Aprendió español con el acento argentino, que después el acento mexicano de las décadas siguientes suavizaría sin borrarlo completamente. Empezó a trabajar como actriz y modelo en Argentina con el tipo de presencia física que la industria del entretenimiento de esa época buscaba y que Sasha tenía de manera natural.
Y en 1969, a los 23 años, llegó a México. Según lo que ella misma contó en entrevistas, llegó por error. Una oferta de trabajo en el cine que la trajo al país sin que la idea original fuera quedarse. México como la escala que se convirtió en el destino. La ciudad de México, de finales de los 60 y principios de los 70 era la capital de un país que estaba en medio del crecimiento económico, que después se llamaría el milagro mexicano y que en la industria del entretenimiento producía el tipo de
oportunidades que los artistas extranjeros con el talento y la apariencia de Sasha podían aprovechar. Empezó con fotonovelas. Las publicaciones que en el México de esa época eran uno de los medios de entretenimiento más populares entre las clases trabajadoras, las historias de amor y drama ilustradas con fotografías de actores que el público reconocía por la calle.
De las fotonovelas pasó al cine y del cine pasó al cine de ficheras. El cine de ficheras es uno de los fenómenos culturales más específicamente mexicanos que existen. Y para entender quién fue Sacha Montenegro, hay que entender qué era ese cine y qué significaba para la industria del entretenimiento mexicano de los años 70 y 80.
Las ficheras eran las mujeres que trabajaban en los cabarets de la Ciudad de México, las que acompañaban a los clientes a bailar y a beber a cambio de fichas que después cambiaban por dinero. El trabajo que en la economía informal del entretenimiento nocturno de la Ciudad de México, de mediados del siglo XX, ocupaba a miles de mujeres.
El cine de ficheras tomó ese mundo y lo convirtió en películas, comedias con desnudos. Historias en los cabarets, las mujeres como protagonistas de una industria que las filmaba con la combinación de admiración y cosficación que el México de esa época producía sin que nadie lo nombrara con las palabras que las generaciones posteriores usarían.
Sasha Montenegro se convirtió en una de las estrellas más grandes de ese cine. Bellas de noche, de 1975, fue la película que la estableció. Después vinieron decenas de películas más, más de 90 producciones entre cine y televisión a lo largo de su carrera. Las películas que llenaban los cines de los barrios populares de la Ciudad de México y que producían los ingresos que la industria del cine mexicano de esa época necesitaba para sobrevivir.
Pedro Navaja junto con Andrés García en 1984, las películas con el santo, el luchador enmascarado, que era también uno de los iconos del cine popular mexicano. La filmografía que Sasha construyó en dos décadas de trabajo, en un género que la industria oficial del cine mexicano miraba con desdén, pero que el público consumía con la devoción que el desdén oficial no podía detener.
Y en medio de esa carrera, el desnudo de 30 segundos que México catalogó como escándalo. La escena que en una industria que producía películas sobre cabarets y ficheras era el límite que alguien decidió que se había cruzado. actriz que mostró lo que las películas sugerían, pero no mostraban completamente.
Eso era Sasha Montenegro cuando López Portillo la encontró en Sevilla en 1984. La vedet más famosa del cine más polémico de México. La mujer que el público de las clases populares amaba y que el público de las clases altas consumía en silencio. Antes de seguir, quiero preguntarte algo. Un expresidente de México, el que había llorado en televisión prometiendo defender el peso como un perro antes de devaluarlo, se enamora de la vedet más famosa del cine de ficheras.
¿Crees que fue amor real? ¿O crees que fue la combinación de poder y fama que en el México del PRI producía relaciones que servían a ambas partes de maneras que iban más allá del amor? Escríbeme en los comentarios porque esta pregunta define toda la historia que vamos a contar. José López Portillo y Pacheco había sido presidente de México de 1976 a 1982.
El sexenio que empezó con la promesa de administrar la abundancia del petróleo y que terminó con la peor crisis económica que México había vivido hasta ese momento. La frase que lo definió en la memoria del pueblo mexicano fue la del discurso del primero de septiembre de 1982 cuando lloró en televisión. El presidente que llora en público diciendo que va a defender el peso como un perro y que semanas después devalúa el peso de una manera que destruye los ahorros de millones de mexicanos.
La colina del perro. El apodo que el pueblo mexicano le puso a la zona donde López Portillo se construyó cinco mansiones en 12 haáreas de terreno en bosques de las lomas de la ciudad de México. La colina del perro que iba a defender el peso como un perro, pero que en lugar de defenderlo se construyó cinco mansiones con una biblioteca inmensa y todo el lujo que el poder del sexenio había producido.
Ese hombre era el que en 1984, 2 años después de dejar la presidencia, se encontró con Sasha Montenegro en Sevilla. López Portillo tenía 64 años. Estaba casado con Carmen Romano, la madre de sus tres hijos, Carmen Beatriz, Paulina y José Ramón. El matrimonio que el PRI de esa época sostenía como la imagen de la familia presidencial, aunque la realidad detrás de esa imagen fuera la que las familias presidenciales mexicanas de esa época tenían, las amantes, las relaciones paralelas, el sistema de poder que permitía que el presidente tuviera lo que quisiera sin
que nadie le dijera nada. Y López Portillo quiso a Sasha Montenegro. La relación empezó en Sevilla y continuó en Roma. Sasha terminó su gira de teatro con la obra Nunca en domingo y volvió a encontrarse con López Portillo en Italia. y la relación que había empezado como el encuentro casual en las calles de Sevilla se convirtió en algo que ninguno de los dos quiso detener.
