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Enfermera cuidaba ancianos solos gratis después del trabajo—Cantinflas preguntó por qué y se QUEBRÓ

Cantinflas vio a una enfermera cuidando gratis a ancianos solos en sus casas después de su turno. Cuando preguntó por qué no descansaba, la respuesta lo destruyó. Bienvenidos a Historias de Cantinflas. Si estas historias te inspiran, suscríbete, dale like y activa la campanita para más episodios increíbles. Ahora sí, comencemos.

Era 7 de marzo de 1967, un miércoles por la tarde en la colonia Tepito de la Ciudad de México y Mario Moreno caminaba por una calle angosta cuando vio a una mujer de aproximadamente 35 años, todavía vestida con uniforme de enfermera, tocando la puerta de una casa pequeña. Era las 5 de la tarde. El turno de enfermería normalmente terminaba a las 3, pero esta mujer claramente venía directamente del trabajo.

Su uniforme blanco estaba limpio, pero llevado puesto desde la mañana. La puerta se abrió. Tas un anciano tenía que tener 80 años o más, asomó. Esperanza. El anciano dijo su rostro iluminándose. Sabía que vendrías. Claro que vine, don Aurelio. ¿Cómo están sus rodillas hoy? Mejor, mucho mejor. Desde que me enseñaste los ejercicios los hizo todos esta mañana. Todos.

Tres veces cada uno. Como me dijiste. Perfecto. Entonces hoy también revisaré su presión. ¿Puedo pasar? Siempre, siempre tengo café. La enfermera entró. Mario, intrigado, esperó afuera. 20 minutos después, la enfermera salió. Mario se acercó. Disculpe, señorita, no pude evitar ver. Acaba de atender a ese señor.

La enfermera, su nombre bordado en uniforme decía Esperanza, lo miró con curiosidad. Sí, visito a don Aurelio tres veces por semana. ¿Es su paciente del hospital? No, es vecino, vive solo. Su familia está en Monterrey. Ah, tiene artritis severa y hipertensión. Sin visitas regulares, su condición empeora rápidamente. Le paga. Esperanza sonrió.

No. Don Aurelio vive de pensión de 40 pesos al mes. Después de renta y comida básica le quedan 5 pesos. ¿Cómo podría cobrarle? Pero usted acaba de terminar turno largo en hospital de 12 horas. Sí. Y en lugar de descansar viene aquí. Don Aurelio no puede esperar hasta que yo descanse.

Su presión necesita monitoreo regular y sus ejercicios de fisioterapia. Si no los hace consistentemente, perderá movilidad completamente. Mario la observó alejarse hacia la siguiente casa en la calle. Tocó otra puerta. Otra anciana abrió con la misma expresión de alivio y alegría. Claramente don Aurelio no era el único. Mario decidió seguir a Esperanza discretamente durante esa tarde.

Lo que vio lo dejó completamente asombrado. En 3 horas de 5 a 8 de la noche, Esperanza visitó siete ancianos. Cada visita duraba entre 20 y 30 minutos. En cada casa hacía lo mismo. Revisaba condición médica, administraba medicamentos, hacía ejercicios de fisioterapia. Y esto fue lo que más impresionó a Mario. Simplemente conversaba, escuchaba, estaba presente.

En la tercera casa, anciana de 75 años lloraba mientras Esperanza le tomaba la presión. ¿Qué pasa, doña Carmen? Esperanza preguntó con ternura. Es que hace tres días que no hablo con nadie. Mis hijos no llaman, mi vecina está de viaje y me siento tan sola. La entiendo. Soledad duele tanto como cualquier enfermedad física. ¿Tú crees? Estoy segura.

Por eso vengo, no solo para revisar su presión, Nat, sino para que sepa que alguien piensa en usted, que no está completamente sola. Doña Carmen tomó la mano de esperanza y la sostuvo durante un momento largo. Dios te bendiga, mija. Dios te bendiga. Después de la séptima visita, Esperanza se sentó en banca pequeña en la calle, claramente agotada. Mario se acercó.

Permítame presentarme. Me llamo Mario. He estado observando sus visitas esta tarde. Esperanza lo miró con sorpresa. ¿Me estaba siguiendo? Con respeto, sí. No con malas intenciones. Vi su primera visita y quedé tan impresionado que quise entender mejor. “¿Puedo preguntarle algunas cosas?” Esperanza evaluó a Mario por momento, después asintió. “Supongo que sí.

¿Cuántos ancianos visita regularmente?” Ahora mismo 16. Algunos tres veces por semana, otros dos veces. A algunos solo una vez, dependiendo de su condición. Todos viven solos. La mayoría, algunos tienen familia, pero familia está lejos o muy ocupada. El resultado es el mismo. Están solos la mayor parte del tiempo.

¿Cuándo empezó esto? Esperanza suspiró. Hace 4 años todo empezó con una persona. Don Eladio era paciente en mi hospital. Llegó en condición terrible, infección severa, desnutrición, deshidratación. Cuando lo estabilizamos y hablé con él, descubrí algo perturbador. ¿Qué? Que había estado gravemente enfermo en su casa durante dos semanas antes de que alguien lo encontrara.

Dos semanas solo, sin atención, sin que nadie notara. Su vecino finalmente lo encontró casi inconsciente. Vivía solo. Sus hijos vivían en otra ciudad. Nadie revisaba regularmente y cuando finalmente llegó al hospital, ah, estaba tan grave que casi no sobrevivió. Cuando se recuperó, el doctor quería darlo de alta, pero yo sabía que si regresaba a su casa sin apoyo, volvería en condición similar en pocas semanas.

Entonces decidí visitarlo sin que nadie se lo pidiera, sin que nadie se lo pidiera, solo yo sola, convencida de que era necesario. Y funcionó. Don Eladio tiene ahora 78 años. Está bien. Su condición es estable. Lleva 4 años bien porque alguien visita regularmente para asegurar que tome sus medicamentos, haga sus ejercicios y esto es crucial, que no esté completamente aislado.

Y después de don Eladio empecé a notar el patrón. En hospital veía mismo escenario repetido, anciano llegando en crisis después de semana sin atención adecuada en casa. Y pensé, si yo pudiera visitar a estos pacientes después del alta, ah, podría prevenir muchas de estas crisis. Entonces empecé a hacerlo. Cuando daba de alta a paciente anciano que vivía solo, le decía que pasaría a visitarlo, que no tenía que pagar, que solo quería asegurar que estuviera bien.

Al principio eran dos o tres pacientes, después cinco, ahora 16. Pero, ¿cómo hace todo? 12 horas en hospital, después 3 horas de visitas. Eso es 15 horas de trabajo al día. Sí, es mucho. Esperanza miró sus manos cansadas. Duermo 6 horas, a veces cinco. Los días libres del hospital los uso para visitas adicionales.

¿Tiene familia? Estoy soltera. Vivo sola, no tengo hijos. Mi tiempo es mío para usar como creo conveniente. No se agota. No quisiera tener tiempo para usted misma. Esperanza pensó por momento. A veces sí. A veces llego a casa tan cansada que apenas puedo comer antes de dormir. Y hay momentos cuando pienso, “¿Por qué hago esto? ¿Por qué no simplemente descanso como hacen otros?” Y qué responde a esa pregunta.

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