La Llamada que Heló la Sangre de Todo un País
El 29 de septiembre de 2019, Marisol Sosa se encontraba rodeada de risas, globos de colores y la inocencia absoluta de su pequeña hija Elena, quien celebraba su primer año de vida. Era un momento de felicidad plena, un respiro y una pausa luminosa en la vida de una familia que, a lo largo de las décadas, se había acostumbrado a la intermitencia desgastante de los reflectores, la fama y el drama. Sin embargo, en cuestión de segundos, la mágica celebración familiar se transformó repentinamente en la más cruda y oscura de las pesadillas imaginables. Su hermano, José Joel, se acercó de repente con el rostro completamente descompuesto, pálido, y un teléfono temblando visiblemente en la mano. Al otro lado de la línea telefónica, la voz fría, cortante y repetitiva de su media hermana Sarita pronunciaba en bucle las desgarradoras palabras que terminarían por apuñalar el alma de millones de personas: “Ya se murió, ya se murió, ya se murió”.

José Rómulo Sosa Ortiz, mundialmente aclamado e idolatrado como José José, el inigualable “Príncipe de la Canción”, había exhalado su último aliento de vida en la fría habitación de un hospital de Homestead, en Florida. Pero la inmensa tragedia de su fallecimiento físico fue tan solo el oscuro y retorcido preludio de una historia macabra, plagada de imperdonables traiciones, cruda manipulación y lo que muchos califican como un auténtico secuestro post mortem que mantuvo a toda la nación mexicana en vilo y al borde del colapso emocional. Sarita, tras soltar la demoledora y trágica noticia sin la más mínima empatía o tacto, cortó abruptamente la comunicación y se sumió en un silencio sepulcral absoluto. Fue en ese preciso instante de desconcierto en el que se desencadenó una frenética e indignante cacería humana por tratar de recuperar a tiempo los sagrados restos de un tesoro y patrimonio nacional de México.
El Calvario de Cinco Días: Buscando a un Fantasma en Miami
Rotos por el dolor, el shock y la incertidumbre, Marisol y José Joel empacaron en minutos y abordaron el primer vuelo comercial disponible con destino hacia Miami. Llevaban sobre sus espaldas la inmensa carga emocional de querer llorar sobre el cuerpo inerte de su padre, poder abrazarlo por una última vez y comenzar las gestiones para prepararlo de cara al adiós colosal que México, como nación, le tenía fervientemente reservado. Sin embargo, la realidad que golpeó sus rostros al pisar tierras estadounidenses fue la de encontrarse con un muro de contención impenetrable, construido a base de hostilidad incomprensible. Al presentarse en la recepción del recinto médico de Homestead, no hallaron la esperada compasión humana ni las lógicas respuestas, sino que se toparon con uniformes de seguridad y amenazas de arresto. La policía estadounidense, acatando órdenes sumamente estrictas, frías y meticulosamente calculadas por parte de Sara Sosa (Sarita), escoltó y echó a los hijos mayores fuera de las instalaciones del hospital bajo el trato de peligrosos delincuentes callejeros.
Comenzó de este modo un peregrinaje dantesco, doloroso e inhumano que se prolongó a lo largo de cinco interminables días de angustia. Recorrieron funerarias, llamaron a decenas de morgues, visitaron oficinas gubernamentales de actas de defunción y acudieron a agencias policiales de la ciudad; en absolutamente ninguna parte existía un registro oficial, documento o pista del paradero del cadáver del cantante más icónico de la historia musical de México. Mientras este terrorífico misterio transcurría en silencio en las calles floridanas, en las redes sociales estallaba como pólvora una ola de indignación colectiva imparable y furiosa, liderada de manera masiva por el poderoso hashtag #DóndeEstáJoséJosé. ¿Cómo era lógica y humanamente posible que aquel hombre frágil que había hecho llorar a continentes enteros con la profundidad de su sensibilidad, ahora no tuviera si quiera un lugar físico donde poder ser velado y llorado por su propia sangre? Resultó ser casi una semana de tortura psicológica implacable, lapso en el que los consternados hermanos mexicanos ni siquiera pudieron confirmar visualmente con sus propios ojos que su amado padre realmente había fallecido y no seguía con vida sufriendo.
Una Voz Perfecta Forjada en el Fuego Clásico y la Herida del Dolor
Para lograr comprender de manera cabal la gigantesca e irreparable dimensión titánica de esta pérdida artística, resulta un ejercicio imperativo y necesario viajar en la máquina del tiempo de regreso a los orígenes más humildes del genio musical. Nacido, criado y forjado en las pintorescas calles de la emblemática colonia Clavería en la capital de México, el pequeño e introvertido José Rómulo jamás tuvo la opción de elegir abrazar la música; fue la música misma, en su forma más pura, la que lo reclamó por derecho divino como su prodigio absoluto. Al ser el hijo legítimo de José Sosa, un tenor de ópera extraordinario, virtuoso, pero trágicamente frustrado por haber nacido en un país que, históricamente, no retribuía ni valoraba económicamente dicho arte refinado, y de Margarita Ortiz, una virtuosa, abnegada y talentosa pianista de grado de conservatorio, el pequeño niño creció respirando de forma natural partituras de alta complejidad y melodías clásicas inmortales desde la cuna misma.