Yo iba por una semana, me quedo allá y comenzamos a salir. Y pues bueno, dijo Sasha en una entrevista posterior. Pues bueno, las dos palabras que resumen la decisión que definió el resto de su vida. En 1985 nació Nabila, la primera hija de Sasha Montenegro y José López Portillo. El nacimiento de Navila cambió la naturaleza de la relación de algo que el sistema del PRI podía manejar como un secreto a voces a algo que ya no podía ocultarse de la misma manera.
Una hija con el apellido López Portillo, la hija del expresidente y la vedet. México procesó esa información con la combinación de escándalo e interés morboso que el país tiene para las historias que combinan el poder político con el espectáculo. La vedet del cine de ficheras con el expresidente que había devaluado el peso.
La mujer del desnudo de 30 segundos con el hombre que había llorado en televisión nacional. Sasha describió el nacimiento de Nabila como el momento que cambió su relación con la maternidad y con el compromiso. Hasta ese momento había rechazado la idea del matrimonio y de los hijos. Nabila la hizo cambiar de opinión sobre ambas cosas.
En 1990 nació Alexander, el segundo hijo, y en 1991, Carmen Romano, la primera esposa de López Portillo, murió. La muerte de Carmen abrió la puerta que el divorcio había estado bloqueando, la posibilidad de que López Portillo se casara legalmente con Sasha. En 1995 se casaron por la vía civil. En el año 2000 se casaron por la Iglesia, el expresidente de México y la vedet del cine de ficheras casados ante Dios y ante el estado.
La boda por la Iglesia en el año 2000 fue el acto que confirmó públicamente lo que todo México sabía desde hacía años, pero que el matrimonio civil por sí solo no había comunicado con la solemnidad que el matrimonio religioso tiene en la cultura mexicana. Sasha dijo en entrevistas que el matrimonio con López Portillo fue la cosa más importante que le pasó en la vida y al mismo tiempo la cosa que más problemas le trajo.
La familia de López Portillo, especialmente su hermana Margarita López Portillo, nunca aceptó a Sasha. La hermana que según lo que Sasha describió en entrevistas siempre estuvo en contra de todas las mujeres que se acercaran a su hermano. La guardiana del nombre López Portillo, que consideraba que la vedet del cine de ficheras no era digna del apellido.
Margarita fue una mujer que siempre estuvo en contra de todas las mujeres que se acercaran a su hermano dijo Sasha. La frase que tiene la especificidad de quien ha lidiado durante años con una cuñada que convirtió el control del hermano en la misión de su vida. La colina del perro que López Portillo le dejó a Sasha es la propiedad que en la historia de la corrupción presidencial mexicana ocupa un lugar especial.
12 hactáreas de terreno en bosques de las Lomas, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México. Cuatro mansiones, una biblioteca enorme, la propiedad que el expresidente que había dejado al país en crisis económica construyó para sí mismo con los recursos que el poder del sexenio había producido.
La colina del perro. El nombre que el pueblo de México le puso con la ironía que el pueblo mexicano tiene para nombrar las cosas que las instituciones prefieren no nombrar. La colina del hombre que dijo que iba a defender el peso como un perro. La colina de la corrupción que el sexenio de López Portillo representaba de la manera más visible posible.
López Portillo le donó esa propiedad a Sasha. La entrega que según los registros públicos fue una donación en vida. La mansión más polémica de la política mexicana pasando del expresidente más odiado a la bedet, más polémica. Sasha y sus hijos vivieron en la colina del perro durante años. La propiedad que además de ser su hogar se convirtió en locación para producciones de cine y televisión mexicanas.
Nosotros los nobles. La película de Gary Alasraki de 2013 se filmó parcialmente en la colina del perro. Las telenovelas Un refugio para el amor y al con los guapos también usaron la propiedad como locación. La mansión del expresidente sirviendo como escenografía para las telenovelas mexicanas. La ironía que la realidad mexicana produce cuando la ficción y la historia se cruzan en el mismo espacio físico.
En 2018, la colina del perro fue demolida para construir una torre de departamentos, el proyecto inmobiliario liderado por Banca Mifel, que convirtió las 12 haáreas del expresidente en desarrollo residencial. En 2019, el gobierno de la Ciudad de México inició un juicio de lesividad contra la construcción.
Nabila yander, los dos hijos de Sasha y López Portillo, heredaron la propiedad. Aquí quiero preguntarte algo. Un expresidente de México que dejó al país en la peor crisis económica de su historia, se construyó cinco mansiones en 12 haáreas en una de las zonas más caras de la Ciudad de México. Se las donó a su segunda esposa, la Vedet, del cine de ficheras.
Y cuando murió, la vedet recibió una pensión de 1,600,000 pesos al año como viuda del expresidente. ¿Qué piensas de eso? ¿Crees que la pensión era justa? ¿O crees que el pueblo mexicano pagaba la vida de lujo de la viuda del hombre que los había empobrecido? Escríbeme en los comentarios. El derrame cerebral que López Portillo sufrió en 1999 es el punto en que la historia de Sasha y el expresidente cambió de una historia de amor y escándalo a una historia de dolor, acusaciones y guerra familiar.
