La factura aparecía a nombre de Marco Antonio Campos González, pero las llaves se las había entregado Viruta a Capulina dentro de un sobre amarillo durante la cena del cumpleaños en el restaurante Sanborns de reforma número 222. Capulina manejaba ese Mercedes-Benz Blanco modelo 59 la noche del 14 de marzo de 1965.
Salió del teatro Insurgentes a las 11:53 de la noche después de la última función dominical. Había tomado, según los testimonios cruzados de tres actores secundarios que estuvieron con él esa noche dentro del camerino y que dieron declaraciones a la policía judicial durante los siguientes 8 días. Exactamente nueve copas de whisky.
Etiqueta roja durante las 2 horas 20 minutos que separaron el final de la función a las 9:33 [música] del momento en que arrancó el motor del Mercedes a las 11:59 tenía un punto13 de alcohol en sangre, casi tres veces el límite legal de 0.5 que regía en el Distrito Federal de la época.
Tomó la avenida Insurgente Sur, dirección norte. Giró a la izquierda en Avenida Reforma a las 12:14 de la madrugada del lunes 15 de marzo y aceleró el Mercedes Benz Blanco modelo 59 sobre la avenida Reforma a 87 km/h en una vía donde el límite máximo legal era 40 87 km/h sobre la avenida Reforma a las 12:16 de la madrugada del 15 de marzo de 1965.
Lo que Capulina vio cruzar frente al Mercedes-Benz Blanco, modelo 59, 23 segundos después, entre el monumento Aquautemoc y la glorieta de Diana cazadora, fue una mujer joven vestida con un abrigo rojo que cruzaba la avenida corriendo. Se llamaba Esperanza Ríos Bermúdez. Tenía 29 años.
trabajaba como enfermera dentro del sanatorio Cuautemoc, al que iba corriendo esa madrugada porque su propia madre se estaba muriendo en uno de los cuartos del segundo piso. Y abre el primer gran misterio de este video. Capulina vio el cuerpo de esperanza Ríos Bermúdez salir despedido 3 m por encima del cofre del Mercedes-Benz y caer sobre el camellón central de la avenida Reforma a las 12:1629 segundos.
El Mercedes se detuvo 51 m después del impacto, dejando una huella oscura de frenado sobre el pavimento mojado por la lluvia ligera que había caído esa noche entre las 11 y las 11:40. Capulina apagó el motor con la mano derecha. Bajó del coche sin cerrar la puerta. Caminó los 51 m de regreso hasta donde estaba el cuerpo de la mujer del abrigo rojo, pasando por la huella de frenado, por la mancha de sangre que ya se había formado al inicio del impacto y por el silencio absoluto de la avenida Reforma.
A esa hora de la madrugada del lunes santo, Esperanza Ríos Bermúdez no se movía cuando Capulina llegó a su lado a las 12:18. El abrigo rojo estaba abierto sobre el camellón central, dejando ver el uniforme blanco de enfermera que llevaba debajo. Tenía sangre saliendo lentamente de la oreja izquierda y otra cantidad menor por la nariz.
Los zapatos blancos de enfermera estaban a 11 m del cuerpo, uno a cada lado de la línea blanca central del camellón, separados por la fuerza del impacto. La bolsa de mano de cuero negro estaba a 12 m del cuerpo abierta con las llaves de la casa, una cartera con 73 pesos, una identificación del sanatorio Cuautemoc, una pequeña fotografía en blanco y negro de una mujer mayor en cama de hospital.
y una llave plateada de dos paletas atada a un llavero de cuero rojo con la dirección Roma Sur 142 escrita a mano sobre una tira de papel. Capulina se inclinó sobre el cuerpo de esperanza Ríos Bermúdez. Le puso la mano derecha sobre el cuello, exactamente del lado donde se siente el pulso de la arteria carótida. Sintió que el corazón de la mujer todavía latía, débil, irregular.
Una pulsación cada 14 segundos aproximadamente. No vio la llave plateada con la dirección Roma Sur 142 porque estaba parcialmente cubierta por una hoja del periódico Excelsior que el viento había arrastrado desde la coladera de Río Tiber. Y Capulina hubiera visto esa llave dentro de aquellos dos segundos, según iba a entender Viruta 28 años después, durante una conversación privada con su nieta dentro del rancho de Cuernavaca, posiblemente toda la historia siguiente habría sido distinta.
Una respiración cada 14 segundos. La misma cifra 14 que aparece en el audio que la nieta de Viruta abrió por primera vez en febrero de 2025. La misma cifra 14 que dura la grabación del Hospital español de 1996. Y la misma cifra 14 que tardó Capulina en tomar la decisión que iba a destruir 31 años de carrera profesional para Viruta y 40 años de imagen pública limpia para él mismo.
Capulina supo dentro de aquellos segundos exactos sobre el pavimento de Reforma a las 12:19 de la madrugada, que tenía dos opciones distintas. Llamar a una ambulancia, identificarse como Gaspar Enaín Pérez, esperar a que llegara la policía, hacer el test de alcolemia y enfrentar la cárcel por manejo en estado de ebriedad con resultado de muerte o hacer una llamada distinta.
Elegió la segunda en menos de 40 segundos. metió la mano dentro del bolsillo derecho del saco. Sacó tres monedas de apeso. Caminó 70 m hasta el teléfono público que estaba en la esquina de Reforma con Río Tiber, dejando huellas húmedas en el pavimento porque sus zapatos se habían mojado al pasar por la mancha de sangre del impacto.
Marcó el número del teléfono fijo de Viruta 531081, que se sabía de memoria desde 1957. Viruta contestó al tercer timbre. Eran las 12:21 de la madrugada del 15 de marzo de 1965. Estaba dormido al lado de su esposa Beatriz Solano Mendoza, dentro de la habitación principal del departamento de Liverpool número 37 de la colonia Juárez. Capulina le dijo, según el propio testimonio que Viruta dio bajo protesta al juez Eduardo Ramírez Solana durante la primera audiencia del caso el 23 de marzo de 1965.
