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C.HERMOSILLO : CONFESÓ LLORANDO LO QUE LE HIZO SALINAS – EL PRESIDENTE MAS ODIADO DE MEXICO

 Pasaron 2 años, 1986,  y la vida le iba a presentar a Hermosillo la primera prueba grande de su carrera,  el Mundial México 86. Marzo de 1986,  Bora Milutinovic, técnico serbio de la selección mexicana, recibió la lista de convocados preliminares para el Mundial, que México iba a hacer sede por primera vez, 35 nombres, y entre ellos un delantero de 21 años del Cruz Azul que apenas  tenía dos temporadas en primera división, Carlos Hermosillo.

Esta convocatoria era el sueño cumplido de Eriiberto, de su madre,  de Cerro Azul entero. Carlos llamó por teléfono a su pueblo natal esa noche llorando  y le dijo a su madre tres palabras. Le dijo, “Lo logramos, mamá, pero 5co semanas después  todo iba a cambiar porque Hermosillo”, ese mismo mes, en una grabación del programa Siempre en domingo de Raúl Velasco, conoció a la mujer que iba  a marcarlo para siempre.

 Una actriz de 22 años. Cabello castaño claro. Cabello castaño claro. Sonrisa que iluminaba el plató. Voz de cantante. Su nombre era Laura Flores. Hermosillo esa noche,  sentado en la grabación al lado del cantante Manuel Mijares, vio como Laura Flores entró al  escenario para presentar su primer disco como solista llamado Preparatoria y se quedó sin habla.

 40 años después,  frente a las cámaras de la periodista Matilde Obregón, Hermosillo confesó lo que sintió esa noche.  Dijo solamente una frase, dijo, “En cuanto la vi, supe que iba a ser la madre de mis hijos.”  Y empezó a perseguirla. le mandó flores al estudio de Televisa, cartas escritas a mano, cassetes  con canciones grabadas y pagó a un compañero del Cruz Azul para que la llamara por teléfono y le dijera que él, Hermosillo,  estaba enamorado en serio.

 Laura Flores resistió tres semanas,  después aceptó salir con él a comer y durante los siguientes dos años Hermosillo y Laura Flores fueron la pareja más fotografiada del medio del espectáculo y el  deporte en México. Iban a los premios de la radio, aparecían en  TV Notas, salían en Cosmopolitan.

 Hermosillo le compró un anillo de  compromiso con sus primeros ahorros como jugador profesional. Iban a casarse después del Mundial 86. Pero algo pasó en mayo de 1986. Algo que Hermosillo no esperaba, algo que lo iba a destruir durante meses y que lo iba a marcar el resto de su vida. Guarda esta fecha en tu mente. Mayo de 1986.

Concentración de la selección mexicana en Txcala.  Vas a entender lo que pasó allí más adelante en este video.  Cuando llegue el momento de la revelación más dolorosa de la vida del grandote de Cerro Azul. Por ahora quédate con esto. Hermosillo no jugó  el Mundial México 86.

 Bora Milutinovic lo dejó fuera  del 11 titular en los cinco partidos. Lo único que hizo fue calentar  en la banca y al final del torneo regresó al Cruz Azul con  una decepción que el público mexicano nunca entendió porque la prensa creyó que era  una decepción deportiva. La verdad era otra.

 La verdad estaba en una carta que Hermosillo había recibido en su habitación del hotel de Tlazcala  unas semanas antes del mundial. Pero todavía no es momento  de contar eso. Por ahora vamos a seguir con la carrera de Hermosillo porque después del Mundial 86  todo cambió. 1987 Cruz  Azul lo vendió al club América. Sí, al rival eterno.

 La afición celeste en su última temporada con Hermosillo lo insultó. Le gritaron traidor, bendido,  que se fuera del Estadio Azteca. Hermosillo cruzó al América  aceptando un sueldo cinco veces más alto y se convirtió en el delantero estelar de los Azulcema  durante dos temporadas, 1987 a 1989.

  34 goles, dos veces subcampeón y entonces le llegó la oferta europea.  1989, el Standard Leash de Bélgica fichó a Hermosillo por la operación más cara de la historia  del fútbol mexicano hasta ese momento. Una cantidad brutal para  un delantero mexicano de 25 años. La afición mexicana celebró.

 La prensa habló del primer  mexicano que iba a triunfar en Europa después de Hugo Sánchez, pero el estándar L fue un fracaso total. Hermosillo jugó  nueve partidos durante toda la temporada, marcó un solo gol. El técnico belga no  lo entendía. Sus compañeros europeos no le pasaban el balón.

 La afición lo abuchaba cada vez que entraba al campo  y en los entrenamientos Hermosillo lloraba en silencio mirando hacia la nieve afuera del estadio. Una mañana de febrero de 1990,  después de un partido perdido contra el Underlecht, Hermosillo levantó el teléfono  y llamó a su hermano Heriberto a la Ciudad de México.

 Le dijo cinco palabras que ningún jugador mexicano había dicho  antes en Europa. le dijo, “Quiero regresar a México, hermano.” Heriberto  le contestó con una sola frase. Le dijo, “Regrésate, Carlitos,  aquí te quieren.” Y Hermosillo regresó, pero el regreso no fue al Cruz Azul, donde lo seguían odiando por haberse  ido al América, tampoco al América, donde ya tenían reemplazante.

  Lo firmó el Monterrey, La Pandilla, un equipo de tradición que necesitaba  un goleador para regresar a las primeras planas del fútbol mexicano.  Y en el Monterrey, Hermosillo recuperó lo que había perdido en Bélgica, la confianza. 1990 a 1991,  24 goles en una sola temporada. Máximo goleador del equipo, subcampeón de liga, convocatorias regulares con la selección mexicana.

 Y en esos meses de 1990 en Monterrey,  Hermosillo conoció a la mujer que iba a cambiar para siempre su destino político y  económico. La mujer que iba a abrirle puertas que él nunca había soñado  y la mujer que, sin que él lo supiera, ya tenía un plan diseñado para conectarlo con el clan  político más oscuro de México.

 Su nombre era Aida Gatica. Tenía 23 años. Era hermosa,  educada, hija de buena familia. Hermosillo la conoció en una gala benéfica  en el club industrial de Monterrey y se enamoró perdidamente de ella en una sola noche,  igual que se había enamorado de Laura Flores 4 años antes.

 Pero esta vez la diferencia era enorme. Aí Gatica, lo que Hermosillo nunca sospechó, no era una mujer cualquiera. Aí Gatica era hermana de un hombre llamado  José Alfredo Gatica. Y José Alfredo Gatica estaba casado con la hija mayor del expresidente  Carlos Salinas de Gortari, una mujer llamada Cecilia  Salinas o Cheli.

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