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¡ESCÁNDALO MUNDIAL!: 4 Selecciones ESTALLAN Y AMENAZAN A LA FIFA, por ROBO DESCARADO del VAR

Y ese silencio en el lenguaje de las instituciones siempre protege a alguien. ¿A quién protege este silencio? ¿A quién quiere beneficiar la FIFA para que se gane el mundial? ¿Qué selección tiene en este mundial la estadística de fuera de juego más favorable del torneo? Y por qué el hombre que diseñó la solución, el propio director de desarrollo de la FIFA, no consiguió que su propuesta llegara a tiempo? Quédate porque las respuestas a esas tres preguntas cambian por completo cómo estás leyendo lo que está pasando en este mundial. Vamos con

los hechos, porque los hechos en este caso son tan rotundos que conviene desgranarlos uno por uno con todo el rigor posible. Para entender lo que está ocurriendo, hay que entender primero qué es el saot y por qué la FIFA apostó fuerte por él. El sistema de fuera de juego semiautomático debutó en Qatar 2022 y regresa en este mundial 2026 con una versión actualizada que la organización describió como sustancialmente optimizada.

Funciona así. 12 cámaras especializadas instaladas en las estructuras de cada estadio rastrean de forma continua 29 puntos críticos de la anatomía de cada jugador, incluyendo extremidades y articulaciones clave a una velocidad de 50 registros por segundo. El balón oficial lleva dentro un sensor de medición inercial que transmite su posición 500 veces por segundo, lo que permite identificar el instante exacto del pase con una precisión que ningún asistente humano puede alcanzar.

Una inteligencia artificial procesa todo eso en tiempo real y calcula si alguna parte del cuerpo del atacante, cualquier parte, supera la línea del penúltimo defensor en el momento del pase. Si la supera por 10 cm, es fuera de juego. Si la supera por 1 mm también. El sistema no hace distinciones, el reglamento actual tampoco.

La FIFA dijo que esto acababa con el debate, que la precisión era total, que la imagen en tres dimensiones que el SAOT genera automáticamente para las pantallas del estadio y para las retransmisiones globales dejaría a todo el mundo sin argumentos, que el fútbol moderno merecía decisiones modernas. Janny Infantino llegó a describir el sistema en Qatar 2022 como un salto hacia el futuro del arbitraje, una herramienta que garantizaría la equidad en el deporte más visto del planeta.

Y técnicamente el sistema hace lo que promete. Mide con una precisión que ningún ser humano puede alcanzar. El problema no está en la precisión. El problema está en qué se le pide que mida con esa precisión. Porque el SAOT aplica la regla 11 al pie de la letra con una literalidad que el reglamento nunca imaginó cuando fue redactado en la era pretecógica.

La regla dice que el atacante no puede estar adelantado con cualquier parte del cuerpo en el momento del pase. El saot cumple esa instrucción con una fidelidad perfecta. rastrea 29 puntos corporales 50 veces por segundo y determina si alguno de esos puntos supera la línea defensiva. Si la respuesta es sí, la alerta llega a la sala del bar en cuestión de segundos.

Lo que el sistema no puede hacer, lo que ningún algoritmo puede hacer, es preguntarse si esa parte del cuerpo era relevante para la jugada, si con ese hombro, con esa punta del guayo, el atacante tenía alguna ventaja real sobre el portero y la defensa. Esa pregunta no está en el código del Sou y esa pregunta es exactamente la que Arsen Wenger lleva 6 años intentando introducir en el reglamento.

Y eso no es lo más grave de todo esto. En unos minutos vas a descubrir por qué la propia FIFA sabía que esto podía ocurrir antes de que empezara el torneo. Si todavía no estás suscrito a cancha Roja, este es el momento. Aquí analizamos lo que los medios no ponen junto. Sin compromisos con ningún organismo, sin miedo a señalar cuando algo no cuadra.

Suscríbete y activa la campanita porque los próximos días de este mundial van a necesitar que estés aquí. Empezamos por el principio. El primer caso no fue el gol de Davinson Sánchez ante Portugal. Fue tr días antes en Guadalajara en el segundo partido de Colombia en la fase de grupos frente a la República Democrática del Congo.

Corría el minuto 6 cuando Daniel Muñoz, lateral del Crystal Palace en la Premier League, llegó al segundo palo, disputó el balón con el portero conño Lionel M. Passí, se recompuso del choque con un equilibrio que pocas veces se ve en un lateral y remató a puerta vacía. El estadio en Guadalajara lo celebró. Muñoz salió disparado hacia la banderola del cóner.

El banco colombiano saltó y entonces llegó la señal del bar desde la sala de operaciones. Lo que el saot había detectado era la posición del hombro derecho de Muñoz en el momento exacto del pase previo. No el pie, no la cabeza, el hombro. milímetros o algo que el sistema interpreta como milímetros por delante de la línea del último defensor conño.

El reglamento actual, la regla 11 del fútbol, no distingue entre partes del cuerpo a la hora de determinar el fuera de juego. Y cualquier extremidad que el reglamento considera habilitante supera la línea, la jugada es inválida, aunque esa extremidad sea imposible de percibir a simple vista, aunque ningún asistente humano en ninguna banda la hubiera levantado, aunque con ese hombro en esa posición Muñoz no pudiera haber marcado un gol de ninguna manera.

Colombia siguió jugando, ganó el partido y el gol anulado quedó registrado como una nota al pie en las crónicas del día, pero era el primer capítulo de algo que se iba a repetir. El segundo capítulo llegó el sábado 27 de junio en Miami en el minuto 92 del Colombia Portugal. 92 minutos de fútbol intenso, el marcador en cero, Camilo Vargas como figura del partido por sus paradas ante Cristiano Ronaldo y Colombia dominando tramos largos de un encuentro que no terminaba de romperse.

Entonces, Juan Fernando Quintero centra desde la izquierda. Davinson Sánchez conecta de cabeza al segundo palo. La red se mueve. El banco técnico de Colombia erupciona. El estadio pintado de amarillo colombiano grita durante varios segundos. El árbitro Alireza Fagani es llamado por el bar. La revisión tarda.

Los jugadores esperan en el campo sin que ninguna cámara les muestre todavía qué está pasando. Cuando por fin aparece la imagen en las pantallas, el saot ha trazado una línea roja sobre el pie de Davinson Sánchez, la punta del guayo. Una medición que ningún asistente humano habría realizado nunca en 90 años de historia del fútbol profesional.

El especialista arbitral más seguido en redes sociales en el mundo hispanohablante conocido como Bar Central, lo calificó esa misma noche como el fuera de juego más milimétrico e increíble de todo este mundial y posiblemente de la historia general de estos torneos. Añadió que era la punta del guayo de Davinson lo que invalidaba el tanto y cerró con una frase que resume todo el problema.

Duele, pero con las reglas actuales es fuera de juego. Con las reglas actuales. Guarda esa frase porque la respuesta a lo que significa llega al final de este vídeo y va a cambiar cómo lees todo lo que estamos contando. Dos goles anulados a Colombia en tres partidos de la misma fase de grupos, pero el patrón no empieza ni termina con Colombia.

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