El reloj marca un mes de angustia, incertidumbre y un silencio oficial que lacera el alma. Para Rubicelia Ramírez, el 2 de junio de 2026 no es solo una fecha en el calendario; es el día en que la vida de su hija, Roxana Berenice Guzmán Ramírez, se fragmentó violentamente. Roxana, una voz periodística y fundadora del medio Pulso Informativo del Sureste, fue sustraída de su propio domicilio en el municipio de Nanchital, Veracruz, bajo un despliegue de fuerza criminal que quedó registrado en cámaras y grabado a fuego en la memoria de sus familiares.
Hoy, la vivienda de la familia se ha convertido en un altar de esperanza y dolor. Una fotografía de la comunicadora descansa junto a una veladora y la imagen de San Judas Tadeo, el santo de las causas difíciles. Es allí donde Rubicelia clama al cielo, pidiendo respuestas que, hasta el momento, el aparato estatal le ha negado. La narrativa oficial ha sido, en el mejor de los casos, evasiva, y en el peor, una fuente de mayor sufrimiento para quienes esperan el regreso de Roxana.

La noche que marcó un antes y un después
El relato de Rubicelia sobre aquel fatídico día es escalofriante. Un grupo armado, provisto de mazos, rompió la tranquilidad de su hogar, derribando puertas y llevándose a Roxana ante la mirada impotente de sus seres queridos. Lo que más intriga y horroriza a la familia no es solo el acto del secuestro en sí, sino la macabra declaración que, según afirman, hicieron los captores en ese momento. Cuando el esposo de Roxana cuestionó a gritos el destino de la mujer, la respuesta fue fría y directa: “A la comandancia”.
Este detalle ha sembrado una semilla de desconfianza profunda hacia las autoridades. Tras la advertencia de los perpetradores, la familia se movilizó de inmediato, buscando a Roxana en las instalaciones policiales. La respuesta allí fue el silencio, la negación y, finalmente, la nada más absoluta. ¿Cómo es posible que un comando armado pueda raptar a una ciudadana y afirmar que la traslada a un recinto oficial, para luego desaparecer en el aire? Esta es la pregunta que martillea la cabeza de Rubicelia cada día, mientras la impunidad parece campear a sus anchas.
Entre el hallazgo y la incertidumbre
Recientemente, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, confirmó el hallazgo de restos humanos en las inmediaciones del ejido Emiliano Zapata, en el municipio de Ixhuatlán del Sureste. La noticia, que debería ser un paso adelante en la investigación, se ha convertido en una nueva fuente de angustia. La mandataria, al ser cuestionada por los medios, optó por la prudencia, evitando precisar si los restos encontrados pertenecen a una sola persona o a varias, y mucho menos si guardan alguna relación con el caso de la periodista.
“No sé, no sabemos, en eso están”, fue la declaración que resume la postura oficial. Mientras las autoridades solicitan paciencia y prudencia, la familia Guzmán se enfrenta a la frialdad de la burocracia forense. Los indicios han sido trasladados al Centro de Identificación Genética de la Unidad Integral de Servicios Médicos Forenses en Coatzacoalcos, donde se realizan los análisis científicos necesarios. Sin embargo, para una madre que espera, el tiempo de los análisis es una tortura innecesaria. Cada minuto de espera es una condena.
La búsqueda ciudadana frente a la estatal
Ante la falta de avances significativos y la carencia de comunicación clara por parte de la Fiscalía General del Estado de Veracruz y las autoridades federales, la familia de Roxana ha decidido no quedarse de brazos cruzados. Rubicelia está analizando seriamente la posibilidad de unirse a los colectivos de búsqueda que operan en el sur de Veracruz. Estos grupos, compuestos por madres y familiares de desaparecidos, han demostrado una eficiencia y una tenacidad que, a menudo, sobrepasa los recursos oficiales.
“Hemos salido a buscar a los alrededores… aunque sea bajo las piedras”, relata Rubicelia con un nudo en la garganta. La búsqueda no se limita a un territorio geográfico, sino que es una búsqueda de justicia y dignidad. La familia ha recibido llamadas de apoyo de otras madres activistas, tejiendo una red de solidaridad que se vuelve indispensable ante la ausencia de un Estado protector. Este es el retrato de un México doliente, donde las familias terminan convirtiéndose en investigadores, peritos y buscadores, impulsados por un amor que no conoce límites.
Detenciones y un panorama confuso
La investigación ha arrojado algunos nombres, pero pocas certezas. En Nanchital, las fuerzas del orden lograron la detención de José del Carmen “N”, señalado como un presunto líder criminal cuya participación en la desaparición de la comunicadora está bajo escrutinio. Asimismo, se ha informado sobre la captura del comandante y tres policías de Ixhuatlán del Sureste, además de una mujer identificada como Karen “N”.
A pesar de estas aprehensiones, el misterio persiste. Las autoridades no han detallado cuál fue la vinculación exacta de cada uno de los detenidos con el destino final de Roxana. Esta falta de transparencia alimenta la desconfianza de la población, que ve cómo las noticias sobre arrestos se suceden sin que se logre el objetivo primordial: localizar a la víctima. ¿Están estos detenidos realmente implicados en la desaparición, o son piezas de un rompecabezas más grande y oscuro que aún no termina de revelarse?
El rol del periodismo y la vulnerabilidad
El caso de Roxana Berenice Guzmán Ramírez es un recordatorio brutal de la vulnerabilidad de los periodistas en México. Fundadora de un medio regional, su trabajo probablemente tocó intereses que, en la sombra, decidieron silenciarla. La desaparición de un comunicador no es solo un atentado contra la vida de una persona; es un golpe directo a la libertad de expresión y al derecho de la sociedad a estar informada.
El caso ha resonado en todo el país, visibilizando las condiciones peligrosas bajo las cuales operan los periodistas en las regiones fuera de las grandes capitales. La violencia contra la prensa en México ha alcanzado niveles alarmantes, y cuando se trata de comunicadores locales, el riesgo se multiplica exponencialmente por la cercanía con el poder local y las estructuras del crimen organizado.
Una madre frente a la tempestad