Una sola frase de 14 palabras. Hermano, atropellé a una mujer en reforma. Está respirando todavía. Vente ya, por favor. Hermano, atropellé a una mujer en reforma. Está respirando todavía. Vente ya, por favor. Las 14 palabras que Capulina pronunció dentro del teléfono público de la esquina de Reforma con Río Ter a las 12:21 de la madrugada del 15 de marzo de 1965, la cifra 14 empezaban a aparecer dentro de los códigos privados entre Viruta y Capulina aquella madrugada sin que ninguno de los dos lo supiera todavía. Y
la misma cifra 14 los iba a perseguir durante los siguientes 31 años hasta convertirse en el número exacto de minutos del audio del hospital español la noche en que Viruta murió. Viruta salió de la cama sin despertar a Beatriz. Se puso unos pantalones grises que tenía colgado sobre la silla del cuarto.
Se metió una camisa blanca por encima de la pijama. Se calzó los zapatos negros que estaban al lado de la puerta. bajó al estacionamiento subterráneo y manejó su Ford Galaxy Negro modelo 1963 los 12 km que separaban Liverpool 37 de la esquina de Reforma con Rio Tiber a una velocidad promedio de 72 km/h, llegando al lugar a las 12:3518 segundos.
Lo primero que Marco Antonio Campos Viruta vio cuando bajó del Ford Galaxy a las 12:351 segundos de la madrugada del 15 de marzo de 1965 fue una camilla imaginaria. Viruta llevaba 35 años trabajando en cine y televisión. Tenía la mente acostumbrada a ver escenas dramáticas como si fueran cuadros visuales antes de ser eventos reales.
Lo segundo que vio fue el Mercedes-Benz Blanco, modelo 59 de Capulina, estacionado 51 m adelante del cuerpo, con la puerta del conductor todavía abierta. Lo tercero fue la cara descompuesta de Gasparena Pérez, parado al lado del cuerpo sin hacer nada. Y lo cuarto fue la decisión que tomó dentro de los siguientes 90 segundos sin que Capulina dijera una sola palabra.
Viruta sacó las llaves del Mercedes-Benz del bolsillo derecho del saco de capulina sin pedirle permiso. Le entregó las llaves de su propio Ford Galaxy negro. Le dijo a Capulina dentro de aquella esquina vacía de Reforma con Río Tiber. Una sola frase de nueve palabras. Vete al departamento ahora. No abras la puerta a nadie.
Capulina obedeció sin contestar. Se metió en el Ford Galaxy. Manejó los 12 km hasta el departamento de Liverpool número 37, sin pasarse un solo semáforo en rojo, y se encerró dentro de la habitación de Viruta con las llaves del Ford Galaxy. Sobre el buró y los zapatos negros todavía manchados con la sangre de esperanza ríos Bermúdez.
Viruta caminó solo de regreso a donde estaba el cuerpo de esperanza Ríos Bermúdez sobre el camellón central de Reforma. Se metió dentro del Mercedes-Benz blanco modelo 59. movió el coche 3 m hacia adelante usando solo el pie derecho sobre el acelerador para que las llantas delanteras quedaran exactamente sobre la mancha de sangre que había dejado el cuerpo de la mujer al rebotar contra el pavimento.
Apagó el motor del Mercedes, bajó del coche, caminó los 51 m de regreso hasta el camellón y se arrodilló al lado del cuerpo de esperanza ríos Bermúdez. le puso la mano derecha sobre el cuello. Sintió el último latido del corazón a las 12:40 de la madrugada del 15 de marzo y se dejó las manos sobre el cuerpo de la mujer que acababa de morir hasta que llegó la primera patrulla de la policía judicial del Distrito Federal a las 12:42.
Viruta le dijo al primer oficial de policía, el subteniente Roberto Aguilar Mendoza de la décima zona de la policía judicial del Distrito Federal. Una sola frase de 12 palabras que iba a determinar el resto del expediente judicial y el resto de la vida de los dos cómicos. Yo manejaba el Mercedes oficial. Tomé tres tequilas.
Fue mi culpa. El subteniente Roberto Aguilar Mendoza arrestó a Marco Antonio Campos González en la esquina de Reforma con Río Tiber a las 12:47 de la madrugada del 15 de marzo de 1965. le esposó las manos por la espalda, le leyó los cargos preliminares de homicidio culposo por manejo en estado de ebriedad y lo trasladó a la delegación de policía de la Cuautemoc en la calle Liverpool número 258, a seis cuadras del propio departamento donde Capulina estaba encerrado a esa misma hora con los zapatos manchados de sangre debajo de la cama y las llaves
del Ford Galaxy sobre el buró. Viruta firmó la declaración de autoincriminación dentro de la delegación de la Cuautemoc a las 2:57 de la madrugada del 15 de marzo. La declaración llenaba tres hojas escritas a mano por el Ministerio Público de turno, licenciado Felipe Mondragón Vázquez. Viruta firmó las tres hojas con la mano derecha temblándole ligeramente.
El alcolímetro que le aplicaron a las 3:19 dio negativo, lo cual fue archivado dentro del expediente como una contradicción técnica que el juez ignoraría durante el juicio, porque el imputado había confesado el manejo en estado de ebriedad por [música] escrito y voluntariamente, según constaba en el folio.
287412/al 1965 del juzgado quinto de lo penal del Distrito Federal. El alcolímetro dio negativo. Viruta no había tomado nada esa noche, pero la confesión escrita pesaba más legalmente que cualquier prueba técnica posterior. Y Marco Antonio Campos Viruta había confesado voluntariamente con su propia firma dentro de la delegación de policía de la Cuautemuc ser el responsable exclusivo del manejo en estado de ebriedad con resultado de muerte de esperanza ríos Bermúdez.