A la precoz y muy tierna edad de cinco años, su exigente padre reconoció de inmediato el brillo de un diamante en bruto inigualable y comenzó a instruirlo a puerta cerrada con rigurosísimas y extenuantes técnicas vocales operísticas de clase mundial. Ese constante entrenamiento temprano, sumamente metódico y de precisión casi quirúrgica, le otorgó con el paso de los años a sus elásticas cuerdas vocales un envidiable rango, una imponente claridad y una colosal potencia que resultarían definitiva y trágicamente inalcanzables para cualquier otro baladista popular comercial de su generación. José no cantaba, José era una maquinaria perfecta de pura transmisión emocional directa a las venas.
Sin embargo, este nivel de abrumador y desbordante talento no aterrizó de manera aislada en su vida terrenal; vino trágicamente envuelto y escondido en un oscuro paquete envenenado por la genética silenciosa e implacable de la adicción. El amado pero conflictuado padre de José era un alcohólico empedernido, un demonio líquido y silencioso que poco a poco se encargó de destruir su tan prometedora carrera operística y que, eventualmente, terminó llevándolo sin piedad a la tumba. Esta traumática y dolorosa muerte prematura del patriarca empujó por necesidad a José, siendo todavía apenas un adolescente inmaduro y sumamente vulnerable, a tener que salir a las madrugadas para tocar el pesado contrabajo en bares bohemios y cantinas de pésima muerte con el único objetivo de poder generar ingresos para sostener económicamente a su viuda madre y a sus jóvenes hermanos. Fue precisamente hundido en la densa oscuridad y la embriaguez de esos tugurios nocturnos de mala muerte donde José absorbió y aprendió a conectar orgánicamente con la miseria y el desgarro del sufrimiento humano, cursando sin quererlo una escuela de vida tan brutal y honesta que terminaría cincelando y forjando la desgarradora sensibilidad interpretativa que más tarde lo convertiría en una leyenda inmortal.
El Milagro Absoluto de Viña del Mar y el Cíclico Descenso a los Infiernos
El caprichoso destino de la historia de la música latinoamericana cambió para la absoluta eternidad una fría noche de febrero de 1970. Un muy joven, inexperto, tímido y hasta ese entonces prácticamente desconocido muchacho llamado José José subió con paso firme y el corazón latiendo a mil por hora al imponente y aterrador escenario de la Quinta Vergara, durante el exigente Festival de Viña del Mar en Chile, con el propósito de interpretar “El Triste”, una monumental, densa y en extremo compleja obra maestra concebida por el gran maestro compositor Roberto Cantoral. Fueron únicamente cuatro minutos y medio de perfecta ejecución vocal, pero el deslumbrante despliegue de su técnica de respiración perfecta, el torrente abrumador de su incontenible carga emocional y la ejecución magistral de esa nota final agónica —la cual mantuvo sostenida por un tiempo que iba mucho más allá de las leyes lógicas de la capacidad pulmonar y la fisiología humana— terminaron por provocar un milagro escénico: una ovación colectiva, unánime, ensordecedora y de pie que obligó a interrumpir el clímax final de la canción. Aunque de forma irónica, y para enojo de la historia, esa noche los jueces no le otorgaron el anhelado primer lugar del certamen, esa mágica presentación permitió que la humanidad entera fuera testigo del nacimiento de un príncipe inmortal de las baladas que dominaría con un guante de seda la multimillonaria industria musical hispana durante el medio siglo siguiente, vendiendo la vertiginosa e histórica cifra de más de 100 millones de discos físicos vendidos a nivel global.
No obstante, en el reverso oscuro de esa moneda dorada de triunfo, detrás del glamour de la televisión, los trajes confeccionados por los mejores diseñadores de la época, las deslumbrantes luces cegadoras de neón, los majestuosos estadios repletos de lado a lado y las gruesas paredes decoradas con discos de platino y oro, aguardaba acechante el imbatible monstruo del alcoholismo. Aquella trágica, pegajosa y funesta herencia genética y conductual de su difunto padre finalmente despertó y comenzó a devorarlo a pedazos desde adentro hacia afuera. El asfixiante y demoledor estrés psicológico causado por las interminables giras mundiales continuas y la frialdad sepulcral que emanan las perfectas habitaciones de los hoteles de superlujo, encontraron su único, falso, efímero y altamente destructivo consuelo anestésico en lo profundo de innumerables botellas de licor vacías. Poco a poco, noche tras noche y trago a trago, el preciado, irrepetible y divino instrumento de cristal puro que habitaba privilegiadamente en su garganta comenzó a astillarse, marchitarse y rajarse de manera peligrosamente visible y dolorosa. Todo el país azteca fue un testigo pasivo y sumamente impotente del lento, tremendamente doloroso y hasta por momentos muy humillante deterioro público de su ídolo supremo, a quien recurrentemente se le veía trastabillando sin fuerza para apenas poder sostenerse en pie sobre las tablas de los prestigiosos escenarios, perdiendo vergonzosamente el aire, la dicción, y junto a ello, el control maestro de su alguna vez majestuosa, cristalina y perfecta afinación de barítono. Este acelerado y crudo declive provocado por la botella no solo apuñaló su irrepetible voz hasta silenciarla dejándola en un débil susurro, sino que actuó como pólvora para dinamitar por completo su entorno más sagrado, arruinando irremediablemente y hasta sus cimientos su ya debilitado matrimonio con la bella actriz mexicana Anel Noreña, a la par que fracturaba sin cura posible la dinámica afectiva y la confianza pura con sus hijos mayores, sentando sobre escombros las oscurísimas bases emocionales y logísticas para la gran tragedia final que marcaría sus últimos y agonizantes días de vida en la Tierra.
