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Ella le gritó al MILLONARIO EQUIVOCADO y sorprendentemente, su MADRE la quiso como NUERA

” El café entero quedó en silencio. Varias personas se giraron para observar la escena. El camarero que la había intentado detener se quedó congelado, pero Valeria no se detuvo ahí. Como si no bastara con engañar a Mariana. Encima te vistes de payaso. Ese traje rojo parece de Papá Noel de la traición. Y usted, señora.

 Sin ofender, se ve elegante, distinguida, con un cabello que brilla como en un comercial de champú. Pero, ¿no cree que le lleva demasiados años? Mi amiga es joven, natural, sin cirugías ni botox. Ella no parece una ejecutiva retirada de Chanel. El hombre del traje rojo abrió mucho los ojos. totalmente confundido. La mujer plateada casi se atraganta con su té.

 “Disculpe, ¿quién es usted?”, preguntó él atónito. “No te hagas el inocente, Rafael”, replicó Valeria con firmeza. “Soy Valeria Muñoz, la mejor amiga de Mariana. O ya olvidaste que le prometiste llevarla a París.” La mujer mayor soltó una carcajada elegante y divertida. Valeria, ¿dijiste? Preguntó con un acento refinado. Querida, acabas de gritarle al hombre equivocado.

Valeria parpadeó confundida. ¿Qué? Este no es Rafael, explicó la mujer sonriendo con picardía. Es mi hijo Adrián Morel. Y no, no conocemos a ninguna Mariana. Él está soltero, muy soltero, de hecho. El color se le fue del rostro a Valeria. Miró de nuevo al hombre. Los ojos eran verdes, no marrones como los de Rafael.

La nariz era más fina, el cabello un poco más oscuro. Giró lentamente la cabeza y unas mesas atrás encontró al verdadero Rafael vestido también con un traje rojo. Estaba riendo con la rubia y al verla escapó sigilosamente por la puerta trasera. No puede ser, murmuró Valeria deseando que el suelo se la tragara.

 Miserable sinvergüenza, repitió Adrián con ironía. Vaya manera de presentarte. Antes de que Valeria pudiera reaccionar, la mujer de cabello plateado se levantó con un brillo peculiar en los ojos. ¿Cuál es tu nombre completo, querida?, preguntó con voz firme. Valeria Muñoz, balbuceó ella, aún enoc. La mujer tomó su mano y en voz lo suficientemente alta para que todo el café la escuchara, anunció Valeria Muñoz.

Nombre de estrella, carácter de tormenta. Eres perfecta. Perfecta para qué? Preguntó Valeria sin entender nada. Para mi hijo. Soy Isabel Moral, madre de este pepino podrido. Dijo señalando a Adrián con zorna. Y estoy convencida de que si alguien puede enderezarlo, eres tú, mamá. Protestó Adrián rojo de vergüenza.

Lo digo en serio, insistió Isabel. Hoy por primera vez en años alguien le dijo sus verdades sin miedo y me encantó. Así que Valeria, vas a casarte con mi hijo. El café entero jadeó. Adrián se atragantó con el café. Valeria abrió los ojos como platos. ¿Es una broma?, preguntó mirando alrededor esperando encontrar un equipo de cámaras ocultas.

Para nada. Hablo muy en serio, dijo Isabel con calma. Eres espontánea, honesta, valiente. Justo lo que este hijo mío necesita. Adrián se cubrió la cara con una mano. Esto es una locura, mamá. No puedes decidir eso de la nada. Claro que sí puedo,”, replicó Isabel tajante. “Si no te casas con ella, te desheredo y tú, Valeria, si no aceptas, te demandaré por difamación.

Acabas de insultar a mi hijo frente a más de 30 testigos.” El silencio era absoluto. Todos en el café observaban como si estuvieran presenciando un capítulo de telenovela en vivo. Valeria tragó saliva. “Está bien”, dijo al fin. resignada. Acepto. Isabel aplaudió con entusiasmo. Adrián se dejó caer contra el respaldo de la silla, arrepintiéndose de cada decisión de su vida.

 Mañana 2 de la tarde, en la oficina del registro civil de Surich, anunció Isabel con autoridad. Nada de fiestas, solo el papeleo. Adrián lleva testigos. Esto es una locura, repitió Adrián hundido en la silla. Valeria salió del café tambaleando como si hubiera vivido una pesadilla. Caminó por las calles de Ginebra sin sentir el frío viento que le golpeaba la cara.

 Apenas 20 minutos después llegó al pequeño apartamento que compartía con Mariana. Su amiga estaba en el sofá viendo una serie y comiendo palomitas. Valeria arrojó su bolso al suelo y exclamó, “No sabes lo que acaba de pasar.” Mariana pausó la televisión y arqueó una ceja. “Déjame adivinar. Te metiste en un problema. Peor, mucho peor.

 Valeria se dejó caer junto a ella y le contó cada detalle, como había visto a Rafael con la rubia, como había confundido Adrián, la intervención de Isabel y finalmente la amenaza de boda. Mariana la escuchó con los ojos cada vez más abiertos. Espera, espera, me estás diciendo que mi exnovio me engañaba y que por error terminaste prometida con otro hombre porque su madre lo decidió.

Básicamente sí. Mariana se quedó en silencio unos segundos procesando todo. Luego estalló en carcajadas. Valeria, solo tú puedes convertir un acto de justicia en un matrimonio arreglado. Gracias por tu apoyo. Bufó Valeria cruzándose de brazos. Vamos, míralo por el lado positivo. Dijiste que el tal Adrián estaba guapo.

No, eso no importa. Es un completo extraño, protestó ella, aunque sus mejillas se tinieron de rojo. Pues parece que ahora es tu marido en camino. Y si la señora Isabel habló en serio, mañana tendrás que ir al registro civil. Valeria cubrió su cara con las manos. No me lo creo. El día siguiente amaneció Gris en Zurich con una llovisna fina que caía como si el cielo mismo compartiera la confusión que sentía Valeria.

Había pasado la noche en vela, mirando el techo de su habitación, repitiéndose una y otra vez que todo era una locura. A las 10 de la mañana, Mariana la encontró frente al espejo peinándose con nerviosismo. ¿De verdad vas a ir? Preguntó su amiga con un bol de cereales en la mano. ¿Qué otra opción tengo? Respondió Valeria suspirando.

La señora Isabel parecía muy capaz de cumplir sus amenazas. Bal, ¿podrías ignorarlos? Fingir que no pasó nada. Sí. Y luego encontrarme con una demanda de difamación. Además, Adrián se veía tan resignado como yo. Supongo que está atrapado en la misma telaraña de su madre. Mariana la observó en silencio unos segundos y luego sonrió con picardía.

Al menos lleva puesto ese vestido azul marino. Es el único que te hace parecer seria. es el que uso para entrevistas de trabajo. Pues hoy es la entrevista más rara de tu vida. Entrevista para esposa. Valeria rodó los ojos, pero no discutió. A las 2 en punto, ambas estaban frente a la oficina del registro civil de Zich.

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