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ESTEBAN LOAIZA: el “MULA” de las Grandes Ligas… La FORTUNA de Jenni y los kilos de COCAÍNA

Mientras otros niños jugaban por diversión, Esteban ya estaba siendo moldeado para soportar la presión de miles de ojos sobre él. El talento era evidente, pero la mentalidad era la de un sobreviviente. En 1991, cuando apenas tenía 19 años, los piratas de Pittsburg pusieron sus ojos en aquel joven espigado que lanzaba fuego.

 Firmó su primer contrato profesional el 21 de marzo de ese año. Ese día Esteban no solo firmó un papel, firmó su salida de la anonimidad y su entrada a una máquina de hacer dinero que no perdona errores. Pasó de una vida normal en la frontera a un contrato que, aunque humilde al principio, le permitía soñar con cifras que su familia jamás había visto reunidas.

 El ascenso por las ligas menores fue un campo de batalla. Grábate esto. El sistema de las grandes ligas está diseñado para quebrar a los débiles. Esteban sobrevivió a los viajes en autobús de 10 horas, a la comida rápida de $ y a la soledad de pueblos en Estados Unidos donde nadie hablaba su idioma. Su primer gran éxito llegó en 1995.

Tenía solo 23 años cuando debutó en la gran carpa el 29 de abril. Esa tarde, frente a los Philis de Philadelphia, el mundo supo que había un nuevo AS mexicano. Lanzó cinco entradas y dos tercios, permitiendo solo cinco hits. Fue el nacimiento de una esperanza para México que buscaba desesperadamente al sucesor de Fernando Valenzuela.

 Pero aquí es donde la sombra empieza a  proyectarse. Empezó a ganar cientos de miles de dólares al año, una cifra que para un joven de Tijuana representaba una riqueza absoluta. Sin embargo, en el vestuario los rumores decían que Esteban no solo disfrutaba del juego, sino de todo lo que venía con él.

 La fama en las Grandes Ligas es un arma de doble filo. Estás en hoteles de cinco estrellas. Tienes acceso a las mejores fiestas  y todos quieren ser tus amigos mientras el cheque siga llegando. Durante sus años con los piratas, entre 1995 y 1998, acumuló estadísticas sólidas, pero no espectaculares. Ganó 27 juegos y perdió 28.

 No era una superestrella todavía, pero el dinero ya fluía. recibió su primer aumento significativo pasando de los $09,000 iniciales a ganar más de $,0000ón por temporada antes de ser enviado a Texas. Piensa en eso un momento. Un joven que 10 años antes lanzaba piedras en terrenos valdíos de Tijuana, ahora tenía en su cuenta bancaria más dinero del que podía gastar racionalmente.

 Pero la racionalidad nunca fue el fuerte de loa. Los Rangers de Texas lo recibieron en 1998. Y ahí su brazo derecho se convirtió en una mina de oro. Entre 1998 y el año 2000, su salario escaló hasta los 3,4  millones de dólares anuales. Grábate este detalle. En esa época, Esteban empezó a comprar autos de lujo que apenas usaba y a rodearse de un séquito que solo aplaudía sus excesos.

  El deporte lo estaba elevando a la estratosfera y él sentía que era invencible. Fue en Texas donde se consolidó como un lanzador de rotación constante, pero también donde los excesos fuera del campo empezaron a hacer tema de conversación en voz baja  entre los scouts. Se decía que su disciplina empezaba a flaquear cuando las luces del estadio se apagaban.

 Nadie imaginaba lo que estaba por pasar cuando fue transferido a los azulejos de Toronto en el año 2000. Fue una  etapa de transición de búsqueda de una identidad que parecía escapársele entre los dedos. ganó 25 juegos con el equipo canadiense, pero su efectividad comenzó a subir. El negocio del béisbol es frío.

Si no rindes, te descartan. Para 2002, muchos pensaban que la carrera de Oaisa estaba llegando a su fin, pero lo que vino después lo cambió todo y nos lleva a la primera revelación que te prometí. En 2003, Esteban firmó un contrato con los Medias Blancas de Chicago por apenas  $00,000. Era un contrato de pruébame una última oportunidad y vaya que la aprovechó.

 Esa temporada Loisa no solo lanzó, dominó. Terminó con un récord de 21 victorias y solo nueve derrotas con una efectividad de 2,9 y27 ponches. Fue el abridor del juego de estrellas. Un honor que solo los más  grandes alcanzan. Ese año Esteban Loaisa tocó el cielo. Era el rey de Chicago y el orgullo máximo  de México.

 Fue el momento en que su cuenta bancaria se preparó para recibir la cifra más grande de su vida, pero también el momento en que su ego terminó de desprenderse  de la realidad, porque detrás de las 21 victorias había un hombre que ya no sabía quién era sin el uniforme puesto y la caída desde esa altura iba a ser necesariamente estrepitosa.

 Aquí viene lo primero que te prometí. los 43 millones de dólares que se evaporaron como el rocío bajo el sol de Tijuana. Grábate esto porque es la base de toda su tragedia. Para el año 2008, Esteban Loaisa ya no era el joven hambriento de éxito, sino un veterano con las cuentas bancarias llenas y el juicio nublado por la comodidad.

 Fue en ese año, específicamente durante una presentación en Mazatlán, Sinaloa, donde el destino le puso enfrente a la mujer que cambiaría su vida y paradójicamente aceleraría su ruina. Ella era Jenny Rivera, la diva de la banda, una fuerza de la naturaleza que movía millones de dólares y corazones con la misma facilidad. Escucha esto.

 Lo que empezó como un romance de cuento de hadas entre dos iconos mexicanos terminó siendo el prólogo de un expediente criminal. El 8 de septiembre de 2010, el mundo del espectáculo y el deporte se fusionaron en una boda fastuosa en el rancho Homingbird Nest en Simi, California. Piensa en eso un momento. 800 invitados, un despliegue de seguridad digno de un jefe de estado y un costo que superó los cientos de miles de dólares.

 Esteban llegó vestido de gala, pero bajo el traje de novio se escondía un hombre cuyo rendimiento en el diamante estaba en  caída libre. ya no era el as de los White Socks, ahora era el esposo de una estrella que brillaba más que él. En el vestuario de las Grandes Ligas, algunos compañeros empezaron a apodarlo de forma cruel pero reveladora.

 Lo llamaban la garrapata. Se decía que Esteban no solo se había enamorado de la mujer, sino del imperio económico que Jenny había construido con sudor y lágrimas. Grábate, esto es importante. Mientras Jenny trabajaba sin descanso en giras, programas de televisión y negocios, Esteban se dedicaba a administrar una fortuna que ya no crecía.

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