Desde su fundación en 1962, El Gran Combo de Puerto Rico no ha sido simplemente una orquesta de salsa; se ha consolidado como una institución cultural, una escuela de vida y, por derecho propio, la “Universidad de la Salsa”. Por más de seis décadas, esta agrupación ha sido el pulso rítmico de Latinoamérica, adaptándose a los cambios generacionales sin perder jamás esa esencia que invita a bailar desde la primera nota. Sin embargo, detrás de los aplausos y las luces, existe una historia cargada de nostalgia, marcada por la partida de músicos excepcionales que dedicaron su vida entera al servicio del ritmo.

Repasar la trayectoria de El Gran Combo es también rendir un homenaje a aquellos rostros y voces que, aunque ya no están físicamente, permanecen vivos en cada acorde de canciones que se han convertido en himnos. La historia de sus integrantes es un testimonio de disciplina, pasión y, en ocasiones, de finales trágicos que han conmovido profundamente a sus seguidores en todo el mundo.
Los pilares que sostuvieron el sonido
La grandeza de una orquesta no solo reside en sus cantantes, sino en el engranaje perfecto de sus músicos. Uno de esos hombres fundamentales fue Víctor Cano Rodríguez, quien formó parte de la agrupación en una etapa de consolidación vital. Aunque su nombre no siempre ocupó los titulares más llamativos, su labor instrumental fue la base que permitió a las voces principales brillar con intensidad. Su partida, el 7 de marzo de 2017 a causa de un infarto cardíaco, dejó un vacío silencioso pero profundo entre sus compañeros, recordándonos que cada pieza de la orquesta es indispensable para la perfección del conjunto.
Otro caso conmovedor es el de Eddie Pérez, un músico cuya historia refleja la cruda realidad humana detrás del artista. Pérez fue esencial para la identidad sonora del Caribe, pero sus últimos años estuvieron marcados por la lucha contra complicaciones de salud derivadas de la amputación de una pierna y una posterior infección sanguínea. Su fallecimiento en agosto de 2013, a los 78 años, cerró un capítulo de maestría instrumental que pocos podrán igualar.
El liderazgo y la voz: Direcciones que marcaron época
Hablar de la continuidad de El Gran Combo es hablar de Willy Sotelo. Como director musical, Sotelo asumió la monumental tarea de guiar a la orquesta en tiempos de modernización. Su capacidad para realizar arreglos que respetaran la tradición mientras miraban al futuro fue clave. Lamentablemente, en junio de 2022, el cáncer le ganó la batalla, privando a la música tropical de uno de sus directores más comprometidos y visionarios.
Si retrocedemos a los cimientos, encontramos a Pellín Rodríguez, una de las primeras grandes voces que definieron qué significaba ser un cantante de El Gran Combo. Su estilo vocal y su imponente presencia escénica ayudaron a posicionar al grupo en el gusto popular durante sus primeros años. Pellín falleció prematuramente a los 57 años debido a una hemorragia cerebral en 1984, pero su legado como uno de los padres fundadores de la interpretación salsera sigue intacto.
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Rafael Itier: El corazón que dejó de latir
Quizás el golpe más reciente y significativo para la familia salsera ha sido la partida de Rafael Itier. No se puede mencionar a El Gran Combo sin invocar su nombre. Fundador, pianista y director, Itier fue el arquitecto de este sueño musical. Bajo su batuta, la orquesta sobrevivió a crisis, cambios de integrantes y la evolución de la industria. Su disciplina fue la ley que rigió a la agrupación, ganándose el respeto unánime de colegas y fanáticos.
Rafael Itier nos dejó el 7 de diciembre de 2025, a la impresionante edad de 99 años. Su fallecimiento no fue solo una pérdida personal, sino el cierre simbólico de una era dorada. Itier no solo creó música; creó una identidad para Puerto Rico y para toda la comunidad latina.
Las voces que siguen resonando y el presente de la orquesta
A pesar de las despedidas, El Gran Combo continúa su marcha gracias a figuras que han sabido mantener la antorcha encendida. Jerry Rivas, con casi siete décadas de vida y una energía inagotable, sigue siendo uno de los rostros más reconocibles y queridos. Su voz ha interpretado temas que han marcado a varias generaciones, demostrando una lealtad y compromiso admirables hacia la institución.
Por otro lado, Charlie Aponte, aunque se retiró de la agrupación en 2014 para emprender su camino como solista, siempre será recordado como el alma de muchos de los éxitos más grandes del grupo. A sus 75 años, Aponte sigue siendo un referente de potencia vocal y conexión con el público. Lo mismo ocurre con el legendario Andy Montañez, quien a sus 83 años representa la historia viviente de la salsa, recordándonos con su presencia los años de oro en los que la música se sentía en cada rincón de la calle.
La renovación también ha llegado con talentos como Anthony García, quien representa la nueva generación. A sus 48 años, García asume la responsabilidad de heredar un peso histórico inmenso, aportando frescura pero manteniendo el respeto sagrado por los arreglos clásicos que el público exige.
Un legado que no conoce el final

El Gran Combo de Puerto Rico es mucho más que una lista de canciones exitosas; es un álbum de recuerdos familiares. Es la música que sonó en la primera fiesta, en la reunión de domingo o en el reencuentro con un viejo amigo. Los integrantes que han partido, como Luis Papo Rosario, quien nos dejó apenas en diciembre de 2025, trabajaron desde el corazón para que esa conexión nunca se rompiera.
Hoy, al ver cómo ha pasado el tiempo en los rostros de quienes aún nos acompañan, como Joselito Hernández, Freddy Miranda o el carismático Cuqui Santos, entendemos que la música es la única forma de detener el reloj. Aunque los cuerpos se cansen y las voces evolucionen, la emoción que produce “Un verano en Nueva York” o “Brujería” permanece intacta.