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JULIO César Chávez Jr: the golden MADMAN… Paranoia, PSYCHIATRIC and a MILLIONAIRE hell

Debutó como profesional en 2003 con 17 años. Durante los primeros años de su carrera, la maquinaria del boxeo mexicano lo protegió con el nivel de cuidado que se reserva para los hijos de los dioses, para los herederos de apellidos intocables. Sus rivales eran seleccionados con criterios que tenían mucho más que ver con la narrativa del heredero invicto que con el nivel real de competición que un boxeador necesita para desarrollarse de verdad.

ganaba, siempre ganaba. Acumulaba victorias como si acumulan créditos en un videojuego donde el modo difícil está permanentemente desactivado. El récord crecía, la leyenda crecía con [música] el récord y la presión crecía con la leyenda. Grábate esto. En 2009, toda la Comisión Atlética de Nevada encontró furosemida en sus controles antidopaje después de su pelea contra Troy Rowand en Las Vegas, que había ganado por decisión unánime.

Furosemida, un diurético prohibido que los boxeadores usan para perder peso artificialmente antes de los pesajes y poder competir en categorías más [música] bajas de lo que su cuerpo real permite. La victoria sobre Roland fue anulada y convertida en no contest. La sanción fue de 7 meses de suspensión y una multa de $10,000.

El primer manchón oficial sobre el apellido más brillante del boxeo mexicano. El primero de muchos. Pero escucha esto porque este detalle importa más de lo que parece. El Consejo Mundial de Boxeo le perdonó ese positivo por dopaje para que Chávez Junior [música] pudiera disputar la pelea por el título ante Sebastian SCIC en 2011.

El organismo regulador del boxeo le dio una excepción, una cortesía que no existe [música] en el código antidopaje del deporte limpio, pero que existe cuando el apellido del boxeador es lo suficientemente grande como para que el espectáculo continúe. Y el mensaje que ese gesto le envió al Junior fue el que inevitablemente se le envía a alguien cuando sus infracciones tienen consecuencias menores que las de los demás, que las reglas son flexibles cuando el nombre correcto está encima de ellas, que él estaba por encima de ciertos estándares, que el sistema lo

cubría y ese mensaje interiorizado durante años contribuyó directamente a la catástrofe que vino después. En junio de 2011, en el Staple Center de Los Ángeles, Julio César Chávez Junior se enfrentó al alemán Sebastian Speak, que llegaba invicto con 30 victorias en 30 peleas. Por el título de peso mediano del CMB, 12 asaltos de boxeo disputado y al final decisión mayoritaria para el junior campeón del mundo.

El primer campeón mundial de peso mediano nacido en México. Las arenas vibraron, su padre lloraba de pie entre la multitud. La narrativa perfecta parecía estar tomando forma de manera irreversible. El hijo seguía los pasos del padre. El legado continuaba. La historia de Chávez tenía una segunda parte. En los meses siguientes, Chávez Jr.

defendió su título en tres ocasiones. Venció a Peter Manfredo Junior, a Marco Antonio Rubio y a Sergio Mora. El récord crecía, la imagen se construía, pero entre bambalinas las grietas ya eran visibles para quien quisiera verla sin los filtros de la narrativa oficial. Los que estaban cerca del equipo del Junior hablaban en voz baja de problemas de peso permanentes, sí, de indisciplina en los entrenamientos, de noches largas, de compañías que no encajaban con la vida de un campeón del mundo en activo.

El Junior tenía dinero, tenía fama, tenía el nombre más pesado del boxeo mexicano y también tenía los mismos demonios que acompañan a los hombres jóvenes [música] que consiguen demasiado demasiado rápido sin haber elegido realmente el camino que recorren. La pelea que partió la carrera de Chávez Junior en dos mitades [música] llegó el 15 de septiembre de 2012, el estadio AIT en Dallas, Texas.

Cuarta defensa del título de peso mediano del CMB. El rival, el argentino Sergio Maravilla Martínez. En ese momento considerado uno de los mejores boxeadores libra por libra del mundo. No era un rival construido para la narrativa del heredero. Era uno de los mejores del planeta en su categoría. [música] Y eso, precisamente eso, ese era el problema para Chávez Junior.

El Junior llegó a esa pelea con reportes de problemas de preparación en su entorno. Llegó pasado de peso según versiones internas. Los primeros 11 asaltos fueron un dominio claro de Martínez, pero entonces llegó el 12undo y último asalto y en ese round final, como si el apellido le hubiera susurrado algo, Chávez Junior encontró algo dentro de sí mismo y mandó al suelo a Martínez dos veces. El estadio enloqueció.

La multitud se puso de pie. El Junior tenía en sus manos la oportunidad de salvar la noche con un knockout en el último segundo, pero los 12 asaltos ya habían pasado. [música] Los jueces fallaron por decisión unánime a favor de Martínez. 117 a 110, 118 a 109. 118 a 109. Maravilla ganó el cinturón. [música] Chávez Junior perdió su corona, perdió el invicto e perdió algo mucho más difícil de recuperar que cualquier cinturón.

La ilusión de que podía ser lo [música] que todos querían que fuera. El propio Sergio Martínez lo dijo años después con una crudeza que no tenía intención de herir, pero que herirá para siempre. Le la carrera a Chávez Junior, no como fanfarronada, como descripción factual. La derrota ante Martínez en septiembre de 2012 fue el punto de inflexión real de toda la historia del Junior.

La primera vez que se enfrentó a alguien de verdad, sin red de seguridad y el resultado fue el que la realidad dictó. Y días después de esa pelea, los análisis antidopaje volvieron a señalarlo. Esta vez marihuana. La Comisión Atlética de Nevada emitió la sanción en 2013. $900,000 de multa. 9 meses de suspensión, 90 veces la multa por furosida de 4 años antes.

El sistema ya no tenía tanta paciencia o tenía que aparentar que no. Lo peor aún no había llegado. Entre 2013 y 2017, Julio César Chávez Junior peleó cinco veces en 5 años. Cinco peleas en 5 años para un boxeador que debería estar en el pico absoluto de su carrera entre los 27 y los 31 años. No era lesión. No era falta de rivales, era la [música] suma acumulada de adicciones que ya no podía gestionar, de problemas con el peso que se habían vuelto crónicos, de compromisos que cancelaba a última hora dejando a promotoras y rivales con los

costos de producción ya [música] gastados y de un estado físico y mental que su entorno prefería no describir con la precisión y la honestidad que el caso requería. En 2015, en una pelea pactada en 169 libras contra Marcos Dorado Reyes, Chávez Junior llegó a la báscula pesando 171 libras. [música] No dio el peso, 2 libras de diferencia que en el boxeo profesional son una ventaja física real y medible.

La escena que siguió fue una de las más extrañas que el boxeo mexicano moderno ha documentado. Para intentar bajar esas últimas libras en los minutos finales antes del pesaje, Chávez Junior se quitó toda la ropa completamente. Subió desnudo a la báscula ante las cámaras y los funcionarios presentes [música] y aún así marcó 171 libras.

No sirvió de nada. Fue necesario llegar a un acuerdo económico con el equipo de su rival para que la pelea pudiera disputarse. Una escena que no tiene precedente en el boxeo moderno de alto perfil, tan absurda como reveladora de hasta dónde había llegado la desconexión del Junior [música] con las exigencias básicas de su oficio.

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