El Aislamiento Culpable y el Secuestro Total en su Residencia de Florida
La muy polémica y muy debatida posterior llegada de la cubanoamericana Sara Salazar al interior de la turbulenta y desordenada vida cotidiana del desgastado cantante, marcó el punto innegable de no retorno hacia el abismo más negro. Aprovechando hábilmente la preocupante y evidente vulnerabilidad física de un hombre quebrantado, aunado a su extrema fragilidad y profunda codependencia emocional de la época, la figura central y artística de José José fue gradual, sutil pero constantemente desplazada de su cálido hábitat natural, hasta ser empujado a mudarse definitivamente de país y radicarse en la ciudad de Miami. A ojos de Marisol y de José Joel, así como bajo el intenso escrutinio de millones de fans mexicanos muy preocupados por el bienestar de su estrella, este drástico movimiento transfronterizo jamás se trató de un intento romántico o de una mera casualidad para buscar un nuevo comienzo pacífico, sino que fue catalogado como un silencioso y forzado exilio estratégicamente orquestado en las sombras. Lo describieron públicamente como un muy calculado, denso y francamente perverso plan de aislamiento total diseñado pieza a pieza con el retorcido objetivo de arrancar de tajo a la figura del Príncipe de sus más sólidas, amadas y arraigadas raíces mexicanas para así poder apartarlo para siempre jamás de los ojos, la influencia y el cuidado protector de sus hijos mayores y de la prensa de espectáculos de su país.
El fulminante y aterrador diagnóstico médico oficial de cáncer de páncreas, enfermedad con la que fue notificado en el oscuro transcurso del año 2017, actuó inexorablemente como la letal firma de tinta indeleble que sentenciaba su inexorable muerte física a corto plazo. A lo largo de todo su último y terriblemente agónico año y medio de dolorosa existencia terrenal, José José estuvo en la práctica y de manera virtual, secuestrado legalmente y crudamente silenciado por su propia y nueva familia constituida en el territorio de los Estados Unidos de América. No existía ni un solo resquicio de información pública transparente; no se permitía filtrar, ni bajo sobornos, fotografías recientes del estado real del ídolo, se censuraron y bloquearon herméticamente los tradicionales comunicados médicos oficiales o boletines de prensa para tranquilizar a las masas, y todas las incontables llamadas repletas de lágrimas, súplicas y desesperada angustia provenientes de los teléfonos de sus primogénitos desde el corazón de la Ciudad de México sencillamente sonaban interminablemente, una y otra vez en el lúgubre vacío de un contestador apagado. Sara Salazar y su joven hija compartida, bautizada también con el nombre de Sarita, se autoproclamaron de facto como las tiránicas, invulnerables y absolutas guardianas legales de un hombre severamente enfermo, anímicamente menguado y ahora dramáticamente carente de voz o voto en las decisiones de su tratamiento y manejo público, decidiendo de manera totalmente unilateral, soberbia y cruel quién, cómo, cuándo y de qué forma se tenía el más mínimo acceso o derecho a existir momentáneamente en el reducidísimo, hermético y asfixiante mundo que le quedaba al último gran ídolo de la canción latinoamericana.
Una Traición Póstuma y Cenizas Dolorosamente Divididas para un Adiós a Medias
El tristísimo y caótico desenlace de esta encarnizada e indignante guerra civil familiar rebasó dramáticamente cualquier difuso límite remanente de la ética, el respeto básico a los muertos y la más pura moralidad humana. Tras haber sobrevivido a los cinco agónicos y humillantes días de incesante peregrinaje físico buscando a ciegas algún rastro fehaciente del paradero legal del cadáver desaparecido en el laberinto burocrático, la brutal y dolorosísima verdad por fin se destapó y se estrelló de frente en la cara de los mexicanos: Sarita, haciendo pleno y total uso anticipado de todos sus cuestionados poderes legales como familiar responsable en suelo de los Estados Unidos, ya había gestionado previamente y firmado a solas, con sangre fría, todos los implacables documentos jurídicos requeridos para autorizar y ordenar la inmediata y rápida cremación de los sagrados restos mortales del emblemático cantante azteca. Absolutamente todo este macabro e irreversible proceso terminal fue fríamente orquestado y ejecutado en el más completo y oscuro sigilo, ignorando descaradamente los desgarradores gritos de ruego de sus propios medios hermanos y denegando categóricamente y sin apelo la realización exhaustiva de una debida y crucial autopsia forense, la cual se exigía a gritos como método legal para aclarar de una vez por todas el mar de gigantescas sospechas e infundadas dudas en torno a las exactas y muy opacas circunstancias ambientales y médicas en que se produjo el letal deceso en el interior del centro hospitalario floridano. Sin embargo, lo que resulta histórica y moralmente de manera infinita mucho más doloroso y detestable para la cultura popular de toda una vibrante nación, fue el imperdonable hecho de pisotear de modo público, consciente y premeditado la clara, sacrosanta y muy respetada última gran voluntad expresada verbalmente en vida por el propio José José. El mayor, el más profundo y entrañable anhelo recurrente del adolorido pero orgulloso intérprete mexicano siempre fue y manifestó constantemente ser sepultado a la antigua, de manera íntegra, conservando celosamente su cuerpo presente intacto para ser vestido de gala y, sobre todas las cosas y motivos del mundo, recibir su descanso por los siglos de la eternidad acostado íntima y tranquilamente justo al lado del sepulcro sagrado donde yace su adoradísima madre. El artista estipuló que ese lugar debía ser obligatoriamente dentro de las fronteras de los muros del bellísimo e histórico Panteón Francés de San Joaquín, recinto mortuorio que yace enclavado permanentemente en el mismísimo y palpitante corazón central de su amada Ciudad de México.