López Portillo tenía 79 años cuando el infarto cerebral lo dejó gravemente debilitado. La persona que había sido presidente de México, que había manejado la economía del país, que había tomado las decisiones que determinaban la vida de 80 millones de personas, ya no podía hablar ni moverse con normalidad.
Y los rumores empezaron. Los rumores de que Sasha lo maltrataba, los rumores que la familia de López Portillo, especialmente los hijos del primer matrimonio y la hermana Margarita, alimentaron con las declaraciones que las familias hacen cuando quieren recuperar el control de un pariente que consideran que está en manos de la persona equivocada.
Sasha negó siempre los rumores. Dijo que cuidaba a López Portillo con la dedicación de la esposa que lo amaba, que los rumores eran la estrategia de una familia que la había rechazado desde el primer momento y que veía en la enfermedad del expresidente la oportunidad de separar lo que no habían podido separar cuando él estaba sano.
La familia inició los trámites de divorcio. Querían divorciar a López Portillo de Sasha antes de que muriera. Querían que cuando la muerte llegara, Sasha no fuera la viuda legal con los derechos que la viudez produce sobre la herencia y sobre la pensión. Sasha peleó el divorcio y según lo que ella misma declaró años después lo ganó.
“Los magistrados federales no la divorciaron”, dijo. Sasha se quedó como esposa legal de López Portillo hasta que López Portillo murió. López Portillo murió el 17 de febrero de 2004. a las 3:15 de la madrugada de complicaciones cardíacas producidas por una neumonía. A los 83 años, Isasha Montenegro se convirtió en la viuda del expresidente.
Lo que siguió a la muerte de López Portillo fue la continuación de la guerra que había empezado con la enfermedad, la herencia, la pensión presidencial, la colina del perro, los derechos que la viuda legal tenía y que la familia del primer matrimonio quería limitar. Sasha declaró que López Portillo no les dejó nada significativo.
No nos dejó nada. Lo que sí nos dejó fue una cantidad de problemas y juicios terribles. Las palabras de la viuda que dice que la herencia no fue lo que el público imaginaba, que los juicios y los conflictos con la familia del primer matrimonio fueron lo que la muerte del expresidente le dejó, además de la colina del perro.
En julio de 2022 se reveló que Sasha Montenegro recibía como pensión presidencial 1,688,736 pesos mexicanos al año, aproximadamente 140,000 pesos al mes. La pensión de viuda del expresidente que había llorado prometiendo defender el peso como un perro y que después se había construido cinco mansiones. La pensión fue cancelada en 2022 como parte de las reformas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que eliminaron las pensiones a los expresidentes.
En México, el ser presidente de la República era ser un rey, pero un rey por 6 años, porque después lo decapitaban. A mí me tocó cuando ya estaba decapitado y me tocaron los ladridos y esta parte desagradable de la vida de un personaje así. Esa frase que Sasha dijo en una entrevista tiene la honestidad de alguien que procesó su experiencia con la distancia suficiente para poder nombrarla con precisión. Un rey por 6 años.
La descripción exacta de lo que el presidente de México era en el sistema del PRI, el poder absoluto durante un sexenio y después la caída. A Sasha le tocó después de la caída, cuando López Portillo ya no era el presidente, sino el expresidente más odiado del país, cuando la colina del perro era el símbolo de la corrupción que el sexenio representaba, cuando el nombre López Portillo se asociaba con la crisis y la devaluación y las lágrimas del presidente que lloró antes de destruir la economía, “A mí me tocaron los
ladridos.” La frase que conecta con el perro que iba a defender el peso. Los ladridos del pueblo que odiaba al hombre que amaba. Sasha Montenegro vivió 20 años con ese peso desde 1984 cuando lo conoció en Sevilla hasta 2004 cuando murió. 20 años como la mujer del expresidente más odiado de México.
20 años de los ladridos que la frase describe. Los últimos años de la vida de Sasha Montenegro fueron los años del retiro. Desde 2005, un año después de la muerte de López Portillo, Sasha se alejó del espectáculo. La decisión de la persona que lleva décadas en la industria y que en algún momento decide que lo que la industria le ofrece ya no compensa lo que la industria le quita.
Se dedicó al cuidado de sus dos hijos, Nabila y Alexander, y a los bienes raíces. La empresaria que la última etapa de su vida fue Nabila López Portillo Achimovic, se dedicó a las artes plásticas, la hija de la vedet y del expresidente que eligió un camino diferente al de sus padres. En la galería Casa Basalta de la colonia Roma de la Ciudad de México, Nabila presentó su arte con una exposición llamada Life After Death, la vida después de la muerte.
El título que tiene la dimensión personal de alguien que creció con un padre que era el expresidente más odiado de México y una madre que era la vedet más polémica del cine mexicano. Alexander, el hijo menor, se mantiene completamente alejado de la vida pública. La decisión del que elige la invisibilidad cuando la visibilidad que el apellido produce es el tipo de visibilidad que preferiría no tener.
El 14 de febrero de 2024. Día de San Valentín. Sasha Montenegro murió en su casa de Cuernavaca, Morelos, a los 708 años. De un derrame cerebral provocado por el cáncer de pulmón que llevaba tiempo peleando, Nabila estaba con ella. La hija que nació del encuentro de Sevilla, la que creció en la colina del perro, la que heredó la propiedad con su hermano, la que estuvo con su madre hasta el final.
