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OSCAR DE LA HOYA: CONFESÓ LLORANDO QUE LE REGALÓ SU PROPIA HIJA A LOS KARDASHIAN

Medalla de oro olímpica. 11 títulos mundiales en seis divisiones distintas. 30 victorias por knockout. Y ese mismo hombre destrozado regalando a su propia hija entregándola al clan Kardashian en una boda a la que ni él mismo fue invitado. Hoy vas a saber la oscura realidad. ¿Por qué el medallista olímpico mexicano americano regaló a su propia hija al clan Kardashian va a hacer que se te revuelva el estómago? Aún más oscuro lo que el propio campeón mundial confesó en cadena nacional sobre lo que le pasó dentro de una habitación

de hotel en Jonolulu cuando tenía 13 años de edad.  Y lo más oscuro de toda la historia, lo que su esposa puertorriqueña encontró dentro de la caja fuerte de la mansión de Pasadena la noche antes de firmar el divorcio de $ millones de dólares. Su nombre es Óscar de la Ol.

El barrio lo conocía como el niño de oro y la asquerosa verdad sobre por qué su propia hija lo abandonó la están intentando ocultar hasta hoy. Pero antes de llegar a la tarde del 22 de mayo de 2022, dentro del castillo Brown del pueblo italiano de Portofino, donde el medallista olímpico vio por última vez a su propia hija de 22 años de edad caminando al altar agarrada del brazo de otro hombre.

Hay algo que tienes que entender, porque la traición que el campeón mundial vivió esa misma tarde no empezó ese día, empezó 32 años antes,  en una casa pequeña de dos habitaciones del barrio de East, Los Ángeles, en el estado de California, donde una mujer de 39 años de edad llamada Cecilia González se levantaba todos los días a las 4:30 de la madrugada para preparar el café de su marido y limpiar el sudor de los guantes de boxeo que su hijo de 15 años de edad dejaba colgados del techo del garaje.

Óscar de la olla González nació el 4 de febrero de 1973 en el barrio de East Los Ángeles,  California. Hijo de un boxeador profesional fracasado llamado Joel de la olla Senior, nieto de otro boxeador amateur de los años 40 llamado Vicente de la Hoya y hermano menor de un tercer boxeador frustrado  llamado Joel de la olla Junior.

Tres generaciones de boxeadores en la misma sangre. Y tres generaciones que jamás pisaron un cuadrilátero olímpico. Tres generaciones que jamás ganaron un cinturón mundial. Hasta que el 4 de febrero de 1973, la madre Cecilia González trajo al mundo al cuarto de la olla, el último de la olla, el que iba a romper la maldición de la familia.

Pero hay algo que la familia jamás dijo en público,  algo que se quedó guardado dentro de las cuatro paredes de la casa de la calle Verona, del barrio de East, Los Ángeles, durante los siguientes 22 años. Lo que ocurrió la noche del 18 de junio de 1980  cuando el niño Óscar tenía 7 años de edad dentro del garaje trasero de la casa familiar.

El padre Joel de la olla Senior se lo guardó hasta el día de su  muerte. Vamos a volver a esto. A los 6 años de edad, el niño Óscar de la olla recibió sus primeros guantes de boxeo. No fueron un regalo de cumpleaños, fueron una imposición. El padre Joel de la olla Senior los había comprado tres semanas antes en una tienda de la avenida Whtier por la cantidad de 14 y50.

Eran guantes de la marca Everlast, color rojo oscuro,  talla infantil. El padre los colgó del techo del garaje trasero esa misma tarde y a la mañana siguiente, a las 5:30 de la madrugada sacó al niño de la cama, lo bajó al garaje, le puso los guantes en las manos  y lo paró frente a un costal de arena que él mismo había rellenado con periódicos viejos del barrio.

El niño Óscar lloró. El niño Óscar dijo que tenía sueño. El niño Óscar  dijo que no quería boxear. El padre Joel de la olla Senior le contestó con una sola frase de seis palabras exactas, las mismas seis palabras que él había escuchado  de su propio padre Vicente 42 años antes, dentro del mismo garaje de la misma casa de la calle Verona.

La frase de seis palabras era esta: “Pega o te pego yo mismo.” El niño Óscar empezó a pegar y no paró durante los siguientes 32  años. La rutina se repitió cada madrugada durante los siguientes 9 años, de lunes a sábado, sin un  solo día de descanso. La madre Cecilia González lo veía desde la ventana de la cocina mientras servía el café del  marido y preparaba el desayuno para los tres hijos.

Y todas las mañanas, antes de que el niño Óscar saliera por la puerta  principal hacia la escuela primaria de la avenida Soto, la madre Cecilia le ponía una mano sobre la cabeza. Lo miraba a los ojos y le decía la misma frase de siete palabras exactas. La frase era esta:  “Algún día vas a ganar el oro.” Esa promesa, las siete palabras que la madre Cecilia González le repitió al niño Óscar cada mañana durante 9 años seguidos dentro de la cocina de la casa de la calle Verona del barrio de East Los Ángeles  es la primera pieza de toda esta

historia. La primera promesa, la primera deuda,  la promesa que el niño Óscar iba a cumplir 12 años después,  el 8 de agosto de 1992, dentro del estadio Pabellón Juventud del barrio de Badalona en la ciudad de Barcelona, España, pero a un precio que el niño Óscar jamás se imaginó. ¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que madre puede pedirle a su propio hijo antes de morir? La madre Cecilia González fue diagnosticada con cáncer de mama en estado avanzado el 22 de febrero de 1990.

Tenía 39 años de edad. El diagnóstico llegó dentro del hospital de Garfield  del barrio de East Los Ángeles. Una mañana de martes a las 11:17. La madre entró sola al consultorio del Dr.  Frank Vega. Salió 47 minutos después con un sobre amarillo manila en la mano y los ojos secos. Lloró hasta las 4:30 de la madrugada del miércoles siguiente dentro del baño del garaje trasero cuando creyó que ya nadie la podía escuchar.

El niño  Óscar tenía 17 años de edad cuando la madre Cecilia recibió  el diagnóstico. Estaba a 3 meses de competir en el campeonato nacional amateur de  boxeo de los Estados Unidos en la división de los 60 kg. Era el favorito  absoluto para ganar el oro. tenía un récord amateur de 223 victorias  contra cinco derrotas.

163 de esas victorias  habían sido por knockout. La cobertura mediática de los Ángeles Times  ya lo presentaba como el próximo gran boxeador hispano de la nación. Y la madre Cecilia González, sentada en la sala de la casa de la calle Verona con el sobre amarillo Manila del hospital de Garfield, todavía sin abrir, tomó una decisión que jamás le comentó al hijo.

La madre Cecilia decidió que no le iba a contar al hijo sobre el cáncer  hasta después del campeonato. Toda la familia estuvo de acuerdo con la decisión. El padre Joel de la olla Senior, el hermano mayor Joel Junior, las dos hermanas Cecilia y Norma. Solamente la abuela materna, una mujer mexicana de  67 años llamada doña Candelaria González, originaria del Estado Mexicano  de Sonora, se opuso desde el primer día.

Le dijo a la hija Cecilia en privado, dentro de la cocina de la casa una sola frase de 11 palabras. La frase de 11 palabras era esta: “Si se entera después, jamás te lo va a perdonar.” La madre Cecilia González no le hizo caso a la abuela doña Candelaria. Aguantó el cáncer en silencio durante los siguientes 4 meses, mientras el hijo Óscar entrenaba  dos veces al día dentro del gimnasio Resurrection del padre Alberto en el barrio de Boil Heights.

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