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ITATÍ CANTORAL: las ASQUEROSAS 5 personas que destruyeron su vida y la convirtieron en MADRE FEROZ

Y ahí en el Sea Itati no solo aprendió a actuar, ahí conoció al primer gran amor de su vida. Y aquí, comadre, aquí empieza lo bueno, porque antes de Eduardo Santa Marina, antes de Carlos Alberto Cruz, antes incluso de Cristian Castro, hubo un hombre que casi se convierte en el primer esposo de Itatí Cantoral y ese hombre la marcó para siempre.

Su nombre era Alexis Ayala y Tati tenía 16 años. Alexis Sayala tenía 25, una diferencia de 9 años. Pero a esa edad, esos 9 años eran un abismo. Ella era prácticamente una niña. Él era un hombre hecho y derecho. Se conocieron en una fiesta del Sea. Y Tati lo vio entrar y se quedó paralizada.

Era hermoso, ha contado ella misma. La nariz como esculpida, ojos claros grandotes. Fue muy guapo. No podía creer lo guapo que era. Y se enamoró del modo en que se enamora una niña de 16 años. Con todo, con la vida entera. El noviazgo duró 3 años, tr años intensos. 3 años en los que Alexis iba a la casa cantoral a cenar con la familia.

3 años en los que doña Itatis le hacía pastel a su yerno porque se veía buen muchacho. Y llegó el momento. Alexis Ayala le pidió matrimonio a Itatí y ella dijo que sí, sin pensarlo. Yo también me quería casar con él, ha contado. Tuve hasta vestido de novia y todo. Tenía el vestido comprado, comadre.

El vestido colgado en su closet, las invitaciones casi listas, la iglesia casi reservada. Pero entonces intervino don Roberto Cantoral, el gran compositor, el padre amoroso, el hombre que la conocía mejor que nadie. Y don Roberto le dijo a su hija las palabras que cambiaron el rumbo de su vida.

¿Cómo crees si es una niña? Eso le dijo Aitati. Y le habló también a Alexis y se opuso. Se opuso firmemente y la boda no se hizo. Y Tati ha bromeado con esto muchas veces. Gracias a mi papá, no, porque si no ya tendría 18 divorcios. Dijo entre risas. Pero detrás de la broma hay una verdad enorme. Don Roberto Cantoral protegió a su hija.

Le evitó un matrimonio prematuro que probablemente habría destruido a las dos personas. A los 18 años comadre, mientras su carrera empezaba a despegar, los médicos le encontraron un padecimiento grave a Itatí. La tuvieron que operar y Itatí salió adelante sola, joven, con la fuerza que le había heredado su mamá argentina y campeona de judo. Ese susto la marcó.

la hizo entender que la vida es frágil, que el tiempo no espera. Y la siguiente oportunidad llegó en 1991, cuando el productor Emilio la Rosa la incluyó en el elenco de muchachitas. Después vino La Pícara soñadora, protagonizada por Mariana Levi. Después, De frente al Sol, después dos mujeres, un camino.

Y Tatí estaba en cada telenovela, estaba subiendo y entonces llegó el papel que la cambiaría para siempre. El papel que la convertiría en leyenda, el papel que también se convertiría sin que ella lo supiera todavía en la traición número cinco de su vida. María la del Barrio, 1995, comadre y Tati Cantoral tiene 19 años. 19.

Es prácticamente una niña que apenas está empezando a entender lo que es la vida adulta y Televisa la convoca para audicionar para el papel antagónico de una nueva telenovela protagonizada por Talía y Fernando Colunga. La telenovela se llamaba María la del Barrio. Era una nueva versión de Los ricos también lloran.

El productor era nada menos que Valentín Pimstein y la directora era Beatriz Sheridan, la mismísima Beatriz Sheridan. Una mujer rigurosa, exigente, perfeccionista, conocida por sacar lo mejor de cada actor, pero también por ser implacable en el set. Y Tati hizo la audición, la hizo bien. Le dieron el papel de Soraya Montenegro, la villana principal.

Y aquí, comadre, aquí empieza la traición número cinco. Y Tati llegó al primer día de grabación, nerviosa, pero entusiasmada. A su lado estaba Talía, ya en la cima de su carrera. Y Tatí no era nadie comparada con Talía y ella misma lo ha dicho. Yo no era nadie, nadie al lado de Talía confesó en una entrevista con Jordi Rosado, pero quería hacerlo bien.

Quería que su papá Roberto se sintiera orgulloso y grabó las primeras escenas y se fue a su casa pensando que había hecho un buen trabajo. Al día siguiente, Beatriz Sheridan le dijo lo que ningún actor joven quiere escuchar. No, te vamos a volver a repetir todas las escenas. Y no fue una vez, comadre. Fueron 15 días, 20 días, 15 a 20 días de regresar al set y repetir las mismas escenas una y otra vez.

Yo, como era chica, tenía 19 años, ha contado Yatí. Dije, nací para eso. Seré pésima actriz porque me están regresando todas las escenas. Pero eso no fue todo. Le cortaron el cabello. Cinco veces le cortaron el cabello, comadre. Le cambiaron el corte, le cambiaron el color, le pintaron un lunar postizo en la cara para que se viera mayor.

Y ella, ¿qué podía hacer? Era una niña. Yo, si opinaba, me sacaban. Dijo Itatí. Así de simple. Si abría la boca, la despedían. Entonces se cayó y aguantó y obedeció. y volvió a su casa todas las noches llorando. Yo llegaba a mi casa llorando y le decía a mi mamá, “Es que es sobreactuado, es que es superfingido, es que ya no puedo más, es que de aquí ya no me van a volver a hablar para nunca nada.

” Imagínate la escena, comadre. Itatí Cantoral, 19 años, agotada, abrazada a su mamá y Tati Suki en la sala de su casa llorando, llorando porque sentía que estaba haciendo el ridículo más grande del mundo. Pero cuando María, la del barrio, salió al aire, México entero enloqueció. Pero no por Talía, no por Fernando Colunga. México entero enloqueció por Soraya Montenegro, por la villana, por esa mujer que decía cosas tan exageradas que se convirtieron en frases inolvidables.

liciada esa frase, la frase que se convirtió en meme 30 años antes de que existiera el internet. La frase que hasta el día de hoy en 2026 sigue siendo viral. La frase que todo el mundo conoce. Y Tati no se podía creer lo que estaba pasando. Su personaje, Soraya Montenegro, era tan popular que cuando la telenovela la mató por primera vez, el público pidió que la resucitaran.

La resucitaron, comadre. La villana resucitó. ¿Cuándo habías visto algo así? Esa fue la traición número cinco. La traición del sistema que exprime a las jóvenes actrices hasta que las parte. La traición del primer set profesional que casi destruye su autoestima. La traición que la convirtió en leyenda, pero a costa de su salud mental.

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