La Asociación Nacional de Inérpretes confirmó la muerte. El México, que la conocía como la vedet del cine de ficheras y como la esposa del expresidente más polémico, procesó la noticia con la combinación de nostalgia y morbo que siempre tuvo con Sasha Montenegro. Para terminar la historia de Sasha Montenegro, hay que hablar de lo que significa que una mujer nacida en Italia, con sangre yugoslava, criada en Argentina, que llegó a México por error a los 23 años, haya terminado siendo la viuda de un presidente de la República.
El recorrido de Sasha Montenegro, de Bari Mendoza a la Ciudad de México, al cine de ficheras a Sevilla, al expresidente a la colina del Perro, a la viudez a Cuernavaca. Es el recorrido que ningún guionista inventaría porque la realidad lo haría parecer inverosímil. La vedet yugoslava que conquistó al presidente mexicano.
La mujer del desnudo de 30 segundos que terminó casada con el hombre que había llorado en televisión nacional. La actriz de las ficheras que heredó la mansión del expresidente más odiado del siglo XX mexicano. Y la madre que al final se fue a Cuernavaca con sus hijos y vivió los últimos años lejos del escándalo que la había acompañado durante dos décadas.
Sasha Montenegro, Alexandra Achimovic Popovic, Bari, Mendoza, Ciudad de México, Sevilla, la Colina del Perro, Cuernavaca, la vida que empezó en un puerto del sur de Italia y que terminó en una casa de Morelos con la hija al lado y el cáncer que no pudo vencer. Y la frase que lo resume todo. En México ser presidente era ser un rey por 6 años. Después lo decapitaban.
A mí me tocaron los ladridos. Gracias por quedarte hasta aquí. De verdad, si esta historia te llegó, te pido que te suscribas al canal y que le des like a este video. Cada suscripción y cada like me ayuda a que más personas encuentren estas historias que nadie más cuenta así.
Y si conoces a alguien a quien le gustaría este tipo de contenido, compártelo. Nos vemos en el siguiente video para entender completamente lo que significó que Sasha Montenegro se casara con José López Portillo. Hay que entender quién era López Portillo en la memoria del pueblo mexicano y por qué ese nombre producía la reacción que producía.
López Portillo llegó a la presidencia en 1976 con la promesa de administrar la bonanza petrolera, que el descubrimiento de nuevos yacimientos en el sureste mexicano había producido. México era un país que de repente tenía petróleo en cantidades que lo ponían entre los mayores productores del mundo. Y López Portillo se presentó como el presidente que iba a convertir esa riqueza petrolera en desarrollo para el país. lo que hizo fue diferente.
El gasto público se disparó. La deuda externa creció de manera exponencial. La corrupción del sexenio produjo las fortunas personales que las cinco mansiones de la colina del perro representaban de la manera más visible. Y cuando el precio del petróleo cayó en 1981 y 1982, el modelo que López Portillo había construido se derrumbó.
El primero de septiembre de 1982, López Portillo dio su último informe de gobierno y lloró en televisión nacional, frente a todo México, las lágrimas del presidente que sabía que lo que había construido se estaba cayendo y que no podía evitarlo. Yo soy responsable del timón, pero no de las tempestades. La frase que México repitió con la ironía que el pueblo tiene para las frases de los políticos que intentan escapar de la responsabilidad que sus decisiones produjeron.
Y la otra frase, la del perro. Defenderé el peso como un perro. Y devaluó el peso. Y la crisis que siguió destruyó los ahorros de millones de familias mexicanas. Y las cinco mansiones que se construyó en bosques de las lomas se convirtieron en la colina del perro. El monumento a la corrupción del sexenio que prometió administrar la abundancia y que dejó al país en la peor crisis de su historia.
Ese hombre, el de las lágrimas en televisión, el del perro que no defendió el peso, el de las cinco mansiones. Ese hombre es el que Sasha Montenegro conoció en Sevilla, el que la enamoró, el que le dio dos hijos, el que se casó con ella mientras su familia intentaba separarlos. la vedet y el presidente que lloró.
La historia que México no podía dejar de mirar aunque mirara con disgusto. Carmen Romano, la primera esposa de López Portillo, es también parte de esta historia de una manera que el relato centrado en Sasha raramente desarrolla. Carmen Romano fue la primera dama de México durante el sexenio de López Portillo, la mujer que acompañó al presidente durante los 6 años de poder y que crió a los tres hijos del matrimonio, Carmen Beatriz, Paulina y José Ramón.
La relación entre López Portillo y Carmen Romano durante el sexenio tenía las características que las relaciones presidenciales en el México del PRI tenían, la imagen pública de la familia unida y la realidad privada que incluía las relaciones extramaritales que el sistema del poder priista toleraba y en algunos casos facilitaba.
López Portillo era mujeriego. Las fuentes que conocieron de cerca al presidente durante su sexenio lo describieron con esa palabra. El presidente que tenía relaciones fuera del matrimonio con la regularidad que el sistema le permitía. Rosa Luz Alegría, la primera secretaria de Estado en la historia de México, fue nombrada titular de la Secretaría de Turismo durante el sexenio de López Portillo.
