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MARCO A. BARRERA: su SECRETO mortal… El oscuro ENGAÑO que casi lo MATA en el ring

Y eso es la primera revelación que te prometí. Escucha esto con atención porque aquí es donde la historia se transforma en algo completamente diferente a cualquier otra historia de derrota y regreso deportivo. La madre de Barrera había empezado a notar señales extrañas en su hijo, cosas difíciles de precisar, pero que una madre nota porque une pequeños fragmentos que para cualquier otro observador serían invisibles.

Su hijo se veía bien por fuera, entrenaba, se movía, tenía el aspecto habitual, pero había algo, una cierta irregularidad en su comportamiento, en su estado. Momentos que no cuadraban del todo con el hombre que ella conocía. La intuición materna, que raramente se equivoca cuando hay algo real detrás, le decía que algo no estaba del todo bien, aunque hubiera sido imposible precisar [música] exactamente qué.

Lo que sí sabemos, lo que está documentado y verificado en múltiples fuentes, es que Marco Antonio Barrera fue sometido a un examen médico. El Dr. Ignacio Madrazo, especialista en neurocirugía, él realizó un examen de la cabeza de barrera, un examen que descubrió algo que nadie esperaba encontrar. Según las palabras del propio Dr.

Madrazo, citadas en medios mexicanos y reproducidas por distintas [música] fuentes, no había que saber de medicina para identificar la lesión. Era muy obvia. Barrera había sufrido la ruptura de una avena que seguía goteando sangre dentro de su cabeza. Goteando activamente una vena rota derramando sangre al interior de su cráneo de forma sostenida, [música] causando lo que los médicos describen como episodios casi epilépticos.

Y [música] en el lóvulo temporal, la región del cerebro que procesa, entre otras cosas, la memoria, el [música] lenguaje, el reconocimiento emocional y la comprensión auditiva. Había una lesión visible y clara. [música] tan clara que según el propio neurocirujano cualquiera podía verla. Pero grábate esto. El lóvulo temporal es una de las zonas más críticas [música] del cerebro.

Cuando se produce un daño en esa región, las consecuencias pueden ir desde cambios en la personalidad y la memoria hasta convulsiones, pérdida del habla, incapacidad para reconocer rostros o voces conocidas [música] y daño cognitivo permanente de distintos grados de severidad. No es una zona periférica, no es un área del cerebro que pueda perder función sin que se note.

Es el corazón de muchas de las funciones que nos hacen ser quienes somos. El diagnóstico técnico que finalmente quedaría registrado en documentos [música] públicos es el de una malformación cavernosa, también conocida como cavernoma, un grupo pequeño de vasos sanguíneos malformados que forman una cavidad llena de sangre en el interior del tejido cerebral.

[música] una condición congénita, lo que significa que no fue algo que el boxeo le causó, sino algo con lo que había nacido, algo que llevaba en la cabeza toda su vida, posiblemente desde antes de que pisara un ring por primera vez, posiblemente desde antes de que aprendiera a [música] caminar. Pero aunque fuera congénita, aunque el boxeo no la hubiera creado, el boxeo la hacía infinitamente más peligrosa de lo que hubiera sido en cualquier otro contexto, porque un cavernoma cerebral puede sangrar y ya estaba sangrando. Y cuando

sangra en las condiciones en que lo hace un boxeador profesional, cuando el cerebro está siendo sometido repetidamente al impacto de golpes de alta energía lanzados por atletas entrenados específicamente para hacer daño máximo. La posibilidad de que el sangrado se transforme en algo catastrófico no es una posibilidad teórica ni estadística, es una posibilidad concreta y real.

Es el tipo de cosa que los neurocirujanos explican a sus pacientes con mucho cuidado y muchas palabras precisamente porque las consecuencias que tienen que describir son consecuencias que nadie quiere escuchar. Las opciones que le presentaron a Marco Antonio Barrera eran dos y ninguna era buena para un hombre que vivía para el boxeo.

La primera era la medicación de por vida para controlar la condición y reducir el riesgo de nuevos sangrados, con la condición de que el ejercicio de alto impacto, es decir, el boxeo profesional, quedaba descartado. [música] La segunda era la cirugía para intentar resolver el problema en la fuente, extrayendo la malformación con mejor pronóstico a largo plazo, pero también con una recuperación larga y con la recomendación clara de no volver al ring.

En ambos casos, según los médicos, el retiro del boxeo era prácticamente inevitable. Grábate esto también. Marco Antonio Barrera tenía 23 años cuando escuchó ese diagnóstico. Estaba en lo que debería haber sido el pico de su carrera, el punto en que un boxeador que ha construido bien sus primeros años [música] empieza a capitalizar todo el trabajo de la década anterior.

Llevaba años construyendo hacia algo. Había llegado al título mundial. Había hecho nueve defensas exitosas. había demostrado frente a los mejores que podía pelear a ese nivel y ganar. Y ahora le estaban diciendo que todo eso, todo ese trabajo acumulado, toda esa historia construida en el ring, todo lo que era en el fondo de su identidad se había terminado.

Que el boxeo, el único lugar donde se sentía completamente el mismo, le estaba cerrando la puerta para siempre. El 29 de agosto de 1997, Marco Antonio Barrera fue sometido a una intervención quirúrgica cerebral. Los cirujanos le abrieron el cráneo, intervinieron en el lóvulo temporal para extraer el grupo de vasos sanguíneos malformados que estaban causando el sangrado y los episodios casi epilépticos y colocaron implantes de [música] protección, pequeñas placas metálicas en el punto donde habían intervenido. Placas que quedarían allí

de forma permanente integradas en la estructura de su [música] cráneo. Placas que desde ese momento formarían parte de la anatomía de Marco Antonio Barrera. De la misma manera que forman parte de ella sus huesos o sus dientes. Piensa en lo que significa eso físicamente, en lo que implica para un cuerpo humano, no en abstracto, sino en concreto.

Es un no estamos hablando de una cirugía menor como una artroscopia de rodilla o una operación en el hombro de [música] las que hacen los atletas y de las que se recuperan en semanas y vuelven al entrenamiento. Estamos hablando de una neurocirugía, significa anestesia general total. Significa horas en el quirófano con la cabeza abierta, con los cirujanos trabajando sobre el tejido más delicado y más crítico del cuerpo humano.

Significa semanas de recuperación absoluta durante las cuales el cerebro, ese órgano que nunca para, [música] tiene que sanar el trauma del procedimiento mientras sigue funcionando para mantener a la persona viva [música] y consciente. Significa riesgos que cualquier persona en su sano juicio tomaría con el mayor de los respetos.

Hemorragia intraoperatoria. Infección postoperatoria en una zona donde la infección puede ser letal. Daño inadvertido en tejido cerebral sano adyacente a la zona intervenida. complicaciones tardías que pueden surgir días o semanas después de que el paciente ya está en casa y parece estar recuperándose bien.

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