jessica creyó haber encontrado el amor de su vida, pero pronto notó comportamientos extraños en él. Gregory era posesivo y controlador, vigilaba sus pasos y alejaba a cualquier pretendiente con amenazas.

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