Las versiones que circularon durante décadas decían que la relación entre López Portillo y Alegría iba más allá de lo profesional. Nunca se confirmó oficialmente, pero el rumor fue parte del paisaje del sexenio. Carmen Romano murió en 1991, 9 años después de que López Portillo dejara la presidencia, 7 años después de que conociera a Sasha en Sevilla, con el conocimiento de que su esposo tenía una relación con la bedet del cine de ficheras y que esa relación había producido una hija.
La muerte de Carmen Romano en 1991 fue lo que permitió que López Portillo se casara legalmente con Sasha en 1995. La primera esposa que tuvo que morir para que la segunda pudiera ser esposa legal. La hermana Margarita López Portillo es el personaje de esta historia que Sasha nombró con más frecuencia y con más dolor en las entrevistas que dio sobre su relación con el expresidente.
Margarita era la hermana de López Portillo, que durante años ejerció un control sobre la vida de su hermano, que las personas que lo rodeaban describían como absoluto. la guardiana del apellido, que consideraba que ninguna mujer era suficientemente buena para su hermano y que cuando esa mujer resultó ser la vedet del cine de ficheras, la oposición se convirtió en guerra.
Sasha describió la relación con Margarita como la batalla más difícil de su vida con López Portillo. Más difícil que el escándalo público, más difícil que la diferencia de edad, más difícil que la guerra con los hijos del primer matrimonio. Margarita fue la que, según lo que Sasha declaró, encabezó el intento de divorciarlos cuando López Portillo enfermó después del derrame cerebral de 1999.
la que vio en la enfermedad del hermano la oportunidad de hacer lo que no había podido hacer mientras él estaba sano, sacarlo de la relación con Sasha. Los rumores de que Sasha maltrataba a López Portillo enfermo tenían a Margarita como una de las fuentes que los alimentaban. La hermana que decía a los medios y a los círculos de poder que la Bedet no cuidaba a su hermano de la manera que debía, que la Bedet se aprovechaba del expresidente enfermo.
Sasha negó siempre esas acusaciones con la firmeza de quién sabe que la persona que la acusa tiene motivaciones que van más allá de la preocupación por el bienestar del hermano. La guerra entre las dos mujeres, la vedet y la hermana, es también la guerra que las familias mexicanas producen cuando el control sobre un pariente enfermo se convierte en el campo de batalla donde se pelean herencias, reputaciones y la versión de la historia que prevalecerá cuando el enfermo muera.
La pensión presidencial que Sasha Montenegro recibió durante años como viuda de López Portillo tiene una historia que conecta directamente con la conversación sobre los privilegios que los expresidentes de México tenían hasta que la reforma de 2022 los eliminó. 1,688,736 al año, 140,000es al mes, la pensión que el Estado mexicano le pagaba a la viuda del expresidente que había dejado al país en crisis económica, esa pensión era legal.
Estaba contemplada en la legislación que regulaba las pensiones presidenciales. Las viudas de los expresidentes tenían derecho a recibir una pensión del Estado por el resto de sus vidas. La legalidad de la pensión no impedía que el pueblo mexicano la viera con la indignación que produce saber que el dinero de los impuestos paga la vida de la viuda del presidente que destruyó la economía.
Sasha recibió esa pensión durante años hasta que en 2022, como parte de las reformas del presidente López Obrador, las pensiones a expresidentes y sus viudas fueron canceladas. La cancelación de la pensión dejó a Sasha sin el ingreso que durante años había sido parte de su sustento económico. La viuda del expresidente que de repente dejó de recibir lo que la ley anterior le garantizaba.
Desde Cuernavaca, donde vivía sus últimos años, Sasha procesó esa cancelación como una más de las cosas que el nombre López Portillo le había costado en los años posteriores a la muerte de su esposo. El cine de ficheras que hizo famosa a Sasha Montenegro tiene también su propia historia en el contexto de la cultura popular mexicana y dice algo sobre quién iba a ver esas películas y por qué.
Las películas de ficheras eran el producto cinematográfico más popular de México en los años 70 y 80. No el más prestigioso, no el que ganaba premios en los festivales internacionales, el más popular, el que llenaba los cines de los barrios populares, el que producía los boletos vendidos que la industria del cine mexicano necesitaba para sobrevivir.
El público de esas películas era mayoritariamente masculino y de clase trabajadora. Los hombres que iban al cine de barrio los fines de semana y que encontraban en las comedias de ficheras el entretenimiento que los otros géneros del cine mexicano no les daban de la misma manera. Las actrices que protagonizaban esas películas tenían una posición ambigua en la cultura popular, adoradas por el público que las veía, rechazadas por la industria cultural que las consideraba menores, juzgadas por la sociedad conservadora que las veía como el problema del cine

mexicano y no como la respuesta al problema de la taquilla. Sasha Montenegro navegó esa ambigüedad durante décadas, la vedet que el público amaba y que la sociedad bien pensante juzgaba. la actriz que hacía cine popular y que la industria oficial del cine no incluía en sus celebraciones. Esa posición ambigua es también parte de lo que hizo que la relación con López Portillo fuera tan escandalosa.