Capulina dormía a esa misma hora en el departamento de Liverpool 37 con los zapatos manchados de sangre debajo de la cama. La noticia del accidente apareció dentro de la primera plana de la sección de espectáculos del periódico Excelsior. La mañana del martes 16 de marzo de 1965. El encabezado decía, “Cómico viruta.
Atropella y mata a joven enfermera cuando manejaba borracho por Reforma. El reportero, un periodista de la sección de notas rojas llamado Anselmo Bermúdez López escribió en la nota la frase que iba a definir la imagen pública de Viruta durante los siguientes 31 años. El cómico Biruta destruyó la vida de una mujer joven por seguir manejando después de tomarse tres tequilas que no debía haberse tomado.
El juez Eduardo Ramírez Solana le sentenció a Marco Antonio Campos González el 12 de julio de 19,65 a 18 meses de libertad condicional supervisada, suspensión de la licencia de conducir por 5 años, pago de 720,000 pesos como indemnización civil a la familia de Esperanza Ríos Bermúdez y servicio comunitario obligatorio dentro de hospitales públicos del Distrito Federal por 360 horas.
Durante el primer año posterior a la sentencia, Capulina pagó los 720,000 pesos en efectivo dentro de la oficina del juzgado el mismo día de la sentencia en billetes de a 100 envueltos dentro de un sobre amarillo idéntico al que Viruta había usado 4 meses antes para regalarle las llaves del Mercedes-Benz por su 38 cumpleaños.
[música] Capulina hizo su primera presentación pública después del accidente, 19 días después del impacto sobre Reforma. Fue el 2 de abril de 1965 dentro del teatro Margo de la calle Doncceles, exactamente el mismo teatro donde había conocido a Viruta 11 años antes. Subió al escenario solo, sin viruta, con la rutina de variedades que el dueto tenía programada para esa noche y que Viruta no podía hacer porque estaba en libertad condicional supervisada, con prohibición de aparecer en programas nocturnos de espectáculos. Capulina
abrió la presentación con un monólogo de 12 minutos sobre la importancia de la familia, sobre los valores limpios del cine mexicano y sobre cómo los cómicos verdaderos eran aquellos que jamás usaban una grosería frente a la cámara. El público del teatro Margo aplaudió durante 7 minutos seguidos al final del monólogo y dentro de aquellos 7 minutos de aplausos empezó la construcción cuidadosa de la imagen pública del cómico familiar más limpio del cine mexicano sobre el silencio absoluto de Viruta. Esperanza Ríos Bermúdez no era
una mujer cualquiera que cruzaba la avenida Reforma. A las 12:16 de la madrugada del 15 de marzo de 1965. Era la enfermera del segundo piso del sanatorio Cuautemoc, donde 2 años antes, en agosto de 1963, Marco Antonio Campos Viruta había internado a su única hija María del Pilar Campos Solano, durante una crisis de meningitis bacteriana que casi le costó la vida a los 7 años.
Esperanza Ríos cuidó a la niña durante las 11 noches consecutivas que duró [música] la internación. Viruta pasó esas 11 noches durmiendo sobre el sillón de visitas del cuarto 304, despertándose cada 3 horas para ver cómo estaba la niña, recibiendo las copas de café que Esperanza Ríos le traía, sin pedírselas a las 4 de la madrugada, cuando entraba al cuarto a tomar los signos vitales de la pequeña, lo que empezó entre Marco Antonio Campos Viruta y Esperanza Ríos Bermúdez.
Aquellas 11 noches de agosto de 1963, dentro del segundo piso del sanatorio Cuautemoc, no fue una relación física dentro del cuarto 304. Fue una conversación lenta entre un padre de 51 años aterrado por la posible muerte de su hija menor y una enfermera de 27 años que llevaba siete trabajando turnos nocturnos sin que ningún paciente la mirara dos veces a la cara.
María [música] del Pilar Campos Solano salió del sanatorio Cuautemoc el 26 de agosto de 1963, recuperada por completo. Antes de subirla al coche, Viruta entró de regreso al cuarto 304 a despedirse de Esperanza Ríos Bermúdez. Esperanza le dio a Viruta dentro del cuarto vacío sin que nadie los viera.
Un pedazo de papel doblado por la mitad con [música] su teléfono particular escrito a mano en tinta negra. se vieron en secreto durante los siguientes 19 meses dentro de un departamento alquilado en la calle [música] Bucarelli número 78 de la colonia Juárez en 73 encuentros documentados por la propia agenda personal de Esperanza Ríos Bermúdez que la policía judicial recogió de la casa de su madre María Bermúdez Linares el 17 de marzo de 1965 como parte de la investigación del accidente.
Iruta planeaba dejar a su esposa Beatriz Solano Mendoza durante la última semana de marzo de 1965 para mudarse con Esperanza Ríos a un departamento que había rentado a nombre de ella en la calle Roma Sur número 142 de la colonia Roma. El contrato del departamento de Roma Sur, 142 aparecía firmado el 2 de marzo de 1965, 12 días exactos antes del [música] accidente.
La fianza de 3 meses estaba pagada con un cheque del Banco Nacional de México a nombre de Marco Antonio Campos González por un valor de 48000 pesos. Y la llave plateada de dos paletas del departamento de Roma Sur, 142. Atada al llavero de cuero rojo con la dirección escrita a mano sobre la tira de papel. Estaba dentro de la bolsa de mano de cuero negro.
Que Esperanza Ríos llevaba cuando cruzaba la avenida Reforma a las 12:16 de la madrugada del 15 de marzo, corriendo hacia el sanatorio Cuautemoc porque su propia madre María Bermúdez Linares, se estaba muriendo dentro del cuarto 312. La llave del departamento donde viruta iba a empezar una vida nueva con esperanza ríos Bermúdez.
