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¡La peor traición vino de quien más confiaban! El impactante caso que conmocionó a todos.

El 23 de septiembre de 2013, a las 2:17 de la madrugada, una llamada al 911 en Wilmington Delaware se convertiría en el punto de inflexión para dos familias. El operador escuchó al otro lado de la línea una voz quebrada, apenas capaz de articular un mensaje. Hay dos personas en el suelo.

Hay sangre por todas partes. Creo que ya están muertos. Mientras el testigo balbuceaba esas palabras, el sonido de las sirenas comenzaba a hacerse más nítido, aunque para entonces la suerte ya estaba echada. Cuando los patrulleros arribaron al condominio Paladin Club, la escena que se desplegó ante ellos era de esas que quedan grabadas en la memoria de cualquier gente.

Sobre el asfalto, bañados por la luz intermitente de los vehículos oficiales, yacían dos cuerpos. El hombre, alcanzado por un disparo en la nuca había fallecido en el acto. La mujer, a pesar de tener el rostro desfigurado por las heridas, aún conservaba un hilo de vida. Los paramédicos se afanaron por mantenerla estable ella emitía sonidos incomprensibles, con la mirada perdida en algún punto fijo, como si tratara de transmitir un mensaje que sus cuerdas vocales ya no podían formar.

Sin embargo, antes de que la ambulancia llegara al centro hospitalario, la mujer expiró. Los peritos que trabajaron en la escena recolectaron 25 casquillos de bala y al examinarlos determinaron que provenían de dos calibres distintos. Esa disparidad indicaba, sin lugar a dudas que los agresores habían sido varios.

No obstante, los investigadores encontraron un elemento que los desconcertó por completo. Los objetos de valor de las víctimas permanecían intactos. Las carteras, los teléfonos móviles y el anillo de diamantes que Olga llevaba puesto no habían sido sustraídos. No hubo robo. Todo apuntaba a que aquello había sido una ejecución premeditada.

Para desentrañar quién estaba detrás de la muerte de Joseph y Olga Conel, los detectives necesitaban viajar dos años atrás en el tiempo. Joseph había construido una imagen de éxito absoluto. Junto a su mejor amigo, había levantado un negocio de maquinaria que generaba casi un millón de dólares al año. Su familia lo retrataba como el centro de atención en cualquier reunión, extrovertido, trabajador y fiel a los suyos.

Sin embargo, bajo esa fachada de triunfador, Joseph arrastraba un pasado que lo perseguía. 5 años antes de conocer a Olga, había sido condenado por posesión ilegal de armas y cumplió una temporada en prisión. Esa experiencia le enseñó que la existencia no siempre era tan sencilla como parecía. Tras salir en libertad, Joseph decidió empezar de nuevo.

Se asoció con Christopher Rivers, su amigo de la infancia, y fundó un negocio que con el tiempo se convirtió en un referente en TIL. Los vecinos sentían admiración por ellos. dos jóvenes emprendedores que habían levantado una empresa desde la nada, pero la soledad seguía siendo una compañera constante para Joseph. Llevaba años buscando alguien que le ayudara a dejar atrás su pasado y fue entonces en un sitio de citas cuando apareció ella.

Olga era rusa, recién divorciada y había llegado a Estados Unidos hacía poco tiempo. Poseía una energía desbordante y podía hablar con idéntica pasión sobre el mercado bursátil que sobre literatura. Su carisma magnético atraía a quienes la rodeaban y para sorpresa de Joseph, ella pareció ver más allá de la fachada que él mostraba al mundo.

Un amigo de la familia comentaría tiempo después que Olga no era una mujer que pasara inadvertida. Entraba en una habitación y la llenaba de luz, aunque también había en ella cierta intensidad, como si siempre estuviera hurdiendo algo. La relación avanzó a una velocidad vertiginosa. En cuestión de meses, Joseph estaba convencido de haber hallado a su alma gemela.

la llevaba a todas partes, orgulloso de su belleza y su inteligencia. La familia Conel, que durante años lo había visto huir de cualquier compromiso, no podía ocultar su asombro. ¿Quién era esa mujer que había conseguido lo imposible? Pero detrás de las sonrisas y las muestras de afecto se ocultaba una sombra. Quienes conocían a Olga la describían como de temperamento siberiano, imparable, emprendedora y con una determinación que rozaba la obsesión.

se integró al negocio de Joseph con una sorprendente facilidad, administrando las finanzas y atrayendo clientes como si hubiera hecho eso toda su vida. En apariencia, formaban la pareja ideal. Sin embargo, en la víspera de la boda, un conflicto familiar encendió una chispa que nadie supo controlar.

La joya en disputa era un anillo que había pertenecido a la familia Conel durante décadas. Se trataba de un diamante de $220,000 montado en platino que se transmitía de generación en generación. La madre de Joseph lo había heredado de su abuela y la tradición marcaba que debía pasar al hijo mayor cuando este contrajera matrimonio.

El inconveniente era que la hermana menor, Kelly, se había casado 10 años atrás y su madre le había entregado el anillo para esa ocasión. En aquel momento, Joseph estaba soltero y la decisión había parecido acertada. Ahora, con Olga en escena, la situación se había vuelto delicada. Josefdió un plan que, visto con distancia resulta difícil de comprender.

Le pidió el anillo prestado a Kelly con el pretexto de que Olga pudiera verlo y dar su aprobación. Luego reemplazó los diamantes auténticos por silconitas, réplicas tan perfectas que su hermana no advirtió el cambio. Devolvió el anillo a Kelly y utilizó las piedras verdaderas para engarzar el anillo de compromiso de Olga.

El engaño parecía haber funcionado hasta que Kelly percibió algo extraño. Según confesaría más tarde durante el interrogatorio, no estaba segura, pero algo le llamaba la atención. Al llevar el anillo a un joyero, confirmó sus sospechas. Kelly confrontó a su hermano en una discusión que se tornó violenta.

Joseph argumentó que solo respetaba la tradición familiar y que Kelly no debería haber recibido el anillo en primer lugar. Dolida y furiosa, ella amenazó con boicotear la boda y cumplió su palabra. Pero antes de la ceremonia, Kelly envió un mensaje a Olga que desató el caos. Reveló el intercambio de las piedras, los detalles del engaño y toda la verdad sobre el anillo.

Olga se sintió humillada y Joseph, fuera de sí, cortó todo contacto con su hermana. La familia Conel, que siempre había permanecido unida, quedó fracturada en dos bandos enfrentados. Nadie imaginaba entonces que ese anillo se convertiría en una pieza clave para resolver el crimen que estaba por venir. El 22 de septiembre de 2013, Joseph y Olga celebraron el cumpleaños número 39 de ella en un bar muy concurrido de Wilmington.

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