Ahora pasa los días en una celda de 3 m por 3,6 sin contacto humano, sin sol, sin futuro. Apenas le permiten salir un par de horas por semana y siempre vigilado. Y en medio de ese encierro absoluto, Guzmán rompió el silencio. Escribió de su puño y letra una carta dirigida al juez Brian Kogan, el mismo que lo condenó a cadena perpetua en 2019.
Un texto con faltas de ortografía, pero cargado de desesperación. Así se lee, palabra por palabra, la súplica del Chapo Guzmán. Honorable juez Brian Cogan, de la más atenta y respetuosamente escribo lo siguiente. Le mandó decir el abogado José Israel Encinosa que ya van a ser tres semanas que usted autorizó que el gobierno le permita al abogado en Sinosa a que me pueda visitar, hablar por teléfono y escribirme, pero hasta el día de hoy no le han autorizado mi llamada por teléfono.

El abogado me escribió hace varias semanas, pero hasta el día de hoy no me han entregado las dos cartas que me escribió el abogado. El abogado tiene alrededor de 10 meses batallando que le autorice el gobierno poder visitarme, hablar por teléfono. Yo pensé que ahora que usted ordenó que autorizaran al abogado en Sinosa que me visite y que me hable por teléfono, pero hasta el día de hoy el abogado no le han autorizado.
Disculpe que lo moleste otra vez de nuevo. Hace alrededor de un mes y medio le escribí pidiéndole de favor le autorizaron al abogado en Sinosa su petición de ordenar al gobierno que autorizaran al abogado me pudiera visitar. Le doy las gracias por ordenar que le autoricen al abogado, que me visite y me hable por teléfono. Para mí es vital el abogado.
De antemano le agradezco. Joaquín Guzmán lo era. Ese tono ansioso y repetitivo que acabamos de escuchar está a años luz de la imagen que definió al Chapo durante décadas. El hombre que humilló a la justicia mexicana con fugas espectaculares. El mismo que acumuló una fortuna estimada en 14,000 millones dólar suficiente para aparecer cuatro veces en la lista de forbs entre los hombres más ricos del mundo.
Hoy, en cambio, su mayor súplica no es por dinero ni poder, es por ver a su esposa Ema Coronel y tener más contacto con sus hijas gemelas de 13 años. Ese es el contraste más fuerte de capo implacable a prisionero rogando por un simple derecho familiar. Estado civil casado. Su domicilio, la tuna. Municipio ocupación de usted, agricultor. Pero el Chapo no se queja sin motivo.
La cárcel donde está es la más dura de Estados Unidos. La prisión de Florence no es una cárcel cualquiera. Es conocida como la alcatrz de las rocosas, un lugar diseñado para que nadie pueda escapar y para que los reos prácticamente desaparezcan del mundo exterior. Los pasillos están llenos de cámaras y sensores de movimiento.
Las puertas de acero se cierran automáticamente. Cada recluso es vigilado las 24 horas por guardias armados que apenas hablan con ellos. La comida llega por una pequeña ranura en la puerta, sin contacto directo con las manos de un custodio. La celda del Chapo está construida totalmente en concreto. Dentro tiene una cama de cemento con un colchón delgado, un escritorio, un inodoro de acero y un lavavo.
Una ventana de apenas 10 cm de ancho deja entrar un hilo de luz, pero no le permite ver nada más que un pedazo de cielo. El patio de recreación es otra celda, apenas 2 por2 met, con muros altos que no permiten ver más allá del concreto. Ese es el aire libre que recibe el Chapo Guzmán y al que según denuncias solo lo sacan una vez por semana.
En 8 años asegura no ha sentido los rayos directos del sol. usted sabe de mi comportamiento y eso para que le explique aquí al titular para si yo no cumplo con con lo reglamento que que te ha sido dos veces. Pues bueno, pero eso es otra cosa. Pero su caso es todavía más extremo por las medidas administrativas especiales conocidas como SAMS.
Estas medidas están reservadas para quienes el gobierno considera demasiado peligrosos o con alto riesgo de fuga. Básicamente sin llamadas telefónicas regulares, sin correspondencia libre. Cada carta es revisada, retenida y muchas veces ni siquiera entregada. Sin visitas normales, todo contacto es detrás de un vidrio bajo estricta vigilancia, sin hablar en español con los guardias.
Tienen prohibido dirigirse a él en su propio idioma. El resultado es un aislamiento casi absoluto, una vida en la que las únicas voces que escucha son las de sus abogados y en la que el contacto humano se ha reducido a cero. Y lógicamente el paso del tiempo no perdona ni siquiera al hombre que alguna vez fue el capo más poderoso del mundo.
Joaquín Guzmán lo era tiene hoy 68 años. Cuando fue extraditado en 2017, todavía conservaba cierta fortaleza física, pero tras casi 9 años en aislamiento, sus abogados aseguran que el deterioro es evidente. Ha sufrido problemas dentales graves. Durante meses tuvo un dolor insoportable porque en lugar de recibir tratamiento simplemente le extrajeron muelas.
También se ha quejado de hongos en los pies, de presión arterial elevada y de dolores crónicos que nunca reciben atención médica adecuada. La defensa insiste en que el aislamiento extremo le está acortando la vida. El encierro de 23 horas al día sin contacto humano lo está consumiendo lenta pero inexorablemente. Psicológicamente dicen que escribe cartas que nunca envía, que habla consigo mismo, que vive atrapado en una rutina donde la soledad es la única compañía.
Y por desgracia para Joaquín Guzmán, todo apunta a que pasará muchos años más encerrado en esas mismas condiciones. Pero lo que sí sabemos con certeza es que la respuesta del juez fue tajante. En su argumento, Brian Kogan, de la Corte Federal de Brooklyn respondió a la carta escrita de puño y letra por el capo que su tribunal no es el apropiado para solicitar esa medida.
¿Y cuál era esa medida? Guzmán pedía algo tan básico como tener más visitas y llamadas con su abogado, asegurando que llevaba casi un año sin comunicación real con él. Pero Kogan fue claro. El acusado no puede buscar una mitigación por sí mismo en esta corte porque está bajo custodia en una prisión de Colorado.

En otras palabras, la carta fue rechazada y su pedido de contacto con su defensa quedó en nada. Por otra parte, la demanda civil que busca relajar sus condiciones de confinamiento aún espera respuesta. Por ahora ningún tribunal se ha pronunciado y el Chapo continuará encerrado bajo el mismo régimen que lo consume día tras día. Y aquí surge la gran pregunta.
¿Valió la pena haber sido uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo para terminar sepultado vivo en una celda de concreto sin sol, sin familia y sin voz? ¿Y tú qué opinas? ¿El Chapo merece condiciones más humanas o debe seguir en aislamiento total hasta el final de sus días? Te leo en los comentarios. Pero usted se dedica a las drogas