No solo era la amante del expresidente, era la bedet, la del cine de ficheras, la del desnudo de 30 segundos, la que representaba exactamente lo que la familia López Portillo y la sociedad que rodeaba al expresidente consideraban indigno del nombre presidencial. La propiedad de la colina del Perro tiene una historia después de Sasha Montenegro que dice algo sobre cómo funciona el negocio inmobiliario en la Ciudad de México y cómo las propiedades de los poderosos se transforman cuando los poderosos ya no están. En 2018, la
colina del perro fue demolida. Las cuatro mansiones, la biblioteca, las 12 hectáreas de terreno que López Portillo se había construido en bosques de las lomas. El proyecto que reemplazó la colina del perro fue un desarrollo de departamentos de lujo liderado por Vanamifel, la torre de departamentos que en la zona de paseo de los laureles en bosques de las Lomas se construyó donde antes estaban las mansiones del expresidente.
En 2019, el gobierno de la Ciudad de México inició un juicio de lesividad contra la construcción. La entonces jefa de gobierno, Claudia Shainbaum, indicó que el proyecto sería evaluado después de la detención de un exfuncionario de la Secretaría de Desarrollo Urbano que había autorizado el proyecto La historia de la colina del Perro, de las mansiones del expresidente corrupto a la demolición y el desarrollo inmobiliario de lujo y el juicio de lesividad.
La propiedad que en cada etapa de su historia representó algo diferente de lo que México es y de cómo funciona el poder en el país. Nabila y Alexander, los hijos de Sasha y López Portillo, heredaron lo que quedó de la propiedad. Lo que la historia de la colina del perro, con todos sus giros legales e inmobiliarios, terminó dejando para los dos jóvenes que nacieron del encuentro entre la Bedet y el presidente en las calles de Sevilla.
Para terminar de completar esta historia, hay que hablar de lo que Sasha Montenegro dijo sobre su vida con López Portillo en las entrevistas más honestas que dio en los últimos años antes de su muerte. La entrevista con Gustavo Adolfo Infante, la entrevista con el programa en compañía de las declaraciones que fue dando a lo largo de los años con la progresiva honestidad que el tiempo y la distancia producen.
Lo que emerge de esas entrevistas es la imagen de una mujer que vivió 20 años con un hombre al que amaba en un contexto que hacía que amar a ese hombre fuera también el acto más complicado de su vida. La familia en contra. El público en contra, el nombre López Portillo como la marca de la corrupción que el país nunca perdonó.
Y al mismo tiempo la mujer que dice que López Portillo era encantador, que tenía cultura, que tenía personalidad, que cuando estaban solos en la casa de la colina del perro era simplemente la persona con quien ella quería estar. Esa doble realidad, la del hombre odiado por el pueblo que fue amado por la vedet que lo conoció cuando ya nadie lo quería, es también la complejidad que la historia de Sasha Montenegro contiene.
No solo el escándalo, también el afecto real entre dos personas que el mundo veía como la combinación más inverosímil posible y que ellos vivían como la relación que querían tener independientemente de lo que el mundo opinara. Sasha Montenegro murió el 14 de febrero de 2024, el día de San Valentín, el día del amor. La Vedet Yugoslava que amó al presidente mexicano muriéndose el día del amor.
Una última coincidencia que la realidad produce y que la ficción no inventaría porque parecería demasiado conveniente. Alexandra Achimovic Popovic, Sasha Montenegro, Bari, Mendoza, México, Sevilla, la Colina del Perro, Cuernavaca y los ladridos que le tocaron. El México del PRI, en que Sasha Montenegro vivió su relación con López Portillo, tiene una historia específica con las mujeres de los presidentes que el análisis de este caso necesita incluir.
En el sistema priista, la primera dama era una figura con reglas claras. La esposa del presidente tenía que ser discreta, elegante, maternal y, sobre todo invisible en el sentido político. La primera dama que opinaba demasiado sobre política era un problema. La que se vestía de manera llamativa era un problema.
La que tenía opiniones propias era un problema. Carmen Romano, la primera esposa de López Portillo, fue una primera dama que cumplió ese papel con la ortodoxia que el sistema esperaba, la esposa del presidente que estaba ahí, pero que no competía por la atención. Y Sasha Montenegro era exactamente lo opuesto de todo eso.
La Vedet, la actriz del cine de ficheras, la mujer que había hecho un desnudo en cine, la que no se vestía de manera discreta ni tenía la personalidad que la discreción requiere. El hecho de que López Portillo eligiera a Sasha como pareja después de Carmen Romano dice algo sobre lo que López Portillo buscaba cuando ya no tenía la obligación presidencial de mantener la imagen que el PRI requería cuando era presidente, la esposa discreta, cuando dejó de serlo, la vedet, la liberación que el poder produce cuando el poder
termina, la posibilidad de ser quien se quiere ser cuando la estructura que determinaba quién debía ser ya no existe. López Portillo con Sasha Montenegro fue también López Portillo libre del PRI, el expresidente que ya no tenía que rendir cuentas al sistema que lo había puesto ahí.
El hombre que podía elegir a la mujer que quería sin que nadie le dijera que esa mujer no era apropiada, excepto su hermana Margarita, que se lo dijo durante 20 años. La llegada de Sasha Montenegro a México por error en 1969 tiene una historia que vale la pena contar. porque dice algo sobre cómo funcionaba la industria del cine mexicano.
De esa época para las actrices extranjeras. El cine mexicano de finales de los 60 y principios de los 70 estaba buscando el tipo de belleza que las actrices nacionales del momento no representaban de la misma manera. Las vedets extranjeras que llegaban de otros países latinoamericanos o de Europa tenían la combinación de exotismo y sensualidad que el mercado del cine popular mexicano demandaba.
