Posted in

Greta Garbo: La Mujer Más Famosa del Mundo que lo Abandonó Todo a los 36 Años

Hay una pregunta que el mundo lleva más de 80 años intentando contestar y nadie, ni siquiera ella, dio jamás una respuesta clara. ¿Por qué la mujer más deseada del planeta decidió de un día para otro desaparecer? No murió. No la despidieron. No hubo un escándalo que la obligara. Estaba en la cima. Era la actriz mejor pagada de Hollywood, el rostro más fotografiado de la tierra, la cara que millones de personas pagaban por ver en la oscuridad de una sala de cine.

Tenía 36 años y de un momento a otro se fue, cerró la puerta y nunca volvió. Durante casi medio siglo vivió escondida en pleno corazón de Nueva York, la ciudad más ruidosa del mundo, y aún así nadie podía acercarse a ella. Avancemos hasta los años 70. Una mujer camina sola por la tercera avenida de Manhattan. Lleva un abrigo largo, un sombrero de ala ancha y unos lentes oscuros enormes, aunque el día esté nublado.

Camina rápido con la cabeza baja, pegada a las paredes de los edificios. La gente la cruza sin saber quién es, pero de vez en cuando alguien se detiene, alguien la reconoce y entonces susurra el nombre, como quien menciona, a un fantasma. Ella aprieta el paso, gira en la primera esquina, desaparece. Lleva décadas haciendo lo mismo, caminar y caminar por las mismas calles, hora tras hora, día tras día, es lo único que parece darle paz.

Mira los escaparates, observa a los desconocidos, se mezcla con la multitud de una ciudad que nunca duerme y nadie, casi nadie, sospecha que esa anciana del abrigo y el sombrero fue en otro tiempo el ser humano más fotografiado del planeta. Hubo un tiempo en que esa misma mujer hacía que el mundo entero contuviera la respiración.

Bastaba con que mirara a la cámara. bastaba con que entrecerrara los ojos. Y en miles de cines a la vez, hombres y mujeres se enamoraban de un rostro que parecía guardar todos los secretos del universo. La llamaban la divina, la Esfinge, la mujer más bella que había pasado jamás frente a una cámara. Hubo un tiempo en que cada uno de sus gestos era noticia, en que su nombre vendía millones de entradas, en que los hombres más poderosos de Hollywood temblaban ante la posibilidad de perderla.

Era, sin discusión, la mujer más fascinante de su época y sin embargo, lo único que ella parecía querer en este mundo era que la dejaran en paz. Para entender cómo una niña pobre de los barrios obreros de Estocolmo se convirtió en la leyenda más misteriosa de la historia del cine. ¿Y por qué lo abandonó todo cuando lo tenía todo? Hay que volver al principio, a un lugar frío, gris y olvidado, donde nadie habría apostado un solo centavo por el futuro de aquella niña callada.

Su verdadero nombre Greta Garbo. Ese nombre vendría mucho después, inventado por otros. La niña que nació el 18 de septiembre de 1905 llamaba Greta Lovisa Gustavson. Vino al mundo en Suderm, el distrito obrero de Estocolmo, una zona de calles empinadas, edificios apretados y familias que contaban cada moneda antes de gastarla.

La suya vivía en un departamento diminuto, sin agua caliente, sin lujos, sin margen para los sueños. Su padre, Carl Alfred era un trabajador sin oficio fijo. Limpiaba, cargaba, hacía lo que apareciera. Su madre, Ana, trabajaba sin descanso para mantener a tres hijos. Greta era la menor. Desde muy pequeña fue una niña distinta, tímida hasta el dolor, soñadora. hasta la obsesión.

Mientras los otros niños jugaban en la calle, ella se quedaba mirando por la ventana, imaginando otras vidas. Había un lugar que la cambiaría para siempre. Cerca de su casa había un pequeño teatro. Y Greta, todavía una niña, se sentaba en la puerta trasera solo para escuchar las voces de los actores, para oler el maquillaje, para imaginar que algún día ella también estaría del otro lado.

Esa fascinación tenía un peso secreto. En su casa no había dinero ni para soñar. Soñar era un lujo. Y sin embargo, ella se aferró a ese sueño como a una tabla de salvación. Los inviernos en Estocolmo eran largos y oscuros. El sol apenas se asomaba unas horas y el frío se metía por las rendijas de aquel departamento humilde donde vivían apretados.

Greta crecía en un mundo de carencias donde nada sobraba y todo se reparaba mil veces antes de tirarlo. Pero ella tenía un universo propio dentro de la cabeza. reunía a los niños del barrio y organizaba pequeñas obras de teatro improvisadas en los patios. Repartía papeles, inventaba historias, fingía ser otras personas. Era su forma de escapar, aunque fuera por un rato, de una realidad demasiado dura.

Los que la conocieron de niña la recordaban como una pequeña, distinta, sería, observadora, con una mirada que parecía demasiado adulta para su edad. No era una niña alegre, era una niña que sentía las cosas más hondo que los demás. Y ese mismo exceso de sensibilidad sería años después su mayor talento y al mismo tiempo su mayor tormento.

Pero la infancia de Greta no fue solo silencio y fantasía, fue también demasiado pronto dolor. Cuando tenía 14 años, su padre se enfermó. Una infección que el cuerpo cansado de Carl Alfred ya no podía resistir. La familia no tenía dinero para un médico privado, así que tuvieron que llevarlo a una clínica para pobres.

Y aquí ocurrió algo que Greta jamás olvidaría. Según ella contaría décadas después, fue la propia niña quien acompañó a su padre enfermo a esa clínica y según su testimonio, recordaba con una claridad dolorosa cómo los trataron, con frialdad, con desprecio, como a dos seres humanos que no merecían siquiera una mirada amable, solo porque eran pobres.

Tuvieron que esperar de pie, tuvieron que soportar el desdén. Y Greta con 14 años sintió por primera vez algo que la marcaría para siempre, la humillación de no ser nadie. Su padre murió poco después, tenía 48 años y con él se fue también la poca seguridad que la familia tenía. Algo cambió para siempre en Greta esos días.

Vio como el mundo trataba a los que no tenían nada. vio como la pobreza convertía a las personas en invisibles y se prometió en silencio que ella jamás volvería a sentirse así, que algún día estaría tan alto que nadie podría volver a mirarla por encima del hombro. Lo lograría. Llegaría más alto de lo que jamás imaginó y aún así esa herida de la infancia nunca terminaría de cerrar.

Masa Greta dejó la escuela. A los 14 años su infancia terminó de golpe. Tuvo que ponerse a trabajar. Y aquí, antes de seguir, quiero hacerte una pequeña pausa para preguntarte algo. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen, porque esta historia, la de una niña pobre que perdió a su padre y empezó a trabajar a los 14 años, podría haber sido la historia de millones de personas anónimas en cualquier rincón del mundo.

La diferencia es lo que vino después, porque a esta niña pobre de Estocolmo, el destino le tenía reservado algo que nadie podía imaginar. La esperaba la fama más grande que un ser humano puede alcanzar. La esperaban Hollywood, las multitudes, las fortunas, la adoración del planeta entero. Y la esperaba también una soledad tan profunda que ninguna de esas cosas lograría llenarla jamás.

Read More