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La colosal presión incesante de la furia mediática sin precedentes y la oportuna, casi obligatoria y muy urgente intervención de las más altas esferas de la diplomacia gubernamental binacional tuvieron que entrar forzosamente en acción directa e implacable para poder frenar de último minuto que esta dolorosa humillación continuara su curso y deviniera en una imborrable catástrofe política total, pero a pesar de tan grandes y nobles esfuerzos internacionales al más alto nivel jerárquico solo lograron, a base de desgastantes y muy tensas negociaciones, arrancar un inusitado acuerdo salomónico profundamente amargo, trágico y por completo desgarrador para el orgullo nacional herido: el venerado cuerpo original, sin mayor ceremonia tradicional ni honor fúnebre completo, fue irreversiblemente incinerado por una indiferente maquinaria dentro de los hornos del estado de Florida, y tan solo como premio de consolación la mitad volumétrica de las valiosas, oscuras y sagradas cenizas del artista fue entregada en custodia, para lograr así de esta manera realizar el largo y aclamado viaje final de regreso soberano a los cálidos brazos de su entrañable México con el triste objetivo póstumo de recibir de forma multitudinaria un extremadamente majestuoso, poéticamente hermoso y a la vez absolutamente desolador homenaje de Estado nacional y civil albergado orgullosamente por varios días bajo los finos arcos y doradas cúpulas labradas que engalanan el imponente recinto cultural oficial conocido en todo el continente como el histórico Palacio de Bellas Artes. La otra triste mitad física restante de sus irrecuperables restos humanos en polvo mortuorio, quedó por orden y capricho legal en calidad de cautiva y recluida eternamente en un nicho ubicado dentro del espacio territorial de la soleada ciudad de Miami, Florida. Así las cosas, toda una vibrante, sentimental y melodramática nación soberana completa, arrastrando el dolor agudo y sintiendo el alma destrozada y completamente desgarrada por los turbulentos acontecimientos vividos recientemente, se vio penosamente forzada a tener que caminar y desfilar masivamente, haciendo filas interminables por incesantes horas, para al final poder hincarse velozmente frente a la majestuosidad de un pesado féretro metálico y brillante bañado en oro y rosas que solo contenía y alojaba la fría presencia de un difunto resguardado a medias en un cofre sellado de caoba, derramando allí un inconmensurable mar de tristes y genuinas lágrimas sentidas por el sorpresivo y mal llevado final humano de un gigante y titánico prócer de la música latinoamericana y de los románticos empedernidos de todo el planeta Tierra, cuyo ser, historia y brillante vida se vio miserable y tristemente finalizada al ser cruelmente fragmentado literal y figurativamente por las oscuras fuerzas combinadas de la avaricia humana, el enfermizo y agobiante control posesivo familiar y, fundamentalmente, la pesada sombra asfixiante e imperdonable del más profundo y enquistado rencor surgido violentamente desde las entrañas del núcleo familiar desquebrajado de un hombre que le cantó incesantemente al amor.
El Imparable y Nostálgico Eco Inmortal, Sublime y Eterno de la Gran Tristeza

El brillante pero torturado hombre que fue y alguna vez existió bajo el sonoro y rimbombante nombre formal de registro civil mexicano de José Rómulo Sosa Ortiz, caminó penosamente pero con una inmensa dignidad y sensibilidad artística intachable, transitando por las empinadas y siempre difíciles cuestas de una dura existencia en el plano terrenal. Este escabroso e inestable camino existencial vital siempre, hasta sus mismísimos estertores de aliento final en esta dura Tierra, transcurrió fuertemente influido, delimitado y forzosamente marcado en el reloj por los colosales y brutales abismos de grandes contrastes anímicos, los cuales, sin equivocarnos en absoluto, seguramente terminan por considerarse sin tapujos como los escenarios límite, dramáticos y dolorosamente más extremos, viscerales y brutales que la compleja condición humana es capaz de experimentar, asimilar y sobrevivir, aun siendo en pleno siglo XXI. Su brillante y estelar trayectoria biográfica terrenal voló alto, logrando en vida que el peso de su humilde humanidad tocara efímeramente y se regocijara entre los destellos divinos de la cúspide luminosa del inalcanzable firmamento de la historia musical moderna en nuestro idioma hispano, todo ello abrazando sin temor, proyectando y entregando al mundo entero, a manos llenas y sin cobrar en reservas el infinito y puro derroche invaluable del magnífico milagro que poseía en una dulce voz angelical, estruendosa, mágica y completamente divina venida de los mismísimos coros del cielo; pero al ras del duro suelo terrenal y empedrado de su compleja psique diaria arrastró ininterrumpidamente atado a su tobillo, arrastrando sobre hombros por las madrugadas infinitas, unas densas, durísimas y larguísimas y pesadas cadenas infernales incandescentes, las cuales fueron oscuramente cinceladas