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TALA RANGEL: La DURA HISTORIA del PORTERO del TRI en el MUNDIAL

TALA RANGEL: La DURA HISTORIA del PORTERO del TRI en el MUNDIAL

El Tala Rangel se acaba de convertir en el hombre récord de México. Cuatro partidos disputados, cuatro veces con la portería en cero. El arquero mexicano con más tiempo invicto en la historia de las copas del mundo por encima de leyendas como la Tota Carvajal, Pablo Larios y el mismísimo Memo Ochoa. Pero lo que pocos saben es que ese portero fue un niño que nació en la pobreza más absoluta.

tuvo que trabajar para sobrevivir desde los 8 años, limpiando charolas en una panadería, repartiendo carne, vendiendo cocos y, sobre todo amasando lodo con los pies durante horas en una ladrillera. De esas manos lastimadas por el barro salió el mismo que hoy detiene los sueños de las potencias del mundo y defiende con orgullo el arco de México.

Te aseguramos que lo que estás por conocer te hará emocionar. El niño que siempre luchó por sus sueños. A 2 horas y media de Guadalajara, en un rincón de Jalisco llamado Zapotlán el Grande, mejor conocido como Ciudad Guzmán, creció un niño que aprendió el sacrificio antes que las tablas de multiplicar. La vida no le regaló nada.

Cuando apenas tenía 4 años, sus padres se separaron y desde entonces fue su abuela materna quien cargó con la enorme responsabilidad de criarlo. En aquella casa el dinero nunca alcanzaba y ese pequeño entendió muy pronto una verdad que ningún niño debería entender tan temprano. Si quería comer, tenía que trabajar. Y trabajó con una edad en la que otros niños solo pensaban en jugar e limpiaba charolas en una panadería, barría, polveaba el pan y aprendía el oficio a fuerza de madrugones.

De ahí salía a repartir carne como ayudante en una carnicería. Los domingos vendía paletas en el parque para juntar unos pesos y a veces acompañaba a su abuelo a vender cocos bajo el sol. Pero de todos aquellos trabajos, hubo uno que marcó su cuerpo y su carácter para siempre. En una ladrillera, aquel niño amasaba el lodo con sus propios pies durante horas interminables.

Su madre todavía recuerda, con la voz quebrada, como su hijo regresaba a casa cubierto de barro de la cabeza a los pies. Con los pies lastimados y agrietados por el esfuerzo, cualquiera habría renunciado. Él nunca lo hizo. Y aquí es donde su historia empieza a tomar una dimensión distinta, porque ese sufrimiento tenía un propósito que pocos alcanzaban a ver.

Cada vez que cobraba hacía algo que rompía el corazón. entregaba una parte del dinero a su madre y a su abuela para ayudar en casa y con lo poco que sobraba, ahorraba centavo a centavo para comprarse sus propios tenis de fútbol. Porque en medio de tanta carencia había una sola cosa que lo mantenía de pie, una obsesión, un sueño que parecía imposible para un niño pobre de provincia. El balón era su refugio.

Jugaba en cada rincón, rompía objetos de la casa de tanto patear y los fines de semana se levantaba antes que nadie con una única idea en la cabeza, ir a jugar. Pero el fútbol no le pondría las cosas fáciles. En Ciudad Guzmán [carraspeo] no existía una escuela de Chivas. El equipo de sus amores y su gran referente bajo los tres postes era otro rojiblanco de leyenda, Oswaldo Sánchez, al que soñaba con imitar algún día.

La única opción cercana pertenecía al América y ahí, [carraspeo] irónicamente [música] comenzó el camino del futuro ídolo rojiblanco. Al principio lo probaron por todas las posiciones del campo hasta que un día descubrió que su verdadero lugar estaba donde casi nadie quiere estar, bajo los tres postes. Sin embargo, ni siquiera tener talento garantizaba nada cuando el dinero faltaba.

La situación económica de su familia le impedía pagar con regularidad la escuela de fútbol y estuvo a punto de quedarse fuera por algo tan injusto como no tener con qué. Fue entonces cuando apareció la primera de muchas manos que creyeron en él. Su entrenador, al ver la determinación de aquel muchacho que nunca ponía excusas y que aceptaba jugar donde fuera con tal de estar en la cancha, decidió becarlo por completo.

Uniformes, calcetas, zapatos, todo sin costo, ganado únicamente a base de esfuerzo, pero la vida seguía poniéndole pruebas. El trabajo muchas veces le impedía llegar a tiempo a los entrenamientos e incluso a los partidos. Hubo ocasiones en las que su propio entrenador tuvo que ir a hablar directamente con el patrón de la carnicería para pedirle que lo dejara jugar un encuentro importante.

A los 16 años comenzó a tocar puertas. Buscaba una oportunidad profesional y las visorías lo llevaron tanto al Atlas como a Chivas. Atlas quedó encantado con él, pero había un problema imposible de resolver. No podían ficharlo porque no tenían donde alojarlo. Parecía otro portazo más en una vida llena de ellos. Sin embargo, días después sonó el teléfono en aquella humilde casa de Ciudad Guzmán y lo que ocurrió a continuación cambiaría todo para siempre. Era Chivas.

El equipo de sus sueños lo invitaba oficialmente a integrarse a sus fuerzas básicas. La noticia era tan grande, tan inverosímil para una familia acostumbrada solo a malas noticias, que al principio desconfiaron. Temían que se tratara de una extorsión de una cruel broma telefónica. Tardaron en creerlo, pero cuando por fin confirmaron que la oferta era real, firmaron los documentos y aquel niño que amasaba lodo tomó rumbo a Guadalajara para perseguir lo imposible.

Lo que no imaginaba es que el sueño, una vez cumplido, dolería casi tanto como la pobreza que dejaba atrás. Explosión en Liga AMX. Llegar a la casa club de Verde Valle debía ser el paraíso. Fue, en cambio, una de las etapas más duras de su vida. Por un tiempo viajó cada fin de semana entre Ciudad Guzmán y Guadalajara, hasta que finalmente se instaló en las instalaciones rojiblancas, lejos [música] de todo lo que conocía.

Y ahí, rodeado de canchas perfectas y de un escudo de leyenda, descubrió un enemigo que no había enfrentado nunca, la soledad. Fue escalando peldaños 1 a 1, sub17, sub20 y por fin el tapatío, la filial rojiblanca en la liga de expansión, donde el 20 de septiembre de 2020 vivió su primer partido como profesional en una goleada por tres goles sin respuesta sobre los alebrijes de Oaxaca.

Ganó su apodo por el enorme parecido físico con Alfredo Talavera y con 1.91 m de estatura empezó a llamar la atención por su imponente presencia bajo los palos. Todo apuntaba a que el ascenso al primer equipo sería cuestión de tiempo. Lo que nadie le advirtió fue cuánto tiempo tendría que esperar.

El primero de octubre de 2023, bajo las órdenes del técnico Belgo, Paunovic, hizo su debut en primera división en un empate a un gol frente al Toluca. Después de tantos años de espera, tantas lágrimas y tanta paciencia, por fin defendía el arco de Chivas en la máxima categoría. Y entonces, cuando por fin la vida parecía sonreírle, ocurrió lo inesperado.

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