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JORGE CAMPOS: de “DIOS” del ARCO a la MISERIA… La TRAICIÓN que le Robó sus MILLONES

Jorge Campos bajo los tres palos, el inmortal en el mejor momento de su carrera con la selección. Y había algo más, algo que el fútbol no había visto antes de Jorge Campos y que no ha vuelto a ver después [música] con la misma naturalidad y la misma consecuencia. El portero, que también era goleador, no en el sentido de quien mete un gol de vez en cuando desde un tiro de esquina, sino el portero que en situaciones de partido era enviado al ataque porque el entrenador sabía que tenía capacidad real. El 21 de marzo de 1996

con el Atlante, Javier Aguirre, su técnico, tomó una decisión que no existe ningún [música] manual. Metió a un segundo portero al arco y mandó a Campos al ataque cuando el equipo necesitaba el gol. Y Campos metió un gol de bicicleta [música] con la camiseta de portero contra Cruz Azul. Un gol de bicicleta desde el ataque marcado por alguien que había empezado el partido guardando su propio arco, 47 goles a lo largo de su carrera profesional.

el portero mexicano más goleador de la historia y el tercero más goleador entre los porteros en la historia completa del fútbol mundial. Un número que no necesita contexto adicional para explicar qué era Jorge Campos cuando estaba en su versión completa. Y las camisetas. Hay que hablar de las camisetas porque en la historia del Brody son algo más que ropa.

Son la expresión más visible de su filosofía de vida. Si vas a estar ahí, si el mundo te va a mirar, que sepa que estás ahí. Los colores que Campos diseñó con su amigo de Acapulco, que tenía una marca llamada A Sport, no surgieron de ninguna estrategia de marketing ni de ninguna consultora de imagen. Surgieron del mismo lugar que todo en Campos, de la intuición de quien sabe que el mundo presta atención a lo diferente.

En una época en que los porteros vestían de negro o de verde oscuro para no confundirse con los jugadores de campo. Campos llegó con uniformes que mezclaban rojos y amarillos y verdes fosforescentes, en patrones que parecían diseñados por alguien que nunca había visto un partido de fútbol, pero había visto muchos atardeceres en Acapulco.

Nike tomó nota. En 1996, la compañía de material deportivo más poderosa del mundo contrató a Jorge Campos para protagonizar uno de los comerciales más [música] famosos de la historia de la publicidad deportiva. El anuncio titulado Good versus Evil, una producción de primer nivel ambientada en un anfiteatro romano donde las estrellas del fútbol mundial, desde Ronaldo hasta Cantona, se enfrentaban en un duelo épico.

Campos, vestido de [música] negro en contraste con sus colores habituales, era parte de ese elenco de los mejores del planeta. La compañía de la palomita, que en esa época solo elegía a los mejores para sus piezas publicitarias de mayor presupuesto, puso a Jorge Campos de Acapulco junto a los más grandes del fútbol mundial. [música] No porque fuera el portero de un equipo rico de Europa, porque era el tercer mejor portero del mundo y porque su figura decía algo sobre la irreverencia y la creatividad que la marca quería comunicar. Eso era Jorge Campos en los

90, el tercero del mundo, el protagonista del comercial más visto de Nike, el campeón de la Copa Confederaciones, el de los uniformes que nadie más tenía, el símbolo de que el fútbol podía ser lo que tú quisieras que fuera mientras tuvieras el talento para respaldarlo. Y entonces empezó el final [música] de la primera vida.

El retiro de un portero grande tiene una lógica particular que lo distingue del retiro de los jugadores de campo. Los porteros envejecen de manera diferente, pierden algo de explosividad, pero ganan en lectura del juego, en colocación, en experiencia. Un gran portero puede mantenerse competitivo hasta los 35, los 37 años.

Campos llegó al final de su carrera activa los 35 en el Puebla, luchando por la permanencia del equipo en primera división. No fue el cierre glorioso que su carrera merecía. Fue el cierre ordinario de quien agotó todos los equipos disponibles en el mercado mexicano y ya no tenía más ofertas en el nivel que quería jugar.

El 7 de enero de 2004, Jorge Campos anunció oficialmente su retiro como jugador. 15 años de carrera, 47 goles, 129 partidos con la selección, tres mundiales, siete títulos de club, el tercer mejor portero del mundo en 1993 y un plan para lo que vendría después. Porque Campos no se retiró para irse a la televisión.

Eso es importante entenderlo porque cambia completamente el sentido de su historia postretiro. Campos se retiró para ser técnico, para entrenar porteros, para eventualmente dirigir a la selección mexicana. En sus propias palabras declaradas en el programa Ahora o Nunca de ESPN, años después acepté el cargo porque yo estaba en el proceso de retirarme o no retirarme y me retiro y digo, “Voy con la selección porque es México, porque me interesa.

Ya tenía mi título, tenía que tomar unos cursos más y pensé en el aprendizaje que en un futuro voy a ser técnico de la selección porque me encanta, porque lo disfrutaba. La oportunidad llegó inmediatamente. Ricardo Labolpe, el técnico argentino que tomó las riendas de la selección mexicana para el ciclo del mundial de Alemania 2006 invitó a Campos a incorporarse a su cuerpo técnico [música] como auxiliar.

No fue un cargo decorativo, no fue el exjador famoso que aparece en la foto oficial y no hace nada. Fue trabajo real. Campos era el intermediario entre el cuerpo técnico y los jugadores. Conocía a los seleccionados. hablaba su idioma. Había estado en el vestuario de la selección durante una década y tenía el temperamento para comunicar decisiones difíciles con la misma honestidad directa con que había comunicado siempre todo en su vida.

[música] Durante el proceso mundialista vivió el fútbol desde adentro del cuerpo técnico con una profundidad que el vestuario de jugador no da. Entendió la dimensión táctica de las decisiones. Entendió la gestión humana del grupo. Participó en las reuniones donde se eligió dejar fuera del mundial a Cuautemoc Blanco, la decisión más polémica de la Volpe.

En una entrevista años después para el blog Farsantes sin gloria de Cristian Martinoli, Campos reveló con su humor característico que cuando La Volpe les pidió a los auxiliares [música] la lista de quién debía ir al mundial, él había escrito el nombre del Kowu, pero noás le puse Quu porque no sabía cómo se escribía Quautemok.

Una imagen que dice todo sobre quién era Campos en ese cuerpo técnico. El hombre del [música] fútbol, no el burócrata del fútbol. Alemania 2006 fue el primer gran fracaso también como técnico auxiliar. México no pudo con Argentina en los octavos de final. Cayó 2 a 1 con un gol de madrugada de Maxi Rodríguez en el tiempo extra.

El quinto partido, la maldición histórica de los octavos que México lleva décadas sin romper siguió vigente. La Volpe fue despedido y Campos pidió continuar, no con La Volpe, que ya no estaría, sino con quien llegara, con el siguiente proceso, con el técnico que viniera, porque Campos tenía claro que su objetivo era la continuidad, aprender lo suficiente trabajando en diferentes procesos para poder dirigir algún día.

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