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¿Por qué TODOS aman a GUILLERMO DEL TORO?

¿Por qué TODOS aman a GUILLERMO DEL TORO?

¿Se han dado cuenta de que todo el mundo parece amar a Guillermo del Toro? Lo peculiar es que en su ser existe un contraste extraño entre la bondad y un reparto de películas lleno de sufrimiento, fascismo, guerras y, sobre todo, monstruos grotescos que hasta la fecha a muchos nos intimidan cada que la vemos.

 Investigué un poco al respecto y lo que encontré sobre su fascinación por estas criaturas me dejó bastante sorprendido, ya que es un tétrico gusto que comenzó desde muy pequeño. Recuerda que la primera película que vio fue Cumbres borrascosas, dirigida por William Weiler, a la que su madre lo llevó cuando era niño. Es un romance gótico con pasiones autodestructivas, corazones rotos, intriga, venganza y fantasmas.

 Si ya conoces el catálogo de Guillermo, quizá esta descripción te suene muy familiar, pero no nos adelantemos tanto. Otra de las películas que más lo marcan en esa etapa es la versión de Pinocho y Walt Disney. En sus propias palabras, cuenta que la forma en la que se retrata una infancia horrible lo dejó cautivado, pues sintió que Disney representó muy bien lo aterrador que puede llegar a hacer sentirse ser un niño.

 Una noche, mientras ve un programa de terror con su hermano, un monstruo en la pantalla lo aterra. Su hermano aprovecha para asustarlo y Guillermo se orina del pánico quedando marcado. Desde entonces sufre pesadillas lúcidas en las que los monstruos lo acechan y lo obligan a mojar la cama, lo que enfurece a sus padres. Pero una noche decide enfrentarlos, les habla y les promete amistad eterna a cambio de que lo dejen dormir tranquilo y levantarse al baño.

Más o menos por esta etapa, Guillermo ya comenzaba a tener una especie de atracción hacia los monstruos, pero esta aumenta gracias a que comienza a ver películas como Drácula, El Hombre del Pantano y Frankenstein. También se enamora de los monstruos gigantes como Godzilla, de los animes japoneses como Astroboy y la princesa Caballero, de las fantasías de cuentos de hadas y de las revistas de efectos especiales.

desarrolla una profunda empatía por estas criaturas, en especial por el monstruo de Frankenstein en la película de James Well de 1931, debido a que hay un par de escenas que lo marcan para siempre y lo conmueven hasta las lágrimas. La primera es la presentación del monstruo de Frankenstein. En la escena, el Dr.

 Víctor Frankenstein conversa con un colega sobre el éxito de su experimento. De repente, ambos escuchan a lo lejos los pasos torpes de la criatura acercándose. El monstruo cruza el umbral de la puerta caminando de espaldas porque ni siquiera el acto de andar le resulta natural todavía. Cuando finalmente se gira hacia la cámara, esta se acerca hasta llenar casi toda la pantalla con su rostro imponente y rígido.

 Pero en ese instante, Guillermo no ve un monstruo, ve algo más parecido a un santo. La razón está en los ojos. Esa mirada fija hacia arriba le resulta profundamente familiar porque la había visto incontables veces en casa de su abuela católica en las imágenes de Cristo y de los santos, quienes casi siempre son representados con la mirada dirigida hacia el cielo en busca de Dios.

 En ese sentido, Guillermo no solo ve un monstruo, ve en Frankenstein a un ser condenado al sufrimiento, un ser más parecido a la forma en la que se representa Jesucristo en la cruz. La otra escena que lo marca es cuando Frankenstein lanza una niña al lago sin darse cuenta de que la está ahogando, pues ella no sabe nadar. La criatura hace esto porque es incapaz de distinguir entre el bien y el mal, así que cree que solo está jugando.

 Esa secuencia es terrorífica, pero nos retrata un ser confundido, perdido e incomprendido. El impacto fue tan grande para Guillermo que ha dicho que es la escena de terror más poderosa de todos los tiempos. Y desde entonces, todo su cine nace con la aspiración de provocar en el público lo mismo que él sintió al verla.

 En su inocencia de niño, Memo no ve el cine ni la televisión como creaciones humanas, sino como fenómenos naturales tan propios del mundo como los árboles o las nubes. Para él, la magia de las imágenes no necesita explicación hasta que su padre consigue una cámara superocho para filmar a la familia. En ese momento, Guillermo descubre que esa magia podía fabricarse y en ese instante decide que él también quiere ser mago.

Su padre, Federico del Toro comercia autos. No es una persona que entienda del todo las obsesiones y sueños de su hijo y, de hecho, considera caprichos inútiles todas esas ideas que tiene de hacer películas. Esto, sumado a muchas otras cosas en su convivencia, genera una relación tensa con su padre que nunca termina por sentirse del todo cómoda.

 Para Guillermo llega un punto donde ver películas ya no es suficiente. Ahora necesita crear sus propias historias. Sus primeras experiencias como cineasta Mateur son pequeños cortos en donde sus protagonistas son juguetes del planeta de los simios y algunos otros monstruos. Su reparto también está conformado por muñecos de plastilina rellenos de sangre falsa, verduras como papas, actores sin paga como su mamá o todos juntos en situaciones sumamente violentas y retorcidas, sobre todo para la mente de un niño.

 Como dice el mismo, eran rodajes con mucha catsup y poca producción. Con el paso de los años, este amor por el séptimo arte no para ni desacelera, por lo que decide hacer su preparatoria y universidad en un instituto especializado en cine llamado Centro de Estudios Cinematográficos de Guadalajara. Con lo aprendido, Guillermo hace cortos más complejos y también más oscuros.

 Por ejemplo, en Matilde de 1984, su madre interpreta una mujer con una obsesión psicosexual con una grieta en la pared de la cual surge un feto ciego gigante que la estrangula. Poco después filma geometría donde un niño invoca un demonio para probar un examen, pero este termina matándolo a él y a su madre, papel que de nuevo interpreta a su madre.

 Cerca de los 20 años consigue su primer trabajo pagado en el cine en la película Corazón de la noche de su maestro de guion. Su labor es humilde, cabar tumbas y maquillar extras, pero le permite estar dentro de ese mundo que tanto le apasiona. Aún así, su meta no es solo participar en un set, quiere dirigirlo. Antes de continuar con el video, quería hacer un pequeño recordatorio de que esto que estás a punto de ver y todo el contenido que subo, puedes encontrarlo en formato de audio exclusivamente en Amazon Music. La aplicación es gratis,

así que puedes descargarla y escuchar esto mientras haces cualquier otra cosa. Ahora sí, continuamos con el video. Alrededor de 1984, con apenas 20 años, Guillermo ya tiene en mente lo que será su primera película, Cronos. La idea surge como tesis en su clase de guion y cuenta la historia de un anticuario que descubre un extraño artefacto capaz de otorgar la juventud eterna, aunque a un precio terrible.

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