Dentro de 12 días cayó sobre el pavimento de Reforma a las 12:16 segundos atada al llavero de cuero rojo con la dirección escrita a mano. Capulina la vio rodar bajo el alumbrado público sin saber qué era. Viruta llegó 15 minutos después y sin saberlo todavía. recogió la llave entre las pertenencias derramadas, pensando que era la llave de la casa de la mujer atropellada para entregársela a la familia.
Se la guardó dentro del bolsillo derecho de su propio saco y la encontró seis semanas después, cuando metió la mano dentro de aquel bolsillo durante el funeral civil de Esperanza Ríos Bermúdez, al que asistió como espectador anónimo a las 4 de la tarde del 28 de abril de 1965 dentro del Panteón Civil de Dolores.
El 28 de abril de 1965 era un miércoles. Marco Antonio Campos Viruta no estaba dentro de la lista de invitados al funeral civil de esperanza Ríos Bermúdez. La familia Ríos Bermúdez había rechazado expresamente la presencia de cualquier miembro de la familia Campos, de la familia Genaín y de la familia Solano dentro del Cepelio.
Viruta llegó al Panteón Civil de Dolores a las 3:47 de la tarde, vestido con un traje gris oscuro, discreto, sin sombrero, con anteojos oscuros que cubrían el rostro hasta la mitad de las mejillas. se quedó parado al lado del muro perimetral del panteón, a unos 60 m de distancia del grupo de 12 personas que acompañaban el ataúda, vio como bajaban el ataúdosa familiar Ríos Bermúdez.
vio como el sepulturero echaba la primera palada de tierra sobre la caja de madera y vio dentro del momento exacto en que metió la mano dentro del bolsillo derecho del saco para sacar el pañuelo de tela blanca con el que pensaba secarse la lágrima que le había caído por debajo del anteojo oscuro. La llave plateada de dos paletas atada al llavero de cuero rojo con la dirección Roma Sur 142 escrita a mano en tinta negra sobre la tira de papel.
La llave, la misma llave que había recogido del pavimento de reforma seis semanas y un día antes, pensando que era la llave de la casa de la mujer atropellada, la misma llave que había guardado dentro del bolsillo del saco sin abrirlo durante 41 días seguidos. La misma llave que ahora dentro del panteón civil de Dolores le quemaba dentro de la palma de la mano izquierda mientras leía por primera vez la dirección escrita a mano en tinta negra.
Roma Sur 142. Viruta salió del Panteón Civil de Dolores a las 4:4 de la tarde del 28 de abril de 1965. Caminó tres cuadras hasta el Ford Galaxy Negro que tenía estacionado en la calle Niños Héroes. Se subió al coche y manejó los 14 km que separaban el Panteón Civil de Dolores de la calle Roma Sur, 142 de la colonia Roma, sin saltarse un solo semáforo en rojo, llegando al edificio a las 4:39 con18 segundos.
El edificio de Roma, sur número 142 era un inmueble de cuatro pisos construido en 1947 por el arquitecto Luis Barragán Morfín, con fachada de tesontle rojo oscuro, ventanas de marco de madera color verde olivo y un portón de hierro forjado pintado de negro mate que Viruta [música] empujó con la mano izquierda.
El portero del edificio, un señor llamado Refugio Méndez Aldama, de 62 años, estaba detrás del mostrador de lobby leyendo el periódico Excelsior cuando Viruta entró. Refugio Méndez levantó la mirada. Reconoció a Marco Antonio Campos González inmediatamente por las fotografías de los periódicos de las últimas seis semanas.
bajó la mirada al periódico, no dijo una sola palabra y siguió leyendo. Viruta subió por la escalera principal del edificio hasta el tercer piso. El departamento 312 era el último al fondo del pasillo del lado derecho. Miruta metió la llave plateada de dos paletas dentro de la cerradura, giró la mano izquierda hacia la derecha, escuchó el click metálico del pestillo abriéndose y entró por primera vez en su vida dentro del departamento que él mismo había rentado a nombre de esperanza Ríos Bermúdez 57 días antes, sin haber pisado el lugar ni una sola
vez previamente. El departamento de Roma Sur 142 número 312. Tenía [música] 48 m² de construcción. Esperanza Ríos Bermúdez. Había empezado a amueblarlo. Había una cama matrimonial de madera de cedro armada dentro de la recámara principal con sábanas blancas dobladas sobre el colchón sin estrenar. Había un sofá de dos plazas de tela a color verde olivo dentro de la sala había una tetera de hierro fundido sobre la estufa de la cocina y dos tazas de cerámica blanca sobre la mesa al lado, una más grande que la otra. Y había
sobre la mesilla de noche del lado izquierdo de la cama matrimonial dentro de la recámara principal, un sobre cerrado de papel blanco con el nombre de Marco escrito a mano en tinta negra con la letra inconfundible de Esperanza Ríos Bermúdez. Un sobrecerrado de papel blanco con el nombre de Marco escrito a mano sobre la mesilla de noche [música] de la recámara principal del departamento de Roma Sur. 142.
Lo que Viruta encontró dentro de aquel sobre la tarde del 28 de abril de 1965. [música] Después de leerlo dos veces seguidas sentado sobre el borde de la cama matrimonial sin estrenar, [música] es lo que iba a determinar las próximas cuatro décadas de silencio absoluto entre viruta y capulina.
El sobre cerrado de papel blanco que Esperanza Ríos Bermúdez había dejado sobre la mesilla de noche del departamento de Roma Sur. 142 a nombre de Marco. Contenía dos hojas escritas a mano. La primera hoja, fechada el 12 de marzo de 1965, 3 días antes del accidente sobre Reforma, era una carta personal de Esperanza Ríos Bermúdez dirigida a Marco Antonio Campos Viruta, donde le informaba que llevaba 6 semanas y dos días de embarazo.