Sasha llegó desde Argentina con 23 años con la apariencia física que el cine de ficheras iba a utilizar durante las dos décadas siguientes con el acento que mezclaba el español argentino con las raíces eslavas que su familia le había dado. Con la presencia en cámara que los directores del cine popular identificaron desde las primeras pruebas.
El camino de la fotonovela al cine fue rápido y del cine convencional al cine de ficheras fue todavía más rápido, porque Sasha tenía exactamente lo que ese género buscaba y porque el género le daba a ella lo que ella buscaba. trabajo constante, ingresos estables y la presencia pública que hacía que millones de mexicanos conocieran su nombre y su cara.
más de 90 películas y telenovelas en dos décadas de carrera. un volumen de producción que dice algo sobre la demanda del mercado, para el tipo de contenido que Sasha producía y sobre la capacidad de trabajo de una mujer que durante 20 años trabajó sin parar en una industria que la usaba y la desechaba con la velocidad que la industria del cine popular tiene y que después de esos 20 años de trabajo conoció al expresidente de México en las calles de Sevilla.
Los hijos que Sasha Montenegro y López Portillo tuvieron merecen un análisis adicional porque su existencia cambió la naturaleza del escándalo, de una manera que la relación amorosa sola no habría producido. Nabila nació en 1985, un año después del encuentro en Sevilla. López Portillo tenía 65 años, Sasha tenía 39.
El nacimiento de Navila hizo que la relación que hasta ese momento podía ser manejada como una aventura se convirtiera en algo que requería reconocimiento público, una hija con el apellido del expresidente. La criatura que iba a crecer con el nombre López Portillo, sin tener la protección de la legitimidad matrimonial que en el México de los 80 todavía tenía peso legal y social.
Sasha dijo en entrevistas que el nacimiento de Nabila cambió su relación con la maternidad, que hasta ese momento no había querido ser madre, que Nabila la transformó de la manera en que los hijos transforman a las personas que no esperaban ser transformadas. Alexander nació en 1990, 5 años después de Navila. López Portillo tenía 70 años, dos hijos con la vedet del cine de ficheras, mientras todavía estaba legalmente casado con Carmen Romano.
Los dos niños crecieron en la colina del perro, en las mansiones que su padre se había construido con los recursos del sexenio, con la madre que era la vedet más famosa del cine popular mexicano, con el padre que era el expresidente más odiado del país, con la tía Margarita que los quería separar de la madre.
Crecer con esos padres en ese contexto tiene consecuencias que solo los que las viven pueden describir completamente. Nabila eligió las artes plásticas, Alexander eligió la invisibilidad. Los dos eligieron salir del espacio público que sus padres habían habitado de maneras tan diferentes. El derrame cerebral que López Portillo sufrió en 1999 y los 5 años de enfermedad que siguieron hasta su muerte en 2004 son el periodo más doloroso de la historia de Sasha con el expresidente, un hombre de 79 años que pierde la capacidad de
hablar y de moverse con normalidad. el expresidente que había dado discursos en el Congreso y que había llorado en televisión nacional y que ahora no podía comunicarse de la manera que la comunicación normal requiere. Sasha dijo que lo cuidó durante esos 5 años, que estuvo con él, que fue ella la que se aseguró de que recibiera la atención médica que necesitaba, que la familia que la acusaba de maltratarlo no estaba ahí haciéndose cargo.
La versión de la familia era diferente. La versión que la hermana Margarita y los hijos del primer matrimonio sostenían era que Sasha se aprovechaba del expresidente enfermo, que no lo cuidaba como debía, que el intento de divorcio era necesario para proteger a López Portillo de la mujer que decían que lo maltrataba.
Las dos versiones coexistieron durante los 5 años de enfermedad de López Portillo. Sasha diciendo que lo cuidaba, la familia diciendo que lo maltrataba y López Portillo en el medio sin poder hablar para decir cuál de las dos versiones era la correcta. El silencio del enfermo que no puede hablar mientras los que lo rodean pelean por determinar la narrativa de lo que le está pasando.
Ese silencio es también la imagen más cruel de los últimos años de la vida de López Portillo. El hombre que en el Congreso de la República había dado discursos que definían la política del país, ya no podía decir ni sí ni a las preguntas que su propia familia se hacía sobre quién lo estaba cuidando bien y quién lo estaba maltratando.
Y cuando murió el 17 de febrero de 2004, a las 3:15 de la madrugada el silencio terminó. Pero la pelea que el silencio había mantenido en suspensión se reanudó inmediatamente con la pregunta de quién heredaba qué y quién era la viuda legítima y quién tenía derecho a qué. Sasha ganó el juicio de divorcio que la familia había intentado.
Quedó como viuda legal y cargó con todo lo que la viudez del expresidente más odiado de México carga. La colina del perro, la pensión, los juicios y los ladridos. El 14 de febrero de 2024, como fecha de muerte de Sacha Montenegro, tiene la dimensión simbólica que las fechas a veces tienen sin que nadie las planifique.
El día de San Valentín, el día del amor, la fecha que en la cultura popular se asocia con las parejas y con la celebración del amor que existe. La Vedet, que fue más conocida por su historia de amor con un presidente que por su carrera en el cine murió el día del amor. Esa coincidencia no la planificó nadie.
