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María del Monte le abrió las puertas de su casa — y él se las abrió a los ladrones de madrugada

La pandemia. En abril de 2020 murió uno de los hermanos de María, también llamado Antonio. Y apenas un año después,  en mayo de 2021, murió Juan Carlos, el padre de Antonio, a los 62 años, tras varias semanas ingresado por coronavirus. El pilar del sobrino se desplomaba. La última imagen que España conserva de tía y sobrino juntos en paz es precisamente la de aquel tanatorio.

María del Monte de luto, acompañando a su sobrino en el peor día de su vida. Una mujer que enterraba a un hermano y que al mismo tiempo sostenía al hijo de ese hermano. Era lo que siempre había hecho, cargar con el dolor de los demás para que a los demás les pesara menos. Nadie que mirase aquella fotografía habría imaginado lo que vendría después.

Porque así funcionan las familias. Uno presupone la lealtad. Uno da por hecho que la sangre protege. Que quien comió en tu mesa, quien aprendió  contigo el oficio, quien lloró a tu lado, la muerte de un padre jamás levantará la mano contra ti. María del Monte lo daba por hecho y precisamente por eso, dos años más tarde no vio venir lo que según la acusación se estaba preparando en silencio a pocos kilómetros de su casa.

Cuando murió su padre, algo se rompió dentro de Antonio Tejado. El hombre que lo había sostenido en su lucha contra las adicciones ya no estaba. Y según contaron después  algunos de sus allegados a través de la prensa, el sobrino de María del Monte entró en una deriva difícil de frenar. Hacía años que se había apartado de la televisión.

Tras su paso por Gran Hermano Dúo en 2019 había anunciado que se aislaba para tratarse. “Me voy a aislar y no voy a hacer nada de televisión”, dijo. Entonces, durante un tiempo pareció recuperar el rumbo. Se le vio en familia, haciendo vida sana, lejos de los focos. Llegó incluso a entrenar boxeo, pero la estabilidad le duró poco.

Tras la muerte de su padre, según relató en televisión el periodista Antonio Rossi, citando al entorno familiar, “Hubo malas compañías, un ritmo de vida desordenado y de nuevo el alcohol.” Era un Antonio muy distinto del joven que años atrás aprendía el oficio en el plató de su tía. Aquel sistema que durante tanto tiempo había mantenido unida a la familia, la tía famosa que daba estabilidad, el padre que sostenía, el apellido que protegía, empezaba a girar al revés.

Los pilares iban cayendo uno a uno y el hueco que dejaban no se llenaba con nada bueno. La familia,  que durante años lo había arropado, empezaba a no reconocer al hombre en el que se estaba convirtiendo. Aquí conviene detenerse en un detalle que define toda esta historia, porque la fama de Antonio Tejado nunca fue del todo suya.

Nació prestada. Empezó en el programa de su tía. Creció gracias a su relación con la familia de Rocío Jurado y se alimentó durante años de las revistas y los plató de Tel 5,  que convirtieron sus rupturas y sus polémicas en espectáculo. La misma maquinaria que lo había fabricado como personaje sería más tarde la que se daría un festín con su caída.

En España, la prensa del corazón construye ídolos y cuando conviene los desmonta con el mismo entusiasmo. Antonio fue durante años materia prima de ese mecanismo. Nadie imaginaba todavía hasta dónde llegaría esa caída. Y entonces, en el verano de 2023 ocurrió algo que en su momento  pareció una buena noticia.

Después de un tiempo de distancia, de relación fría o casi inexistente entre ellos, Antonio volvió a acercarse a su tía, retomó el contacto, volvió a aparecer. Para cualquier familia, ese gesto se lee como una reconciliación, como un sobrino que vuelve a buscar el calor de los suyos. Pero hay otra lectura y es la que sostiene la acusación particular.

Según el escrito presentado ante el juzgado de instrucción número 16 de Sevilla, Antonio retomó esa relación con su tía en julio de 2023 con un único propósito. Recavar información sobre la vivienda, las  rutinas, la distribución de la casa, la ubicación de la caja fuerte, lo que guardaba dentro. Conviene subrayarlo con claridad.

Esto es lo que mantiene la acusación y su defensa lo niega de forma atajante. Será un tribunal quien lo determine. Lo que sí está documentado, porque consta en el volcado de su teléfono móvil, es lo que ocurrió en los días siguientes. Antonio le dijo a su tía que quería comprar un reloj de gama alta, que estaba interesado.

Y María, que no tenía motivo alguno para desconfiar de su sobrino, hizo lo más natural del mundo. Le envió fotografías de los suyos. El 16 de agosto de 2023 le mandó la imagen de un Rolex. 9 días después, ese mismo reloj formaría parte del botín. María del Monte no lo sabía, no podía saberlo.

Para ella solo era un sobrino al que quería, preguntando por relojes una tarde de agosto. Pero en algún lugar, según la investigación, los engranajes de aquella madrugada ya estaban en marcha. Volvamos a aquella madrugada al 25 de agosto de 2023 a las 4:40.  Cinco encapuchados saltan la valla trasera del chalet de Gines.

Visten ropa oscura, guantes, pasamontañas.  No registran la casa buscando algo de valor, como haría un ladrón cualquiera. Van directos, según el relato judicial, fuerzan la puerta principal y se dirigen al dormitorio donde duermen María del Monte e Inmaculada Casal. Las despiertan, las maniatan,  las amordazan y las amenazan de muerte para que  les entreguen el código de la caja fuerte.

Inmaculada lo contaría días después con la voz rota ante los medios. Han entrado cinco tíos encapuchados,  nos han dejado sin nada, se han llevado todo lo de nuestra vida. y añadía, “Estamos en shock, horrorizados, no dormimos. Han atacado mi casa, mi habitación.” No era solo el robo, era la certeza de que alguien había convertido su refugio,  el lugar exacto donde dormían, en un mapa para otros.

Lo que se llevaron no eran simples joyas. Según la acusación particular, eran piezas en las que María había ido invirtiendo durante años para asegurarse el futuro. El escrito lo expresa con una frase demoledora. Aquellas joyas iban a proporcionar estabilidad y seguridad económica a las víctimas para el momento de su jubilación.

No le robaron objetos, le robaron la vejez que había planeado. El botín se valoró, según la acusación, en cerca de 1 millón de euros, además de 14,500 € en efectivo. Y aquí aparece el dato que hizo tambalearse cualquier explicación inocente. La velocidad. Según informaciones publicadas por el diario de Sevilla, basadas en las escuchas de la investigación, parte de aquel botín se vendió apenas unas horas después del robo.

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