Según la confirmación que la propia doctora Margarita Olvera Pelayo del sanatorio [música] Cuautemoc le había dado el 10 de marzo en privado. La segunda hoja era una copia del análisis clínico positivo de gonadotropina coriónica humana realizado por el laboratorio bioanalítico [música] del Hospital General del Distrito Federal el 8 de marzo de 1965 con folio 0 8742/65 firmado por la propia doctora Olvera Esperanza Ríos Bermúdez estaba embarazada de 6 semanas y 2 días.
Cuando el Mercedes-Benz Blanco [música] modelo 59, manejado por Capulina, la atropelló sobre la avenida Reforma a las 12:16 de la madrugada del 15 de marzo de 1965, el padre biológico del feto era Marco Antonio Campos Viruta. Esperanza pensaba decírselo a Viruta personalmente dentro del propio departamento de Roma Sur, 142 durante la última semana de marzo.
La carta sobre la mesilla de noche estaba preparada por esperanza como respaldo escrito de la confirmación verbal que iba a darle a Viruta. La carta jamás fue entregada porque Esperanza murió antes de la mudanza. Esperanza Ríos Bermúdez no era solo la mujer a la que Marco Antonio Campos Viruta había amado en silencio durante 19 meses.
Era también la mujer que llevaba dentro del cuerpo. En el momento de morir atropellada por el Mercedes-Benz Blanco modelo 59, manejado por Capulina sobre la avenida Reforma a las 12:16 de la madrugada del 15 de marzo de 1965. al hijo no nacido de viruta de seis semanas y dos días de gestación. Pero hubo algo más dentro de aquel sobre cerrado sobre la mesilla de noche del departamento de Roma Sur 142.
Una tercera hoja que Biruta no vio durante la primera lectura porque estaba pegada con goma de azúcar a la segunda hoja del análisis clínico. Viruta despegó las dos hojas con cuidado, usando la uña del dedo pulgar derecho y leyó la tercera hoja por primera vez a las 5:2 minutos de la tarde del 28 de abril de 1965.
La tercera hoja era una nota personal escrita a mano por Esperanza Ríos Bermúdez con la misma tinta negra de la primera carta dirigida también a Marco. La nota tenía 66 palabras divididas en cuatro oraciones cortas. decía exactamente lo siguiente. Marco, si algo me pasa antes de que podamos hablar dentro de Roma Sur, quiero que sepas que tu hermano Gaspar Enaín sabe.
Lo descubrió el 18 de febrero por accidente dentro del sanatorio Cuautemoc. Me amenazó con contarle a Beatriz si no terminaba contigo. Yo le dije que no. Y eso fue todo. Esperanza Ríos Bermúdez le escribió a Marco Antonio Campos Viruta dentro de la nota privada que Gasparen Capulina sabía del embarazo desde el 18 de febrero de 1965.
25 días exactos antes del accidente sobre reforma, la sabía Capulina y la había amenazado a Esperanza con contarle a la esposa de Viruta sobre la relación clandestina. Si Esperanza no terminaba con Biruta, Esperanza se negó a terminar la relación y 25 días después de aquella amenaza, el Mercedes-Benz Blanco, modelo 59, manejado por Capulina sobre Reforma a 87 km/h, arrolló el cuerpo de la única mujer que le estaba pidiendo a su hermano de comedia que la dejara en paz.
12 km entre la calle Roma Sur número 142 y la calle Liverpool número 37. 12 km que Biruta manejó dentro del Ford Galaxy Negro con el sobre cerrado de tres hojas dentro del bolsillo derecho del saco y la llave plateada de dos paletas dentro del bolsillo izquierdo, sabiendo por primera vez en su vida que el hombre al que llevaba 11 años llamando hermano de comedia había matado a la única mujer que él había amado en silencio y al hijo no nacido que jamás iba a conocer.
Exactamente 25 días después de amenazarla con destruirle el matrimonio, 12 km para tomar una decisión que iba a sostener durante los siguientes 31 años de su vida en silencio absoluto. Capulina estaba en el departamento de Liverpool 37 cuando Viruta llegó. Llevaba 15 días viviendo allí mientras Capulina supuestamente [música] cuidaba a la familia Campos González durante el periodo más difícil del juicio público.
Estaba sentado en el sofá de la sala leyendo el periódico Novedades. Cuando Viruta entró por la puerta del departamento. Viruta no le dijo una palabra. Caminó directo [música] al despacho privado del fondo del departamento. Cerró la puerta del despacho con seguro. Metió el sobre cerrado de papel blanco con las tres hojas y la llave plateada de dos paletas dentro del cajón inferior derecho del buró de madera de cedro.

Salió del despacho, caminó hasta donde estaba sentado Capulina en el sofá leyendo el novedades y le dijo a Capulina una sola frase de seis palabras. antes de subir a la habitación principal a acostarse al lado de Beatriz Solano Mendoza. Te vas de aquí mañana mismo. Seis palabras que Marco Antonio Campos Viruta le dijo a Gaspar en Aine Capulina dentro del departamento de Liverpool, número 37 de la colonia Juárez, a las 6:02 minutos de la tarde del 28 de abril de 1965, Capulina salió del departamento la mañana siguiente al amanecer, sin pedir
explicaciones, sin discutir, sin volver la mirada hacia atrás. y durante los siguientes 31 años, entre el 29 de abril de 1965 y la madrugada del 5 de julio de 1996, los dos cómicos jamás volvieron a estar dentro de la misma habitación al mismo tiempo, ni cruzaron una sola palabra en privado. El dueto viruta y capulina siguió funcionando públicamente durante 10 meses y 14 días más después de aquella tarde del 28 de abril hasta el 12 de marzo de 1966 cuando Capulina anunció dentro de una conferencia de prensa unilateral en los
estudios de producciones Brooks su decisión de continuar la carrera como solista. Viruta no apareció dentro de la conferencia de prensa del 12 de marzo. No hizo declaraciones públicas sobre la separación del dueto y no volvió a aparecer en cámara junto a Capulina durante el resto de su vida. El director de las dos últimas películas del dueto, Fernando Cortés Manrique, declaró años después en una entrevista a Maxine Woodside del programa Todo para la mujer del 22 de octubre de 1994, que durante los rodajes de los
astronautas y frente al destino, los dos cómicos jamás cruzaron una sola palabra fuera de las escenas filmadas. Llegaban al set en coches separados, comían en mesas distintas durante los descansos y viruta se encerraba dentro del camerino con seguro entre toma y toma para no tener que coincidir con capulina [música] en el pasillo.
