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TALA RANGEL: La DURA HISTORIA del PORTERO del TRI en el MUNDIAL

A los 16 años comenzó a tocar puertas. Buscaba una oportunidad profesional y las visorías lo llevaron tanto al Atlas como a Chivas. Atlas quedó encantado con él, pero había un problema imposible de resolver. No podían ficharlo porque no tenían donde alojarlo. Parecía otro portazo más en una vida llena de ellos. Sin embargo, días después sonó el teléfono en aquella humilde casa de Ciudad Guzmán y lo que ocurrió a continuación cambiaría todo para siempre. Era Chivas.

El equipo de sus sueños lo invitaba oficialmente a integrarse a sus fuerzas básicas. La noticia era tan grande, tan inverosímil para una familia acostumbrada solo a malas noticias, que al principio desconfiaron. Temían que se tratara de una extorsión de una cruel broma telefónica. Tardaron en creerlo, pero cuando por fin confirmaron que la oferta era real, firmaron los documentos y aquel niño que amasaba lodo tomó rumbo a Guadalajara para perseguir lo imposible.

Lo que no imaginaba es que el sueño, una vez cumplido, dolería casi tanto como la pobreza que dejaba atrás. Explosión en Liga AMX. Llegar a la casa club de Verde Valle debía ser el paraíso. Fue, en cambio, una de las etapas más duras de su vida. Por un tiempo viajó cada fin de semana entre Ciudad Guzmán y Guadalajara, hasta que finalmente se instaló en las instalaciones rojiblancas, lejos [música] de todo lo que conocía.

Y ahí, rodeado de canchas perfectas y de un escudo de leyenda, descubrió un enemigo que no había enfrentado nunca, la soledad. Fue escalando peldaños 1 a 1, sub17, sub20 y por fin el tapatío, la filial rojiblanca en la liga de expansión, donde el 20 de septiembre de 2020 vivió su primer partido como profesional en una goleada por tres goles sin respuesta sobre los alebrijes de Oaxaca.

Ganó su apodo por el enorme parecido físico con Alfredo Talavera y con 1.91 m de estatura empezó a llamar la atención por su imponente presencia bajo los palos. Todo apuntaba a que el ascenso al primer equipo sería cuestión de tiempo. Lo que nadie le advirtió fue cuánto tiempo tendría que esperar.

El primero de octubre de 2023, bajo las órdenes del técnico Belgo, Paunovic, hizo su debut en primera división en un empate a un gol frente al Toluca. Después de tantos años de espera, tantas lágrimas y tanta paciencia, por fin defendía el arco de Chivas en la máxima categoría. Y entonces, cuando por fin la vida parecía sonreírle, ocurrió lo inesperado.

Lo peor todavía estaba por llegar. Apenas una semana más tarde, en el siguiente partido frente al Atlas, un choque brutal lo dejó tendido en el césped. La ironía fue devastadora. quien lo lesionó no fue un rival, sino su propio compañero, Antonio Briseño. El resultado, una fractura en el pómulo que exigió una operación y lo dejó fuera el resto del torneo.

El sueño recién estrenado se apagaba de golpe. Cualquiera habría pensado que ese muchacho no tenía suerte, que el destino se ensañaba con él una y otra vez, pero lo que ese golpe provocó fue exactamente lo contrario de lo que todos esperaban. regresó completamente recuperado para el Clausura 2024 y esta vez no soltaría el arco por nada del mundo.

Con Fernando Gago en el banquillo se apoderó de la titularidad y desplazó a Miguel Huacho Jiménez que perdió su lugar. No falló un solo partido. Disputó los 17 encuentros del torneo regular más los cuatro de la liguilla, convirtiéndose en el único elemento del plantel presente en absolutamente todos los duelos. Y no solo jugaba, dejaba su portería en cero una y otra vez, cerrando aquel torneo con nueve arcos imbatidos y ubicándose entre los tres mejores porteros de toda la Liga MX.

Y no fue un espejismo de medio año. En el Apertura [carraspeo] 2024 volvió a disputar todos los encuentros como titular indiscutible y sumó otros ocho arcos en cero hasta cerrar aquel año natural con 17 porterías imbatidas en 39 partidos oficiales de Liga MX. Los números [carraspeo] eran demoledores, imposibles de discutir.

La transformación era total. De niño que fabricaba ladrillos a muralla roj y blanca. En sus guantes llevaba grabada una frase en latín natus vincere, que significa nacido para vencer y por fin parecía cumplirla. La afición de Chivas cayó rendida ante él y su nombre empezó a sonar donde jamás soñó que sonaría, en la selección mexicana.

El llamado más esperado de su vida estaba por llegar y con él la noche más humillante que un debutante pueda imaginar. Llegada a la selección. El 5 de junio de 2024 en el Impower Field de Denver se cumplió un sueño que había costado sangre, lodo y lágrimas. Bajo el mando de Jaime Lozano y como premio a su gran clausura, aquel muchacho de Ciudad Guzmán se paró por primera vez bajo el arco de México en un amistoso frente a Uruguay rumbo a la Copa América.

jugó los 90 minutos, debió ser inolvidable por las razones correctas, terminó siendo inolvidable por las peores. Uruguay pasó por encima de México y lo goleó por cuatro goles a cero. Fue una tarde de pesadilla para todo el equipo, pero el país entero necesitaba un culpable y encontraron uno fácil, el portero debutante.

La prensa lo señaló sin piedad, la afición lo destrozó. Durante días enteros se repitió la misma cantaleta cruel que no tenía nivel, que había sido un error, que había que traer de vuelta a los veteranos y terminar su proceso con apenas un partido en el cuerpo. Querían enterrarlo antes de que su carrera internacional siquiera empezara y su reacción lo dijo todo.

No respondió una sola crítica. No se defendió en redes, no buscó excusas, no señaló a nadie. regresó a Chivas en silencio, guardó cada insulto en un cajón y lo transformó en el combustible más poderoso que existe. Pero antes de la revancha vendría un nuevo golpe al orgullo. En la Copa América 2024 formó parte de la convocatoria, sí, pero fue relegado al fondo de la fila.

Terminó como tercer arquero, viendo los partidos desde la banca sin sumar un solo minuto. Para el [carraspeo] mundo era apenas un relleno. Lo que nadie sabía es que un cambio de entrenador estaba a punto de reescribir su historia. En julio de 2024 desembarcó el Vasco Aguirre en su tercer ciclo al frente del tri y con él llegó un entrenador de porteros con ojo distinto, José Baituarte.

Su misión era encontrar el perfil del arquero moderno del fútbol mexicano, uno que superara el 1.85 de estatura, que dominara el juego con los pies y que supiera salir a cortar balones al área. La estatura fue el primer filtro y con sus 1.91 m, aquel muchacho al que un país había querido desechar aparecía justo en el radar.

Sin embargo, nadie imaginaba lo rápido que iba a aprovechar la oportunidad. [música] En el primer partido de la era Aguirre, en septiembre de 2024, salió como titular frente a Nueva Zelanda. México ganó 3 a0 y él dejó su arco en cero. A partir de ese instante ocurrió algo que se volvería una constante.

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