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GILBERTO MORA: ROMPIÓ EN LLANTO Y CONFESÓ EL CALVARIO QUE VIVIÓ PARA JUGAR EN EL TRI

Tiene 17 años. Acaba de romper un récord que solo Pelé le supera. Todo México corea su nombre en el Azteca. Pero hay algo que nadie te está contando. México ya tuvo niños prodigio así y los destruyó a todos. Giovanni Dos Santos iba a ser el nuevo Maradona.  Terminó borracho y sin equipo. Los campeones del mundo sub17 iban a dominar el fútbol.

Hoy nadie recuerda sus nombres. Y ahora un niño de Tijuana carga a un país entero sobre los hombros. Hoy vas a conocer la historia real de Gilberto Mora, el calvario que sufrió durante los últimos 8 años y la maldición mexicana que está a punto de enfrentar. Porque lo que le pasó a los que vinieron antes que él no fue mala suerte, fue un sistema y ese sistema sigue vivo.

Su nombre es Gilberto Rafael Mora Zambrano, la afición del estadio caliente de Tijuana, lo bautizó como Morita, el niño del sur. Y la oscura verdad sobre por qué la familia Mora Zambrano tuvo que abandonar Chiapas para siempre cuando el niño tenía 7 años. Y por qué el propio apellido del padre pesa más de lo que México se atreve a reconocer, la han ocultado hasta hoy.

Pero antes de llegar al debut oficial del Mundial 2026, donde el niño Gilberto Mora de 17 años entró al campo del estadio Ciudad de México con la esperanza de un país entero sobre la espalda. Hay algo que tienes que entender, porque Gilberto Mora no cargó esa maldición porque él quisiera. México lo obligó y todo empezó dentro de la colonia Terán, una de las zonas más humildes del municipio de Tuxla Gutiérrez del estado de Chiapas.

Un lugar donde el 87% de las familias vivían por debajo de la línea de pobreza durante los años 2008 y 2009 con dos bandas juveniles activas dentro de un radio de tres cuadras  y donde las madres advertían a los hijos que no jugaran fútbol  en el llano polvoriento después de las 7 de la tarde dentro de esa colonia, en una casa modesta de una sola planta pegada a una tienda de abarrotes de la calle central.

Sur número 84 vivía la familia Mora Zambrano. El padre se llamaba Gilberto Mora Olayo. Había jugado como mediocampista zurdo dentro de la segunda división mexicana durante siete temporadas seguidas con el equipo Jaguares de Chiapas, sin jamás firmar el ascenso oficial a la primera división del fútbol mexicano.

Gilberto Mora Olayo había llegado a los 30 años de edad con la ilusión rota de todo joven futbolista mexicano que jamás llegó a donde había soñado con una lesión crónica en la rodilla derecha del año 2007 y con la certeza silenciosa de que jamás iba a aportar la playera del tricolor dentro de un partido oficial del propio país.

La madre se llamaba Rosalva Zambrano Domínguez. Era originaria del municipio de Suchiapa, del estado  de Chiapas. Trabajaba dentro de la tienda de abarrotes familiar de la calle Central Sur, 9 horas diarias, 6 días a la semana y sostenía la economía del hogar, mientras el padre Olayo terminaba las últimas temporadas dentro del club Jaguares  de Chiapas.

Gilberto Rafael Mora Zambrano nació el 14 de octubre del año 2008 dentro del Hospital Municipal de Tuxla Gutiérrez. Pesó 2,g980 g. La madre Rosalva Zambrano lo llevó a casa dentro del cuarto principal de la casa de la calle Central Sur, pegado al cuarto matrimonial de los padres. Y a las pocas semanas del nacimiento, el padre Gilberto Mora Olayo hizo algo que iba a marcar para siempre la vida del hijo menor.

Sacó del cajón del ropero un diario personal de tapas de cuero café que había comprado dentro de la Ciudad de México el día del primer contrato profesional con el club Jaguares de Chiapas dentro del año 1996. Un diario donde el padre había escrito a mano durante los últimos 12 años todos los sueños rotos de la propia carrera profesional que jamás llegó a primera división.

Abrió el diario dentro de la última página en blanco disponible. Sacó del bolsillo derecho del pantalón un bolígrafo de tinta  negra y escribió a mano con letra torpe dentro de la última página del diario 16 palabras exactas. Las 16 palabras dicen, “Hoy nació mi hijo. Que Dios lo cuide mejor de lo que me cuidó a mí.” Guarda ese diario.

Porque 17 años después del nacimiento del niño Gilberto dentro del Hospital municipal  de Tuxla Gutiérrez, el hijo menor iba a abrir el mismo diario dentro del cuarto matrimonial de la casa familiar del municipio de Tijuana y las palabras que el niño Gilberto Mora iba a escribir dentro de la primera página en blanco del propio Diario del Padre, la noche del 30 de abril del año  2026.

van a cambiar para siempre la relación entre padre e hijo. Vamos a volver a ese diario. El nombre elegido por los padres para el hijo menor fue el mismo nombre del padre, el mismo apellido, la misma posición dentro del campo de fútbol, el mismo  pie hábil izquierdo, la misma historia futbolística por escribir dentro del mismo apellido para el fútbol mexicano.

que 17 años después del bautismo dentro de la iglesia de la Mercedla  Gutiérrez, el mismo apellido Mora iba a aportar el dorsal 19 del tricolor dentro del debuto oficial del Mundial 2026 en el estadio de su propio país. Vamos a volver a ese apellido. A los 4 años, dentro del patio trasero de la casa modesta de la calle Central Sur, el niño Gilberto Mora empezó a patear una pelota de plástico color naranja durante horas seguidas.

Todos los días, todas las tardes, sin descanso y el padre Gilberto Morao. Después de la última temporada oficial dentro del Club Jaguares de Chiapas del año 2013, decidió retirarse del fútbol profesional a los 34 años de para dedicar cada día de su vida a entrenar al hijo menor dentro del patio trasero de la casa modesta  de la calle Central Sur.

Pero a los 7 años del niño Gilberto Mora, dentro del año 2015,  la vida de la familia Mora Sanrana dentro de la colonia Terán del municipio de Tuxla, Gutiérrez del estado de Chiapas, se derrumbó por completo. La tienda de abarrotes de la madre Rosalva Zambrana fue asaltada por segunda vez dentro del mismo año. Dos hombres armados con pistola calibre 9 mm.

10:1 minutos de la mañana del 21 de agosto del año 2015. Se llevaron toda la mercancía del mostrador principal  y le dijeron a la madre Rosalva delante del niño Gilberto de 7 años parado  dentro del pasillo lateral de la tienda. Siete palabras exactas.  Las siete palabras dicen, “La próxima vez venimos por el niño.

” La madre Rosalva Zambrano tardó exactamente 2 horas  y 14 minutos en tomar la decisión más importante de la vida de la familia Mora Zambrano.  A las 12:28 minutos del mediodía del mismo 21 de agosto del año 2015,  dentro de la mesa del comedor de la casa modesta de la calle Central Sur, la madre Rosalba le dijo al padre Gilberto Mora Olayo tres palabras exactas.

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