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LOS CINCO HOMBRES QUE VIGILA EL GOBIERNO…

9 días después de enterrar a Nemesio Ceguera Cervantes, el hombre que gobernó el cártel más violento de México durante 15 años, alguien ya se estaba sentando en su silla. No fue un funeral el que cerró esa historia, fue el principio de otra. Y esa otra historia es la que nadie te ha contado completa, la de dos hombres que se miraron desde extremos opuestos de la misma organización y entendieron casi al mismo tiempo que solo uno de los dos iba a quedar de pie.

Al Mencho lo mataron en un operativo en Tapalpa, Jalisco, el 22 de febrero. Murió camino a la Ciudad de México mientras lo trasladaban con vida todavía, según los reportes que después nadie quiso confirmar del todo. ¿Tú te acuerdas de la última vez que un capo de ese tamaño cayó y el país entero contuvo la respiración esperando la guerra que venía después? Porque esa guerra ya empezó.

 Solo que esta vez no se pelea a balazos en una carretera, se pelea con apellidos, con rutas de dinero y con un rancho en Teuchitlán que todavía guarda más secretos de los que la fiscalía ha querido admitir. Esto que vas a escuchar es la reconstrucción de cómo el cártel Jalisco Nueva Generación se partió en dos cabezas después de la muerte de su fundador y por qué el Estado mexicano hasta hoy no ha logrado meter preso a ninguna de las dos.

 Antes de seguir, si esto de verdad te interesa entender cómo se mueve el poder criminal en este país, dale a suscribirte. En los próximos minutos vas a entender algo que ni los propios sicarios del cártel terminan de entender todavía. Pero antes de hablar de quién quiere el trono, hay que entender por qué ese trono quedó vacío de una forma que el crimen organizado mexicano casi nunca permite, porque no es la primera vez que México ve caer a un capo grande.

 Lo vimos con Miguel Ángel Félix Gallardo, lo vimos con los hermanos Arellano Félix, lo vimos más recientemente con el propio Chapo Guzmán, pero cada una de esas caídas dejó un patrón distinto. Unas fracturaron el territorio en pedazos pequeños que se pelearon durante años. Otras dejaron una sucesión relativamente ordenada.

 Lo que vas a escuchar ahora es la reconstrucción paso por paso del tipo de sucesión que está viviendo hoy el cártel más grande y más internacional que ha tenido este país. Nemesioera Cervantes no construyó el CJNG solo. Lo heredó, lo peleó y lo terminó de forjar. sobre los restos de otra organización que casi nadie recuerda ya.

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 El cártel del Milenio, fundado por la familia Valencia en Michoacán a mediados de los años 90. Si tú viviste esa época, sabes de lo que hablo. Antes de que existieran los nombres que hoy salen en las noticias, ya existía esa estructura familiar, esa lógica de sangre y territorio que después el propio Mencho aprendió a usar mejor que nadie que hubiera venido antes que él.

 Oseguera Cervantes empezó, como tantos otros de su generación, como policía judicial en Jalisco antes de cruzar al otro lado. Escaló dentro de esa red de los Valencia, sobrevivió a las purgas que se llevaron a media organización y cuando el cártel del milenio terminó de desmoronarse, él ya tenía el territorio, los contactos y la reputación necesaria para levantar algo nuevo sobre esas cenizas.

 Eso fue el nacimiento real del Jalisco Nueva Generación, no una fundación desde cero, sino la reconstrucción de un imperio caído con un solo hombre al centro de todo. Por eso, cuando Ceguera Cervantes cae abatido en Tapalpa 15 años después, no cae solo un capo, cae el último hombre que sostenía con su sola presencia la lealtad de operadores que en realidad no se debían al cártel como estructura, se debían a él personalmente, de la misma forma en que él alguna vez se debió a los Valencia.

 Un analista de seguridad nacional lo explicó después con una frase que se quedó pegada en los reportes de inteligencia. Dentro de esa organización, no todos eran leales al Jalisco Nueva Generación como marca. Muchos eran leales a un solo hombre y ese hombre ya no estaba. Eso es lo que casi nadie entiende desde afuera. Un cártel no se derrumba porque le maten al líder.

 se derrumba o se parte, dependiendo de qué tan rápido alguien logre convencer al resto de que esa lealtad puede transferirse a otro nombre. Y aquí es donde la historia se pone interesante, porque en el Jalisco Nueva Generación la transferencia no fue limpia, fue una carrera. Y como toda carrera de sucesión en el narcotráfico mexicano empezó incluso antes de que el cuerpo llegara a la fosa.

 Durante años se habló de que el heredero natural sería Rubénuera González, el menchito, hijo de sangre del capo. Pero el menchito llevaba años preso en Estados Unidos. con una cadena de cargos que lo dejaba fuera de cualquier posibilidad real de tomar el mando desde una celda federal a miles de kilómetros de distancia.

 El trono entonces no tenía un heredero obvio, tenía candidatos, varios, y cada uno con una versión distinta de lo que debía ser el cártel después de su fundador. Y en el expediente del gabinete de seguridad federal, apenas unas semanas después de la caída del mencho, aparecían ya varios nombres marcados como prioritarios. Juan Carlos Valencia González, Gonzalo Mendoza Gaitán, Audias Flores Silva, Ricardo Ruiz Velasco, conocido como El R, Heracleo Guerrero Martínez, apodado tío la cinco hombres, cinco historias distintas dentro del mismo cártel, pero

solo dos con el peso real para sostener la organización completa sin que se les fuera de las manos. Todavía no sabes por qué esos dos y no los otros tres [música] terminaron siendo los únicos que importaban de verdad. Eso viene ahora. Si tú has seguido este canal, ya sabes que esta no es la primera vez que una organización criminal mexicana pierde a su cabeza y el país entero se pregunta qué va a pasar después.

 Y cada vez que ha pasado la respuesta ha sido distinta. Cuando cayeron los setas de sus fundadores originales, aquellos desertores de élite militar que un día decidieron pasarse al otro lado, la organización terminó fracturándose en facciones que se pelearon entre sí durante años, debilitando tanto al grupo que hoy apenas queda una fracción de lo que llegó a ser. Ahí ganó.

 Al final nadie ganó el desgaste cuando cayó el Chapo Guzmán. En cambio, el cártel de Sinaloa logró algo que pocas organizaciones consiguen. Una sucesión relativamente ordenada, primero bajo el mando compartido con el mayo Zambada y después, con los años bajo la disputa actual entre los hijos de ambos. Tardó, pero se sostuvo.

 Entonces, la pregunta que de verdad importa no es solo quién va a ganar entre el R3 y el sapo. La pregunta es, ¿el Jalisco Nueva Generación va a repetir el patrón de los setas y fracturarse en pedazos que se debilitan peleando entre sí? ¿O va a repetir el patrón de Sinaloa y sostenerse aunque tarde años en decidir quién manda de verdad? Ahí está la diferencia entre una organización que colapsa desde adentro y una que simplemente cambia de nombre en la cabeza, mientras el resto sigue funcionando exactamente igual.

 Y todo indica, según los propios analistas que han seguido este proceso mes con mes, que el Jalisco Nueva Generación se está inclinando hacia el segundo camino, el de la organización que se sostiene, aunque tenga dos cabezas peleando por el mismo cuerpo. Para cualquiera que haya vivido de cerca o de lejos, la evolución del narcotráfico en este país durante las últimas tres décadas, debería preocupar más que cualquier balacera aislada.

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