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El INFIERNO que muestra la REALIDAD de MÉXICO | El Infierno | Relato y Reflexiones

 Ella trabaja como prosty en un bar de mala muerte en San Miguel. El Benny la busca, pero un tipo celoso lo encara con pistola por acercarse a ella. Guadalupe lo calma y le da su dirección. Esa noche, Benny descubre que Pedro tuvo un hijo de 14 años también llamado Benny. El muchacho le cuenta que su papá era el más chingón del pueblo, cabrón con las mujeres y mejor con las pistolas, que hasta eliminó a 20 hombres.

 Pero cuando el Benny cambia de tema y le pregunta cómo va en la escuela, el sobrino le dice que no es buen estudiante y que quiere ser tan chingón como su padre. Llega Guadalupe y le confiesa que le aterra que el niño quiera seguir los pasos de Pedro. Él ven y le responde preguntándole si lo que ella hace es buen ejemplo. Guadalupe se enoja y lo corre de la casa.

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 Después visita la tumba de su hermano y le promete que ayudará a Guadalupe a sacar adelante al niño. Jura que esta vez no le fallará y que si lo hace, que se lo lleve el mismo infierno. Benny empieza a trabajar en la vulcanizadora de su padrino que está casi en quiebra. Todo cambia cuando de una camioneta bajo un viejo amigo de la infancia, el Gordo Mata, ahora conocido como el cochiloco.

Ahí descubre que su amigo se convirtió en capo. El cochiloco lo invita al bar junto con el Hasteco y la muñeca para celebrar su regreso. En la reunión, Ben y pregunta por sus viejos amigos y el cochiloco le dice que a todos los que no se fueron a Estados Unidos como él se los llevó la fregada por meterse al negocio.

 Cuando pregunta por su hermano Pedro, le cuenta que trabajaba para el cartel de los Reyes del Norte y que en una pelea contra los Panchos lo eliminaron peor que un perro. El cochiloco le pregunta qué piensa hacer ahora que regresó y Benny dice que quería poner una escuela de inglés, pero viendo cómo está todo, mejor se volverá a Estados Unidos.

 El cochiloco le insiste que no, le presume sus joyas y le dice que en México hay lana de sobra. Ven y agradece, pero le deja claro que eso no es para él. Mientras tanto, en la vulcanizadora de su padrino no cae ni una mosca. El padrino recuerda que antes soñaba con poner un taller mecánico, pero nunca se pudo porque en este país no haces lo que quieres, haces lo que puedes.

 El padrino le explica a Benny cómo está la guerra entre cárteles. Los Reyes del Norte controlan todos los negocios turbios de la zona y su jefe, don José Reyes, está protegido desde las altas esferas. Su hermano, don Pancho, se encabronó porque don José decidió que su hijo Jesús, conocido como JR, iba a ser el sucesor y así empezó una guerra entre hermanos que no tiene fin.

 Benny asegura que meterse en ese negocio sería lo último que haría. Su parino no le advierte que no cometa la tontería de seguir los pasos de su hermano. Benny lo jura y aprovecha para pedirle dinero y comprarle flores a Lupe. Ella las recibe, se reconcilian y terminan juntos. Después de eso, ven y se convierten padrastro y tío al mismo tiempo.

 El infierno de San Miguel Arcángel es un infierno perfectamente reconocible para muchos mexicanos. Pobreza extrema, negocios quebrados, corrupción en las autoridades e instituciones y un futuro inexistente para sus habitantes. En un entorno así, los caminos honestos no alcanzan para ofrecer una vida digna y poco a poco las buenas intenciones terminan siendo alcanzadas por el crimen organizado.

 Así veremos cómo Benny paso a paso cae en lo mismo que juro no hacer. La película plantea que el camino del crimen es una consecuencia lógica de este sistema y yo encuentro al menos cuatro causas principales que ayudan a explicar por qué. aunque todas están relacionadas entre sí. Primero, la pobreza y la falta de oportunidades.

 Cuando el Estado no garantiza educación de calidad, empleos dignos ni servicios básicos, lo que queda es desesperanza. Crecer con carencias, viendo a tus padres trabajar toda la vida sin poder salir adelante genera la sensación de que la vida honesta no funciona. Entonces, los jóvenes empiezan a mirar hacia otro lado y el crimen organizado se presenta como una alternativa viable.

 Segundo, la tentación de un ascenso expreso. El crimen organizado resulta atractivo porque ofrece un ascenso rápido y visible. El camino honesto difícilmente dará en esas condiciones. De un día para otro, alguien que no tenía nada aparece con camionetas, casas, mujeres, fajos de dinero y además respeto y miedo en la comunidad.

 Y eso se ve, los jóvenes lo notan en su barrio y cuando esos son los únicos ejemplos de éxito alrededor, lo lógico es querer imitarlos. Pero no solo lo ven en la calle, también lo escuchan en los corridos, lo ven en redes sociales y en la televisión. Los narcoorridos convierten a los criminales en héroes. Las series de narcos refuerzan la idea de que esa vida está llena de poder y lujo.

 La llamada narcocultura termina infiltrándose en la música, en la ropa y hasta en la manera de hablar. Y cuando los referentes culturales glorifican al criminal, esa vida se vuelve aspiracional. Tercera, la normalización. Paralelamente a lo que hemos dicho, ocurre quizá lo más peligroso, la normalización. Cuando algo se ve o se escucha por todas partes, deja de sorprender y de indignar, lo que en otros contextos sería intolerable.

Aquí se acepta con un simple, así son las cosas. Y cuando el crimen, la violencia y la corrupción forman parte constante del paisaje, se vuelven normales y con ello se abre la puerta para tolerarlos, repetirlos e incluso justificarlos. Cuarto, la corrupción del Estado. La corrupción es el lubricante que hace que todo este engranaje funcione.

 Porque si hubiera consecuencias reales, si el Estado aplicara la ley con justicia, muchos se lo pensarían dos veces antes de entrarle al crimen. Pero ocurre lo contrario. Se sabe que con dinero se pueden comprar policías, jueces, presidentes municipales, gobernadores y en algunos casos el mismo estado participa activamente en el negocio.

 Y el mensaje que se da con todo esto es que no solo hay castigo, sino que el propio sistema legitima el camino criminal. Recientemente, El mayo Sambada, uno de los capos más poderosos de la historia, fue capturado en 2024 y confesó que durante 50 años sobornó a policías, militares y políticos en México para proteger a su organización. 50 años.

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