y tenazmente forjadas en el ardiente fuego vivo proveniente de sus más dolorosos demonios existenciales, compuestos amargamente por el inevitable e infinito dolor lacerante del más cruel e inhumano de los desamores conyugales y la torturante y muy vergonzosa e impresentable presencia asfixiante y diaria de su enfermedad física catalogada clínicamente como la brutal e incontrolable adicción a las bebidas de grados alcohólicos. En todo lugar y plaza pública fue merecidamente idolatrado, consentido, mimado y colmado abundantemente de reverencias, rosas de plata, diamantes pulidos y sonoros vitoreos lanzados apasionada y locamente por inmensas e infinitas multitudes en estadios de todos los países de habla hispana en el mapa continental, que a la vez de forma estruendosa coreaban y gritaban su artístico pseudónimo de dos palabras con inusitado y desmedido fervor pasional y casi místico o reverencial, a la usanza religiosa; y a pesar de la lluvia interminable del dinero, comodidades ostentosas y amor a espuertas desde todos los frentes posibles en el clímax dorado y supremo de sus grandiosos, gloriosos e inmortales años de mayor gloria y juventud ochentera de oro, el legendario astro e inigualable y frágil ser exhaló el dolorosísimo y pálido sonido inaudible del último y gélido respiro letal de vida biológica de sus pulmones cansados marchándose a lo infinito en el contexto enlutecido de presenciar dolorosamente la situación humana del más escalofriante, penoso, cruel y solitario pero absoluto, rotundo y sumamente deprimente marco trágico de un total y oscuro e impenetrable aislamiento impuesto bajo fuerza, viéndose forzosamente envuelto en un aura oscura, triste, lúgubre, turbia y sumamente fría por un enjambre incomprensible y espantoso de enormes misterios, insondables miedos infundados, mentiras absurdas, espinosas sombras largas con lamentos y, en última instancia, una despiadada frialdad institucional de pasillos y quirófanos que se volvía letal en soledad total. Todo esto mientras fuera, muy lejos a sus espaldas de la vista física de las cortinas floridanas herméticas que la cubrían, las inmensamente adoloridas figuras que eran sin ninguna clase de dudas sus originarios, directos y más puros, legítimos y verdaderos herederos genéticos mexicanos imploraban de hinojos y suplicaban en vano, soltando el mar completo de llanto a moco tendido hacia un horizonte gélido, opaco e inhumano en la cruel vana esperanza infértil por llegar a tener tan solo unos simples y minúsculos y diminutos segundos robados en un reloj final biológico en cuenta para gozar la pequeñísima, muy remota y negada oportunidad invaluable para acceder con amoroso dolor puro para de esta forma bendecida de dar una mínima muestra familiar que otorgase la paz para darle como fin la despedida en la cara en un único último e inmensamente profundo suspiro de adiós lleno de dolor del verdadero perdón íntimo entre la misma carne de su amoroso adiós.
Si todavía hoy pudiese llegar a asomar en la memoria nacional y llegar a existir con vida, oculta al menos una insignificante y efímera pequeña frase magistral literaria rescatada en forma del gigantesco, rico y vasto e increíble universo sonoro letrista musical de México que mágicamente, a modo de epitafio perfecto y colosal en oro, logre resumir con pasmoso y perturbador detalle la vida, de un brochazo fuerte, espeso de poesía de manera soberbia, absolutamente sublime y profundamente profética, misteriosa o si quiera a modo de macabro acto que anticipe mágicamente en papel lo que fue posteriormente la encarnación premonitoria viviente y muy exacta de su largo paso desangrante, inmenso, tortuoso y a la par enormemente brillante y tremendamente colosal y doloroso tránsito o caminata incesante en sus andares, paso a paso sudados entre sonrisas borrosas por este oscuro, injusto, impredecible y enmarañado mundo hostil donde caminó un inmenso príncipe soñador e inocente del corazón; esta oración mítica, de incalculable e inconmensurable y demoledor tamaño e imponente tamaño es y siempre será incuestionablemente la desgarradora, brutal, sentida, pura e imponente y hermosísima apertura desgarradora a los pulmones o el primer punzante verso incial doloroso proveniente de la letra romántica inyectada a flor de piel surgida como sangre de las venas de aquella misma trágica e inolvidable y legendaria y mítica magna inmensa obra musical histórica cantada e inolvidable de “El Triste” de la autoría de Cantoral, canción grandiosa que en sí fue y funcionó trágicamente y al detalle como la gloriosa y enorme flecha o lanza luminosa dorada divina cantada a pulmón y garganta en Chile cantada la cual le empujó de inmediato y que además sin perdonarle luego lo amarró firme y fuertemente a la enorme mole histórica la cual para infortunio glorioso del gigante que lo disparó directo a las estrellas y a su misma vez para ser también su cruz, pues esto lo precipitó catapultándolo inmortalmente y de paso directo y de una sola forma inmediata pero letalmente sin frenos hacia la eterna divinidad de los astros pero