El cáncer de pulmón que llevaba meses debilitándola produjo el derrame cerebral que la mató en su casa de Cuernavaca, sin que la fecha tuviera nada que ver con la enfermedad que la producía. Pero la fecha está ahí. Y para las personas que creen en los significados que las coincidencias producen, la fecha dice algo sobre la naturaleza de la historia de Sasha Montenegro, que empezó como una historia de amor en Sevilla y que terminó el día del amor en Cuernavaca.
Los que no creen en esas coincidencias ven que una mujer de 78 años murió de cáncer de pulmón. Las dos lecturas coexisten, como coexistieron siempre las lecturas que la historia de Sasha Montenegro producía, la del escándalo y la del amor real, la del aprovechamiento y la de la mujer que genuinamente quería al hombre que el país odiaba.
Sasha Montenegro, la vedet que amó al presidente, la que recibió los ladridos, la que se fue el día de San Valentín. El acento de Sasha Montenegro es un detalle que dice algo sobre la persona que México conoció durante 40 años y que el análisis habitual de su historia raramente incluye. Nació en Italia, creció en Argentina, vivió en México desde los 23 años.
Su español era la mezcla que esa trayectoria produce. El español argentino de base con los giros mexicanos que cuatro décadas en el país fueron incorporando. Y debajo de todo eso, la raíz eslava que su familia montenegrina le había dado y que en ciertas palabras y en ciertas inflexiones aparecía, aunque Sacha no la buscara.
Ese acento era parte de lo que la hacía diferente en el cine mexicano. La actriz extranjera que sonaba diferente, que tenía la presencia de la europea en un cine que estaba acostumbrado a las actrices mexicanas. El público del cine de ficheras reconocía ese acento como parte del atractivo, lo exótico que la voz producía.
La mujer que no sonaba como las otras y que por eso tenía algo que las otras no tenían. y López Portillo, el hombre que había viajado por el mundo como presidente de México y que tenía la cultura que Sasha le atribuía. probablemente encontró en ese acento algo que lo conectaba con un mundo más amplio que el que la política mexicana del PRI le ofrecía cotidianamente, la vedet con acento yugoslavo argentino mexicano y el expresidente con la cultura que la política no siempre requiere, pero que él tenía las dos cosas juntas en las
calles de Sevilla, las telenovelas que Sasha Montenegro hizo son la parte de su carrera que el análisis centrado en el cine de ficheras suele ignorar pero que dice algo sobre su rango como actriz. En 2002, Sasha protagonizó las vías del amor como la antagonista Catalina Valencia, una telenovela de Televisa que la puso en un papel completamente diferente del que el cine de ficheras le había dado.
No la vedet exuberante, la villana, la mujer que en la narrativa de la telenovela era la que producía los conflictos que los protagonistas tenían que resolver. ganó el premio TV y novelas a la mejor actriz antagonista en 2003 por ese papel, un premio de la industria. El reconocimiento que dice que lo que Sasha hacía en esa telenovela era trabajo profesional de calidad, que la bedet del cine de ficheras podía también ser la actriz de carácter que la telenovela de Televisa requería.
esa versatilidad, la capacidad de ir del cine popular al drama televisivo y de ganarse el reconocimiento de la industria en ambos formatos es también parte de quién era Sasha Montenegro más allá del escándalo con López Portillo. No solo la vedet, también la actriz, la que cuando le daban un papel diferente demostraba que podía hacerlo con el nivel que la industria reconocía.
El contexto de Cuernavaca, donde Sasha Montenegro vivió sus últimos años y donde murió, dice algo sobre la decisión que tomó cuando eligió alejarse de la Ciudad de México. Cuernavaca es la ciudad que los capitalinos de clase media y alta han usado durante décadas como el lugar donde se retiran. La ciudad a una hora de la Ciudad de México con el clima que la Ciudad de México no tiene.
El lugar donde las personas que pueden permitírselo van a vivir cuando la vida en la capital ya no les ofrece lo que necesitan. Sasha eligió Cuernavaca después de la muerte de López Portillo, después de los juicios, después de la cancelación de la pensión, después de la demolición de la colina del perro. Cuernavaca como el lugar donde construir la vida que quedaba después de todo lo que había pasado.
Los últimos años en Cuernavaca fueron los años de la empresaria de bienes raíces, la Sasha, que ya no era la bedet del cine, ni la esposa del expresidente, ni la viuda polémica. La mujer que en la tercera etapa de su vida buscaba la normalidad que las dos etapas anteriores no le habían dado. Y ahí en Cuernavaca llegó el cáncer de pulmón.
El cáncer que la fue debilitando durante meses, que la alejó todavía más de la vida pública que ya había dejado, que la mantuvo en su casa con Nabila cuidándola de la misma manera en que Sasha decía que ella había cuidado a López Portillo cuando el derrame cerebral lo dejó sin poder hablar. La hija cuidando a la madre.
La misma historia que Sasha había vivido cuidando al esposo, el ciclo que las familias producen cuando la enfermedad llega y alguien tiene que estar ahí. Navila estuvo y el 14 de febrero de 2024, a los 78 años, Sasha Montenegro murió en su casa de Cuernavaca con Nabila al lado.
la vedet Yugoslava, que llegó a México por error a los 23 años, que hizo más de 90 películas, que conquistó a un presidente, que heredó la colina del perro, que recibió la pensión que el pueblo le pagaba, que peleó los juicios que la familia le interpuso y que se fue un día de San Valentín en Cuernavaca con la hija al lado. No.
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