Posted in

Juan de Borbón: Pasó 44 Años Esperando la Corona Y Se la Llevó Su Hijo

El secretario personal del Conde de Barcelona, según relataría décadas después, en unas memorias publicadas de forma póstuma en 1996, recordaba con una nitidez perturbadora una tarde concreta del mes de noviembre de 1975. Era la tarde en que Francisco Franco había muerto por fin. El secretario contaba que esa mañana cuando llegó a la Villa Giralda de Estoril, la residencia del conde en Portugal, donde llevaban exiliados más de 30 años, encontró a don Juan de Borbón sentado solo en el salón principal con la radio encendida sobre

la mesa. El locutor portugués acababa de confirmar el fallecimiento del dictador español. Y el secretario, al ver a don Juan, esperaba encontrar a un hombre aliviado, incluso jubiloso, porque Franco era el hombre que llevaba 36 años bloqueando el regreso de los Borbones al trono español. Sin embargo, según relataría el secretario en sus memorias, don Juan no estaba sonriendo.

Estaba sentado con las manos unidas sobre las rodillas, mirando la radio apagada. Y cuando el secretario le preguntó si se encontraba bien, don Juan levantó la vista hacia él con una expresión que el secretario describiría décadas después como la expresión de un hombre que ya sabe que ha perdido una partida, que todavía no se ha jugado.

Esa tarde de noviembre de 1975, don Juan de Borbón tenía 62 años y llevaba 44 esperando sentarse en el trono de España. Y esa tarde, sentado frente a una radio portuguesa, comprendió antes que nadie en el mundo lo que el resto de España tardaría semanas en entender. Que su hijo Juan Carlos, aquel muchacho al que había confiado al dictador cuando tenía 10 años, no iba a devolverle el trono.

Que la corona de España, la corona que había pertenecido a los Borbones durante 270 años, iba a saltarse una generación entera. que él, el legítimo heredero de Alfonso XI, el conde de Barcelona, el hombre que había pasado su vida entera luchando por reclamar un trono que nunca le dieron, iba a morir sin haber sido rey de España ni un solo día.

Esta es la historia de don Juan de Borbón y Batenberg, tercer hijo del rey Alfonso XI de España, el hombre considerado por todos los juristas constitucionales y por la mayoría de las casas reales europeas como el legítimo rey de España durante más de cuatro décadas. Un hombre que Franco utilizó, manipuló y finalmente traicionó durante 36 años.

Un padre que vio como su propio hijo, educado según sus instrucciones para devolver la corona a los Borbones, aceptó finalmente los planes del dictador en lugar de los suyos. y un rey sin trono que pasó los últimos 15 años de su vida mirando desde el exilio como su hijo gobernaba el país que a él le habían arrebatado.

En el palacio real de verano de la granja, la reina Victoria Eugenia de Battenberg, esposa del rey Alfonso XI, da a luz a su cuarto hijo varón. El niño recibe el nombre de Juan Carlos, Teresa, Silverio, Alfonso de Borbón y Btenberg. Pero desde el primer día su familia lo llama simplemente Juanito.

Es el tercer hijo varón superviviente de Alfonso XI, después de Alfonso, Príncipe de Asturias, y Jaime, Duque de Segovia, un niño que en el momento de su nacimiento no parece destinado a ser rey porque tiene dos hermanos mayores que él en la línea de sucesión. Pero la pequeña Juanito nace en una de las monarquías más frágiles de Europa occidental.

España en 1913 es un país sacudido por guerras coloniales, conflictos sociales y una inestabilidad política crónica que lleva décadas amenazando la supervivencia de la corona. Su padre Alfonso XI es un rey inteligente pero autoritario, conocido en los círculos diplomáticos europeos por su costumbre de mezclar decisiones políticas con aventuras personales.

Y su madre, Victoria Eugenia, nieta de la reina Victoria de Inglaterra, es una mujer extranjera que el pueblo español nunca terminó de aceptar completamente. Entre otras razones porque el día de su boda con Alfonso XI en 1906, un anarquista arrojó una bomba contra el carruaje real. en la calle Mayor de Madrid, matando a 23 personas e hiriendo a 121 invitados, mientras los recién casados salían ilesos de milagro.

Hay un detalle que pocas biografías cuentan sobre la infancia de don Juan en el Palacio Real de Madrid. A los 4 años, en 1917, el pequeño Juanito había desarrollado la costumbre de escaparse de sus habitaciones privadas en las salas infantiles del palacio y colarse en los pasillos de la planta noble, donde su padre Alfonso XI recibía a los ministros y a los embajadores.

Los guardias del palacio lo encontraban regularmente sentado en el suelo de los corredores, escuchando las conversaciones políticas que se filtraban por debajo de las puertas de los despachos. Cuando los guardias lo devolvían a sus habitaciones, según relataría décadas después su institutriz inglesa Miss Howard, en unas memorias publicadas en 1948, el pequeño Juanito siempre hacía la misma pregunta, ¿cuándo podré entrar yo también a esas reuniones? Y la institutriz le respondía invariablemente, “Cuando seas rey.

” Y el niño con 4 años asentía con una seriedad que a Miss Howard le resultaba profundamente inquietante para su edad. Entonces aprenderé todo lo que tengo que saber antes de serlo. La infancia de don Juan cambió para siempre en 1931. tenía 18 años cuando el 14 de abril de ese año los españoles votaron en las elecciones municipales y los resultados favorables a los candidatos republicanos en las principales ciudades del país empujaron a su padre Alfonso XI a abandonar España sin abdicar formalmente para evitar una guerra civil. La familia

real tomó un tren nocturno desde Madrid hasta Cartagena. Desde allí, un crucero de la Marina Española los llevó a Marsella y don Juan, con 18 años, según relataría décadas después, en una entrevista publicada en el diario ABC en 1968, se quedó encubierta durante toda la travesía nocturna, mirando las luces de la costa española que se alejaban lentamente en la oscuridad.

Según sus propias palabras en esa entrevista, no lloré esa noche porque era demasiado joven para entender completamente lo que estaba ocurriendo. Solo pensé que pronto volveríamos, que España nos necesitaba, que el exilio sería breve. Tardé 20 años en comprender que me había equivocado completamente. Hay una escena particular de los primeros meses del exilio de Don Juan en París en 1931, que solo se conoció décadas después a través del testimonio de un amigo de juventud publicado en 1985.

Don Juan con 18 años vivía con su familia en el hotel Saboy de la Avenue Clever de París, pagado inicialmente con los últimos fondos que Alfonso XI había conseguido transferir antes de abandonar España. Una tarde, según relataría el amigo de juventud, don Juan salió solo a caminar por los bulevares parisinos y entró en un café popular del barrio donde un grupo de españoles republicanos exiliados bebía en la terraza.

Uno de ellos reconoció al joven príncipe y le gritó desde su mesa, “Aquí está el mocoso Borbón. A ver si aprendes a trabajar como los demás.” Los otros clientes del café rieron. Don Juan, según el amigo, no respondió, no se ruborizó, no salió corriendo, se acercó tranquilamente a la barra, pidió un café con leche, se sentó en la mesa más alejada y lo bebió entero antes de levantarse.

Read More