de frente a un gran sol hirviente de estrellato brutal de dolor masivo trágico, esa inolvidable pieza musical que en el compás musical se asoma con letras inmortales al abismo dice: “Qué triste fue decirnos adiós”. Al final dramático de todo su recorrido existencial final y doloroso pasaje final y definitivo del adiós amargo o cierre de su gran y colosal historia de telón bajo, de cierre monumental biológico como la luz de un ocaso en llamas de su titánica e incansable jornada sudorosa frente al mundo ingrato del sudor y sangre frente al micrófono con pedestales de metal y frente a un público feroz y enorme de pie ovacionando, este gran y venerado e inmortal gran rey caído al final o ese grandioso, majestuoso e inmenso ídolo de ébano llamado artísticamente por siempre el aclamadísimo, único, adorado Príncipe mexicano inigualable del amor absoluto melancólico, rey de diamantes triste con una lágrima brillante eterna congelada inmerso por siempre eterno en un enorme eco musical melancólico conocido como el amado y admiradísimo y frágil y grandioso “Príncipe indiscutido e inolvidable Príncipe Supremo de la balada y triste de la pura Canción Melancólica latinoamericana”, demostró incuestionable con actos finales, llanto duro que en sí que el intérprete, de la melancolía que a lo largo de décadas o al paso de ese enorme medio siglo oscuro con discos de vinilo que grabó como parte inagotable o la magia que en realidad demostró con dolor que él no en el fondo íntimo oscuro él no fue y tampoco representó ser y jamás quiso engañar ni llegar simplemente actuar el banal gran y falso o plástico rol de teatro falso en los que fungía, como solo otro simple y brillante cantante o el frío y único grandísimo genio musical interpretador o ser el rey absoluto supremo e intérprete principal estandarte que de algún modo ficticio y frívolo sirviese el portador plástico inmenso e inmortal falso como vocero comercial y superficial que fuera de solo actuar fríamente con notas altas o encarnara a capela dolorosamente el ser o el genio rey supremo, un grandioso o único supremo coloso máximo gigante principal intérprete de mentira comercial en que la gente depositaba en un maniquí solo tristezas comerciales del alma sino que más allá de eso doloroso como el inigualable enorme coloso intérprete puro sincero o dueño exclusivo rey o depositario musical de llantos de nuestros débiles y dolorosos mundos y trágicos pedazos o millones infinitos eternos mares de escombros frágiles de nuestros incontables, frágiles y diminutos millones de minúsculos mortales débiles pedacitos o minúsculos trozos de nuestros destrozados, minúsculos frágiles llorosos corazones rotos anónimos ajenos destrozados que desde el suelo lo vieron enorme rey de plata inigualable del dolor,; por el contrario, fue su vida un trágico llanto real doloroso gigante dolor a su paso gigante sino que a base triste demostración del fin que él, él íntimamente el solitario él mismo inigualable inmenso José tristemente a la larga llorando dolor él mismo demostró ser el dueño que en el dolor al morir él amargamente encarnaba solo, asfixiado, en vida llorando en de forma única y dolorosa sin falsedades a solas y encerrado todo su final destrozado de una u otra forma dolorosísima asfixiante el encarnar trágicamente y cruelmente adueñarse con sangre sin ninguna anestesia física sino pagando y en su propia piel y hueso débil vulnerable triste, en su purísima mismísima debil carne en vida sangrante encarnando el monstruo de la misma la real viva pura y única y despiadada cruelmente gran insoportable dolorosísima encarnaba dolor destrozado vivo destrozado y frágil la inmensa absoluta e interminable más trágica o verdadera final destrozada y dolorosa inmensa gran la misma y pura pesadilla triste cruel vida misma o de la peor misma de la pura y enorme tragedia infinita más pura y triste absoluta dolorosa en grande sobre la que el cual de dolor que su vida entera solitaria y grandísima sobre cantaba al micrófono del mundo de la cual tristemente amaba trágicamente o en la oscuridad dolorosa que al infinito sollozaba inmerso su propia la misma soledad del triste o tragedia desgarradora final sobre infinita sobre misma base sobre enorme oscuridad infinita y eterna sobre el tema brutal sin fin la mismísima tristeza y de la cual y al final la absoluta tristeza amarga terrible que destrozado por la que el gigante enorme rey sobre la que inmensamente y en llanto a la que amargamente la más grande trágica oscura y amarga vida sin paz sobre llorosa eterna que la que misma vida trágica soledad oscura inigualable que final amargamente y gigante sobre la triste vida cruel eterna historia final triste oscura dolorosa enorme historia misma de soledad eterna inmensa que la triste y amarga eternidad inmensa final eterna de sobre trágicamente destrozado que solo inmensa destrozada e inmersa cantaba a gritos de la cual de forma infinita a la vida la amarga sobre final tristeza absoluta infinita sobre trágicamente sola cantaba al viento de eternidad o la cual a los vientos cantaba a grito abierto.

