Eso incluye a todos los partidos políticos del país. Un día Lupe llega a la vulcanizadora para decirle, a Ben que detuvieron al diablito. Como ella anda ocupada con unos hombres trabajando, no puede arreglarlo. Y le entrega 8,000 pes para que se encargue. Ven y va con la policía, pero ahí le dicen que no alcanza porque su sobrino intentó robarle la camioneta al presidente municipal y como ya es reincidente planean mandarlo a la correccional.
La única salida que le ofrecen es arreglarlo con 50.000 pesos. Desesperado, ven y rompe su promesa y busca al cochilco. Le cuenta la situación y acepta entrar al negocio solo para pagar la deuda. El cochiloco le da los 50,000 y lo lleva con su jefe, don José Reyes, quien lo acepta en la nómina con tres reglas: honestidad, discreción y no abrir la boca de más.
También le advierte que trabajará bajo las órdenes de su hijo Jesús y que si algo falla, lo pagará con su vida. Después conocen a la esposa de don José, doña Mari. Con el adelanto, Benny le compra unos aretes a Lupe, pero ella se enfurece al enterarse que ya trabaja con el cochilco.
Él le promete que solo será un tiempo, juntar dinero y después irse a Estados Unidos. En su primer día, el cochiloco le enseña cómo mover la mercancía. Para empezar, visitan a Doneme, dueño de un motel que anda en crisis. Apenas gana lo justo y lleva días sin dormir. Así que le venden producto para que lo revenda a sus clientes.
Al salir, la policía los detiene y ven y se asusta, pero el cochiloco lo calma. El oficial Mendoza lo trata como amigo y el cochi le pasa un fajo de billetes y algo de polvo para su uso personal. Después el cochiloco le enseña a rascarle poquito a la venta para gastarlo en vicios y lo lleva a un table.
le dice que el patrón nunca nota si se llevan poco, siempre y cuando no se pasen. En el bar, el cochi insiste en que Benny se meta con una mujer, aunque él duda por Lupe. Al final lo convencen, pero el momento se interrumpe cuando les avisan que tienen un trabajo urgente. En el camino, el cochi le da polvo blanco y Benny lo prueba.
El trabajo es recoger al cucaracha que sopló a los federales. Su propio hermano lo vendió por 1,000 pes. El cochi lo saca de su casa frente a su familia, le deja despedirse y hasta vengarse de su hermano. Luego, aunque suplica, lo llevan con don José, que lo mutila antes de eliminarlo. Benny no aguanta y se desmaya.
Más tarde le cuenta todo a Lupe. Y aunque él está destrozado, ella le dice que ahora que tienen más debe aguantar. A todos se acostumbra uno, menos a no comer. Con el tiempo, Benny se endurece y se convierte en todo un capo. Golpea, intimida, incinera cuerpos, consume sustancias, se acuesta con varias mujeres y hasta paga a un padre para que bautice su pistola como la gringa.
La caída de Benny duele porque tenía buenas intenciones. No quería entrarle a ese camino y todavía conservaba la esperanza de enderezar su vida, cuidar los suyos y buscar un futuro mejor. Antes analizamos algunas causas sociales que empujan a alguien a tomar este camino. Ahora toca ver lo que pasó psicológicamente en Benny, porque no todo se dio de golpe, fue un proceso y así es también en la vida real.
Al inicio, Benny tenía una brújula moral más o menos clara, pero en un entorno donde este trabajo, las balaceras, los levantones y los sobornos son parte del día a día, la línea roja empieza a moverse poco a poco, los límites se desplazan, primero 1 centímetro hoy, luego otro mañana y lo que parecía impensable se vuelve negociable.
Y esta normalización abre paso a la racionalización. Y con cada paso, ven y puede encontrar un argumento para calmar su conciencia. Todos lo hacen, es solo temporal, mientras conseguimos dinero para irnos a Estados Unidos. Lo estoy haciendo por mi sobrino, etcétera, etcétera. Y cada justificación le permite dormir tranquilo una noche más, pero también le abre la puerta a la siguiente acción.
Y así va ocurriendo la desensibilización, lo que ayer escandalizaba, hoy solo incomoda y mañana se vuelve normal. Como le dijo Lupe, uno se adapta a todo menos a tener hambre. A la par aparecen los refuerzos que lo van amarrando ese camino. Dinero, estatus y poder. Alguien como Benny pasa de apenas sobrevivir a vivir con lujos, de pedir favores a concederlos, de tener miedo a provocarlo, de ser invisible a recibir respeto y todo ese paquete es profundamente seductor.
El ascenso social express resuelve necesidades materiales, pero también alimenta necesidades emocionales. Benny, que había regresado al pueblo sintiéndose un fracasado, empezó a sentir que valía algo y que por fin lo miraban. Y ese reconocimiento social es adictivo. Y una vez que pruebas esa sensación, volver a ser nadie no es opción.
