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DIZZY Gillespie: rodeado de HEROÍNA y MUERTE… El dolor OCULTO del gigante del JAZZ

Todo el mundo recuerda las mejillas hinchadas como globos a punto de explotar y esa trompeta torcida hacia el cielo que parecía desafiar las leyes de la física. Pero casi nadie se detuvo a mirar lo que había detrás de esa sonrisa perpetua de bufón del jazz. John Bks Gespi, el hombre que todos llamaban Dizy, no solo era el arquitecto técnico del VB bob, sino que fue el único superviviente en un campo de batalla sembrado de jeringuillas y ataúdes prematuros que se llevó a toda su generación. Mientras él bailaba y

bromeaba sobre el escenario, a su izquierda y a su derecha, sus mejores amigos se inyectaban veneno en los baños de los clubs de la calle 52.  Y esa es una carga que nadie menciona cuando se habla de su genio. Y Tron Diyaso de la clase para no volverse loco mientras veía como el talento más puro que el mundo había conocido, el de su alma gemela Charlie Parker se disolvía en una cuchara quemada.

Lo que vas a descubrir hoy no es la biografía amable de un músico exitoso que terminó siendo embajador cultural de los Estados Unidos, sino la crónica de un hombre que vivió rodeado de muerte y que tuvo que construir una máscara de hierro para que el racismo  y la heroína no lo devoraran a él.

También es la historia de un dolor oculto bajo capas de virtuosismo técnico, una rabia silenciosa que empezó en los campos de algodón de Carolina del Sur y que terminó en las morgas de Nueva York, donde Dizy tuvo que ir una y otra vez a identificar los cuerpos de los músicos que él mismo había ayudado a encumbrar.  Durante décadas nos vendieron la imagen de un hombre feliz porque era lo que el público blanco necesitaba  para digerir una música tan compleja y revolucionaria.

Pero la verdad es mucho más amarga. DC Gilespó con el peso de ser el superviviente, el que se quedaba para recoger los trozos de una revolución musical que estaba siendo saboteada desde dentro por la droga y desde fuera por un sistema que prefería ver a los genios negros muertos  antes que libres. En este video vas a entender por qué esa trompeta doblada no fue un accidente, sino el símbolo de una vida que  tuvo que torcerse para no romperse del todo ante la presión de una industria que lo quería como producto, pero lo despreciaba como

hombre. Suscríbete y activa la campanita porque lo que viene es fuerte. Voy a revelarte el dolor oculto de Dikil Lespie con testimonios de  contexto histórico y hecho sobre el gigante del jaz que nadie se atreve a tocar de forma tan cruda. Si llegaste hasta aquí buscando la verdad detrás de la máscara del bufón, no te arrepentirás, porque después de esto nunca más podrás escuchar su trompeta de la misma  forma.

Pero antes necesita saber de dónde vino este hombre, porque para entender la coraza de DY hay que viajar a un pueblo llamado Chero, en Carolina del Sur en un 1917 que olía a sudor, a tierra roja y a un miedo latente que se masticaba en cada esquina. John Burks era el menor de nueve hermanos y creció en una casa donde la música era una bendición y una maldición al mismo tiempo.

Su padre, James Glessespi, era un albañil que tocaba el piano de forma matur y que guardaba todos los instrumentos de una banda local en su propia casa, eh, lo que para el pequeño John era como vivir en una juguetería prohibida. Sin embargo, James no era el padre amoroso que la mitología del jazz a veces intenta pintar.

Era un hombre severo, marcado por la dureza de la segregación y por una frustración interna que a menudo descargaba contra sus hijos. Cada domingo por la mañana, con una puntualidad terrorífica, James alineaba a sus hijos para propinarles  una paliza ritual por las travesuras cometidas durante la semana, independientemente de si las habían confesado o no.

Esa violencia sistemática y gratuita fue la primera lección que DICIS recibió sobre la autoridad. El castigo llega aunque no lo merezcas y la única forma de sobrevivir es aprender a anticiparlo o a reírse de él. Eh, John Burks aprendió muy pronto que si hacía una mueca graciosa o un comentario ingenioso justo antes de que cayera el cinturón, a veces la mano de su padre dudaba un segundo y ese segundo era la diferencia entre la humillación total y una pequeña victoria personal.

Ahí nació el personaje de Dizy en el salón de una casa pobre del sur profundo como un mecanismo de defensa contra el dolor físico que luego aplicaría contra el dolor emocional de la industria. Cuando su padre murió, John tenía apenas 10 años y aunque la figura del maltratador desapareció, dejó un vacío económico y emocional que lo obligó a madurar a golpes.

La familia Gilespi se hundió en una pobreza todavía más profunda. Y el niño que antes jugaba con los instrumentos de su padre, ahora tenía que aprender a tocarlos en serio. Si quería escapar de los campos de algodón que se tragaban la vida de todos los negros de Cherao. Empezó con el trombón, pero sus brazos eran demasiado  cortos para alcanzar las posiciones bajas.

Así que un vecino le prestó una trompeta y ahí fue cuando el universo encajó. Aprendió solo escuchando los ecos que venían de las iglesias  y de los gramófonos de los pocos vecinos que podían permitirse uno, imitando el estilo de Roy Eldrich con una obsesión que rozaba la locura. No era solo talento, era una necesidad biológica de sacar fuera toda la presión que sentía en el pecho en un pueblo donde por ser negro no podías ni siquiera mirar a los ojos a un policía blanco  sin arriesgarte a terminar en una zanja.

Pues la música no era un arte para él en ese momento. Era un billete de salida de un lugar donde el destino más probable era la servidumbre o el hinchamiento. A los 12 años ya era capaz de tocar cosas que los músicos adultos de la zona no comprendían, pero lo hacía con una agresividad y una velocidad que delataban su urgencia por irse,  por quemar etapas, por dejar atrás el polvo de Carolina del Sur.

La oportunidad llegó en forma de una beca en el Instituto Laurenburg en Carolina del Norte. un lugar donde por fin pudo estudiar teoría musical de forma académica, aunque siempre mantuvo esa rebeldía autodidacta que lo hacía único. Allí fue donde empezó a perfeccionar su oído absoluto y su capacidad para desmenuzar las armonías más complejas, pero también fue donde comprendió que el mundo exterior no iba a ser más amable que su padre.

Eh, mientras estudiaba, tenía que trabajar limpiando suelos y aguantando los insultos de una administración blanca que lo veía como un experimento social más que como un genio en potencia. Es curioso como mucha gente piensa que Dizy era simplemente un tipo divertido por naturaleza, cuando en realidad su sentido del humor era una táctica de guerra psicológica que perfeccionó durante esos años de formación.

Si te ríes de ti mismo antes de que los demás se rían de ti, les robas el poder. Si actúas como un loco impredecible, el sistema no sabe dónde encajarte y por un momento te deja en paz. Ese es el origen de su apodo, Dizy, el mareado, el tipo que siempre estaba haciendo alguna tontería, pero que cuando se ponía la trompeta en los labios era capaz de silenciar a una habitación entera con una sola nota.

En 1935, con la gran depresión asfixiando al país, su familia decidió mudarse a Philadelphia buscando una vida mejor. Y Dizy se lanzó de lleno a la escena musical de la ciudad. Era un joven de 18 años con una técnica asombrosa y una arrogancia que le servía  de escudo. Se presentaba en los clubs locales y desafiaba a los trompetistas veteranos, ganándose una reputación de tipo difícil pero brillante.

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