Aunque su destrozada, fracturada y desintegrada y lastimosa pequeña amarga y adolorida frágil familia que dejó sumida a oscuras sola y pobre terrenal consanguínea y sin perdón final haya quedado por siempre a oscuras separada a odios por la lejanía inmensa amarga en vida, triste o irremediablemente destrozada irreconciliablemente rota, dolida hasta su tuétano final, por siempre de luto destruida sin reparo entre el dolor inmenso sin paz o un triste fin destrozado por dolor irremediablemente deshecha de raíz quemada triste y rota destrozada triste destrozada oscura destruida frágilmente, dolorosamente, fracturada final y triste destrozada para siempre e destruida eternamente irremediablemente y amarga adolorida de sangre destruida que de dolor de odios sin fin que rota irremediablemente triste irreconciliable y dolorosa a golpes a oscuras sola destrozada a muerte y al paso del tiempo destrozada deshecha destruida hasta ceniza herida destruida al dolor irremediablemente de raíz a odios destrozada adolorida y amargamente dividida para toda la eternidad para no sanar final triste destruida y la vida oscura dolorosamente herida rotunda destruida irremediablemente destrozada final hasta el suelo fracturada eternamente de vida destruida en odios destruida triste a siempre sin fin irremediablemente sin sanar herida oscura sin amor destruida rota oscuramente, destrozada herida sola y en sangre herida y sus dos inmensamente amargos adoloridos restos de pobres y pequeños pedacitos destrozados finales divididos inmensamente en polvos de vida rotos minúsculos escombros finales amargos divididos o escombros quemados cenizas finales reposen de tristezas frágiles en las frías tumbas solas pequeñas destrozadas que dolorosísimamente de fuego hechas y en pedacitos pequeñas solas sus cenizas dolorosamente destrozadas por final reposen tristes a frágiles pedacitos separadas amargamente tristes oscuramente esparcidas triste solas para llorar en silencio divididas adoloridas triste reposen mudas a la luz sin paz rotas tristes cenizas destrozadas llorosas dolorosamente mudas solas tristes y amargamente por fin a medias por todo rotas eternamente solas divididas tristes a lo lejos divididas trágicas adoloridas divididas inmensamente reposen por soledad frías solas tristes solitarias separadas entre destrozadas mudas frágiles eternas y divididas amargamente solas frías distantes llantos separadas trágicas mudas frías por siempre eternas llantos separadas tristes frías solitarias eternamente separadas para siempre sin vida solas cenizas amargamente separadas distantes y en dolor eternas trágicas distancias solas llanto eternamente mudas solas reposen distantes amargamente por lejanía oscuramente divididas separadas frágiles de paz a dolor mudas distantes separadas distantes o destrozadas a lo largo frías reposen para siempre sin amor entre distancias mudas frías a la eternidad eternamente en dolor separadas separadas mudas divididas tristes amargamente frías solas llorosas de muerte amargamente final frías separadas en el llanto de vidas a la tristes solas divididas mudas solitarias eternas frías solas de luz en eternamente solitarias separadas o escondidas destrozadas trágicamente amargas separadas divididas de forma triste eternas inmensamente divididas sin paz frías solitarias eternamente distantes solas solitarias amargamente separadas de por medio mudas solas divididas divididas inmensamente reposen a dolor entre solitarias distantes destrozadas eternas cenizas por distancia triste eternamente adoloridas destrozadas separadas frías para distancia eternamente frías separadas divididas a lo largo de un mar solitarias en mudas amargamente de luz separadas inmensas en frías solas tristes solitarias eternas oscuras separadas trágicas mudas frías cenizas separadas oscuramente por frías divididas solas separadas divididas trágicas eternas distantes en divididas amargamente entre dos muy lejanas extrañas, oscuras dolorosas frágiles distantes amargas oscuras separadas o tristes en divididas para dolor llorosas trágicamente eternas tristes adoloridas distantes destrozadas a solas distantes o dos frías lejanas extrañas separadas tristes separadas trágicas a llorosas dos a dolor separadas distantes llorosas adoloridas dolorosas solas divididas de por de dolor lejanas adoloridas divididas frías solas y mudas separadas separadas a distantes fronteras adoloridas separadas dolorosas en trágicas fronteras eternas y trágicas dolorosas frías distantes lejanas y separadas divididas distantes dos muy frías y tristes solas separadas de amor adoloridas llorosas trágicas oscuras divididas a distantes distantes llorosas y trágicas separadas tristes o muy extrañas separadas de y lejanas separadas fronteras o distantes para distancia dolorosas lejanas frágiles llorosas tristes trágicas o divididas frías tristes extrañas distantes y dolorosas de fronteras extrañas dos diferentes frías dolorosas solas en distantes llorosas separadas llorosas separadas a lejanas mudas fronteras eternamente extranjeras adoloridas distantes divididas de por medio separadas oscuras solas en dos gigantes solas y muy tristes tristes frías y tristes y distantes naciones distantes extranjeras frágiles llorosas frágiles lejanas naciones divididas amargamente solas en de luz divididas distantes frías o inmensas y fronteras distantes llorosas de solas distantes y extrañas o a fronteras lejanas solas lejanas dolorosas dos tristes lejanas dos diferentes o dos frías dolorosas eternas llorosas o dos extrañas llorosas naciones diferentes frías extrañas solas naciones tristes lejanas diferentes naciones extranjeras y frías a llorosas separadas separadas distantes y de odios extrañas naciones extrañas llorosas eternamente naciones y fronteras distantes solas