Y así Benny terminó cruzando la frontera y perdiéndose a sí mismo. En un entorno deformado, incluso alguien con buenas intenciones puede acabar convertido en lo que juró no ser. Piensa que está comprando seguridad, pero lo que está comprando son deudas con el infierno cotidiano. En la inauguración de una primaria financiada por don José Reyes, el presidente municipal lo alaba frente a los niños, quienes les dan flores y todos aplauden.
Para cerrar, cantan el himno nacional. Otro día en la carretera se topan con el tejano para comprarle cannabis. Él viene acompañado de un niño que lo ayuda en el negocio, pero las cosas se tuercen. El oficial Mendoza los desvía a una trampa de los panchos y se arma un tiroteo con todo y granadas. Benny elimina a alguien por primera vez y logran salvar la mercancía.
Como premio, don José les da un bono especial, aunque los muertos sean sus propios sobrinos. El patrón les aconseja no gastar de golpe, pero ven y compra una camioneta, una tele para su mamá para ver telenovelas y una tumba grande para su hermano, incluso con un corrido. También le da dinero a Lupe para que deje el burdel, pero como el jefe no la suelta, lo golpea, lo amarra, lo rocía con gasolina y quema el lugar.
Después construye un taller para su padrino, quien se emociona y se arrepiente de haberlo criticado. Más tarde, Benny y el Cochiloco levantan al oficial Mendoza, quien confiesa que aceptó 6,000 pesos más de lo que gana en un mes. El Cochi lo elimina y mientras entierran el cuerpo, ven y le pregunta si no teme irse al infierno.
El cochi le responde que el infierno ya es esta vida. Desde niños conocieron el hambre y el frío, crecieron en la miseria, igual que ahora donde gente como ellos se elimina casi por costumbre solo porque no tiene otra forma decente de vivir. Para él esta vida es el mismo infierno. Aquí me quiero detener para hablar de varios elementos que me parecieron muy simbólicos.
Primero, el nombre del pueblo, San Miguel Arcángel. En la tradición católica, San Miguel es el ángel que derrota al demonio y protege a la humanidad. Pero en la película ocurre justo lo contrario. Estamos frente a un lugar donde la pobreza, la corrupción, el crimen y la violencia lo dominan todo.
Y como bien dice el cochiloco, es un auténtico infierno en la tierra. Y cuando un pueblo que se llama San Miguel Arcángel se convierte en un infierno, el mensaje es que lo que debería protegernos nos está fallando. Un sitio que tendría que cobijar y cuidar a su gente la deja desamparada, vulnerable, abandonada frente al mal. México, ¿acaso eres tú? Y si San Miguel Arcángel es el infierno, tiene aún más sentido que el hermano de Benny sea conocido como el Igual que el bíblico, no aparece físicamente, pero su sombra lo atraviesa todo y organiza lo que sucede en este
lugar. Va a marcar el camino del diablito y condiciona también las decisiones de Benny. En ese sentido, Pedro, el le ganó la partida al arcángel. El sitio que debía proteger terminó convertido en miseria. Y además aquí el no es rechazado, sino admirado. Es el que sí la hizo. Salió de la pobreza, tuvo dinero, mujeres, poder y fama. Para su hijo era un chingón.

En este infierno todo está subvertido. Los honestos sufren y los corruptos prosperan. Y el modelo de éxito es el Toda esta subversión no es casual. La película parece querer mostrarnos como un contexto torcido termina torciendo todo, los valores, las instituciones y hasta los propios individuos.
Otro ejemplo de esta lógica está en la familia de los reyes, compuesta por José, María y Jesús, una especie de parodia grotesca de la Sagrada Familia, pero en vez de representar virtud y santidad, son los amos del crimen y los que dominan el pueblo con dinero y violencia. Los vemos inaugurar escuelas y posar como benefactores durante las fiestas del bicentenario, mientras detrás de esa fachada mueven sustancias, armas, prosty y movimiento de personas.
Lo mismo ocurre con las instituciones que en teoría deberían dar seguridad y esperanza. Gobierno, policías y federales no protegen a la gente, trabajan para los criminales. El cura, en lugar de ser guía espiritual, bendice armas, bautiza criminales y se alínea con los reyes. Ni siquiera los religiosos se salva de la corrupción.
Y luego está Lupe, cuyo nombre nos recuerda inmediatamente a la Virgen de Guadalupe, protectora nacional, pero aquí también está subvertida, no puede salvarse ni a sí misma ni proteger a su hijo. El sistema la empuja a prostituirse para poder sobrevivir. En suma, cuando el espacio social se vuelve un infierno, los valores se distorsionan.
