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Humilló a la copiloto por su color, pero no sabía quién era ella realmente

Una negra no puede ser mi copiloto.  Se burló el capitán señalando a la mujer negra que tenía al frente. Pues se va a tener que aguantar, contestó la mujer, lo que hizo que el  capitán perdiera el control y la sacara de la cabia a la fuerza, haciéndola quedar en ridículo  frente a todos, algunas azafatas y pasajeros burlándose de la negra, pero lo que él no sabía era que esa mujer tenía el poder de dejarlo en la ruina.

El piloto racista en un tribunal con uniforme de preso totalmente destruido. Todo comenzó como un viernes cualquiera en el aeropuerto internacional Skygate Central. El piloto  Marcus Torne era de esos tipos que creen que el mundo les debe algo solo por haber nacido con piel blanca.

 A sus  55 años, con el uniforme impecable y una mirada cargada de odio, no veía a las personas,  veía rangos y colores de piel. Para él, la cabina de un avión era un santuario sagrado  donde solo los elegidos podían entrar. Esa mañana Marcus  estaba en el área VIP de la tripulación tomando su café frío.

Maya se encontraba sentada a pocos metros revisando unos papeles en su tablet. Ella era una mujer joven de piel negra y  una elegancia que intimidaba. Marcus, al verla ni siquiera consideró por un segundo  que fuera parte del personal de vuelo. Para él ella era solo una india que se había colado en el lugar equivocado.

 “Boye, tu basura”,  le gritó Marcus arrojando una servilleta usada. “No sé qué haces sentada ahí, pero levántate y limpia esto. Mi copiloto está por llegar y no quiero que este lugar se vea sucio, aunque con tu presencia es imposible.” Al escuchar las palabras de Marcus, Maya levantó la vista de inmediato. Sus ojos eran de un tono café intenso que penetraba a cualquiera que la viera  fijamente.

Maya no se alteró, simplemente lo miró de arriba a abajo. El vuelo 402 sale en  menos de una hora. Capitán debería estar revisando el clima en lugar de dar órdenes que no le corresponden  respondió Maya con una voz firme y pausada. ¿Quién te crees para hablarme en ese tono,  negra? dijo Marcus poniéndose de pie y acercándose a ella con paso amenazante.

Haga su trabajo de limpieza  y cállese la boca. No me hable a menos que le pida que me traiga un café. Aquí el que manda  soy yo. Minutos después, Marcus entró a la cabina con una sonrisa de suficiencia. se sentó, ajustó los controles y  esperó a su copiloto. Cuando la puerta se abrió, su sonrisa se transformó en una mueca de puro asco.

Maya entró caminando con la cabeza en alto, luciendo la chaqueta de copiloto con sus cuatro galones dorados y el maletín de vuelo oficial de la aerolínea. Marcus soltó una carcajada seca llena de veneno mientras  sentía que la sangre le hervía. ¿Qué es esta payasada? Marcus se giró hacia ella con la cara roja de rabia.

Tú, mi copiloto, no voy a volar una  hora  con una mujer y mucho menos con alguien negro a mi lado, fuera de mi vista ahora mismo. No voy a dejar que una  basura toque mis controles, así que lárgate antes de que te saque a patadas. Maya no retrocedió ni un milímetro, se sentó en el asiento del primer oficial, se ajustó el cinturón y empezó a  configurar la computadora de vuelo con una destreza impecable.

 mantuvo las manos sobre los controles, ignorando el temblor de rabia que sacudía el cuerpo de Marcus. Aplicando la  técnica de agitar el problema, el ambiente en la cabina se volvió asfixiante, cargado de una tensión  que pedía a gritos una resolución. Capitán, le pido que mantengamos el profesionalismo”,  dijo Maya con una voz tan firme que cortaba el hielo.

“A mí me asignaron oficialmente como su copiloto para este trayecto y le exijo que me respete y que cumplamos con el protocolo de despegue.” Marcus soltó una carcajada estridente golpeando el tablero con la palma de la mano. Se inclinó hacia ella,  invadiendo su espacio personal con un dedo índice apuntándole directamente a los ojos.

“¿Me estás exigiendo respeto? Tú. Marcus la recorrió con una mirada de asco profundo. Escúchame bien, india. que te hayan puesto ese uniforme para ser inclusivos no te hace piloto. No eres  más que una bruta que segaramente no sabe ni cómo hacer volar un avión de papel sin estrellarlo. Se echó hacia atrás en su asiento, burlándose abiertamente mientras señalaba los complejos instrumentos  de navegación de la cabina de mando.

 “Tan solo mírate, eres una basura sentada en un lugar  que no te pertenece.” Y que te quede claro que yo no voy a dejar que tus manos sucias toquen nada. Maya cerró los ojos  un segundo, asimilando la humillación frente a la grabadora de voz de la cabina, la cual ya estaba  encendida. No gritó, no lloró, simplemente soltó un suspiro pesado y miró por la ventana hacia la terminal donde el equipo de tierra terminaba de cargar el equipaje.

“Entiendo perfectamente su posición, capitán”,  murmuró ella, creando un bucle abierto de curiosidad. Solo espero que esté preparado para lo que viene, porque este avión no se va a mover ni un metro con usted al mando. Marcus volvió a reír sacando su  teléfono personal a pesar de las reglas de seguridad.

Ah, sí. ¿Y quién me va  a detener? Tú, por favor. Lo que Marcus  no sabía es que Maya ya había enviado un mensaje corto antes de sentarse. Afuera, en  la pista, tres vehículos de seguridad de la aerolínea y el director de operaciones comenzaron a avanzar a toda velocidad  hacia el avión con una orden que Torne no vio venir.

Minutos después, Marcus,  con el rostro ya desfigurado por la rabia, soltó un rugido de furia al ver que Maya no se movía de su asiento. Decidió que  la humillación verbal ya no era suficiente. Sí que te quieres quedar por las malas,  mona. Siseo Marcus  con los ojos inyectados en sangre.

 Te lo advierto si no sales de mi cabina por tu cuenta, te voy a sacar a patadas como la basura que eres. Y justo antes de que Maya pudiera reaccionar, Marcus la agarró del brazo con una fuerza violenta. La sacudió con tal brusquedad que el auricular de Maya voló por los aires chocando contra el panel de control. El capitán Marcus,  poseído por un odio irracional, la arrastró fuera del asiento de copiloto.

¿Pero qué te pasa? Suélteme, me está lastimando. Gritó Maya  mientras las primeras lágrimas de indignación y dolor empezaban a correr por sus mejillas. Pero eso a  Marcus no le importó y sin piedad la arrastró por el estrecho pasillo que conectaba la cabina con la zona  de pasajeros de primera clase.

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