El sobre cerrado de papel blanco con las tres hojas y la llave plateada de dos paletas siguieron guardados dentro del cajón inferior derecho del buró de madera de cedro del despacho privado de Viruta durante los siguientes 26 años hasta septiembre de 1992 cuando Viruta, ya enfermo del corazón con dos infartos previos a sus espaldas decidió finalmente abrir el cajón, leer las tres hojas por última vez y escribir la carta espejo de tres hojas dirigida a Capulina con las 11 palabras exactas que el lector iba a tener que esperar 39
días después del entierro de Viruta para que sus hijos encontraran el sobre cerrado dentro del cajón inferior del buró del cuarto principal. Viruta sufrió su primer infarto el 14 de marzo de 1989, exactamente 24 años después del accidente sobre reforma. Lo atendieron de urgencia dentro del hospital español de Ciudad de México durante 72 horas.
Le pusieron dos estens en la arteria coronaria principal. Salió del hospital 41 días después con instrucciones de no fumar, no consumir alcohol y reducir el estrés emocional a su mínima expresión. Viruta cumplió con las dos primeras instrucciones. La tercera no era posible cumplirla mientras el sobre cerrado siguiera guardado dentro del cajón del despacho.
El segundo infarto le llegó el 18 de septiembre de 1992, 3 años y 6 meses después del primero. Lo atendieron de nuevo dentro del hospital español durante 98 horas. Le pusieron un tercer stent y le advirtieron que un tercer infarto sería fatal porque el músculo cardíaco ya estaba demasiado debilitado para resistir otro evento.
Viruta salió del hospital el 29 de septiembre de 1992 y esa misma tarde dentro del despacho privado del departamento de Liverpool 37 abrió por primera vez en 27 años el cajón inferior derecho del Buró de Madera de Cedro. sacó las tres hojas del sobre cerrado original de esperanza, las leyó por última vez y empezó a escribir a mano la carta espejo de tres hojas dirigida a Capulina.
La carta espejo de Viruta a Capulina. Fechada el 30 de septiembre de 1992. Tenía tres hojas escritas a mano con tinta negra Mont Blan. La primera hoja contenía la cronología completa de los 19 meses de relación clandestina entre Viruta y Esperanza Ríos Bermúdez. La segunda hoja contenía la transcripción completa del análisis clínico de gonadotropina coriónica humana con folio 008742/ 65 que confirmaba el embarazo de 6 semanas y 2 días de esperanza.
Y la tercera hoja contenía una sola frase de 11 palabras escritas con la mano derecha temblándole y subrayadas tres veces. Yo siempre supe que mataste a esperanza con mi hijo dentro. Yo siempre supe que mataste a esperanza con mi hijo dentro. Las 11 palabras que Marco Antonio Campos Viruta escribió a mano dentro de la tercera hoja de la carta, Espejo, el 30 de septiembre de 1992.
Las 11 palabras que selló dentro del sobre cerrado dirigido a Capulina y guardó dentro del cajón inferior izquierdo del buró del cuarto principal de su casa. Y las 11 palabras que los hijos de Viruta encontraron 39 días después del entierro del padre dentro del mismo cajón, sin que Capulina las leyera nunca durante el resto de su vida, porque jamás se atrevió a abrir el sobre cuando se lo entregaron tres meses después del funeral.
Viruta sobrevivió 3 años y 9 meses más después de escribir la carta espejo. Filmó su última película, La última verdad, en 1994, al lado de Manuel Ojeda Hernández, dentro de un papel secundario que aceptó por 22000 pesos para no dejar de trabajar. Dio su última entrevista pública al programa Ivero América va de Verónica Castro en mayo de 1995.
y empezó a vivir entre el hospital español y el departamento de Liverpool 37 a partir de enero de 1996 cuando la angina de pecho dejó de responder a la nitroglicerina sublingual. El tercer infarto le llegó el 3 de julio de 1996, exactamente 3 años. meses y tres días después de escribir la carta espejo.
Lo internaron por última vez dentro del Hospital español de Ciudad de México la mañana del 4 de julio. Lo pusieron dentro del cuarto 418 del quinto piso en el ala de cardiología intensiva con oxígeno permanente y monitor cardíaco conectado. y la familia Campo Solano entera, su esposa Beatriz, sus tres hijos y su nieta Sofía Campos Mendoza, de 22 años, hija de María del Pilar Campos Solano.
Se turnaron al lado de la cama durante las 72 horas que iban a separar el ingreso al Hospital de la Muerte de Viruta. Sofía Campos Mendoza llegó a tomar el turno nocturno del 4 del Hospital español la tarde del 5 de julio de 1996 a las 7:22 de la noche, relevando a su madre María del Pilar que llevaba 12 horas seguidas al lado del abuelo.
Sofía traía dentro de la mochila un cuaderno de la universidad para estudiar durante la noche, un termo de café americano y una grabadora portátil marca Sony, modelo TCM 450 que le habían regalado 2 años antes por su cumpleaños número 20 para grabar las entrevistas que hacía como estudiante de periodismo dentro de la Universidad Iberoamericana.