Por eso hablar de San Miguel Arcángel es hablar de México, un país donde la pobreza, la corrupción y la violencia deforman todo, donde los corruptos prosperan mientras que el que trabaja honradamente apenas sobrevive, donde gobernantes y criminales se confunden y donde para muchos los modelos de éxito se cantan en corridos de criminales.
El colchiloco lleva a Benny a su casa en los suburbios y le presenta a su esposa y a sus cinco hijos con otro en camino. Benny se sorprende, es como si Kochi fuera dos personas distintas. Él explica que está en el crimen organizado porque no hay otra forma de mantener a su familia. Al día siguiente, Benny y el cochiloco son arrestados para que el alcalde y la policía aparenten estar trabajando.
Frente a un agente federal, los presentan como grandes capos, pero el federal no se los cree. Sabe que trabajan para reyes y les ofrece protección a cambio de información para hundirlo, dejándoles su tarjeta. Don José Furioso enfrenta al alcalde recordándole que financió su campaña. El alcalde se justifica diciendo que el gobierno federal los presiona y que sus hombres se han pasado de la raya a levantar a Mendoza.
Don José no lo cree y sospecha que todo es un teatro para desviar la atención. Termina amenazando al alcalde y al oficial Mancera para que controlen a los Panchos. Esa noche Lupe le confiesa a Benny que está preocupada por el diablito, pues no ha vuelto a casa y le encontró un arma bajo la almohada.
Benny le revela que desde hace tiempo roba poco a poco a don José soñando con escapar a Estados Unidos y empezar de nuevo. Después busca a su sobrino, pero descubre que se ha hecho cercano a los Panchos y presume de dinero y mujeres gracias a ellos. Benny intenta convencerlo de no seguir sus pasos ni los de su padre. La guerra contra los Panchos va mal para los reyes.
Don José pierde terreno y decide reforzarse con exmilitares. Traen a cuatro y hacen nuevos equipos. El cochiloco queda con Jr. Y Benny con el temido sargento. Un tipo duro que solo quiere dinero rápido y no busca amistad. De pronto, el cochiloco llama pidiendo ayuda. Al llegar al motel ven y encuentra todo hecho un caos. El único sobreviviente es el coche.
Los Panchos los emboscaron y Jr. murió mientras tenía intimidad con dos hombres. Don José, fuera de sí, ejecuta al nuevo jefe de policía frente al alcalde y empieza a sospechar del cochiloco. En el funeral lo observa con recelo mientras habla con el sargento. Poco después, el cochi encuentra a su hijo mayor eliminado. Decidido a vengarse de don José, el cochiloco le recuerda a Benny que esta vida es el verdadero infierno.
Sale a enfrentarse a los reyes, pero también lo eliminan. Aunque don José finge que fueron los panchos, la pérdida golpea duro a Benny, que debe hacerse el ciego para sobrevivir. Don José endurece las reglas, ofrece enormes recompensas por la cabeza de su hermano y de todos los sobrinos y amenaza con eliminar familias enteras si alguien lo traiciona.
El escuadrón sale de noche, arrasa con todos los sobrinos de los Panchos y solo queda don Pancho. Entonces se revela la verdad. El soplón fue el diablito. Para Benny es un golpe brutal. Su propio sobrino es el traidor. Nadie más lo sabe, así que se guarda el secreto y sigue con la misión. Y el escuadrón finalmente acaba con don Pancho.
Benny entonces encara al sobrino, quien confiesa que habló porque descubrió que don José y Jr. eliminaron a su padre y lo comprobó cuando un pancho le entregó la cadena de oro de su papá. Con la duda, Benny va con el huasteco que le confirma la verdad. Don José eliminó a su hermano porque se metía con su esposa y hasta le mandó a cortar sus partes.
Pero el Hasteco suelta de más diciendo que conoce al diablito, así que Benny decide actuar, lo deja amarrado y manda a su sobrino a Estados Unidos. Tras despedirlo, Lupe le avisa a Benny que Don José ya sabe todo. Sin salida decide convertirse en soplón y acude con el capitán federal. Pero resulta que también estaba en la nómina de los reyes.
Benny es capturado y brutalmente torturado para que revele el paradero de su sobrino, pero no cede. Ante su silencio deciden entregarlo directamente al patrón. Pero en el trayecto, Benny logra sobornar a los agentes con $100,000 y los convence de llevarlos al panteón donde tenía escondidos sus ahorros. Sin embargo, lo traicionan, intentan quedarse con todo y al resistirse lo balean y lo dan por muerto.
Sin embargo, Benny sobrevive, vuelve a casa sin un peso y descubre que Lupe ha sido eliminada. Tanto Benny como el Cochiloco tenían motivaciones nobles. Cochiloco decía que lo hacía por su familia. Benny para juntar dinero, irse a Estados Unidos y darle un mejor futuro a Lupe y a su sobrino. Y claro, a primera vista suena comprensible, pero esas justificaciones resultaron ser una trampa.
