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JEANETTE | Encontraron SU FOTO junto al CADÁVER… y nadie entendió por qué

JEANETTE | Encontraron SU FOTO junto al CADÁVER… y nadie entendió por qué

Junto al cadáver de un hombre con la cara destrozada había una foto de Janette sonriendo. Y lo que nadie sabe es por qué. Porque esa foto la convirtió en sospechosa. Aunque fuera inocente, Janette tuvo que explicárselo a la policía esa misma noche. Tuvo que sentarse frente a los investigadores y decirles qué hacía su foto junto al cuerpo de Waldo de los Ríos.

El compositor más poderoso de España, el hombre que la había hecho famosa, el hombre que se había pegado dos tiros de escopeta en la cara. Y esa foto es solo el principio. Hay algo que Janette confesó sobre su propio marido 40 años después. Una confesión que cuando la escuches vas a tener que pausar un segundo para procesarla, porque hay cosas que no se dicen, hay cosas que te guardas.

Y Janette [música] las dijo todas. Hay una foto de esa cena en París dos semanas antes del suicidio que nunca debió existir. Hay una canción que Franco prohibió porque la letra era demasiado peligrosa para los jóvenes. Hay una noche en los premios Goya donde la humillaron delante de toda España y hay una frase sobre los últimos 4 años con su marido que todavía no puedo creer que dijera en voz alta, pero para entender por qué esa foto estaba junto al cadáver, hay que empezar por el momento [música] en que la vida de

Janette se rompió por primera vez. Tenía 12 años, era una mañana normal y su padre la sentó a desayunar. Si alguna vez te han dado una noticia que no esperabas, sabes de lo que hablo. Ese segundo en que todo cambia y todavía no lo sabes. Ese momento en que alguien abre la boca y tu vida se parte en dos, tu madre y yo nos vamos a divorciar.

 Janet lo contó décadas después. Dijo que nunca los había visto discutir, ni una vez, ni una pelea, ni una voz alta. Nada. Y de repente, en un desayuno cualquiera, su padre suelta esa frase y todo se acaba. Ella usó una palabra muy específica para describir lo que sintió. Dijo, “Aquello me dejó un trauma.” Trauma.

 Una niña de 12 años en un desayuno sin aviso, guarda ese momento porque todo lo que viene después, cada decisión, cada rechazo, cada vez que Janette dijo que no, cuando el mundo entero le decía que sí, tiene su raíz ahí. En esa mañana, en esa frase que su padre pronunció mientras ella desayunaba y lo que vino después fue peor, su madre hizo las maletas, no las de vacaciones, las de para siempre.

 y se llevó a Janette a España, a Barcelona, a un país que ella no conocía, a un idioma que no hablaba, a una vida que no había pedido, para una niña que había crecido en Los Ángeles, que solo hablaba inglés, que había vivido en un chalet con jardín, que había visto coches grandes y calles amplias toda su vida. Barcelona fue como aterrizar en otro planeta.

 Ella lo contó con una imagen que no se olvida. Dijo que salió a la calle y vio los Seat 600, esos coches diminutos que había por todas partes. Pero lo que nunca olvidó fue ver un burro, un burro, en plena calle de Barcelona, y pensó, “¿Qué hace aquí esto?” Para ella era un horror. Se perdió. No sabía dónde estaba. Todas las calles le parecían iguales.

 No podía preguntar porque no hablaba español. No podía llamar a nadie porque no conocía a nadie. Una niña de 13 años sin padre, sin idioma, sin amigos, en un país que no entendía. A lo mejor tú también conoces esa sensación, ese momento en que todo lo que conocías desaparece y tienes que empezar de cero.

 Ese momento en que miras alrededor y no reconoces nada. Ese momento en que te das cuenta de que estás sola, Janette estuvo sola mucho tiempo y mientras ella aprendía a sobrevivir, Waldo de los Ríos aún no existía en su vida. Pero el día que apareciera iba a terminar en sangre. Pero lo peor no fue el burro, lo peor no fue perderse.

Lo peor no fue el idioma, ni las calles, ni los coches pequeños. Lo peor vino cuando encontró algo que la salvó, algo que le devolvió la vida, algo que la hizo sentir que existía y su propia madre se lo quitó. En el colegio conoció a unos chicos que hacían música en un sótano. Ensayaban ahí abajo para no molestar a los vecinos.

 Tocaban canciones que nadie más tocaba. Hacían ruido, hacían algo. Janette se acercó, les pidió unirse. Ellos dijeron que sí. Se compró una guitarra. Le pidió a su madre que se la comprara y su madre accedió. Quizás pensó que era una fase. Quizás pensó que se le pasaría. No se le pasó. Aprendió tres acordes, solo tres. Dou, sol, re.

 Los acordes más básicos que existen. Y con esos tres acordes, a los 14 años compuso una canción. se llamaba Cállate, niña. No sé si entiendes lo que significa eso. No sé si puedes imaginarlo. Una niña a la que le habían quitado todo, su padre, su país, su idioma, su vida entera. De repente tiene algo suyo, algo que ella creó, algo que no le dio nadie, algo que nadie le puede quitar.

 O eso pensaba el grupo. Se llamó Picnick. Hicieron una audición para una radio local. No esperaban nada. Eran unos chavales tocando en un sótano. Nadie les había prometido nada, pero alguien estaba escuchando. Un productor italiano llamado Rafael Trabucheli. El hombre que había descubierto a medio país musical.

El hombre que decidía quién triunfaba y quién no. y les dijo que sí, los fichó para Hispabox, la discográfica más grande de España, la que tenía a todos los artistas importantes. Y cállate, niña, llegó al número uno. Siete semanas, siete semanas seguidas en lo más alto de las listas. Janette tenía 16 años, era una colegiala.

 Iba al instituto por las mañanas y por las tardes salía en televisión. La reconocían por la calle, le pedían autógrafos, había tocado el cielo. Imagínate tener 16 años y que tu canción suene en todas las radios. Imagínate ser una niña que hace un año estaba perdida en Barcelona viendo burros y ahora está en la televisión cantando una canción que ella compuso.

Eso es lo que Janette tenía. Eso es lo que Janette era. Y entonces su madre le dijo que lo dejara, que sus notas habían bajado, que tenía que estudiar, que la música era una distracción, que eso no era vida. Imagínate eso. Imagínate tener 16 años, haber llegado al número uno con una canción que tú escribiste, haber encontrado lo único que te hacía sentir viva, haber construido algo desde la nada y que tu propia madre te lo arranqué de las manos, porque eso fue lo que hizo. Se lo arrancó.

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