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TODO LOS QUE APOYEN LA CULTURA DE LA MUERTE NO TENDRÁN SALVACIÓN

Digan conmigo, Santo y divino Espíritu. Santo y divino Espíritu, lléname plenamente. Lléname plenamente de tu luz. De tu luz, de tu sabiduría. De tu sabiduría. Así sea. Así sea. Pueden sentarse un momento. Eh, bueno, queridos hermanos, hoy quisiera hacer la introducción con el evangelio y después nos vamos con la primera lectura.

El evangelio, el evangelio de hoy, San Lucas, capítulo 6, versículo 39 en adelante. San Lucas 6:39 en adelante. Que puede haber buscarlo por allí para comenzar a gustarlo. Hoy quisiera, quisiéramos eco de la palabra del Señor. Hoy relájense, respiren profundo que hemos venido a saborearnos un caramelo de chocolate de fresa.

Así es que sereno ustedes, tranquilos. Abran su mente y su corazón cual tierra fértil dispuesta a dejar que la semilla del reino caiga y dé fruto en su vida. No sea en esa tierra a lo largo del camino que el viene y se la roba. Tampoco entre espinos, tampoco entre piedras. Sean ustedes esa tierra dispuesta a recibir la semilla.

Escuchemos el evangelio. San Lucas 6:39 en adelante. Les les añadió una parábola. ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? A ver, pregunten, pregunto. ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? Respondan. No. No. Teológicamente, ¿qué nos está diciendo la Biblia? que usted no debe dejarse guiar por cualquier persona. ¿Por qué no caerán los dos en un hoyo? Porque si usted se deja guiar de cualquier persona, los dos van a caer en el mismo hueco.

Lo que a mí me impacta es por qué si Jesucristo lo dijo tan claro, tan claro, tan claro, todavía existan cristianos que digan que se le puede escuchar a cualquier persona que venga a decirme las tonterías que le venga a su cabeza. Me quedo sin explicación ante cristianos que digan, “Uno debe escuchar al que le llegue.

Eso no importa, eso es lo mismo. Ese será el evangelio según usted.” Escriba otro evangelio. Pero el evangelio según San Lucas, capítulo 6, versículo 39, que es el de Jesucristo, dice, “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?” ¿Sabe qué es un ciego? Aquella persona que nunca ha leído la Biblia, es un borracho, es un asesino, es un sinvergüenza, hoy se convierte a cristiano evangélico, agarra la Biblia, se nombra pastor y comienza a guiar. Vengan, síganme.

Me nombro pastor y de ahora en adelante soy evangelista, profeta, apóstol y otros tontos lo siguen. Los dos van a parar en el mismo hueco. Pero, ¿cuánto daño está haciendo eso en el mundo? Hoy vemos a muchos ciegos guiando otros ciegos. Me encontré a un ciego, guiaba a otros ciegos y me lo encontré en un debate y recuerdo que me dijo que era pastor y le dije, “¿Y cómo se llama su iglesia?” Dijo, “Mi iglesia se llama la iglesia de Jesucristo de Adán antes de pecar.

La iglesia de Jesucristo de Adán antes de pecar. Oh, qué maravilla. Y le dije, “¿Y por qué se llama así?” Dijo, “Porque en mi iglesia, yo soy el pastor y nadie puede entrar al culto con ropa. Todo el mundo tiene que quitarse la ropa.” Porque Adán antes de pecar todos estaban desnudos y ninguno sentía vergüenza.

Si un ciego guía a otro ciego, aquí para acá, para él no. Para ellos no. Tráiglo para acá. No, para acá. Voy a ponerla. Eso. Gracias. Usted lo inspiró el espíritu de Dios, pero usted se está haciendo guiar mal. Ajá. Si quiere ustedes pueden acercarse aquí. Ponen aquí. Acérquese aquí. Yo no yo no le apelizco. Venga, acerque para acá.

Un ciego guiando a otros ciegos. Y los ciegos caían en el mismo hueco, tenían que entrar desnudos al culto. A Petronilo le patina el coco, le patina el coco. Por eso Jesucristo dijo, “Oye, ¿podrá un ciego guiar a otro ciego?” Y ustedes automáticamente dicen, “No.” Pero no es eso lo que están haciendo los protestantes en el mundo hoy día.

Ciegos que guían a otros ciegos. Claro que sí. Claro que sí. Y cuántos católicos que están peor todavía, no peor, sino peor, dicen, “Eso es lo mismo que dejarlo que que lo guíen a uno. Con tal y le hablen de Cristo, pues que cuál es el problema. No, si hay problema. Si no Jesucristo no hubiese dicho eso. Siga. No está el discípulo por encima del maestro.

Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. Ah, el discípulo no puede ser más que el maestro. será como su maestro cuando esté perfectamente teológicamente, ¿a qué nos está llamando Dios? A instru irnos. Un cristiano debe formarse y si no se forma se deforma, ¿o no? Claro que sí. Y dice, “Para usted llegar a ser un maestro, usted tiene que instruir.

” Si el mundo escuchara este mensaje de Jesucristo, no cualquiera se llamaría profeta, apóstol, evangelista, pastor, sino que primero se dejaría formar por uno que esté bien formado y no por cualquier tonto que hoy es un sinvergüenza, mañana agarra la Biblia y tiene comunicación directa y cuando no entiende un pasaje, agarra el teléfono.

Señor, írame esto porque yo no quiero ir a ningún maestro. Dime, dime. Y así engañan a los tontos. La Biblia dice, “No, hay que instruirse.” Entonces, si esto es verdad y es palabra de Dios, porque la estamos leyendo y está escrito en San Lucas del capítulo 6 y 39 en adelante. Pregunto, ¿por qué los católicos tienen tanto miedo al instruirse? Continúo con mis hermanos carismáticos porque creo que ellos están organizando esto.

Yo los amo mucho con todo mi corazón y como los amo le tiro flores. Pero también como los amo, ¿qué padre hay que no corrija a su hijo? Ahá. Sí. No entiendo, sumo, resto, multiplico y dividido y no entiendo cómo un carismático no quiera formarse, no quiera instruirse. Hay dos clases de carismático. El que trabaja con el sentimentalismo, que cree que ser carismático es simplemente brincar, aplaudir, aleluya, gloria al Señor, como los protestantes.

Y hay otro que es el verdadero carismático. ¿Qué sabe que eso sirve? Alabar y bendecir a Dios, que eso es bueno, pero que eso no lo es todo. Un carismático que rema más adentro, un carismático que va más allá, que no se queda con esto, que va a la profundidad, se va instruyendo, se va formando, quiere conocer más, quiere saber más, quiere vivir más, quiere experimentar más la cercanía con el Señor y tener ese conocimiento para ayudar a otros.

Ese es el verdadero y auténtico carismático. Hoy día se está dañando la imagen del carismático por aquellos que creen que ser carismático es simplemente gritar y decir saray saray. No estoy negando que exista el don de lengua, por si acaso. Solo estoy diciendo los carismáticos que no son carismáticos y que por no serlo rayan a este grupo tan hermoso que Dios ha utilizado para hacer maravillas.

Entonces, a ver, observen como las Sagradas Escrituras nos viene a mostrar que tenemos que dejarnos instru ir. Hay maestros. Por eso ustedes verán que en Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, versículo 42, en las primeras comunidades cristianas se resalta que una de las cosas que ellos tenían presente en Hechos 2:42 era, escúchenlo, se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles.

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