Viruta estaba lúcido aquella noche del 5 de julio de 1996 dentro del cuarto 418. Aunque tenía la respiración irregular y el monitor cardíaco indicaba latidos cada 3.7 segundos, sabía exactamente quién era él, sabía dónde estaba y sabía que le quedaban menos de 12 horas de vida.
A las 8:14 de la noche le pidió a Sofía que le pasara el teléfono fijo de la mesa de noche del cuarto. A las 8:17 marcó por primera vez el número del teléfono fijo de Capulina dentro de su casa de la colonia Roma. Sonó nueve veces. Capulina no contestó. Viruta colgó. Volvió a marcar a las 8:32. Sonó nueve veces. Capulina no contestó. Viruta siguió marcando el teléfono fijo de Capulina durante las siguientes 3 horas y 47 minutos sin que Capulina contestara una sola vez.
La cuarta llamada sonó a las 9:39, [música] la quinta a las 18, la sexta a las 10:47, la séptima a las 11:19, la octava a las 11:52 y por novena y última vez a las 12:21 de la madrugada del 6 de julio de 1996, exactamente 31 años y 4 meses después de la llamada que Capulina le había hecho a Viruta desde la esquina de Reforma con Rio Tíber pidiéndole que viniera al lugar del accidente.
La novena llamada sonó cinco veces y Capulina contestó al sexto timbre. Sofía Campos Mendoza estaba sentada al borde de la cama del cuarto 418 cuando Viruta marcó la novena vez. Sofía había prendido la grabadora portátil Sony TCM 450 a las 8:14 de la noche con la intención de grabar las indicaciones que el abuelo iba a dar a la familia sobre cómo manejar el funeral, los bienes y las instrucciones póstumas que él tenía preparadas desde hacía meses.
Sofía no apagó la grabadora durante las 4 horas 7 minutos que transcurrieron entre las 8:14 de la noche y las 12:21 de la madrugada. La grabadora siguió encendida [música] cuando Viruta marcó la novena llamada. La grabadora siguió encendida cuando Capulina contestó al sexto timbre y la grabadora capturó los 14 minutos y 19 segundos completos de la única conversación telefónica que los dos cómicos sostuvieron durante los siguientes 31 años posteriores al accidente de 1965.
La conversación empezó a las 12:22 con 18 segundos de la madrugada del 6 de julio de 1996. Viruta le dijo a Capulina con la voz casi inaudible por el cansancio de la angina. Una sola frase de seis palabras antes de cualquier otra cosa. Hermano, me estoy muriendo. Necesito hablar. Capulina desde Ota, el otro lado de la línea dentro del cuarto principal de su casa de la calle Tabasco 217 de la colonia Roma.
Respondió a las 12:221 segundos con una frase de tres palabras. Ya era hora. Lo que Viruta le dijo a Capulina durante los siguientes 13 minutos y 41 segundos de la edad. Conversación grabada por Sofía Campos Mendoza dentro del cuarto 418 del Hospital Español. Fue una recapitulación completa de los 31 años que habían pasado en silencio.
Viruta le dijo a Capulina que sabía del embarazo de esperanza desde el 28 de abril de 1965, cuando entró por primera vez al departamento de Roma Sur 142. Le dijo también que sabía de la amenaza del 18 de febrero dentro del sanatorio Cuautemok, que sabía que el atropellamiento de esperanza no había sido un accidente y que la carta Espejo de septiembre de 1992 estaba sellada dentro del cajón inferior izquierdo del buró del cuarto principal del departamento de Liverpool 37, esperando que Capulina la leyera después de su muerte y le pidió a Capulina
dentro del minuto 13 con 14 segundos de la conversación que le respondiera una sola pregunta antes de que la familia Campos Solano le quitara el teléfono. “¿Mataste a Esperanza a Drede, hermano?” Capulina respondió desde el otro lado de la línea dentro del cuarto principal de su casa de Tabasco, 217 a las 12:36 con2 segundos de la madrugada del 6 de julio de 1996.
Una sola frase de 11 palabras grabada textualmente dentro del minuto 13 con56 segundos del audio de la grabadora. Sony TCM 450 de Sofía Campos Mendoza. Yo a esperanza no la maté, hermano. Tú firmaste. No yo. Yo a esperanza no la maté, hermano. Tú firmaste. No, yo. Las 11 palabras que Gaspar Genaín Capulina pronunció desde el otro lado de la línea telefónica a las 12:36 con2 segundos de la madrugada del 6 de julio de 1996.
Mientras Marco Antonio Campos Viruta se estaba muriendo dentro del cuarto 418 del Hospital Español de Ciudad de México, con la mano sobre el auricular del teléfono fijo, las 11 palabras que Capulina pronunció antes de colgar la llamada sin esperar respuesta. Las 11 palabras que dejaron a Viruta paralizado con la mano sobre el auricular durante los siguientes 47 minutos que sobrevivió después de la llamada y las 11 palabras que probaron dentro de la cabeza de Viruta durante aquellos 47 minutos finales que Gaspar
Genaine Capulina había decidido cargarle a Viruta el peso legal del homicidio de esperanza Ríos Bermúdez durante 31 años porque la firma de Viruta dentro de la delegación de la Cuautemoc. El 15 de marzo de 1965 era el documento legal que le permitía a Capulina seguir negando para siempre haber sido el responsable.
Sofía Campos Mendoza, sentada al borde de la cama del cuarto 418 fue la única testigo de los gestos que el abuelo hizo durante aquellos 47 minutos finales. Viruta cerró los ojos sin soltar el auricular. La mano derecha que lo sostenía empezó a temblarle ligeramente. El monitor cardíaco descendió de 5.2 segundos por latido a las 1:2, a 7 segundos a las 1:14, a 12 segundos a las 1:19.