El crimen les ofrecía la ilusión de resolver un problema mientras al mismo tiempo sembraba uno mucho más grande. Esa vida les ponía comida en la mesa, pero también les traía enemigos a la puerta. La camioneta nueva y las joyas brillaban, pero al mismo tiempo los delataba y los convertía en blanco. La fama les abría puertas. pero al mismo tiempo los dejaba sin salidas.
Paradoja pura. El proveedor terminó multiplicando el peligro que decía querer detener. Y quienes más querían proteger sus familias fueron precisamente quienes quedaron más vulnerables. Lo vimos con Lupe y con el hijo del cochiloco. Y como he venido hablando de metáforas del infierno y del es inevitable no pensar en esta trampa como otra representación del mal.
El en la tradición nunca se muestra de frente, se disfraza, se hace pasar por lo que más deseas, por lo que más necesitas. dinero fácil, camino rápido, la promesa de sobrevivir. Pero debajo de esas palabras lo que había era un contrato con el infierno. El mayor truco del no es hacernos creer que no existe, sino convencernos de que sus tentaciones son soluciones.
Ese fue el engaño que atrapó tanto a Benny como al cochiloco. Tiempo después, Benny se recupera y se despide de su madre diciéndole que quizá nunca la volverá a ver. Llega la noche del grito de independencia. Toda la élita celebra. Está el padre convertido en cardenal, el Hasteco, ahora jefe de policía, el capitán federal, el sargento y don José, colmado de poder como presidente municipal.
Entre el bullicio, Benis se abre paso, saca su arma y desata una lluvia de plomo al ritmo de los fuegos artificiales. Luego lo vemos en la tumba de su hermano contándole lo sucedido. Dice que solo en un país tan loco, un criminal y asesino como él acabaría siendo visto como héroe. Nuevamente la su versión de valores. Pero cuando planea reunirse con su sobrino en Estados Unidos, un viejo Pancho, amigo del diablito lo embosca y lo elimina.
Años después, el diablito regresa de Arizona, visita la tumba de sus padres y después se lanza una bodega para acabar con los panchos que quedaban. En suma, el infierno es una radiografía incómoda de México. San Miguel Arcángel, que debería ser símbolo de protección, se convierte en un infierno donde el no es enemigo, sino modelo a seguir.
Los valores, las instituciones y hasta los símbolos religiosos se subvierten. La Sagrada Familia se vuelve familia anarco. El cura bendice armas. La Virgen de Guadalupe aparece como una mujer rota y el estado termina protegiendo más al criminal que al ciudadano. Y me parece que el gran acierto de Luis Estrada está en mostrar como el crimen está profundamente entrelazado con las estructuras políticas y económicas.
El crimen organizado no podría sobrevivir sin la complicidad del Estado, porque en México el crimen es consecuencia del mismo sistema. no se sostiene por sí solo, se alimenta de la pobreza que empuja, de la desigualdad que aprieta, de la corrupción que lo facilita y lo fortalece, de la normalización que lo anestesia y de la cultura que lo glorifica.
Es un engranaje perverso donde todo encaja y donde alguien como Benny que empezó con buenas intenciones, termina convertido en lo que más temía. Quizá lo verdaderamente monstruoso no es un capo en sí, sino la red de instituciones que lo sostiene. Ver esta película duele porque nos obliga a reconocer que este infierno no es fantasía.
Estrada no nos presenta un México lejano, abstracto o inventado, sino ese país que todos conocemos, donde la violencia ya nos sorprende, la corrupción es rutina y donde sobrevivir a veces significa perder la dignidad. Pero bueno, entonces, ¿qué podemos hacer? Yo tengo la esperanza de que el mismo sistema que normaliza el mal también puede ser desafiado.
Yo creo que podemos dejar de aguantar lo inaceptable, no acostumbrarnos, no justificar al corrupto ni admirar el camino deshonesto, recuperar la capacidad de indignarnos y llamar las cosas por su nombre. No comprar el disfraz con el que el se presenta. Podemos exigir exigir mejores condiciones de vida, un estado que sirva y no se venda, instituciones que protejan al ciudadano y no al criminal.
Exigir justicia, dignidad y oportunidades reales. No normalizar el infierno porque resignarse es aceptarlo como destino y no lo es. Exigirnos también a nosotros mismos vivir con coherencia. Quizá no podamos derribar de un golpe a un sistema corrupto, pero sí podemos romper su lógica cuando decidimos no participar en ella.
El infierno se construye con indiferencia, pero también puede empezar a desmoronarse con la firmeza de quienes deciden no acostumbrarse. Y esa es la invitación que nos quiero dejar, que dejemos de normalizar lo inaceptable y empecemos a exigir el país que nos corresponde. Muchas gracias por llegar hasta el final de este video.

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