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Asi FUE la LUJOSA VIDA de LUIS AGUILAR – Mansiones, carros, lujos

De la noche a la mañana, la familia perdió sus propiedades, su fuente de ingresos, su patrimonio acumulado por generaciones. Tuvieron que abandonar Hermosillo y mudarse a la Ciudad de México para empezar de cero. En la Ciudad de México, la vida fue difícil al principio. Luis ingresó al Colegio Militar siguiendo una carrera tradicional para jóvenes de familias que habían perdido su fortuna, pero conservaban cierto estatus social.

Estudió ingeniería militar y parecía destinado a ser oficial del ejército. Pero Luis tenía un espíritu aventurero que no encajaba con la disciplina rígida de la vida castrense. Abandonó el colegio militar y consiguió trabajo en el departamento agrario de la Secretaría de Hacienda.

 Era un empleo burocrático, seguro, respetable, pero Luis se aburría detrás de un escritorio. Necesitaba aventura, necesitaba libertad, necesitaba vivir intensamente. Así que tomó una decisión que su familia consideró una locura. Se mudó a Mazatlán, Sinaloa, y se dedicó a pescar tiburones. Pescar tiburones en los años 30 y 40 era una de las actividades más peligrosas que existían.

 Luis salía en pequeñas embarcaciones al océano Pacífico, se enfrentaba a tiburones enormes, arriesgaba su vida constantemente, pero le encantaba. Era emocionante, era  libre, era auténtico. Se hizo famoso en Mazatlán y Guaimas como uno de los pescadores de tiburones más valientes y exitosos. Ganaba buen dinero vendiendo las aletas y la carne y vivía una vida de aventura pura.

 Pero en 1941 ocurrió el encuentro que cambiaría su vida para siempre. Luis estaba visitando a su familia en la ciudad de México cuando asistió a una fiesta. Ahí, como era su costumbre, cantó algunas canciones rancheras acompañándose con guitarra. Su voz de barítono profunda y su carisma natural llamaron la atención de un hombre que estaba entre los invitados.

 Robert Okigley, productor de cine estadounidense que trabajaba en México. Okigley se acercó a Luis después de que terminó de cantar y le dijo algo que Luis nunca olvidaría. llegarás a ser un actor famoso. Le ofreció trabajar en una de sus películas. Luis aceptó más por curiosidad que por ambición real. En 1941 participó con un papel no acreditado en Soy Puro Mexicano, estrenada en 1942.

Era apenas un papel pequeño, pero fue suficiente para que Luis descubriera que le gustaba actuar. Sin embargo, su verdadero padrino en el cine sería el productor Raúl de Anda, quien vio en Luis algo especial. En 1943, cuando Luis tenía 25 años, Raúl de Anda lo ayudó a conseguir su primer papel protagónico en sota, caballo y rey, estrenada en 1944.

Luis no tenía experiencia actuando, no había estudiado teatro, no sabía de técnicas cinematográficas, pero tenía algo que no se podía enseñar. Carisma natural, presencia en pantalla, autenticidad cuando montaba a caballo y cantaba corridos. La película fue un éxito. El público mexicano, especialmente en el norte del país, se identificó inmediatamente con este actor que parecía salido directamente de un rancho norteño.

 No era como los galanes del cine urbano. Luis era rudo, pero carismático, valiente vulnerable. Cantaba como verdadero ranchero porque lo era en el alma.  En 1951 llegó el momento cumbre de su carrera. El director Ismael Rodríguez decidió juntar a Luis con Pedro Infante en dos películas que se convertirían en clásicos instantáneos.

 A toda máquina y que te ha dado esa mujer filmadas al mismo tiempo. La química entre Luis y Pedro era perfecta. Se complementaban, competían amistosamente, creaban escenas memorables. Estas películas demostraron que Luis podía estar al nivel de Pedro Infante, el ídolo absoluto del pueblo mexicano.

 Luis continuó trabajando en cine durante los años 60 y 70, aunque el cine ranchero ya estaba en declive. También participó en cinco telenovelas a principios de los años 80, pero para los años 90 sentía que le ofrecían papeles sin importancia, no acordes con su trayectoria. En 1992 ganó su primer y único premio Ariel por mejor coactuación masculina en la película Los años de Greta.

 Era un reconocimiento tardío a una carrera extraordinaria. Falleció el 24 de octubre de 1997 mientras dormía en su casa de la Ciudad de México. Tenía 79 años. murió de un infarto masivo al miocardio. Sus pulmones también estaban destrozados por el enfisema pulmonar causado por décadas fumando. Su cuerpo fue cremado en el cementerio español.

Una parte de sus cenizas fue depositada en la iglesia de la cruz en jardines del Pedregal. Otra parte fue esparcida en el mar cerca de Cancún, volviendo al océano que había amado desde joven cuando pescaba tiburones. Pero antes de su muerte, Luis Aguilar vivió décadas como una de las estrellas más importantes del cine mexicano, con una fortuna considerable y un estilo de vida que reflejaba su amor por la tradición ranchera.

 ¿De cuánto estamos hablando realmente? ¿Cómo vivía el gallo Giro? Prepárate porque las cifras y los detalles te van a sorprender. Su fortuna. Luis Aguilar fue durante décadas uno de los actores mejor pagados del cine ranchero mexicano. En sus años de mayor éxito, especialmente durante la década de 1950, cuando el cine mexicano estaba en su apogeo, Luis cobraba entre 20,000 y 40,000 pesos por película.

 Para entender lo que esto significaba, hay que recordar que el salario mínimo en México en los años 50 era de aproximadamente 3 pesos diarios, es decir, unos 90 pesos mensuales. Luis ganaba en una sola película lo que un trabajador promedio ganaba en 15 a 30 años de trabajo. Si convertimos esas cantidades a valor actual, estaríamos hablando de entre 400,000 y 800,000 pesos actuales por película.

  Una película promedio tomaba entre cuo y 8 semanas de filmación. Luis filmaba entre tres y seis películas al año durante su época más productiva en los años 50.  Hagan las cuentas. En un año promedio, Luis podía ganar entre 60,000 y 240,000 pesos de aquella época. En valor actual, estaríamos hablando de ingresos anuales de entre 1.

2 millones y 4.8  millones de pesos solo por cine. Pero había más, mucho más. Luis Aguilar no solo era actor,  era también cantante con una carrera musical extraordinariamente exitosa.  Grabó más de 160 canciones a lo largo de su vida. Canciones como Morenita mía, El Sinaloense, El Fandanguero, El Muchacho Alegre, El Mariachi de Pies a Cabeza se convirtieron en clásicos que todavía se escuchan hoy.

 Cada canción grabada le generaba regalías. Cada vez que sonaba en la radio, cada vez que se vendía un disco, cada vez que alguien compraba el acetato, Luis recibía dinero. Durante décadas, estas regalías fueron una fuente constante de ingresos que se sumaban a sus salarios cinematográficos. Incluso después de que dejó de filmar películas en los años 80, las regalías musicales seguían llegando.

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