Y el corazón de Marco Antonio Campos Viruta se detuvo finalmente a las 1:23 de la madrugada del 6 de julio de 1996. Con la mano todavía sobre el auricular del teléfono fijo y los ojos cerrados, Sofía Campos Mendoza apagó la grabadora portátil Sony TCM 450 a las 1:25 de la madrugada del 6 de julio de 1996. 2 minutos después de la muerte del abuelo, sacó el cassete de la grabadora, lo metió dentro del bolsillo interior de la chamarra, no le dijo a nadie de la familia Campo Solano durante las siguientes 72 horas que tenía dentro de
la chamarra. La grabación completa de los 14 minutos y 19 segundos de la única conversación telefónica que Viruta y Capulina habían sostenido en 31 años y guardó el cassete sellado dentro de una caja fuerte privada de la casa de su madre, María del Pilar Campo Solano en Coyoacán, a partir del 9 de julio de 1996, sin abrirlo jamás durante los siguientes 28 años, hasta el 18 de febrero de 2025.
El 18 de febrero de 2025, la tarde en que Sofía Campos Mendoza ya con Nira, 51 años cumplidos y trabajando como periodista del programa Ventaneando dentro de TV, Azteca decidió finalmente abrir la caja fuerte privada de la casa de Coyoacán, que su madre María del Pilar Campos Solano le había heredado tres meses antes.
Al morir por insuficiencia renal, el 14 de noviembre de 2024, Sofía sacó el cassete sellado. lo metió dentro de una reproductora de cassete que compró exclusivamente para esa tarde dentro de una tienda de antigüedades de la colonia Roma y escuchó por primera vez en 28 años los 14 minutos y 19 segundos completos de la conversación entre su abuelo moribundo y el hombre que durante 31 años había seguido cobrando regalías como el cómico familiar más limpio del cine mexicano sobre el silencio absoluto de Viruta.
Capulina, mientras tanto, había muerto 13 años y 4 meses antes de que Sofía abriera el cacete. Falleció el 29 de septiembre de 2011 dentro del departamento alquilado de la calle Querétaro número 182 de la colonia Roma, a los 84 años por complicaciones de una neumonía aguda que había desarrollado durante la última semana de agosto y que no quiso tratar dentro de un hospital privado porque ya no tenía dinero para pagar la internación.
Lo encontró la casera del edificio, una señora llamada a refugio al dama Vázquez de 71 años. La mañana del 30 de septiembre cuando subió a cobrarle la renta atrasada de dos meses, Capulina no había vuelto a aparecer en cámara de televisión profesionalmente desde junio de 2005. Las regalías del Chavo del Ocho dejaron de pagársele en 2002 cuando Televisa le retiró el contrato de exclusividad por bajo desempeño.
Su fortuna personal de 47 millones de pesos acumulada durante las décadas doradas del cine mexicano se redujo a 230,000 pesos en el banco al momento de su muerte y de los cuatro hijos biológicos que tuvo. Ninguno asistió al funeral civil que se realizó el 2 de octubre de 2011 dentro del panteón jardín. La única persona del medio del espectáculo mexicano que apareció dentro del cepelio fue Maxine Woodside, periodista del programa Todo para la mujer, que se quedó parada al lado del muro perimetral del panteón durante los
17 minutos del entierro sin acercarse al ataúd, lo que ningún miembro de la familia Genain Pérez supo, lo que ningún periodista del medio supo y lo que Capulina jamás contó en vida después de la llamada del 5 de julio de 1996 es que durante los últimos 15 años de su vida, entre la muerte de Viruta y su propia muerte en 2011, Capulina mantuvo dentro del cajón inferior izquierdo del buró de su cuarto principal, [música] el sobre cerrado que los hijos de Viruta le habían entregado 3 meses después del funeral con la carta espejo de tres
hojas de septiembre de 1992. Capulina jamás se atrevió a abrir aquel sobre cerrado durante los siguientes 15 años. Según el testimonio que la propia Refugio Aldama Vázquez dio al programa Ventaneando el 12 de octubre de 2011. El sobre cerrado seguía sin abrir el día en que el cuerpo de capulina fue sacado del departamento de Querétaro 182 por el servicio funerario contratado discretamente por la nieta de Viruta, Sofía Campos Mendoza, que pagó los gastos del funeral civil sin que la familia Genain se enterara. Hay hermanos
que no comparten apellido, pero comparten un escenario durante 11 años seguidos. Marco Antonio Campos Viruta y Gaspar enine Capulina. [música] Fueron eso entre 1955 y 1966. Se quisieron más que a sus propias familias biológicas durante una década entera y terminaron destruyéndose el uno al otro por un secreto que ninguno de los dos quiso decir en voz alta a tiempo.
Sofía Campos Mendoza publicó la transcripción completa de los 14 minutos y 19 segundos. del audio en febrero de 2025, días después de abrir la caja fuerte privada de la casa de Coyoacán, la transcripción circuló dentro de los programas de espectáculos mexicanos durante toda aquella semana sin que ninguna cadena de televisión se atreviera a difundir el audio completo en cadena nacional.
Y los hijos de Capulina emitieron un comunicado conjunto pocos días después, negando la autenticidad de la grabación, sin presentar ninguna prueba técnica en contra del peritaje fónico que la propia Sofía había ordenado dentro de un laboratorio independiente de Ciudad de México dos semanas antes de la difusión. Si esta historia te recordó a un hermano de la vida con el que llevas años sin hablar por culpa de un silencio que nunca terminaste de explicar, llámalo esta noche antes de dormirte.
Porque hay verdades que cuando se quedan dentro del cajón del buró durante 31 años terminan saliendo cuando ya no se puede arreglar nada con el otro lado de la línea. Nie.