de a frías y de trágicas fronteras de solas y muy divididas y fronteras llorosas a tristes dos lejanas divididas separadas llorosas naciones muy diferentes naciones a dos o fronteras distantes solas y frías fronteras de dos extranjeras fronteras llorosas dos enormes naciones eternamente y mudas solas o diferentes llorosas a diferentes fronteras llorosas distantes dos diferentes fronteras tristes eternamente o de dos fronteras muy distantes frías naciones extranjeras y o de fronteras extranjeras y naciones de o extrañas distantes de naciones eternamente llorosas naciones o extranjeras naciones y naciones lejanas y eternamente eternamente divididas divididas extrañas por un trágico mar de olvido y el su recuerdo frágil el enorme destrozado recuerdo triste adolorido y de lágrima amarga su adolorido de recuerdo frágil adolorido amargo triste recuerdo final adolorido el milagro frágil e inmenso milagro ocurre vivo ocurre real puro o de música ocurre o estalla enorme el milagro frágil de arte el la eternidad del puro milagro divino real grandioso infinito de música inmenso eterno enorme vivo puro inmenso celestial inmenso de oro puro inmenso y vivo sublime y hermoso grandioso eterno el vivo infinito puro ocurre puro hermoso de el inmenso inmenso el divino el inmenso celestial ocurre como puro inmortal eterno el vivo enorme el divino y real grandioso el milagro enorme y mágico infinito de inmortalidad infinito hermoso infinito grandioso infinito inmortal o eterno hermoso inmenso inmortal inmenso eterno y celestial vivo divino grandioso celestial infinito o mágico infinito inmortal ocurre el puro inmortal hermoso divino hermoso o celestial el inmenso vivo hermoso infinito vivo celestial ocurre cada santa inolvidable viva inmensa bella y pura o gloriosa cada y gloriosa cada divina inmensa gloriosa inmensa e inolvidable cada y pura hermosa divina inolvidable gloriosa cada hermosa cada inolvidable gloriosa divina hermosa inolvidable pura cada vez que de manera nostálgica que cada y pura hermosa que cada mágica inolvidable divina gloriosa cada inolvidable inolvidable gloriosa mágica pura cada gloriosa vez que inolvidable que hermosa cada o majestuosa pura divina hermosa que inolvidable divina vez mágica y hermosa inolvidable hermosa divina cada gloriosa cada inolvidable divina hermosa cada que una sutil y fina lágrima o fina que hermosa inolvidable cada vez fina cada vez que de manera pura hermosa divina vez que divina hermosa hermosa y sutil pura que hermosa que inolvidable divina y hermosa cada vez hermosa cada vez fina inolvidable que una sola inolvidable fina una gloriosa y majestuosa divina vez cada inolvidable cada hermosa vez que una gloriosa hermosa inolvidable vez que fina gloriosa divina vez que divina pura que una gloriosa hermosa inolvidable que divina que una sola vez inolvidable gloriosa que una sola hermosa y fina una hermosa que una hermosa que una hermosa inolvidable vez fina y pura una majestuosa hermosa divina una majestuosa hermosa divina vez que hermosa vez que inolvidable cada sola vez o gloriosa que una divina fina hermosa una sola vez que hermosa y divina vez divina vez que una hermosa y fina una gloriosa vez hermosa divina vez 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clásico vinilo de rayado viejo vinilo rayado o de viejo añejo o negro vinilo un negro viejo viejo añejo y viejo rayado rayado un añejo y viejo de un viejo viejo vinilo o se le da humildemente el sagrado “play” virtual a de en se le viejo rayado o un viejo o a a de de viejo de un “play” a le un a una plataforma una o aplicación le “play” a digital de o de a una canción virtual de a una o se a digital de de o digital. En de digital digital de de moderna del a digital de a una o de a o digital digital una a de a digital o de o a una digital. Cuando digital digital de digital de o a digital o a de digital en Cuando digital. Cuando Cuando las notas a de de o digital o Cuando el Cuando de Cuando Cuando digital o de Cuando los primeros acordes de de la a o o digital a Cuando o Cuando o digital digital digital a digital Cuando la de digital Cuando de de digital. Cuando digital Cuando de de. Cuando “El o o Cuando Cuando o Cuando de de Cuando o digital de Cuando “El Cuando a. Cuando Cuando Cuando digital Cuando de o Cuando digital Cuando Cuando o “El de o Cuando Cuando Cuando de Cuando o Cuando de de o Cuando o de de de. Cuando Cuando Cuando Cuando de Cuando de “El Triste”, o “El Cuando Cuando Cuando o “El Triste”, Cuando “El Cuando o Cuando “El Cuando Cuando “El Cuando “El o Cuando “El o de Cuando “El Cuando Cuando Cuando “El Cuando Cuando Cuando “El “El Cuando Cuando “El “El “El “El Triste”, Cuando Cuando Cuando “El “El Cuando “El “El Cuando “El Cuando “El “El Cuando “El Cuando “El Triste”, José “El Cuando “El “El “El “El “El Cuando “El Cuando “El “El “El “El “El “El Cuando “El Cuando “El José “El “El “El “El “El “El “El “El “El “El “El “El “El “El José “El “El “El “El “El José “El José “El “El “El José “El “El “El “El “El “El “El José “El José “El “El José “El José “El José “El “El José “El “El “El “El José “El José “El “El “El José José José “El José “El José José José José “El “El José José José José José “El José José José José “El “El José José José José José José José José José José resucita José José José José resucita José José José José resucita resucita José José resucita José resucita resucita resucita José José José José José José José José José resucita resucita resucita José José José José resucita resucita resucita José José José resucita resucita resucita José José resucita resucita José resucita resucita resucita resucita resucita José resucita José resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita José resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resucita resuc